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. Por Rafael V. Orden Jim√©nez (p√°g. 
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Zambrano: II. Crisis cultural y compromiso civil en María Zambrano
. Por Margarita Garc√≠a 
Alemany (p√°g. 
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Fiesta de Aranjuez en honor de Azor√≠n. Por Jos√© Lasaga (p√°g. 
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gestern und heute
 [Espa√Īa desde la perspectiva alemana. Relaciones culturales germano-
espa√Īolas ayer y hoy]. Por Margit Raders (p√°g. 
CEREZO GAL√ĀN, Pedro (Ed.): Democracia y virtudes c√≠vicas. Por Jos√© Lasaga (p√°g. 
CERVERA, Vicente & HERN√ĀNDEZ, Bel√©n & ADSUAR, M¬™ Dolores (Eds.): El ensayo como 
género literario
. Por Gonzalo Velasco (p√°g. 
CHAGUACEDA TOLEDANO, Ana (Ed.): Miguel de Unamuno. Estudios sobre su obra. II. Por 
Miguel √Āngel Rivero G√≥mez (p√°g. 
COLONNELLO, P. (Ed.):  Filosofia e politica in america latina. Por Valerio Rocco Lozano 
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Conceptos. Revista de Investigaci√≥n Graciana. Por Elena Cantarino (p√°g. 
DELGADO-GAL, √ĀlvaroBuscando el cero. La revoluci√≥n moderna en la literatura y el arte
Por Miguel Salmer√≥n (p√°g. 
DUQUE, F√©lix: Terror tras la postmodernidad. Por Ana C. Conde (p√°g. 
D√ćAZ, El√≠as:  Un itinerario intelectual. De filosof√≠a jur√≠dica y pol√≠tica. Por Jorge Novella 
Su√°rez (p√°g. 
ERTLER, Klaus-Dieter:  Tugend und Vernunft in der Presse der spanischen Aufkl√§rung: El 
Censor. Por √Āngel Rep√°raz (p√°g. 
ESTEBAN  ENGUITA, Jos√© Emilio:  El joven Nietzsche. Pol√≠tica y tragedia y NIETZSCHE, 
Friedrich:
 Fragmentos p√≥stumos sobre pol√≠tica. Por Jorge P√©rez de Tudela Velasco (p√°g. 
FERRERO, Isabel:  La teor√≠a social de Ortega y Gasset. Por Jos√© Miguel Mart√≠nez Castell√≥ 
(p√°g. 
FRESNILLO  N√ö√ĎEZ, J. (con la colaboraci√≥n de P√ČREZ  HERRANZ, F.M.):  Concordantia 
Ortegiana. Concordantia in José Ortega y Gasset opera omnia
. Por Pedro √Ālvarez de 
Miranda (p√°g. 
GAMBIN, Felice: Azabache. II dibattito sulla malinconia nella Spagna dei Secoli d‚ÄôOro. Por 
Barbara Scandroglio (p√°g. 
GARC√ćA ALCAL√Ā, Julio Antonio: Historia del Felipe (FLP, FOC y ESBA). De Julio Cer√≥n a 
la Liga Comunista Revolucionaria
. Por Diego N√ļ√Īez (p√°g. 
G√ďMEZ  CAMBRES, Gregorio (Coord.):  Mar√≠a Zambrano: historia, poes√≠a y verdad. Por 
√Āngel Casado (p√°g. 
HERRERA, G. & CARRILLO, M.C., TORRES, A. (Eds.): La migraci√≥n ecuatoriana. 
Transnacionalismo, redes e identidades
. Por Almudena Cort√©s Maisonave (p√°g. 
JAGŇĀOWSKI, MieczysŇāaw (Coord.):
  Wok√≥Ňā Jos√© Ortegi y Gasseta (1883-1955). W 
pińôńádziesińÖtńÖ rocznicńô jego Ňõmierci.
 [En torno a Jos√© Ortega y Gasset (1883-1955). En el 50 
aniversario de la muerte del fil√≥sofo]. Por Janusz Wojcieszak (p√°g. 
JIM√ČNEZ-LANDI MART√ćNEZ, Antonio: Antolog√≠a Po√©tica. Por Jos√© L. Rozal√©n Medina (p√°g. 
KANT, Immanuel:  Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. Por Pedro 
Ribas (p√°g. 
KLEINMAN BERNATH, RAQUEL: Elias Canetti. Luces y sombras. Por Tom√°s Albaladejo (p√°g. 
LLERA, Luis: Diario I (2002-2004). Por Juana S√°nchez-Gey Venegas (p√°g. 
 
1

 
 
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MADARIAGA, Benito: P√©rez Gald√≥s en Santander. Por Jos√© Luis Mora Garc√≠a (p√°g. 
MIR√ď QUESADA CANTUARIAS, FranciscoEl hombre, el mundo, el destino. Introducci√≥n no 
convencional a la filosofía
. Por Mariano Mart√≠n Isabel (p√°g. 
MIR√ď  QUESADA, Francisco:  Ser humano, naturaleza, historia. Por Mariano Mart√≠n Isabel 
(p√°g. 
MORA  GARC√ćA, Jos√© Luis & MORENO  YUSTE, Juan Manuel (Eds.):  Pensamiento y 
palabra. En recuerdo de María Zambrano (1904-1991)
. Por Luis Andr√©s Marcos (p√°g. 
MOSTER√ćN, Jes√ļs: La naturaleza humana. Por Eduardo √Ālvarez (p√°g. 
MU√ĎOZ  SORO, Javier: Cuadernos para el di√°logo (1963-1973). Una historia cultural del 
segundo franquismo
. Por Jos√© Luis Mora Garc√≠a (p√°g. 
MUSSO VALIENTE, Jos√©: Obras. Por Tom√°s Albaladejo Mayordomo (p√°g. 
PINO CAMPOS, Luis Miguel: Estudios sobre Mar√≠a Zambrano: el magisterio de Ortega y las 
raíces grecolatinas de su filosofía
. Por Emilio Crespo (p√°g. 
PI√ĎAS  SAURA, Mar√≠a del Carmen:  En el espejo de la llama. Una aproximaci√≥n al 
pensamiento de María Zambrano
. Por Luis Miguel Pino Campos (p√°g. 
POLO, Miguel √Āngel:  La morada del hombre. Ensayos sobre la vida √©tica. Por Mariano 
Mart√≠n Isabel (p√°g. 
Revista de Estudios Orteguianos. Por Mar√≠a Luisa Maillard Garc√≠a (p√°g. 
RIVERO RODR√ćGUEZ, Manuel: La Espa√Īa de Don Quijote. Un viaje al Siglo de Oro. Por Jos√© 
M. Mill√°n (p√°g. 
ROMERO  BAR√ď, Jos√© Mar√≠a (Coord):  Homenaje a Alain Guy. Por Marta Nogueroles Jov√© 
(p√°g. 
ROZAL√ČN MEDINA, Jos√© Luis: Giner de los R√≠os. Por Gerardo Bolado (p√°g. 
SALES Y FERR√Č, Manuel: Sociolog√≠a general. Por Antonio Jim√©nez Garc√≠a (p√°g. 
SAN MART√ćN, Javier (Ed.): Ph√§nomenologie in Spanien. Por Pedro Ribas (p√°g. 
SARANYANA, Josep Ignasi (Dir.) & ALEJOS-GRAU, Carmen Jos√© (Coord.) & ALONSO DE 
DIEGO, Mercedes (et al.)
:  Teolog√≠a en Am√©rica latina Volumen II/1. Escol√°stica barroca, 
Ilustración y preparación de la independencia (1665-1810)
. Por M¬™ Socorro Fern√°ndez (p√°g. 
SMITH, Alain E.: Gald√≥s y la imaginaci√≥n mitol√≥gica. Por Jos√© Luis Mora Garc√≠a (p√°g. 
SUBIRATS, Eduardo (Ed.):  Jos√© Mar√≠a Blanco White: cr√≠tica y exilio. Por Antolin S√°nchez 
Cuervo (p√°g. 
TR√ćAS, Eugenio: La pol√≠tica y su sombra. Por Jos√© Miguel Mart√≠nez Castell√≥ (p√°g. 
TR√ćAS, Eugenio: L‚Äôartista e la citt√°. Por Francisco Jos√© Chaguaceda Alonso (p√°g. 
WALSH, Catherine (Ed.):  Estudios culturales latinoamericanos, retos desde y sobre la 
región andina
. Por Juan Carlos Gimeno y Mar√≠a Fernanda Moscoso (p√°g. 
 
2

 
 
√ĀLVAREZ L√ĀZARO, P. F. & V√ĀZQUEZ-ROMERO, J. M.: Krause, Giner y la Instituci√≥n Libre 
de Ense√Īanza. Nuevos estudios
. Madrid,  Universidad Pontificia Comillas, 2005, 254 p√°gs., 
ISBN: 8484681556. 
 
Tras quince a√Īos de existencia, el Instituto de Investigaci√≥n sobre Liberalismo, 
Krausismo y Masoner√≠a (ILKM) ha adquirido de la mano de su Director, Enrique M. Ure√Īa, 
un destacado prestigio tanto nacional como internacional por la novedad y calidad de sus 
investigaciones sobre krausismo. Con ocasi√≥n de tal aniversario se publica este libro 
miscel√°neo compuesto de siete art√≠culos y que constituye el volumen 21 de la colecci√≥n 
adscrita al propio Instituto, la cual tambi√©n celebra en estas fechas su decimoquinto a√Īo desde 
aquel nacimiento en 1991 con la obra de Ure√Īa, Krause, educador de la Humanidad
A pesar de tratarse el que nos ocupa de un libro conmemorativo, no consiste en una 
recopilaci√≥n de trabajos pasados sino de nuevos estudios sobre el krausismo, tal y como reza 
el subt√≠tulo. Los dos primeros se ocupan de la aportaci√≥n de este movimiento filos√≥fico 
decimon√≥nico a la integraci√≥n social de la mujer y su equiparaci√≥n en derechos con el 
hombre, comenzando por la labor que en este sentido realizaron los krausistas en Espa√Īa. De 
esto trata el art√≠culo inaugural a cargo de Elvira Onta√Ī√≥n, quien expone la contribuci√≥n de tres 
mujeres: Concepci√≥n Arenal, Emilia Pardo Baz√°n y Mar√≠a Goyri, a la labor docente y 
cient√≠fica que durante sesenta a√Īos desarroll√≥ la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza (ILE) para 
elevar el nivel cultural de las mujeres e integrarlas en la vida social del pa√≠s. Para entender por 
qu√© los krausistas espa√Īoles ten√≠an tal preocupaci√≥n y desarrollaban esa labor hay que acudir, 
no obstante, a la filosof√≠a de la que se nutr√≠an, la del alem√°n Krause, cuya metaf√≠sica es 
conocida habitualmente como ‚Äúpanente√≠smo‚ÄĚ y de la que se deriva una teor√≠a social que suele 
identificarse con la expresi√≥n ‚Äúalianza de la humanidad‚ÄĚ. Es de esto de lo que se ocupa Ure√Īa 
en el art√≠culo siguiente, que comienza con una exposici√≥n de la teor√≠a de Krause sobre la 
mujer y de la que se desprende su exigencia de una equiparaci√≥n en derechos de la mujer con 
el hombre y su integraci√≥n en la sociedad. La aportaci√≥n de Ure√Īa al libro, sin embargo, va 
m√°s all√°, pues prueba tambi√©n c√≥mo este resultado pr√°ctico de la filosof√≠a krausista en favor 
de la mujer fue efectivo en la propia Alemania gracias tanto a la labor inmediata de los 
krausistas alemanes, que acogieron a las mujeres en sus foros cient√≠ficos, como mediata por la 
colaboraci√≥n que esos mismos krausistas mantuvieron con Fr√∂bel y sus disc√≠pulos, quienes, 
influidos por la teor√≠a de Krause, se convencieron de la necesidad de implicar a la mujer en el 
sistema docente y no limitar su responsabilidad educativa a la esfera privada de la familia. 
Como descubre Ure√Īa haciendo con ello una aportaci√≥n destacada a la historia del feminismo 
alem√°n, estos esfuerzos de los krausistas alemanes fueron los que propiciaron que la filosof√≠a 
de Krause fuese acogida como aval te√≥rico por el movimiento feminista liderado por Louise 
Otto-Peters y agrupado en la Asociaci√≥n Alemana General de Mujeres,  en cuya revista, 
fundada en 1865 y denominada Neue Bahnen [Nuevas v√≠as], fue reconocida repetidamente la 
dignidad de Krause por haber sido un fil√≥sofo pionero en la lucha por la igualdad de derechos 
de la mujer en relaci√≥n con el var√≥n. 
Le siguen al de Ure√Īa dos art√≠culos dedicados al fundador de la ILE, Francisco Giner 
de los R√≠os, uno sobre su aportaci√≥n a la difusi√≥n de la Est√©tica de Krause en Espa√Īa y otro 
sobre su idea de la funci√≥n social de la ciencia. Queremos destacar el primero de √©stos, 
firmado por Ricardo Pinilla, pues con √©l se cierran las investigaciones sobre la composici√≥n 
de las obras de Krause traducidas al castellano. Como es sabido, tres fueron las vertidas al 
espa√Īol: las dos primeras por Sanz del R√≠o, el Ideal de la Humanidad y el Sistema de la 
filosofía. Análisis
, mientras que la tercera a cargo de Giner, el Compendio de Est√©tica. De 
aquellas dos cont√°bamos ya con estudios sobre las obras de Krause de las que proced√≠an y el 
modo como fueron traducidas y compuestas, pero, en cambio, quedaba por hacer esto mismo 
con la tercera de ellas, y son los resultados de tal investigaci√≥n los que ofrece Pinilla en su 
 
1

 
 
art√≠culo. 
Por su parte, Pedro √Ālvarez L√°zaro, Subdirector del ILKM y editor de este libro, ha 
aprovechado su larga trayectoria de estudios mas√≥nicos para aclarar en su ensayo la relaci√≥n 
entre la masoner√≠a y la ILE, la cual deja n√≠tidamente zanjada en el primer apartado, titulado: 
‚ÄúLa ILE no fue una obra de la masoner√≠a‚ÄĚ. Esta autonom√≠a del proyecto educativo de Giner 
no supuso, sin embargo, que la ILE no contase con influencias de procedencia mas√≥nica, las 
cuales cifra el autor del art√≠culo en dos, ‚Äúel foco alem√°n¬Ľ‚ÄĚ, que no es otro que el de Krause, y 
‚Äúel foco belga‚ÄĚ, que corresponde al procedente de la Universidad Libre de Bruselas. 
Asimismo, con posterioridad a su creaci√≥n y sin que esto menoscabase la autonom√≠a de la 
ILE, los proyectos de √©sta experimentaron cierta comuni√≥n con los mas√≥nicos, dado que ‚Äúla 
filosof√≠a krausista y la obra desplegada por la ILE calaron por afinidad en las logias 
espa√Īolas‚ÄĚ, lo cual lleva a √Ālvarez L√°zaro a plantear la existencia de lo que denomina 
‚Äúkrauso-institucionismo mas√≥nico‚ÄĚ y que analiza en los casos concretos de Sevilla y C√°diz. 
Tras un estudio sobre el talante religioso del institucionista Luis de Zulueta, el libro 
concluye con un art√≠culo de Antol√≠n S√°nchez Cuervo, quien en estos √ļltimos a√Īos ha abierto 
una nueva brecha en los estudios krausol√≥gicos con sus trabajos sobre el krausismo mejicano, 
mucho menos conocido y estudiado que otros krausismos iberoamericanos, como los de 
Uruguay y Argentina. Como prueba S√°nchez Cuervo, las ideas del krausista alem√°n Ahrens 
fueron aprovechadas pol√≠ticamente en M√©jico para hacer frente a un neoliberalismo que se 
nutr√≠a te√≥ricamente del pensamiento positivista. Hay que tener en cuenta que uno de los 
motivos por los que la filosof√≠a krausista experiment√≥ una revitalizaci√≥n en las √ļltimas 
d√©cadas del siglo XIX fue su lucha contra el positivismo por quienes tem√≠an que √©ste pusiese 
en peligro no s√≥lo la religi√≥n sino tambi√©n una √©tica ilustrada basada en la dignidad humana. 
En determinados pa√≠ses europeos e iberoamericanos, quienes tem√≠an esto acogieron entonces 
la epistemolog√≠a de Krause para mostrar la debilidad te√≥rica del positivismo, incapaz de 
explicar el proceso de la experiencia sensible de un modo consistente. En esta lucha destac√≥ 
el krausista belga m√°s importante, Tiberghien, de cuyas combativas obras contra el 
positivismo su nutrieron los krausistas espa√Īoles de la Restauraci√≥n y que tambi√©n 
aprovecharon los krausistas iberoamericanos, tal y como sucedi√≥ en M√©jico cuando fue 
impuesta como manual en los centros educativos la L√≥gica  de Tiberghien. El art√≠culo 
concluye con una relaci√≥n de los ¬ęencuentros y desencuentros¬Ľ entre el krausismo espa√Īol y 
el krausismo mejicano, hasta alcanzar el encuentro √ļltimo y definitivo que result√≥ de la 
acogida dispensada por M√©jico a los exiliados espa√Īoles de 1939, entre los que hab√≠a no 
pocos krausoinstitucionistas que continuaron en aquel pa√≠s la labor que en √©ste hab√≠an visto 
truncada. 
Con este encuentro entre un krausismo europeo y uno americano en pleno siglo XX 
finaliza la obra que hemos comentado, si bien, en tanto que conocemos de cerca y apreciamos 
lo que el ILKM ha aportado en los √ļltimos quince a√Īos a los estudios sobre el pensamiento de 
Krause y su influencia en Europa y Am√©rica, no queremos concluir esta recensi√≥n sin 
expresar ya no s√≥lo nuestro contento por la aparici√≥n de este libro sino tambi√©n nuestra 
enhorabuena por sus a√Īos de existencia, y s√≥lo nos queda desearle al ILKM una larga vida en 
la que siga desarrollando una labor cient√≠fica tan enriquecedora como la que hasta ahora ha 
desplegado. 
 
Rafael V. Orden Jim√©nez 
 
 
AND√ČRICA, Jos√© R. (Ed.):  Actas del Congreso Internacional del Centenario de Mar√≠a 
Zambrano: II. Crisis cultural y compromiso civil en María Zambrano
. Madrid, Fundaci√≥n 
Mar√≠a Zambrano, 2004. 
 
2

 
 
 
En 2005 fueron publicadas las Actas del Congreso Internacional del Centenario de 
Mar√≠a Zambrano: II. Crisis Cultural y compromiso Civil en Mar√≠a Zambrano. La edici√≥n ha 
corrido a cargo de la Fundaci√≥n. 
El libro de actas comienza con unas palabras de Pedro Cerezo Gal√°n, responsable de la 
direcci√≥n acad√©mica del Centenario del nacimiento de la pensadora, con las agradece a 
cuantas instituciones han hecho posible la celebraci√≥n del mismo.   
A continuaci√≥n Juan Fernando Ortega Mu√Īoz, director de la Fundaci√≥n Mar√≠a 
Zambrano, sit√ļa este Congreso en la misma l√≠nea del que se celebr√≥ en V√©lez- M√°laga del 19 
al 23 de abril. Tambi√©n hace referencia a la importancia que el tema pol√≠tico ha tenido en la 
vida y obra de la autora. 
El presidente de la Fundaci√≥n Mar√≠a Zambrano y alcalde de V√©lez-M√°laga destaca la 
relevancia que tuvo la Fundaci√≥n para que fuese posible la vuelta de Mar√≠a Espa√Īa, y para la 
recuperaci√≥n y difusi√≥n de su pensamiento. 
La consejera de cultura de la Junta de Andaluc√≠a, Rosario Torres Ruiz, hace referencia 
a la ‚Äúlarga cadena de homenajes‚ÄĚ merecidos que se le han hecho a Mar√≠a desde que volvi√≥ del 
exilio e incluso despu√©s de su muerte. 
Las √ļltimas palabras antes de comenzar con el ciclo de conferencias fueron 
pronunciadas por la Excma. Sra. Ministra de Cultura, Carmen Calvo Poyato. 
La primera conferencia que viene recogida en el libro de actas es la de Jos√© Luis 
Abell√°n, titulada ‚ÄúEl universo inici√°tico de Mar√≠a Zambrano: Un camino hacia la Redenci√≥n 
Social‚ÄĚ. Para llegar a comprender el pensamiento de la autora el profesor Abell√°n reclama ‚Äúun 
proceso inici√°tico‚ÄĚ muy pr√≥ximo a ‚Äúlas religiones mist√©ricas‚ÄĚ, y que tiene como requisito 
conocer la ‚Äúsituaci√≥n existencial de exiliada‚ÄĚ. Los dos elementos autobiogr√°ficos que se√Īala 
Abell√°n son: el drama nazi, al que se tuvieron que enfrentar su madre y su hermana Araceli, y 
‚Äúla derrota de la rep√ļblica en la guerra civil‚ÄĚ. Ambos sucesos condujeron ‚Äúal exilio como rito 
inici√°tico‚ÄĚ. 
La intervenci√≥n de Agust√≠n Andreu se titula ‚ÄúSinopsis para una confesi√≥n del 
individuo (Un Manifiesto)‚ÄĚ con la que incita a releer la obra y la Introducci√≥n a la misma que 
Mar√≠a hace de El hombre y lo divino. En palabras de Andreu esta introducci√≥n ‚Äúes un 
disimulado manifiesto de confesi√≥n del fracaso metaf√≠sico de ese hombre moderno, que ha 
sufrido la mayor p√©rdida posible: la de su individualidad‚ÄĚ. El siguiente punto que aborda es el 
de la relaci√≥n entre sujeto y objeto. 
A continuaci√≥n Ana Bundgaard hablar√° de ‚ÄúEl liberalismo espiritual de Mar√≠a 
Zambrano: Horizonte del liberalismo (1930)‚ÄĚ. Aqu√≠ traza una aproximaci√≥n a la obra 
apoy√°ndose en otras dos, concretamente en Los intelectuales espa√Īoles y el naufragio del 
liberalismo
 de V√≠ctor Ouimette, y en Cartas de la Pi√©ce editados por Agust√≠n Andreu, con 
unas imprescindibles ‚ÄúAnotaciones epilogales‚ÄĚ. 
Bundgaard define Horizontes del liberalismo como ‚Äúun alegato contra el liberalismo 
cl√°sico, y contra las diversas manifestaciones que el pensamiento liberal hab√≠a tenido en 
Espa√Īa a lo largo del siglo XIX y hasta finales de la segunda d√©cada del XX‚ÄĚ. 
Seguidamente Pedro Cerezo en ‚ÄúLa democracia y el lugar de lo sagrado. (De la Cr√≠tica 
Pol√≠tica a lo Religioso a la Cr√≠tica Religiosa de lo Pol√≠tico)‚ÄĚ defiende la idea de que existe una 
‚Äú√≠ntima conexi√≥n‚ÄĚ entre lo religioso y lo pol√≠tico. 
La intervenci√≥n de Mar√≠a Luisa Maillard Garc√≠a se titula ‚ÄúA la orilla de la historia. El 
exilio como s√≠mbolo de la ambigua condici√≥n humana‚ÄĚ. Aqu√≠ apunta ‚Äúalgunas direcciones del 
pensamiento de Zambrano‚ÄĚ. La primera es el ‚Äútiempo‚ÄĚ, que seg√ļn la autora se ve alterado en 
lo que afecta al Sujeto moderno en dos razones: en lo que se refiere al tiempo progresivo y en 
lo que se refiere al tiempo futurici√≥n. El primero es una necesidad gnoseol√≥gica y el segundo 
tiene que ver con una necesidad antropol√≥gica. La segunda direcci√≥n que menciona Maillard 
 
3

 
 
es la de ‚Äúlo irrenunciable‚ÄĚ y la tercera es ‚Äúla certeza de que all√≠ donde el pensamiento racional 
no alcanza, llega la antorcha salut√≠fera del s√≠mbolo...‚ÄĚ. Mar√≠a Luisa Maillard se detiene en la 
segunda direcci√≥n que hemos apuntado porque es la que mejor pude servir para un 
acercamiento al ‚Äús√≠mbolo del exilo‚ÄĚ. 
La siguiente aportaci√≥n es la de Jacobo Mu√Īoz que habla sobre ‚ÄúLa luz que se busca: 
Mar√≠a Zambrano en su Aurora‚ÄĚ. Dentro del pensamiento inclasificable de Mar√≠a, Jacobo 
Mu√Īoz propone una nueva perspectiva; √©sta es la de la evidencia, la lucidez, la 
contemplaci√≥n, el desvelamiento, la visi√≥n, el mirar la revelaci√≥n, ‚Äúlos ojos de la 
imaginaci√≥n‚ÄĚ. 
Juan Fernando Ortega Mu√Īoz en su intervenci√≥n hace alusi√≥n a la constante 
preocupaci√≥n de Zambrano por el problema de Espa√Īa. Aunque en muchos de sus libros o 
escritos no haga referencia expl√≠cita a este tema, siempre est√° presente. Esta pasi√≥n por 
Espa√Īa, seg√ļn Juan Fernando, Mar√≠a la hereda de sus maestros. 
‚ÄúMar√≠a Zambrano. Tres Momentos Testimoniales de su exilio‚ÄĚ es el t√≠tulo de la 
conferencia de Reyna Rivas. √Čsta divide su intervenci√≥n en tres partes; la primera de ellas la 
dedica a la relaci√≥n que Mar√≠a Zambrano mantuvo con algunos amigos que ten√≠a en 
Venezuela, y al enorme cari√Īo que sent√≠a por ‚Äúsu Am√©rica hispanohablante‚ÄĚ; el segundo 
apartado est√° escrito como si fuese una carta dirigida a Mar√≠a. Por √ļltimo menciona la 
correspondencia que manten√≠an ella y Zambrano. 
La conferencia de Adolfo S√°nchez V√°zquez se titula ‚ÄúEl compromiso pol√≠tico- 
intelectual de Mar√≠a Zambrano‚ÄĚ, este compromiso pol√≠tico Mar√≠a lo asume en los √ļltimos 
a√Īos de la dictadura del General Primo de Rivera. S√°nchez V√°zquez tambi√©n trae a colaci√≥n 
la cr√≠tica que la pensadora hace al liberalismo, concretamente a la ‚Äúeconom√≠a liberal‚ÄĚ. 
No podemos comentar con detenimiento cada una de las intervenciones de las mesas 
redondas ni cada comunicaci√≥n, por esta raz√≥n s√≥lo mencionaremos el t√≠tulo de cada una de 
las aportaciones. Las actas recogen tres mesas redondas, que llevan el t√≠tulo de tres obras de la 
autora; en la primera los ponentes se ocuparon de ‚ÄúHorizonte del liberalismo‚ÄĚ, e intervinieron 
tres grandes estudiosos de la obra: Francisco Jos√© Mart√≠n, Juana S√°nchez- Gey y Armando 
Savignano. En la siguiente mesa redonda se abord√≥ el tema que se trata en ‚ÄúLa Agon√≠a de 
Europa
‚ÄĚ y escriben: Cristina de la Cruz Ayuso, Carlo Ferruci, Mar√≠a Poumier y por √ļltimo 
Enrique S√°inz. La √ļltima mesa redonda es la que se dedica a la obra ‚ÄúPersona y Democracia‚ÄĚ 
en la que hacen su aportaci√≥n: Jorge Luis Arcos, Sebasti√°n Fenoy y Mercedes G√≥mez Blesa. 
Los t√≠tulos de las comunicaciones son ‚ÄúLas pietas de Mar√≠a Zambrano con respecto a 
Job. Un paralelismo con la interpretaci√≥n del drama de Job propuesta por Mart√≠n Buser‚ÄĚ de 
Nuncio Bombaci; Elisa Falleni se centra en ‚ÄúEl sacrificio: de categor√≠a universal de la 
condici√≥n humana a categor√≠a central de la historia humana‚ÄĚ. ‚ÄúEl camino integrador de Mar√≠a 
Zambrano‚ÄĚ es el t√≠tulo de la comunicaci√≥n de Ra√ļl Franco Escalante. Seguidamente 
interviene Sebasti√°n G√°mez Mill√°n con ‚ÄúExilio y vocaci√≥n en Zambrano: un viaje hacia la 
desnudez‚ÄĚ, de ‚ÄúLa posibilidad de la √©tica en la filosof√≠a de Mar√≠a Zambrano‚ÄĚ hablar√° 
Mieczyslaw Jaglowski y Elena Laurenzi de ‚ÄúLa diferencia tra i senssi al cuore della crisi 
europea‚ÄĚ. Mar√≠a Teresa del Moral Sagarminaga titul√≥ su comunicaci√≥n ‚ÄúEl mito del Rey 
Mendigo: el proceso de individualizaci√≥n en la tragedia de Edipo‚ÄĚ. A continuaci√≥n el profesor 
Jos√© Luis Mora nos deleita con una comunicaci√≥n sobre ‚ÄúFilosof√≠a y pol√≠tica en el 
pensamiento de Mar√≠a Zambrano (1930- 1950)‚ÄĚ, le sigue Annalisa Noziglia con ‚ÄúLa poiesis 
dell¬ī uomo cristiano: salveza dall¬ī Agonia dell¬ī Europa‚ÄĚ, y Carlos Peinado Elliot interviene 
con ‚ÄúCercada por las tentaciones. El descenso de Ant√≠gona a las sombras‚ÄĚ. 
Sobre ‚ÄúLa patria a la ciudad peregrina: exilio, trascendencia e historia en el 
pensamiento de Mar√≠a Zambrano‚ÄĚ hablar√° V√≠ctor Manuel Pineda; y el t√≠tulo de la 
comunicaci√≥n de Luis Miguel Pino es ‚ÄúLa condena de Ant√≠gona y el exilio de Mar√≠a 
Zambrano: apuntes en torno a la Historia Sacrificial‚ÄĚ. M¬™ del Carmen Pi√Īas Saura present√≥ 
 
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una comunicaci√≥n llamada ‚ÄúEn la luz del exilio‚ÄĚ, y Mar√≠a Teresa Russo ‚ÄúPersona, individuo, 
comunidad: pensar en femenino. Mar√≠a Zambrano, Simone Weil, Hannah Arendt‚ÄĚ. Tenemos 
el placer de leer a Antol√≠n S√°nchez Cuervo en ‚ÄúMar√≠a Zambrano: el exilio como destino y 
vocaci√≥n‚ÄĚ. Rudolf Schimitz Perrin con ‚ÄúMas s√≥lo el amor rompe el ser. M. Zambrano 
fenomenolog√≠a de un saber m√°s all√° para nacer a s√≠ mismo‚ÄĚ. Elvira Sevilla G√≥mez contribuye 
con una comunicaci√≥n con el t√≠tulo: ‚ÄúEl alba de la raz√≥n po√©tica‚ÄĚ, y Mariana Sipos con 
‚ÄúMar√≠a Zambrano y el hombre reciente de Europa‚ÄĚ. Por √ļltimo Pamela Soto interviene con 
‚ÄúLa irrupci√≥n de lo femenino en el pensamiento de Mar√° Zambrano‚ÄĚ. 
 
Margarita Garc√≠a Alemany 
 
 
ANDREU, Agust√≠n:  El cristianismo metaf√≠sico de Antonio Machado. Pretextos-Universidad 
Polit√©cnica de Valencia, 2004. 
 
Ese gran poeta que es Antonio Machado disfruta hace tiempo de unanimidad cr√≠tica en 
lo concerniente a su poes√≠a pero, ¬Ņse puede desgajar la poes√≠a del pensamiento? Dijo Mar√≠a 
Zambrano refiri√©ndose precisamente a la poes√≠a de Machado que en todo gran poeta hay 
siempre una metaf√≠sica y aqu√≠ es donde las interpretaciones comienzan a diferir. ¬ŅEs Machado 
un esc√©ptico, un agn√≥stico, un anticlerical, un socialista de rostro humano? Probablemente 
haya sido todos esas cosas, pero lo que desde luego no fue el Machado que escribi√≥: ‚Äúsobre la 
divinidad de Jes√ļs he de deciros que nunca he dudado de ella‚ÄĚ, es un cristiano sin Dios como 
defiende Ian Gibson en una reciente entrevista en el diario El Mundo, a ra√≠z de la publicaci√≥n 
de su biograf√≠a sobre Antonio Machado. 
Lo que se propone precisamente Agust√≠n Andreu en este libro -cuyo t√≠tulo no enga√Īa- 
es algo tan oportuno como clarificar estos y otros aspectos controvertidos de Machado, 
desvelando los entresijos metaf√≠sicos de su cristianismo, y lo hace desde una coincidencia con 
sus propias y primeras intuiciones intelectuales -nuestra Modernidad es insuficiente y 
desequilibrada-, maceradas posteriormente en la traducci√≥n y estudio de los grandes 
rectificadores de dicha Modernidad: Lessing, B√∂hme, Leibniz y Shaftesbury. 
Andreu defiende en este libro que el cristianismo de Machado, formulado de forma 
expresa en el Cancionero ap√≥crifo, es fundamentalmente una antropolog√≠a alternativa a la 
propuesta por la Modernidad triunfante, cuyo precipitado en palabras del propio Machado es 
un hombre individualista, ego√≠sta y extravertido; un onanista metaf√≠sico fruto de la dram√°tica 
debilitaci√≥n de la percepci√≥n del otro. Andreu tampoco oculta que su interpretaci√≥n de 
Machado ser√° una interpretaci√≥n leibniziana, eso s√≠, anclada en la literalidad de unos textos 
que evidencian que Don Antonio hac√≠a suyos los elementos fundamentales de la filosof√≠a de 
Leibniz, desde el innantismo de la idea de Dios, pasando por la x de infinito que acompa√Īa a 
todo conocimiento, hasta el concepto mismo de sustancia. 
Las principales aseveraciones de Antonio Machado en su Cancionero ap√≥crifo -seg√ļn 
Andreu el testamento filos√≥fico del poeta- son analizadas e interpretadas en este libro, en el 
que Machado se desdobla desde el principio en sus heter√≥nimos. Desdoblamiento que es 
interpretado por Andreu como nuevos nacimientos de la sustancia que es fuerza y que lleva a 
cambios sustanciales de conciencia. Machado comienza as√≠ exponiendo la filosof√≠a de Abel 
Mart√≠n, maestro a su vez de su maestro Mairena quien ‚Äúacaso parte de la filosof√≠a de 
Leibniz‚ÄĚ. De entrada nos encontramos con la formulaci√≥n de la esencial heterogeneidad del 
ser, interpretada por Andreu desde el concepto mon√°dico de sustancia como fuerza y energ√≠a 
que, desde su unidad, se individualiza en cada hombre concreto y sufre desde dentro la 
alteridad de los otros y de Dios como la otredad definitiva. 
Esta esencial heterogeneidad del ser es el fundamento de una antropolog√≠a que, como 
 
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no pod√≠a dejar de intuir Zambrano, es inseparable del conocimiento po√©tico porque esa radical 
heterogeneidad que se revela en el interior de cada conciencia, abriendo la puerta al misterio 
del ser, siendo evidente para la intuici√≥n, es indemostrable para la inteligencia. Esa energ√≠a 
que es la sustancia se manifiesta, seg√ļn Machado, a trav√©s de las galer√≠as, sue√Īos, 
inconsciencias del alma, ocurrencias y revelaciones, que tienen como cauce el lenguaje 
po√©tico, capaz de mover por dentro los conceptos y los juicios y compensar la l√≥gica de la 
identidad, incapaz de lo singular y concreto. Pero es √©sta una antropolog√≠a, y aqu√≠ hace un 
especial hincapi√© Andreu, que pretende adem√°s ser alternativa a una Modernidad insuficiente 
y desequilibrada, objeto de aceradas cr√≠ticas por parte del poeta. 
Partiendo de esta radical hetereogeneidad del ser, que es tendencia hacia el otro -que 
es fraternidad inextinguible- y hacia lo Otro -que es perfecci√≥n inacabable-, Andreu analiza 
los principales postulados que rigen el pensamiento del poeta. 
Por ejemplo la idea -extra√Īa para aquellos que sean ajenos al pensamiento teol√≥gico- 
de la creaci√≥n del mundo machadiana, que no es creaci√≥n desde la nada, sino creaci√≥n de la 
nada, del gran Cero donde al ser limitado que es el hombre le es posible crear instrumentos y 
conceptos para hacer un orbe transitorio y necesario a su inteligencia finita. El gran Cero 
ser√≠an pues las objetivaciones que elabora el hombre para crear un mundo com√ļn aun al 
precio de su desrealizaci√≥n. Dios no pudo crear al hombre desde la nada porque el alma es 
una chispa o destello individualizado del Todo que es Dios. La negativa de Machado a 
aceptar la creaci√≥n desde la nada, es adem√°s de largo alcance porque es una negativa a aceptar 
al Dios gen√©sico y patriarcal del Viejo Testamento que no s√≥lo establece una distancia 
insalvable entre Dios y hombre, debilitando la otredad que no es sino la sed metaf√≠sica de lo 
esencialmente otro; sino que privilegia la fuerza de la sangre y del semen, introduci√©ndose en 
algunas de las m√°s modernas teor√≠as de la contemporaneidad. Si el mundo no es creaci√≥n de 
Dios sino un aspecto de la divinidad, queda salvado lo que de divino hay en cada hombre 
concreto, queda salvado el hombre de ser considerado, entre otras cosas, un otro ajeno y 
susceptible de nadificaci√≥n y exterminio. Esa es la ense√Īanza del Cristo que hizo la 
experiencia del mundo para expiar las culpas de la divinidad y no las del hombre, y cuya 
divinidad propia es de mal gusto, seg√ļn el poeta, poner en cuesti√≥n. 
La importancia del amor en el pensamiento de Machado es interpretada por Andreu 
como el reconocimiento de que es el √ļnico cauce posible para dar el salto paradigm√°tico de lo 
uno hacia lo otro, de la sustancia hacia su alteridad. El amor ser√≠a el √ļnico camino para pasar 
del yo al t√ļ y evitar que la atenuada percepci√≥n del otro pueda llevar a su denigraci√≥n e 
incluso aniquilaci√≥n; pero amor entendido tambi√©n como fracaso porque es impulso hacia el 
otro inasequible, y experiencia necesaria porque sin su concurso no hay aut√©ntico 
conocimiento. 
El escepticismo positivo de Machado, que no su agnosticismo, y que es la postura 
intelectual en la que dice haberse instalado el poeta-fil√≥sofo, adquiere unos contornos 
precisios al basarse en la x de infinitud de cualquier conocimiento humano y por supuesto en 
la relativizaci√≥n de todas esas objetivaciones que realiza el hombre para crear un mundo 
com√ļn; pero que nunca deben tomarse por la aut√©ntica realidad. Escepticismo pues, pero 
escepticismo positivo desde la fe en ese hombre que es una chispa de la divinidad. 
Muchas otras aportaciones nos ofrece este libro de Andreu que clarifica el 
anticlericalismo del poeta desde un cristianismo metaf√≠sico que se despega tambi√©n de un 
pante√≠smo literal y craso, y que contextualiza su pensamiento desde una interpretaci√≥n 
panente√≠stica de Krause, pasada por Sanz del R√≠o. Un libro que recupera la libertad de 
pensamiento para hablar, al margen de las modas, de un posible hombre occidental que 
desborde las lindes del modelo antropol√≥gico que impuso la Ilustraci√≥n triunfante en el siglo 
XVIII, un hombre de paz y no de guerra. 
 
 
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Mar√≠a Luisa Maillard 
 
 
Fiesta de Aranjuez en honor de Azor√≠n. Madrid, Biblioteca Nueva, 2005, 222 p√°gs. Edici√≥n 
de Jos√© Francisco Mart√≠n 
 
Otros dir√°n ahora los sentidos m√°s complicados de esta fiesta 
Ortega y Gasset 
 
Se trata del quinto volumen de la colecci√≥n ‚ÄúBiblioteca del 14‚ÄĚ que se inaugur√≥ no 
hace mucho tiempo con una ambiciosa edici√≥n del libro emblem√°tico del autor emblem√°tico 
de dicha generaci√≥n: Meditaciones del Quijote, de Jos√© Ortega y Gasset al cuidado de Jos√© 
Luis Villaca√Īas. Esta Fiesta de Aranjuez que Ortega y Juan Ram√≥n Jim√©nez organizaron para 
homenajear a un Azor√≠n rechazado por una Academia de la Lengua Espa√Īola controlada por 
los ‚Äúviejos‚ÄĚ literatos de la Restauraci√≥n, en noviembre de 1913, sirvi√≥ de ocasi√≥n para que las 
dos generaciones de creadores que hab√≠an salido a la luz p√ļblica desde comienzos del siglo 
XX, que pasar√≠an a llamarse respectivamente del 98 y del 14, se unieran en una especie de 
causa com√ļn en torno a la idea de que Espa√Īa hab√≠a de cambiar y que los llamados a liderar el 
cambio eran ellos, los intelectuales.  De entre los nombres para bautizar el siglo XX -se ha 
propuesto llamarlo de las revoluciones, de la barbarie, etc.- no ser√≠a de los peores el ‚Äúsiglo de 
los intelectuales‚ÄĚ porque esta especie, antes hist√≥rica que natural, emparentada con cl√©rigos y 
mandarines, ha nacido, medrado, y quiz√° tambi√©n se haya extinguido, con el siglo XX. La 
Espa√Īa de la Restauraci√≥n fue un escenario propicio para que el eco del affaire Dreyfus se 
hiciera sentir. Sus receptores naturales fueron los j√≥venes llegados de provincias a Madrid 
poco antes del cambio de siglo, ahora conocidos como Generaci√≥n del 98. Aunque es dif√≠cil 
de explicar todav√≠a hoy, toda Europa vivi√≥ casi simult√°neamente un cambio de sensibilidad. 
Fueron otros los dioses adorados y los libros le√≠dos. Entre otras se impuso la especie de que la 
cuesti√≥n est√©tica y la social-pol√≠tica no pod√≠an seguir divorciadas. De las intervenciones de 
sus miembros m√°s se√Īeros -el ‚ÄúGrupo de los tres‚ÄĚ: Maeztu, Azor√≠n y Baroja- en relaci√≥n con 
la generaci√≥n que llegaba a la escena pis√°ndole los talones, as√≠ como con otros grupos de 
otras latitudes como la Barcelona del Noucentisme, surge el alv√©olo en donde la sociedad 
espa√Īola m√°s o menos ilustrada buscar√° un juicio y una visi√≥n de los asuntos p√ļblicos, 
distintos de los del pol√≠tico y los del periodista. 
Un grupo de amigos se re√ļnen a comer y hacen unos discursos en torno a otro amigo 
que ha sido ofendido por una instituci√≥n que le ha denegado un puesto al que se considera 
ten√≠a todo el derecho. Fiesta de Aranjuez en honor de Azor√≠n es el libro que guarda el 
recuerdo de aquel encuentro. M√°s all√° de la an√©cdota, all√≠ cobran conciencia de serlo los 
intelectuales espa√Īoles, al mismo tiempo que una primera y ya inequ√≠voca ‚Äúvisibilidad‚ÄĚ 
social. Esta es la tesis que sostiene con buenos argumentos Francisco Jos√© Mart√≠n en su 
extenso, documentado y atinado estudio introductorio. Encontramos en √©ste no s√≥lo las 
informaciones pertinentes sobre los textos que configuran el homenaje, los discursos y 
poemas le√≠dos en la glorieta del ni√Īo de la espina de los jardines de Aranjuez y los motivos 
del sucedido que lo provocaron, sino que sit√ļa el acontecimiento en el contexto de una 
especie de cr√≥nica del surgimiento de la intelectualidad como grupo social en Espa√Īa. Esa es 
la tesis que resume el ensayo del editor, as√≠ como el mejor argumento para justificar la 
recuperaci√≥n de estos textos. En efecto, fue esta fiesta en honor de Azor√≠n -escribe Mart√≠n- ‚Äúel 
mayor acontecimiento, decisivo, sin duda, en la larga marcha de los intelectuales espa√Īoles en 
pos de la constituci√≥n como grupo de intervenci√≥n en la vida nacional. La causa de Azor√≠n 
sirvi√≥ para compactar y cohesionar a los intelectuales por encima de los lindes generacionales 
y para afirmar el liderazgo de Ortega al frente de todo el movimiento‚ÄĚ. 
 
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La causa hab√≠a sido que por dos veces consecutivas en el mismo a√Īo de 1913, Azor√≠n 
hab√≠a sido rechazado por los ‚Äúviejos‚ÄĚ miembros de la Academia de la Lengua. Ortega y Juan 
Ram√≥n Jim√©nez organizaron el homenaje en el que colaboraron todos los intelectuales 
se√Īeros de las dos generaciones que ya ocupaban la escena p√ļblica, la ya curtida del 98 y la 
joven del 14. En torno a este suceso se trama un relato colectivo porque convergen por un 
lado ciertos esfuerzos individuales por ocupar un espacio propio como agentes sociales -
Mart√≠n identifica el origen de estos esfuerzos en las protestas por los sucesos de Montju√Įc en 
1896- y por otro la emergencia de un l√≠der intergeneracional, capaz de definir el ‚Äútema‚ÄĚ que 
han de interpretar los intelectuales como tales. Ese motivo fue la europeizaci√≥n de Espa√Īa. Y 
si bien Ortega no lo hab√≠a inventado, s√≠ supo darle eficacia narrativa p√ļblica, conectando el 
motivo de la ciencia europea con la √ļnica tradici√≥n intelectual que reten√≠a cierto prestigio a 
ojos de las nuevas generaciones: el regeneracionismo de la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza. Al 
mismo tiempo, Ortega fue consciente desde muy pronto de la importancia de apoyarse en 
instituciones -c√°tedras, peri√≥dicos, etc.- y dise√Īar planes de futuro que facilitaran la creaci√≥n 
de sentimientos de solidaridad en el grupo de intelectuales. 
Mart√≠n interpreta que el homenaje es, por un lado, el movimiento t√°ctico de un Ortega 
que cumple en 1913 treinta a√Īos, para atraerse a Azor√≠n a sus planes de futuro y, por otro, 
probar si hab√≠a ya suficiente conciencia de grupo para promover la Liga de Acci√≥n Pol√≠tica 
Espa√Īola, movimiento de intervenci√≥n en la vida p√ļblica que iba a tener su puesta de largo en 
la primavera de 1914 cuando Ortega pronunciara la conferencia Vieja y nueva pol√≠tica, 
balance cr√≠tico y al mismo tiempo plan de acci√≥n de los intelectuales espa√Īoles en sus planes 
de reforma de la Restauraci√≥n canovista. Tambi√©n fue inspiraci√≥n de Ortega que no hab√≠a que 
intervenir directamente en pol√≠tica, sino hacer obra de ‚Äúpedagog√≠a social‚ÄĚ, articulando grupos 
profesionales capaces de producir obras de calidad. Esta preferencia por un reformismo lento 
y s√≥lo indirectamente pol√≠tico, quiz√° explique el que, a pesar de la indiscutible coherencia 
generacional que compartieron nuestros intelectuales, las acciones promovidas terminaran en 
fracaso. La Liga se disolvi√≥ con el mismo entusiasmo y rapidez con que se hab√≠a formado. 
Y sin embargo los testimonios aqu√≠ recogidos dan fe de que Jos√© Ortega y Juan Ram√≥n 
Jim√©nez antes que preparar una maniobra buscando un efecto, dieron cauce a un sentimiento 
preexistente de querer ser lo que ya eran, ‚Äúintelectuales‚ÄĚ, a los que la sociedad ten√≠a la 
obligaci√≥n de escuchar. Baroja hab√≠a escrito desde Par√≠s una carta que terminaba afirmando 
que Azor√≠n merece el reconocimiento, precisamente, de ‚Äúla gente que sue√Īa con el resurgir 
del esp√≠ritu y de la intelectualidad de la Patria‚ÄĚ. Machado, en la misma l√≠nea, habla de una 
Espa√Īa que comienza, precedente de aquella ‚ÄúEspa√Īa vital‚ÄĚ contra la ‚ÄúEspa√Īa oficial‚ÄĚ, sobre 
cuya contraposici√≥n fabricar√° Ortega el mensaje de la ‚Äúnueva pol√≠tica‚ÄĚ. Federico de On√≠s 
reconocer√° que es en torno a la obra de Azor√≠n que ‚Äúhemos de agruparnos luchando por el 
ma√Īana‚ÄĚ. Un periodista afirmar√° al d√≠a siguiente que ‚Äúla causa de Azor√≠n es la causa de todos 
los intelectuales de Espa√Īa‚ÄĚ y para terminar esta serie de testimonios, Ram√≥n G√≥mez de la 
Serna vio en el tren que les llevaba a Aranjuez el ‚Äúser en plural‚ÄĚ de todos aquellos 
intelectuales. 
Se trata por tanto de un libro importante para conocer la historia intelectual de nuestra 
Edad de Plata gracias a la suma de sus tres partes: los textos del homenaje, los oportunos 
ap√©ndices recuperados por Mart√≠n y su ensayo de introducci√≥n, ya comentado. Deseo terminar 
con una observaci√≥n cr√≠tica. Echo en falta la sombra alargada de Unamuno, que, a mi juicio, 
estaba m√°s presente en Aranjuez de lo que aqu√≠ se reconoce. Tanto en los movimientos 
t√°cticos de Ortega para alzarse con el liderazgo intergeneracional, seg√ļn la expresi√≥n acu√Īada 
por el profesor Cacho Viu, como para explicar que Azor√≠n se dejara querer por el joven 
radical que por aquellas fechas era Ortega, el rector de Salamanca era la preciada moneda de 
cambio. 
 
 
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Jos√© Lasaga 
 
 
BRIESEMEISTER, Dietrich: Spanien aus deutscher Sicht. Deutsch-spanische Kulturbeziehungen 
gestern und heute
 [Espa√Īa desde la perspectiva alemana. Relaciones culturales germano-
espa√Īolas ayer y hoy]. Tubinga, Max Niemeyer, 2004, 536 p√°gs. Hg. Harald Wentzlaff-Eggebert. 
 
Quien conozca el grueso volumen que se dedic√≥ a Dietrich Briesemeister en sus 65 a√Īos 
est√° ya familiarizado con la amplitud de sus intereses eruditos; Dulce et decorum est philologiam 
colere
 (Berl√≠n, Eds. Sibille Gro√üe/Axel Sch√∂nberger, Domus Editoria Europea, 1999, 2 tomos, 
1900 p√°gs.) da una idea suficiente del formidable espectro de los intereses del homenajeado. En 
esos dos imponentes vol√ļmenes est√°n representadas, junto a aportaciones procedentes de la 
comparat√≠stica y la filolog√≠a latina, casi todas las √°reas o subespecialidades de la roman√≠stica 
tradicional: lusitan√≠stica, filolog√≠a francesa, catalana, italiana e hispanoamericana, etc. 
En paralelo con sus exploraciones tanto en las letras neolatinas de Portugal y Brasil como 
en la lusitan√≠stica, en particular en las relaciones culturales entre Portugal, Brasil y Alemania, las 
relaciones culturales hispano-alemanas forman asimismo desde hace m√°s de 30 a√Īos un 
importante centro de gravedad en la labor de este polifac√©tico investigador, y un buen documento 
de ello es el volumen colectivo Von Spanien nach Deutschland und Weimar-Jena. Verdichtung 
der Kulturbeziehungen in der Goethezeit
 [De Espa√Īa a Alemania y Weimar-Jena. Intensificaci√≥n 
de las relaciones culturales en la √©poca de Goethe] (Heidelberg: Winter, 2003), editado 
conjuntamente por Dietrich Briesemeister y Harald Wentzlaff-Eggebert en el marco del proyecto 
investigador ‚ÄúWeimar-Jena und Spanien‚ÄĚ [Weimar-Jena y Espa√Īa]. 
Precisamente de este inter√©s ‚Äúgermano-espa√Īol‚ÄĚ da cuenta la publicaci√≥n que 
comentamos, que ha visto la luz con ocasi√≥n de los 70 a√Īos de Dietrich Briesemeister, al cuidado 
de Harald Wentzlaff-Eggebert. A primera vista el t√≠tulo -Espa√Īa desde la perspectiva alemana. 
Relaciones culturales germano-espa√Īolas ayer y hoy
- parece sugerir que se trata de una muestra 
m√°s de los muchos estudios que, con car√°cter de aut√©ntico boom,  aparecen desde hace alg√ļn 
tiempo sobre las relaciones culturales entre ambos pa√≠ses. Son, en efecto, numerosos los 
vol√ļmenes colectivos que testimonian este inter√©s por parte de hispanistas y germanistas 
espa√Īoles y alemanes en el transfer  intercultural o la percepci√≥n rec√≠proca (citemos como 
ejemplo los editados por Raders/Schilling 1995, Renner/Sigu√°n 1999, Rodiek 2000, De 
Salas/Briesemeister 2000, Geisler 2001, Vega/Wegener 2002 y Bader/Olmos 2004). 
Pero ya con un vistazo al √≠ndice del volumen se percata el lector de que no est√° ante una 
colecci√≥n de aportaciones de diversos investigadores, al modo de, por ejemplo, las contribuciones 
a un congreso, sino ante trabajos varios de un solo estudioso. Y si se adentra en la lectura 
descubrir√° que aqu√≠ est√°n reunidos an√°lisis de diversa procedencia que son asimismo resultado de 
una ocupaci√≥n de largos a√Īos con los temas en estudio por parte del investigador. Los trabajos, 
dispersos hasta ahora en numerosas publicaciones especializadas, han sido reunidos y agrupados 
por el compilador en cuatro bloques cronol√≥gicamente dispuestos. 
Aunque estos an√°lisis, por encima de los treinta, se dedican mayoritariamente a 
fen√≥menos muy concretos de distintas √©pocas y √°mbitos de investigaci√≥n, no puede negarse que 
constituyen un todo que, como una red, es sostenido por m√ļltiples referencias tem√°ticas cruzadas; 
prueba de lo cual, adem√°s, son las menciones expl√≠citas y en m√ļltiples direcciones de las notas al 
pie, y sobre todo la misma estructuraci√≥n del volumen con el criterio agrupador de los centros de 
gravedad tem√°ticos. En los cuatro bloques tem√°ticos se anteponen panor√°micas 
‚Äúcontextualizadoras‚ÄĚ de car√°cter hist√≥rico-cultural a los diversos estudios m√°s concretos [‚Äúcase 
studies‚ÄĚ]. 
As√≠, en el cap√≠tulo I, ‚ÄúHintergr√ľnde‚ÄĚ [Contextos], se trazan con alguna generalidad l√≠neas 
de desarrollo hist√≥rico-cultural, que tambi√©n incluyen a Catalu√Īa y Portugal: aqu√≠ el objeto son 
 
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las relaciones entre la Pen√≠nsula Ib√©rica y Espa√Īa, las cambiantes relaciones entre Catalu√Īa y 
Alemania y el arte espa√Īol en los informes de viajeros europeos. Los ejemplos aducidos a 
continuaci√≥n se dedican a tres temas, relativamente dispares entre s√≠: los primeros impresores 
alemanes en Espa√Īa, un informe espa√Īol an√≥nimo sobre la Prusia de la √©poca de la Guerra de los 
Siete A√Īos y la historia de las relaciones entre Berl√≠n y Espa√Īa. 
El cap√≠tulo II proporciona, en primer lugar y colocado bajo el lema goethiano de ‚ÄúDie 
spanische Verwirrung‚ÄĚ [El desorden espa√Īol], una panor√°mica sobre los altibajos de la imagen de 
Espa√Īa en Alemania, a la que sigue un repaso de la Landeskunde espa√Īola en Alemania desde 
1945 y el tratamiento de Espa√Īa en el ensayo y el informe period√≠stico alemanes entre 1945 y 
1968. Como estaciones significativas de la imagen de Espa√Īa se dedica aqu√≠ particular atenci√≥n a 
los pasquines antiespa√Īoles en la Alemania de 1580-1635, a los pliegos de aleluyas sobre el 
‚ÄúSignor Spagniol‚ÄĚ del XVI y a observaciones cr√≠ticas y elogiosas que nos han legado viajeros 
extranjeros de la segunda mitad del XVIII. 
La parte central lo forma el cap√≠tulo III, de m√°s de 200 p√°ginas, y despliega un 
considerable espectro tem√°tico en sus investigaciones sobre la percepci√≥n y la ‚Äövisi√≥n‚Äô de Espa√Īa 
por parte alemana, en un arco temporal que va del siglo XVI al XX. Aqu√≠ encontramos estudios 
sobre temas de la traducci√≥n y la historia de los influjos (textos espa√Īoles impresos de los siglos 
XVI y XVII en posesi√≥n de la Biblioteca Herzog August de Braunschweig y L√ľneburg (1579-
1666) en Wolfenb√ľttel, la divulgaci√≥n de la literatura espa√Īola mediante traducciones neolatinas 
del XVII, la recepci√≥n de la literatura espa√Īola y portuguesa en Alemania en el XVIII, con la debida 
consideraci√≥n a la importante labor traductora de Friedrich Justin Bertuch -como se sabe, el 
inter√©s de Bertuch por la literatura de los dos pa√≠ses ib√©ricos en la Ilustraci√≥n tard√≠a dio paso poco 
despu√©s a fecundas reinterpretaciones de Cervantes y el teatro espa√Īol, y, en general, a una 
revisi√≥n de base de las ideas en vigor sobre la literatura espa√Īola-, y, por √ļltimo, traducciones 
alemanas del espa√Īol en la segunda mitad del siglo pasado (1945-1991). Los estudios del 
apartado 1 son aproximaciones a la √©poca que media entre la Celestina y Graci√°n, e integra temas 
como las traducciones neolatinas y alemanas de la Celestina en el XVI y el XVII, el humanista Luis 
Vives en traducciones alemanas del XVI al XVIII, el notable influjo del erasmista Alfonso de 
Vald√©s en la fase temprana de la Reforma en Alemania, la recepci√≥n en lengua latina de las obras 
de Santa Teresa en Alemania y traducciones asimismo latinas de Graci√°n del XVIII en Alemania. 
El apartado 2 arroja luz sobre algunos aspectos de la percepci√≥n y la recepci√≥n de Calder√≥n; as√≠, 
su significaci√≥n para la literatura barroca alemana, en particular el teatro de los jesuitas de 
Ingolstadt, la historia de sus traducciones y escenificaciones, as√≠ como la de la investigaci√≥n 
calderoniana en general en la segunda mitad del XIX y la primera del XX. 
En fin, el cap√≠tulo IV desarrolla como colof√≥n algunas reflexiones cr√≠ticas sobre el origen 
y el variable destino ideol√≥gico de la hispan√≠stica alemana, desde los primeros pasos de la 
disciplina con Kaspar von Barth (1587-1658) y la historia temprana de la disciplina, y, pasando 
por las oscilaciones de la investigaci√≥n alemana del XIX sobre el pa√≠s ib√©rico -entre el 
irracionalismo y la voluntad cient√≠fica-, hasta su afianzamiento (1918-1933). Tampoco se 
escamotean las dificultades de la aproximaci√≥n a Espa√Īa de Victor Klemperer. 
En conjunto, el volumen, cuidadosamente editado por Harald Wentzlaff-Eggebert, refleja 
el prop√≥sito de Briesemeister de dedicar sus afanes, m√°s que al debate especializado sobre los 
resultados de otros estudiosos, a colmar lagunas de la investigaci√≥n aportando material 
desconocido o todav√≠a no suficientemente reconocido -manuscritos, hojas volanderas, 
bibliograf√≠a poco atendida- y situando as√≠ los fen√≥menos concretos investigados en contextos m√°s 
amplios, por lo general en una perspectiva paneuropea. Parece claro lo que el libro no quiere ser: 
una presentaci√≥n hist√≥rica sistem√°tica con aspiraciones de exhaustividad, por m√°s que la 
extraordinaria competencia intercultural del autor en la percepci√≥n de ‚Äúlo espa√Īol‚ÄĚ lo har√≠a 
plenamente apto para el cometido. 
Para terminar, deseamos hacer un apunte cr√≠tico al trabajo, espl√©ndido, por lo dem√°s, 
 
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referente a la elecci√≥n del t√≠tulo, dictado veros√≠milmente por consideraciones comerciales de la 
editorial.  Spanien aus deutscher Sicht [Espa√Īa desde la perspetiva alemana] se encuentra en 
cierto modo en contradicci√≥n con el subt√≠tulo, Deutsch-spanische Kulturbeziehungen gestern und 
heute  
[Relaciones culturales germano-alemanas ayer y hoy], no justificado del todo por el 
contenido real del volumen. La atenci√≥n investigadora se dirige aqu√≠ preferentemente de Espa√Īa a 
Alemania; la otra mitad de las ‚Äúrelaciones culturales‚ÄĚ entre ambas √°reas ling√ľ√≠stico-culturales -la 
exploraci√≥n del otro vector de influjos y percepciones, de Alemania hacia Espa√Īa- es algo todav√≠a 
por hacer, y ser√≠a preferible que se acometiese desde el lado espa√Īol. Sea como fuere, el tomo 
presente merece una traducci√≥n que haga accesible a los especialistas y, en general, a los 
interesados espa√Īoles, no siempre lo bastante informados del trabajo de la hispan√≠stica alemana, 
los frutos de la fecunda labor investigadora de Briesemeister. 
 
Margit Raders 
 
 
CEREZO  GAL√ĀN, Pedro (Ed.): Democracia y virtudes c√≠vicas. Madrid, Biblioteca Nueva, 
2005, 430 p√°gs. 
 
Ya Arist√≥teles se√Īal√≥ que la pol√≠tica necesita de la virtud y Montesquieu, en el umbral 
mismo de este libro nos recuerda que la forma de gobierno republicana -a la que nosotros 
llamamos hoy democr√°tica- solo medra en la medida en que sus ciudadanos aspiren a vivir 
virtuosamente. 
Solemos remitir el t√©rmino ‚Äúdemocracia‚ÄĚ a la esfera de lo p√ļblico y el de ‚Äúvirtud‚ÄĚ a la 
de la moral privada. Y no es que no haya caminos que lleven de una a otra, pero la reflexi√≥n 
sobre la ‚Äúvirtud‚ÄĚ hab√≠a estado ausente, como se reconoce en varios trabajos de este volumen, 
de las teor√≠as pol√≠ticas m√°s caracter√≠sticas de la modernidad. Acaso porque la modernidad se 
funda como cultura pol√≠tica sobre la escisi√≥n entre lo p√ļblico y lo privado. De ah√≠ el punto de 
oportunidad y conveniencia que encierra el libro que rese√Īamos. Aparece en un momento 
muy especial, para nuestras sociedades occidentales, mediada ya la primera d√©cada del nuevo 
siglo y eclipsadas todas las expectativas de cambio. 
La elecci√≥n del calificativo ‚Äúc√≠vica‚ÄĚ para determinar el tipo de virtud del que se quiere 
hablar apunta a la dificultad misma del tema, virtud que en tanto se define como ‚Äúc√≠vica‚ÄĚ no 
es exclusiva ni de la moral personal ni de lo pol√≠tico, virtud de hombres libres, miembros de 
una sociedad en donde la acci√≥n pol√≠tica es un derecho pero tambi√©n un deber 
En su breve y eficaz introducci√≥n Cerezo parte de una concepci√≥n de la democracia 
que no la limita a su dimensi√≥n de forma de gobierno, sino como un √©thos o car√°cter de vida 
que deber√≠a inspirar el estilo de las intervenciones de los ciudadanos en la esfera p√ļblica. 
Ahora bien, la oportunidad del libro se sit√ļa, precisamente en la insuficiencia de la asunci√≥n 
de dicho √©thos por la sociedad espa√Īola hoy, a m√°s de un cuarto de siglo de la implantaci√≥n 
de la democracia constitucional de 1978: ‚ÄúLa penuria en Espa√Īa de lo que vengo llamando 
√©thos democr√°tico es hoy palmaria‚ÄĚ. Quiz√° esta queja explique la elecci√≥n de la cita de Ortega 
y Gasset puesta al frente del libro. La propuesta de ‚Äúhacer laica la virtud‚ÄĚ, invitar a la 
ciudadan√≠a a hacer suyos los deberes pol√≠ticos y sociales y sus correspondientes virtudes, 
podr√≠a ser ahora, como en tiempos de Ortega, una exigencia de nuestro tiempo. 
Una manera no desde√Īable de contribuir a paliar ese d√©ficit en √ļltima instancia de 
responsabilidades c√≠vicas ha sido convocar a los fil√≥sofos pol√≠ticos m√°s representativos e 
informados de nuestras universidades para que ofrezcan un an√°lisis de cuales son las virtudes 
decisivas que configurar√≠an ese √©thos democr√°tico, qu√© significado tienen en nuestra sociedad, 
qu√© problemas conlleva su pr√°ctica en el horizonte espec√≠fico de cuestiones y debates que 
vivimos, tales como el multiculturalismo y el debate sobre el reconocimiento del otro, la 
 
11

 
 
posible universalidad de determinados contenidos normativos, se√Īaladamente, los derechos 
humanos, o la pol√©mica entre liberales y comunitarios acerca del origen de nuestros principios 
√©tico-pol√≠ticos. 
Adem√°s del ensayo introductorio de Victoria Camps en donde se discute el concepto 
de virtud, su tradici√≥n desde Grecia, su recepci√≥n en el mundo moderno y su escasa presencia 
en el lenguaje √©tico del siglo XX, se delimita con acierto la situaci√≥n presente y los principales 
ejes del debate en donde se insertan los an√°lisis sobre las virtudes c√≠vicas aqu√≠ presentadas. 
Ser√≠a √©ste el de cierto cansancio de las doctrinas liberales, de inspiraci√≥n contractualista y 
procedimental, y la vuelta de discursos que se proponen recuperar el valor de la virtud para la 
acci√≥n p√ļblica, a cargo de dos tendencias que han cobrado fuerza desde los a√Īos noventa del 
pasado siglo: el ya citado comunitarismo y el republicanismo. 
Vienen despu√©s los doce ensayos agrupados en tr√≠adas que exponen las doce virtudes 
consideradas fundamentales desde la perspectiva de una sociedad democr√°tica. Hay que 
rese√Īar la particularidad de que el primer texto de la primera secci√≥n funciona como un 
an√°lisis-marco de la conveniencia de las virtudes p√ļblicas en nuestras sociedades 
democr√°ticas. El viejo ideal liberal, que concibe la esfera de lo pol√≠tico como destinada a 
salvaguardar el √°mbito de los intereses privados, gozar√≠a a√ļn de buena salud en algunas de las 
m√°s recientes investigaciones sobre ciudadan√≠a. Fernando Quesada, argumenta que ello 
denota cierto d√©ficit de sensibilidad democr√°tica y defiende que la libertad personal nunca 
est√° mejor defendida que cuando se antepone la preferencia del bien p√ļblico a la b√ļsqueda de 
los intereses privados. 
Y no obstante son doce las virtudes examinadas en los once art√≠culos restantes porque 
las dos que funcionan a mi juicio como centro o n√ļcleo de donde irradian todas las dem√°s son 
tratadas conjuntamente. En efecto, Amelia Valc√°rcel escribe sobre Libertad e Igualdad, en 
tanto que virtudes -en el sentido af√≠n de principios de valor y fundamento √ļltimo de cualquier 
sociedad pol√≠tica democr√°tica- que abren el horizonte donde se inserta la acci√≥n c√≠vica 
virtuosa, sea cual sea √©sta. As√≠, podr√≠amos agrupar el concierto de virtudes en dos grupos: las 
que hacen posible la vida democr√°tica, porque conforman su √©thos en la pr√°ctica cotidiana. 
Tambi√©n las podr√≠amos llamar virtudes de la construcci√≥n del espacio democr√°tico. Son la 
Prudencia (Carlos Thiebaut), la Razonabilidad (Javier Muguerza), la Civilidad (Jos√© Rubio 
Carracedo), la Tolerancia (Pedro Cerezo) y la m√°s pol√≠tica y menos moral de todas ellas, pero 
la m√°s necesaria: la virtud del Respeto a la ley (El√≠as D√≠az). 
Y un segundo subgrupo que podr√≠amos agrupar como las virtudes destinadas a dar 
metas, sentido y valor a la sociedad democr√°tica ya constituida. Son menos formales que las 
del primer grupo. Regulan las consecuencias de la convivencia democr√°tica, en la frontera, 
mal definida, en que los ciudadanos tendr√≠an que armonizar sus objetivos privados con la 
salvaguarda de la organizaci√≥n pol√≠tica de la que forman parte. Son √©stas la Justicia 
(Fernando Vallesp√≠n), la Responsabilidad (Rafael del √Āguila), la Solidaridad (Ram√≥n Vargas-
Machuca), la Profesionalidad (Adela Cortina) y la virtud del Patriotismo constitucional 
(Domingo Blanco). Al igual que en el grupo anterior, el editor ha sabido reservar para el final 
la virtud que en cierto modo resume las dem√°s. Si todas son necesarias para una sociedad bien 
ordenada, √©sta resulta adem√°s extra√Īa en nuestros dominios y por ello m√°s recomendable. El 
nacionalismo vigente en nuestra sociedad espa√Īola ha orientado el sentido de esta virtud hacia 
fidelidades etnicistas. En esa medida, padecemos un d√©ficit de comprensi√≥n de la misma por 
razones hist√≥ricas. Adem√°s de la fidelidad a la tierra, a la sangre, a los antepasados, a las 
costumbres, se puede y se debe ser leal a aquello que salvaguarda nuestra condici√≥n de seres 
humanos libres e iguales y que no es otra cosa que el marco de convivencia que define una 
Constituci√≥n democr√°tica. Las tensiones nacionalistas y la situaci√≥n de multiculturalismo que 
viven nuestras sociedades avanzadas hacen a veces olvidar que el horizonte de los derechos 
humanos individuales, as√≠ como las leyes que los salvaguardan, no son otros valores en 
 
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discusi√≥n sino aquello mismo por lo que hay sujetos libres e iguales en dignidad polemizando 
acerca de las metas que dar a sus vidas. Este libro nos recuerda estas verdades. 
 
Jos√© Lasaga 
 
 
CERVERA, Vicente & HERN√ĀNDEZ, Bel√©n & ADSUAR, M¬™ Dolores (Eds.)El ensayo como 
género literario
. Universidad de Murcia, 2005. 
 
Como encuentro entre planteamientos y enfoques disciplinares diversos aborda este 
libro la problem√°tica del ensayo, dejando que sea el di√°logo entre voces tan distintas el que 
vaya dibujando una posibilidad de respuesta. Porque como bien se√Īalan los editores en el 
Prefacio, el t√≠tulo no postula una tesis unitaria, sino que m√°s bien plantea una invitaci√≥n o 
provocaci√≥n para enfrentarse a un tema que, si no insuficientemente pensado, al menos no ha 
sido significado en su verdadera relevancia. 
Ante esta apelaci√≥n a la reflexi√≥n, es la ciencia literaria la que primeramente debe 
sentirse interpelada, como acierta a advertir Pedro Aull√≥n de Haro, colaborador en el volumen 
y una de las autoridades en la materia bajo cuyo auspicio, junto a los Adorno, Luk√°cs o 
Bense, se sit√ļan expl√≠citamente el resto de participantes en este volumen. Esto se debe a que 
el ensayo, hist√≥ricamente, se ha zafado a toda efectiva definici√≥n gen√©rica: sin sitio en el 
cl√°sico esquema tri√°dico de g√©neros, se sol√≠a a√Īadir subsidiariamente, como discurso √ļtil de 
finalidad extrart√≠stica (did√°ctica y ret√≥rica). Esta negligencia se explica por la consideraci√≥n 
de los g√©neros cl√°sicos como categor√≠as universales y transhist√≥ricas, que dificultaba la 
alteraci√≥n del sistema que el ensayo parece demandar. Frente a ello, los an√°lisis que vertebran 
este trabajo plantean un estudio hist√≥rico de los g√©neros en tanto que respuestas a necesidades 
que la vida tiene de expresarse en cada √©poca, en t√©rminos orteguianos. 
En ese sentido, una de las tesis fundamentales com√ļn a todos los estudios es la que 
propone al ensayo como g√©nero t√≠picamente moderno. Su principio constitutivo ser√≠a entonces 
el proyecto de libertad subjetiva a trav√©s del uso cr√≠tico de la raz√≥n, adem√°s de la disoluci√≥n 
kantiana de la finalidad est√©tica que exime a la reflexi√≥n de pragmatismo pedag√≥gico, y el 
principio de integraci√≥n de contrarios que permite la s√≠ntesis superadora de la escisi√≥n 
hist√≥rica del esp√≠ritu entre tendencia est√©tica y la teor√©tica (Espa√Īa y Europa, en la s√≠ntesis 
program√°tica de Ortega). El ensayo se define as√≠ como ‚Äúlibre discurso reflexivo en cuanto 
modo sint√©tico del sentimiento y la raz√≥n‚ÄĚ (Aull√≥n). Esta g√©nesis hist√≥rica del g√©nero no ser√≠a 
completa sin la aportaci√≥n de Jos√© M¬™ Pozuelo acerca de las escrituras del yo (Montaigne 
como figura paradigm√°tica), que tienen como condici√≥n de posibilidad el momento de la 
cultura occidental en que la obra se concibe como unidad del texto literario y de su 
plasmaci√≥n material en un libro aislado de otros textos, pues de este modo aparece la 
categor√≠a de autor y con √©l la del yo como objeto de representaci√≥n y no s√≥lo como sujeto de 
ella. 
Por su parte, las interpretaciones filos√≥ficas del ensayo que Francisco Jarauta presenta 
en su art√≠culo, van m√°s all√° al concebirlo como el tipo de discurso que permite superar las 
formas culminantes de la modernidad: el m√©todo (racionalismo) y el sistema (idealismo). El 
ensayo renuncia a violentar la realidad, a resolver mediante el sistema las contradicciones y 
tensiones de la vida (Luk√°cs); retrocede ante la verdad universal, atemporal e invariable y se 
yergue contra la injusticia hecha a lo perecedero (Adorno). Al recto camino met√≥dico el 
ensayo opone el Umweg benjaminiano, el rodeo trufado por la interrupci√≥n ir√≥nica de las 
cosas, de la vida en su accidentalidad: saliendo en b√ļsqueda de la verdad, el ensayo se topa 
con la vida. De ah√≠ que no deba leerse como la exposici√≥n de una verdad dogm√°ticamente 
afirmada, sino como la presentaci√≥n consciente de una nueva perspectiva que no se pretende 
 
13

 
 
absoluta. 
En este marco te√≥rico se ubica el papel nuclear de Ortega en este trabajo, como centro 
en el que convergen (y del que parten) sus dos l√≠neas principales de investigaci√≥n: la teor√≠a 
del ensayo desde literatura y filosof√≠a, y el pensamiento ensay√≠stico en lengua espa√Īola. La 
aportaci√≥n de Bel√©n Hern√°ndez, que se basa en Adorno como te√≥rico y Ortega como autor, es 
en este sentido representativa. En el contexto de la crisis del pensamiento sistem√°tico Ortega 
revindica la espontaneidad de lo que verdaderamente somos frente a la tradici√≥n asc√©tica 
socr√°tica, la del fanatismo idealista y racionalista. A la rigidez que la raz√≥n pura impone a la 
espontaneidad de lo vital Ortega aplica la iron√≠a moderna que comparte con las vanguardias 
art√≠sticas, para mostrar que la raz√≥n ‚Äúes tan s√≥lo una breve isla flotando en el mar de la 
vitalidad primaria‚ÄĚ. El ensayo es por tanto el g√©nero adecuado para esta raz√≥n vital que no 
aprisiona la realidad con la fuerza del concepto, sino que se limita a mostrar la aventura del 
pensar. En esta l√≠nea quiz√°s se eche de menos en el art√≠culo acerca de la raz√≥n po√©tica de 
Mar√≠a Zambrano, un an√°lisis m√°s expl√≠cito de su relaci√≥n con el significado filos√≥fico del 
ensayo, dado que √©sta es la otra gran alternativa de racionalidad propuesta por la filosof√≠a 
espa√Īola y su identificaci√≥n con el discurso ensay√≠stico ser√≠a an√°loga a la de Ortega y Adorno. 
Ahora bien, no por ello el art√≠culo de Pi√Īas Saura deja de ser un brillante acercamiento a la 
experiencia abisal del pensamiento zambraniano. 
Resultado de un curso universitario, como se advierte preliminarmente, el libro puede 
adolecer, como es inevitable en estos casos, de cierta contingencia en alguno de sus 
contenidos. Ello no obsta para el acierto de Jorge Novella al trazar una historia del ensayismo 
filos√≥fico espa√Īol en el siglo pasado a la estela de Ortega, y asociada a la cuesti√≥n espa√Īola, 
donde podemos encontrar, entre otros, a un Ferrater Mora reivindicando esa modernidad de 
‚Äútercera v√≠a‚ÄĚ que recomienda ‚Äúhuir de una raz√≥n racional que hace del conflicto un mero 
problema y buscar una raz√≥n vital que encuentre una soluci√≥n efectiva‚ÄĚ. O al Manuel Aza√Īa 
de Juan Francisco Garc√≠a Casanova, que encuentra en el car√°cter abierto y dialogante del 
ensayo el reflejo de las ideas republicanas liberales. 
Pero es en Hispanoam√©rica donde el ensayo literario es absolutamente contempor√°neo 
a un proyecto hist√≥rico. El yo de Montaigne, que se configuraba a s√≠ mismo en la 
experimentaci√≥n de la escritura, se extrapola a colectividades nacionales que, como √©l, se 
conocen conociendo. El ensayo de su modo de ser, en el sentido original del t√©rmino en tanto 
que tentativa o experimento, es el proceso mismo de su emancipaci√≥n, y el ensayo literario se 
erige as√≠ en el g√©nero base para el resto da las manifestaciones literarias hispanoamericanas. 
En definitiva es este un libro que se antoja necesario para dignificar el tipo de discurso 
de una raz√≥n tradicionalmente vindicada en lengua espa√Īola, que todav√≠a hoy no ha perdido 
vigencia para la Europa que se busca y ensaya, como tampoco para una Am√©rica que nunca se 
encontr√≥. Y m√°s a√ļn ante la amenaza creciente de una equiparaci√≥n internacional de las 
formas de expresi√≥n de la filosof√≠a bajo el modelo cientificista del art√≠culo, con el que la 
palabra filos√≥fica puede volver a perder la capacidad de presentar la vida en su constitutiva 
espontaneidad. 
 
Gonzalo Velasco 
 
 
CHAGUACEDA  TOLEDANO, Ana (Ed.):  Miguel de Unamuno. Estudios sobre su obra. II
Universidad de Salamanca, 2005, 409 p√°gs., ISBN: 84-7800-592-7. 
 
Se recogen en este volumen las Actas de las V Jornadas Unamunianas, celebradas en 
la Casa-Museo Unamuno de Salamanca entre los d√≠as 23 y 25 de octubre de 2003. Se 
prolonga as√≠ una iniciativa nacida en las anteriores Jornadas (2001) y cuyo objetivo no es otro 
 
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sino evitar que se perdieran las comunicaciones y conferencias all√≠ le√≠das, fruto del laborioso 
trabajo de los investigadores, y dejar constancia de ellas, ampliando de ese modo el legado de 
los estudios unamunianos. 
La obra est√° dividida en seis bloques, seg√ļn la estructura misma de las Jornadas. En el 
primero de ellos, ‚ÄúI. Prensa y epistolario‚ÄĚ, nos encontramos con tres trabajos dedicados a la 
labor period√≠stica de Unamuno. Jos√© Antonio Ere√Īo Altuna se adentra en su concepci√≥n del 
socialismo resaltando la fuerte carga sentimental de √©ste, as√≠ como la dosis racionalista que 
procur√≥ imprimirle. A continuaci√≥n, Laureano Robles traza un certero an√°lisis sobre el 
problema de la censura en la trayectoria del pensador vasco, con una importante recuperaci√≥n 
de textos al respecto. Manuel Urrutia, por su parte, trata el tema de los pseud√≥nimos en 
Unamuno y aclara una peculiar pol√©mica en torno al ‚Äúantisemitismo‚ÄĚ suscitada en la prensa 
de Salamanca en 1893. Se completa este bloque con una revisi√≥n de la crisis del 97, a cargo 
de Antonio Sandoval, basada en la ‚Äúv√≠a alternativa de desahogo‚ÄĚ que junto con el Diario 
represent√≥ la redacci√≥n epistolar. 
En el siguiente bloque, ‚ÄúII. Unamuno en el destierro‚ÄĚ, se somete a reflexi√≥n una etapa 
algo desatendida por la investigaci√≥n y por ello tambi√©n quiz√°s distorsionada. En este sentido, 
contamos con una reconstrucci√≥n de la relaci√≥n entre Unamuno y Canarias, obra de Yolanda 
Arencibia, enfocada sobre sus dos estancias en las islas, en 1910 y en 1924. A continuaci√≥n, 
Jos√© Luis Mora estudia la vinculaci√≥n entre Unamuno y P√©rez Gald√≥s a prop√≥sito de las 
diferentes lecturas que del escritor canario hizo a lo largo de su trayectoria el pensador vasco, 
desde sus a√Īos juveniles hasta su destierro en Fuerteventura. Los otros dos estudios con que 
se completa este bloque se centran en dos textos manuscritos in√©ditos de esta etapa del 
destierro. Ana Urrutia se ocupa del ‚ÄúDiario del destierro‚ÄĚ, escrito en Fuerteventura, mientras 
que B√©n√©dicte Vauthier hace lo propio con el Manual del quijotismo, recientemente publicado 
por esta investigadora, y al que pone aqu√≠ en relaci√≥n con C√≥mo se hace una novela, para 
desde ah√≠ analizar la ret√≥rica de Unamuno en el exilio, la ‚Äúret√≥rica de la c√≥lera‚ÄĚ, que la llama. 
El bloque ‚ÄúIII. Filosof√≠a, religi√≥n y novela‚ÄĚ es el que sostiene la mayor carga filos√≥fica 
de esta obra, empezando por el art√≠culo de Carmine Luigi Ferraro, que revisa la relaci√≥n entre 
Unamuno y Croce a trav√©s de una reflexi√≥n sobre el concepto de historia en ambos 
pensadores. Le sigue un estudio de Jos√© Manuel Gonz√°lez √Ālvarez acerca de ‚Äúla labor 
difusora‚ÄĚ de la literatura argentina ejercida por Unamuno desde finales del siglo XIX. A 
continuaci√≥n, Francisco Jos√© Mart√≠n, partiendo la ‚Äúnivola unamuniana‚ÄĚ y lo que denomina las 
‚Äúnovelas de 1902‚ÄĚ, reivindica los conceptos de ‚Äúnovela filos√≥fica‚ÄĚ y ‚Äúfilosof√≠a narrativa‚ÄĚ 
dentro de la historia de la filosof√≠a espa√Īola, arguyendo que no s√≥lo responden al fin del 
canon novel√≠stico decimon√≥nico, sino tambi√©n a la crisis finisecular de la filosof√≠a. 
Igualmente, cabe destacar aqu√≠ las notas iniciales que dedica al hispanismo filos√≥fico, con su 
propuesta de empezar a trabajar en √©l desde la ‚ÄúHistoria de los Conceptos‚ÄĚ. Pedro Ribas, por 
su parte, abre con su art√≠culo un campo de investigaci√≥n virgen dentro de los estudios 
unamunianos, como es la relaci√≥n de Unamuno con sus traductores, y lo hace acerc√°ndose a 
la recepci√≥n de la obra del escritor vasco en Alemania a trav√©s de sus diferentes traductores, 
con especial atenci√≥n sobre uno de ellos, Otto Buek. El encargado de cerrar este bloque ser√° 
Paolo Tanganelli con un notable estudio sobre el proceso de creaci√≥n y evoluci√≥n de Del 
sentimiento tr√°gico de la vida
, elaborado a trav√©s del an√°lisis comparativo de dicha obra con 
sus sucesivos borradores, con su ‚Äúavantexto‚ÄĚ. 
El bloque ‚ÄúIV. Pensamiento y compromiso pol√≠tico‚ÄĚ se va a centrar en una parcela de 
los estudios unamunianos que, si bien se ha visto en los √ļltimos a√Īos beneficiada por una 
importante labor de recuperaci√≥n de art√≠culos y de reflexi√≥n en el marco de la filosof√≠a 
pol√≠tica, sigue presentando importantes lagunas. Joseba Aguirreazkuenaga es el encargado de 
abrirlo con un estudio sobre el itinerario del nombre de Unamuno desde 1900 hasta 2003, 
recorriendo aquellos lugares de la ciudad de Bilbao en que se ha conservado y/o se conserva 
 
15

 
 
su memoria. A continuaci√≥n, Paul Aubert hace un breve recorrido por toda la trayectoria 
pol√≠tica de Unamuno, enfatizando c√≥mo casi desde el principio fue ‚Äúun provocador y un 
agitador‚ÄĚ, y su intenci√≥n, no hacer pol√≠tica sino ‚Äúinquietar a los espa√Īoles‚ÄĚ. Jean-Claude 
Rabat√©, por su parte, va a analizar el itinerario descrito por la reflexi√≥n unamuniana en torno a 
la ‚ÄúFiesta de la Raza‚ÄĚ desde los a√Īos veinte hasta el episodio del Paraninfo de la Universidad 
de Salamanca en octubre de 1936. Stephen G. H. Roberts se ocupa del proceso de aparici√≥n 
en Espa√Īa de la figura del ‚Äúintelectual moderno‚ÄĚ, con un exhaustivo estudio del fen√≥meno de 
la ‚ÄúGeneraci√≥n del 98‚ÄĚ, dentro de la cual va a resaltar la labor propiamente ‚Äúintelectual‚ÄĚ de 
sus componentes, ubicando en la figura de Unamuno la emergencia del ‚Äúintelectual moderno‚ÄĚ 
en Espa√Īa. Concluir√° este bloque con un estudio de Octavio Ruiz-Manj√≥n sobre la cr√≠tica de 
Unamuno a la monarqu√≠a y a la pol√≠tica militarista de Alfonso XIII, y una aproximaci√≥n al 
fen√≥meno de la novela hist√≥rica en la Espa√Īa finisecular a cargo de Manuel Su√°rez Cortina, 
que sit√ļa en Paz en la guerra el punto de colisi√≥n entre el historiador, el novelista y el 
fil√≥sofo. 
El siguiente bloque, ‚ÄúV. Novedades editoriales‚ÄĚ, recoge unos breves apuntes sobre dos 
de las obras que se presentaron en estas V Jornadas Unamunianas. Mercedes G√≥mez Blesa 
hace un escueto desarrollo del proceso de recuperaci√≥n de textos que precedi√≥ a la edici√≥n del 
Unamuno de Mar√≠a Zambrano, y Eduardo Pascual Mezquita se somete a una 
‚Äúautoevaluaci√≥n‚ÄĚ a prop√≥sito de su obra La pol√≠tica del √ļltimo Unamuno, en la que revisa el 
largo trabajo realizado y ofrece algunas claves de la misma. 
En el √ļltimo bloque, ‚ÄúVI. Creaci√≥n y proyecci√≥n literarias‚ÄĚ, nos encontramos con una 
lectura de la novela Amor y Pedagog√≠a a cargo de Manuel Cifo Gonz√°lez, una revisi√≥n de 
varios escritos fueristas y euskalerr√≠acos del joven Unamuno por parte de Eugenio Luj√°n 
Palma, y un interesante an√°lisis de Claudio Ma√≠z sobre el papel desempe√Īado por Unamuno a 
la hora de establecer desde Salamanca un puente hacia la modernidad entre Europa e 
Hispanoam√©rica, como alternativa a los meridianos culturales de Madrid y Par√≠s. Para 
terminar, Adolfo Sotelo V√°zquez y Jos√© Teruel Benavente presentan dos excelentes art√≠culos 
sobre la relaci√≥n de Unamuno con Juan Ram√≥n Jim√©nez y Luis Cernuda, respectivamente. 
Antes de acabar, quisiera llamar la atenci√≥n sobre la importancia de este tipo de 
estudios de publicaci√≥n peri√≥dica sobre autores espa√Īoles, una f√≥rmula id√≥nea a la hora de 
trabajar desde nuestro tiempo sobre la historia del pensamiento hisp√°nico, tradicionalmente 
denodada pero que desde el pasado siglo vive una creciente recuperaci√≥n. En el caso de 
Unamuno, esta publicaci√≥n bienal, junto con los Cuadernos de la C√°tedra Miguel de 
Unamuno
 y los trabajos que en torno al antiguo rector viene publicando el servicio de 
ediciones de la Universidad de Salamanca en la denominada ‚ÄúBiblioteca Unamuno‚ÄĚ, 
fundamentalmente monograf√≠as y recuperaci√≥n de art√≠culos y manuscritos in√©ditos, aseguran 
un trabajo constante sobre su vida, obra y pensamiento, mediante el cual, su fuego seguir√° 
vivo. He aqu√≠, por tanto, un ejemplo a proyectar sobre otras figuras de nuestra tradici√≥n 
filos√≥fica, oscurecidas a la sombra de otros Nombres de la vieja Europa, por nosotros mismos 
silenciadas, y que desde sus p√°ginas apenas entreabiertas reclaman su sitio, un espacio para su 
algo que decir. 
 
Miguel √Āngel Rivero G√≥mez 
 
 
COLONNELLO, P. (Ed.):  Filosofia e politica in america latina. Roma, Armando editore, 
2005, 170 p√°gs. 
 
Estas actas del congreso organizado por el Departamento de Ciencias de la Educaci√≥n 
de la Universidad de Calabria, publicadas en italiano, tienen un doble prop√≥sito, que ya se 
 
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explicita en el prefacio del coordinador del volumen, Pio Colonnello: 1) aclarar si existe un 
pensamiento latinoamericano con plena carta de naturaleza, claramente separado de la 
filosof√≠a espa√Īola, y 2) ahondar en las principales corrientes de la filosof√≠a de Latinoam√©rica, 
que seg√ļn Colonnello se engloban en la denominaci√≥n general de ‚Äúfilosof√≠a pol√≠tica‚ÄĚ, y 
consisten sobre todo en la filosof√≠a y teolog√≠a de la liberaci√≥n por un lado y una ‚Äúfilosof√≠a de 
la interculturalidad‚ÄĚ por otra. Por lo que respecta a esta √ļltima vertiente, hay que mencionar el 
breve art√≠culo de V√≠ctor Mart√≠n Fiorino y el an√°lisis de la figura de Andr√©s Bello en la 
contribuci√≥n que cierra la recopilaci√≥n: el venezolano, aunque chileno de adopci√≥n, escritor 
de una extensa obra en la primera mitad del siglo XIX, traductor de Locke y preocupado por 
cuestiones hist√≥ricas, psicol√≥gicas y ling√ľ√≠sticas, es abordado, sobre todo, como creador de 
una √©tica con la funci√≥n de metapol√≠tica. Su principal preocupaci√≥n es una fuerte apuesta por 
el libre albedr√≠o, que le lleva, en √ļltima instancia, a recaer en esos ‚Äúerrores deterministas‚ÄĚ que 
critica en Stuart Mill, al apoyar la libertad humana en un fundamento teol√≥gico; esta 
heteronom√≠a hizo que su √©tica no pudiera servir como base para una liberaci√≥n del 
sometimiento colonial. 
Sobre la primera vertiente, la m√°s estrictamente pol√≠tica, son fundamentales las figuras 
de Dussell, perteneciente a la vertiente geopol√≠tica de la teolog√≠a de la liberaci√≥n, con una 
reivindicaci√≥n de la importancia cultural de la dimensi√≥n precolombina de Am√©rica, y la de 
Lepoldo Zea, el disc√≠pulo predilecto de Gaos, preocupado por la posibilidad de constituir un 
dominio aut√≥nomo de la filosof√≠a hispanoamericana (basada en la centralidad de las 
cuestiones antropol√≥gicas) como condici√≥n indispensable para que Latinoam√©rica adquiera 
conciencia de s√≠ y pueda, desde esta autocomprensi√≥n, transformarse pol√≠tica y socialmente, 
tambi√©n a trav√©s de acciones revolucionarias. Colonnello destaca en la introducci√≥n la 
fundamental importancia que Marx y los marxismos tuvieron en la configuraci√≥n de la 
filosof√≠a pol√≠tica latinoamericana: en este sentido es especialmente importante, adem√°s de 
preciso y bien documentado, el art√≠culo de Guido Liguori dedicado a la recepci√≥n de Antonio 
Gramsci en Brasil, centr√°ndose sobre todo en la producci√≥n de Carlos Nelson Coutinho. Este 
conocedor y traductor del autor de Los cuadernos de la c√°rcel, que por cierto han sido 
recientemente reeditados tanto en M√©xico (2000) como en Brasil (1999-2002), tiene el m√©rito 
de aplicar las categor√≠as gramscianas al an√°lisis pol√≠tico de Brasil. 
Un tercer bloque de art√≠culos (el primero y el tercero), se ocupa expresamente de la 
experiencia del exilio de dos vascos: el editor emigrado a Venezuela en 1949, Rom√°n 
Arcelus, y un fil√≥sofo de primera fila como Eugenio √ćmaz, fundador de revistas tan 
importantes como Cruz y Raya, antes de su exilio, y de los Cuadernos Americanos ya en 
M√©xico. Si del primer art√≠culo hay que destacar la reconstrucci√≥n de las condiciones 
posb√©licas de Espa√Īa y Venezuela en los campos pol√≠tico, sociol√≥gico e intelectual, as√≠ como 
reveladores extractos del diario personal de Arcelus, en el segundo es digna de menci√≥n la 
exposici√≥n del comentario de √ćmaz a las teor√≠as de Vico, Croce y Dilthey, que llevaron al 
catedr√°tico de Filosof√≠a de la historia de la UNAM a plantear la necesidad de pasar del 
‚Äúsentido hist√≥rico‚ÄĚ a una ‚Äúconciencia hist√≥rica‚ÄĚ. 
Como era de esperar en una producci√≥n italiana, dado el enorme inter√©s que ha 
suscitado en el pa√≠s transalpino, no puede faltar una referencia a Mar√≠a Zambrano. Dos 
art√≠culos repasan su trayectoria bio-bibliogr√°fica respectivamente antes y despu√©s del trauma 
del exilio: el primero se centra en el pensamiento pol√≠tico, todav√≠a orteguiano, contenido en 
esa  opera prima que es Horizonte del Liberalismo, mientras que el segundo repasa la 
trayectoria de la Zambrano ‚Äúerrante‚ÄĚ, insistiendo en los elementos autobiogr√°ficos contenidos 
en varias obras desde Nostalgia de la tierra hasta Claros de bosque
Por √ļltimo, merece ser mencionado un art√≠culo algo aislado en cuanto a su tem√°tica, 
que repasa sendas obras de ontolog√≠a de Ferrater Mora y de Nicol, respectivamente, El ser y 
la muerte
 y Metaf√≠sica de la expresi√≥n. A pesar de su buena caracterizaci√≥n de los rasgos 
 
17

 
 
espec√≠ficos de esa ‚Äúfilosof√≠a catalana‚ÄĚ que produjo la Escuela de Barcelona, Stefano Santasilia 
no insiste en la comparaci√≥n y los puntos de contacto entre las dos obras, y se limita a 
describir la com√ļn experiencia del exilio y el trasfondo cultural e ideol√≥gico que subyace a la 
formaci√≥n de ambos fil√≥sofos, y a presentar los dos libros por separado. Adem√°s, no se 
entienden del todo las razones de la inclusi√≥n de esta comunicaci√≥n en un congreso de 
filosof√≠a pol√≠tica, sensu lato, producida en Latinoam√©rica. 
En general, como sostiene el propio Colonnello, el libro presenta ‚Äúuno spaccato‚ÄĚ, una 
muestra de la producci√≥n filos√≥fico-pol√≠tica latinoamericana para el p√ļblico italiano tras a√Īos 
de olvido del pensamiento producido en esa zona del mundo. Adem√°s de la precaria 
estructuraci√≥n de la obra, defecto intr√≠nseco a casi todos los libros que recogen actas de 
congresos, habr√≠a que criticar la identificaci√≥n, impl√≠cita en la selecci√≥n de los art√≠culos y 
expl√≠cita en las palabras del responsable de la edici√≥n, de la filosof√≠a pol√≠tica latinoamericana 
con la filosof√≠a latinoamericana tout court; de hecho, como menciona de pasada Colonnello, 
nuevas disciplinas como la filosof√≠a anal√≠tica del lenguaje y de la ciencia, la filosof√≠a de la 
religi√≥n, o tambi√©n nuevos enfoques como la hermen√©utica gadameriana y ricoeuriana est√°n 
difundi√©ndose con rapidez y dando lugar a producciones de gran valor, que una presentaci√≥n 
sin√≥ptica de la filosof√≠a latinoamericana no deber√≠a ignorar. 
 
Valerio Rocco Lozano 
 
 
CONCEPTOS. Revista de Investigaci√≥n Graciana. Universidade da Coru√Īa, Departamento de 
Filolog√≠a Espa√Īola e Latina, n¬ļ 2, 2005 (anual), ISSN: 1697-2775. 
 
El segundo n√ļmero de la revista que se consagra con car√°cter monogr√°fico al 
pensamiento del jesuita y al an√°lisis de sus conceptos -ligada al Seminario Internacional 
‚ÄúGraci√°n y sus conceptos‚ÄĚ
 as√≠ como al resto de sus trabajos y proyectos-, incluye en esta 
ocasi√≥n art√≠culos de algunos de los socios y colaboradores de la Asociaci√≥n de Hispanismo 
Filos√≥fico. 
El concepto de ‚Äúgusto‚ÄĚ es analizado por Ciriaco Mor√≥n Arroyo (Cornell University). 
Su art√≠culo presenta un cat√°logo de textos fundamentales sobre el concepto de ‚Äúgusto‚ÄĚ -
especialmente de El H√©roe,  El Discreto y El Critic√≥n- para mostrar que dicho concepto 
establece la √ļltima conexi√≥n entre todos los aspectos del ser y de la acci√≥n humana. El 
profesor Mor√≥n concluye con una reflexi√≥n sobre el contexto intelectual de Graci√°n y algunas 
referencias a las caracter√≠sticas que el t√©rmino ‚Äúgusto‚ÄĚ adquirir√° desde el autor barroco hasta 
Gadamer. 
‚ÄúLa apariencia en Graci√°n‚ÄĚ es el t√≠tulo del trabajo de Juan Francisco Garc√≠a Casanova 
(Universidad de Granada) donde se estudia el concepto de ‚Äúapariencia‚ÄĚ, en el √°mbito de la 
Filosof√≠a de la naturaleza, como una segunda naturaleza del ser, tras un repaso al marco 
general de la narrativa graciana. Tambi√©n se ofrece un an√°lisis de la f√°bula del pavo real 
desde el √°mbito moral y se muestra que la apariencia es una exigencia ontol√≥gica en el campo 
normativo y, en el campo t√°ctico, un punto de partida del triunfo en la vida cortesana. 
Sebastian Neumeister (Freie Universit√§t Berlin) analiza, en el art√≠culo ‚ÄúLa discreci√≥n 
en Graci√°n‚ÄĚ, los conceptos de ‚Äúdiscreci√≥n‚ÄĚ y de ‚Äúdiscreto‚ÄĚ en diferentes obras de Graci√°n (El 
Discreto 
y el Or√°culo manual) al tiempo que anota algunos significados en obras anteriores y 
contempor√°neas a las del autor jesuita. Ofrece, asimismo, algunas referencias del contexto 
ignaciano y jesu√≠tico que quedan reflejadas en el significado que atribuye Graci√°n al concepto 
analizado. 
Por su parte, Christoph Strosetzki (Universit√§t M√ľnster) investiga sobre ‚ÄúLos 
contextos del saber y El Critic√≥n de Graci√°n‚ÄĚ y as√≠, ofrece un an√°lisis de la situaci√≥n de la 
 
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universidad y de las directrices fundamentales de las disciplinas, estudios y reglas de 
comportamiento del buen estudiante durante los siglos XVI y XVII. Posteriormente analiza en 
El Critic√≥n las instituciones y los lugares en los que se encuentra el saber que son, a priori, la 
universidad y la corte, y su lugar concreto y visible que es la biblioteca; aunque Graci√°n lo 
expulsa de all√≠ para construir las bases de la adquisici√≥n de la sabidur√≠a en la pr√°ctica y en el 
sujeto. 
El trabajo titulado ‚ÄúLa naci√≥n en Baltasar Graci√°n‚ÄĚ de Mateo Ballester Rodr√≠guez 
(Universidad Complutense de Madrid), ofrece un estudio de ciertos aspectos del concepto de 
‚Äúnaci√≥n‚ÄĚ relativos a la evoluci√≥n del t√©rmino y al desarrollo del sentimiento nacional de 
Espa√Īa a trav√©s de los escritos de Graci√°n. Un an√°lisis de los textos de El Critic√≥n permite 
tratar cuestiones como la descripci√≥n de Espa√Īa como naci√≥n de naciones, la relaci√≥n entre la 
naci√≥n, la voluntad popular y el vulgo, y, finalmente, el mundo como mosaico de naciones. 
Finalmente, Raisa Bolado Alupi (Universidad Internacional Moldavia) en la 
contribuci√≥n titulada ‚ÄúEl concepto nomina agentis en El Critic√≥n (Primer parte, crisis X-XIII) 
y su interpretaci√≥n en la traducci√≥n rumana (c. 1840)‚ÄĚ, contextualiza la recepci√≥n de El 
Criticón
 en la cultura rumana. Su objeto es analizar las personificaciones que encarnan 
profesiones y oficios (nomina agentis), para ello propone un estudio ling√ľ√≠stico de los mismos 
en el texto original de la crisis I, X, xiii y realiza un cotejo filol√≥gico con la versi√≥n rumana y 
la versi√≥n francesa de referencia. Al mismo tiempo ofrece un an√°lisis l√©xico-gramatical 
comparativo de los nomina agentis seleccionados y analiza su funci√≥n morfo-sint√°ctica. 
Es posible la suscripci√≥n a la revista a trav√©s del Servicio de Publicaciones de la 
Universidade da Coru√Īa (Edificio de Sociolog√≠a, Campus de Elvira, s/n. 15071 A Coru√Īa, 
publica@six.udc.es) y obtener m√°s informaci√≥n a trav√©s de la web en la direcci√≥n 
http://www.baltasargracian.net y tambi√©n dirigi√©ndose al siguiente correo electr√≥nico: 
revista@baltasargracian.net 
 
Elena Cantarino 
 
 
DELGADO-GAL, √ĀlvaroBuscando el cero. La revoluci√≥n moderna en la literatura y el arte
Madrid, Taurus, 2005. 
 
Para la segunda filosof√≠a anal√≠tica no puede existir un lenguaje desligado de unos usos 
cotidianos ni por consiguiente de una gram√°tica. El Wittgenstein de las Investigaciones 
se√Īalaba que los lenguajes privados eran una quimera. Afirmar que el lenguaje es sin m√°s el 
producto de una conciencia individual ser√≠a tanto como suponer que las designaciones que 
podr√≠amos hacer de un estado vivencial interno, como el dolor, ser√≠an exclusivamente 
privadas. Esa tesis y sus corolarios ignorar√≠an de un modo irresponsable que el lenguaje est√° 
dise√Īado para que A se entienda con B o con C y as√≠ sucesivamente. Siguiendo a Witgenstein, 
(Proposici√≥n 293, de Investigaciones l√≥gicas) una reducci√≥n de los contenidos mentales 
originarios del lenguaje a lo privado invocan una situaci√≥n parecida a la de unos individuos 
que simult√°neamente designaran ‚Äúescarabajo‚ÄĚ a lo que contienen sendas cajitas que s√≥lo 
pueden ver por separado cada uno de ellos. En definitiva la hip√≥tesis de los lenguajes 
privados es un residuo de los inveterados mentalismo y solipsismo de la tradici√≥n filos√≥fica 
occidental. 
El libro comentado se hace eco de que numerosas corrientes art√≠sticas y literarias 
modernas pretenden la posibilidad de partir de cero, es decir de reinventar ex nihilo el 
lenguaje. 
Teniendo en cuenta el planteamiento mentalista que subyace a la misma, esta 
propuesta no s√≥lo resulta injustificada, sino tambi√©n abiertamente retro
 
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Hay cierta creencia poco menos que fide√≠sta en la met√°fora que afirma la radical 
novedad de esta figura de pensamiento, algo as√≠ como si el poeta fuera un dios que creara, a la 
vez de la designaci√≥n, el objeto designado. Pero, como se√Īala el autor las ‚Äúmet√°foras son 
narrativamente viables porque remiten a hechos palmarios; son expresivas porque la 
identificaci√≥n del hecho palmario con un hecho fingido ayuda a poner ciertos rasgos de 
relieve‚ÄĚ (p√°g. 39). 
Por su parte, el surrealismo cree en la bondad y pertinencia art√≠sticas de los contenidos 
on√≠ricos, y en general de los inconscientes, para el arte. Adem√°s de este postulado va de la 
mano del que afirma que un arte de este tipo resulta una liberaci√≥n enriquecedora para el ser 
humano. La utilizaci√≥n de las im√°genes on√≠ricas y la escritura autom√°tica se convierten en 
santo y se√Īa del movimiento. Esta confianza en el automatismo lleva a pensar que cabe un 
acceso al funcionamiento real del pensamiento. Delgado-Gal puntualiza que, por m√°s que 
Breton admirara a Freud, la lectura de este por parte de aquel deja mucho que desear. El 
sue√Īo no esclarece, sino que oculta, revela simb√≥licamente la ejecuci√≥n simb√≥lica de deseos 
no conscientes. De un modo en√©rgico y taxativo el autor del libro apostilla: la ‚Äúgram√°tica 
on√≠rica es, entonces, una gram√°tica mendaz, es m√°s, una gram√°tica hip√≥crita‚ÄĚ (p√°g. 72). 
El tercer cap√≠tulo de este ensayo bosqueja una interesante distinci√≥n entre simplicidad 
y simplificaci√≥n centr√°ndose ante todo en narradores como Proust y Faulkner. Valorar su 
estilo de simple no es ni m√°s ni menos que una aberraci√≥n. Las ‚Äúsimplificaciones estil√≠sticas 
son con frecuencia el producto de descontextualizaciones, y con frecuencia su causa‚ÄĚ (p√°g. 
92). 
Con todo lo que s√≠ se puede apuntar como rasgo de esa nueva literatura es su car√°cter 
no realista, el cual queda caracterizado seg√ļn Delgado-Gal por la carencia de par√°bolas. Eso 
s√≠, la ausencia de dicha ejemplaridad no consuma la desaparici√≥n del t√≥pico de estas formas 
literarias. Sin embargo nos encontramos ante un uso desplazado del t√≥pico con respecto a la 
literatura anterior. Mientras que en el realismo se escribe desde el t√≥pico, en la nueva 
literatura el t√≥pico no dise√Īa ni causa, ocasiona. Con un feliz s√≠mil el autor se√Īala que con 
este tipo de literatura nos encontramos algo an√°logo a los mejores Kandinsky o Mondrian en 
los que encontramos a la postre un √°rbol o un monte nevado. Los cuales no son ‚Äútomados por 
s√≠, los que convierten al cuadro en memorable. Lo memorable es la l√≠nea y el color‚ÄĚ 
(p√°gs.144-145). 
El quinto cap√≠tulo es dedicado a la recusaci√≥n de la cr√≠tica de la pintura tradicional 
bajo criterios formalistas, v√°lidos, s√≠, para la pintura moderna que emplea lo que el autor 
denomina signos exentos
Quiz√°s las mejores p√°ginas est√°n dedicadas a la revisi√≥n de la autenticidad y la 
naturaleza del llamado mon√≥logo interior. Este no debe ser valorado como una revelaci√≥n de 
la conciencia (porque tendemos a retratarnos tal como nos ven los dem√°s), ni tampoco desde 
un punto de vista psicol√≥gico sino m√°s bien como una manipulaci√≥n del estilo. El mon√≥logo 
interior pretende trasladar al lenguaje de forma inmediata la corriente de la conciencia, pero 
en el fondo lo que genera es una voluntad de estilo que graba en bronce lo indeliberado, lo 
causal y lo tonto (cit, sg, p√°g. 227). 
El tono pol√©mico pero sobrio, la cantidad de ejemplos a los que se alude y el 
deslumbrante l√©xico hacen que nos encontremos ante un excelente ensayo. 
 
Miguel Salmer√≥n 
 
 
DUQUE, F√©lix: Terror tras la postmodernidad. Abada, 2004, 107 p√°gs. 
 
ő¨ŌĄőĻőľŌĆŌĄőĪŌĄŌĆőĹ, lo despreciable, lo que nadie quiere, el desecho, aquello a lo que, seg√ļn 
 
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dijera S√≥crates en el Parm√©nides, ni tan siquiera le corresponde una Forma. ¬ŅQu√© hacemos 
con el pelo, el barro y la basura? M√°s a√ļn ¬Ņqu√© pasa con la sangre y las v√≠sceras, con el 
‚Äúresto‚ÄĚ de lo que no queremos (o que s√≠ queremos y hacemos nuestro)? ¬ŅQu√© hacer con lo que 
ha sobrado del fest√≠n del ‚ÄúWe won!‚ÄĚ inmersos en una plena glotoner√≠a postorgi√°stica? Seguir 
comiendo. Es la bulimia del coprofilo: nada se salva al reciclaje. 
Pero el bul√≠mico est√°, adem√°s, anestesiado. Nada siente. Nada le afecta. 11-S u 11-M 
le son indiferentes: es como mirar el metraje de una pel√≠cula. El prol√≠fico y repetitivo regodeo 
en la imagen dantesca, en las im√°genes terror√≠ficas (reales o ficticias) que s√≠, son horribles, 
pero siguen siendo miradas, conllevan la insensibilidad de quien las mira, la despreocupaci√≥n 
de aquel al que todo le es ajeno. Los perros de Paulov se sientan ante la televisi√≥n a la hora de 
comer. Pero da igual la hora y da igual qu√© comer. S√≥lo miran. ¬ŅQu√© ha sido de su famoso 
metr√≥nomo? Ha sido sustituido por el ruido de explosiones o de detonaciones varias, por 
gritos‚Ķ por todo aquello que implique morbosidad y‚Ķsangre. Todo vale. Todo est√° listo 
para ser consumido. Es la cultura del reciclaje, pero tambi√©n de la hu√≠da: de lo que se trata es 
de evitar a toda costa el dolor y la indagaci√≥n de sus causas. 
Con este panorama la pregunta que surge es si el arte y, m√°s concretamente, el arte 
del terror ha fracasado, sobre todo porque, lejos de tener un valor cat√°rtico, de suponer un 
revulsivo que impida acostumbrarse a la violencia cotidiana, ha entrado a formar parte de la 
insensibilidad ante el dolor ajeno, del listo para llevar. 
Terror tras la postmodernidad es un peque√Īo ensayo de apenas 107 p√°ginas, pero 
grande por la tarea que acomete, grande por ser una b√ļsqueda, ab initio fracasada, de aquello 
que permanece irreductible al reciclaje, de lo que resiste. Es un t√≠tulo, dice F√©lix Duque, 
desmesurado y menguado. Es un libro, a√Īado yo, oportuno, pero no oportunista. 
Dos explosiones, se√Īala Duque, marcan el comienzo y el final de una √©poca, el 
postmodernismo. Los escombros de dos detonaciones son sus l√≠mites. La primera, controlada; 
la segunda, de signo diametralmente opuesto. Fiel reflejo de los tiempos. Barbarie. Es el 
camino que lleva de un supuesto control, a la irrupci√≥n de lo incontrolable por parte del 
sujeto. Hu√≠da. Y cercados por el ‚Äúresto‚ÄĚ de dos explosiones, se sit√ļan las reflexiones sobre 
una √©poca que ha confundido terror y horror. Escombro sobre escombro se impone la critica 
(Krinein)
 sobre un terreno que ha de ser desbrozado para la b√ļsqueda de supervivientes, pero 
es una b√ļsqueda, dig√°moslo de nuevo, fracasada. El arte ha asumido a su pesar el papel de 
captador de lo que sobra, el residuo, pero, revestido de S√≠sifo, se enfrenta a la imposibilidad 
de su fin, al fracaso de lo que se ha quedado tan s√≥lo en eso, en tentativa: la vacuna ha hecho 
m√°s fuerte a la enfermedad. Y la piedra vuelve a caer. Si hay alguien debajo: foto. Anestesia. 
Espectacularizaci√≥n del horror. ‚ÄúLa diversi√≥n de la violencia obtura la indomable latencia del 
terror
‚ÄĚ. 
Espl√©ndidamente dividido en cinco cap√≠tulos, es un libro √©ste sobre la transformaci√≥n 
del terror en horror mediante esta repetici√≥n cat√≥dica y constante de im√°genes terror√≠ficas, 
que est√° magn√≠ficamente sustentado en la primera parte del ensayo, en la distinci√≥n, desde el 
punto de vista filos√≥fico, de ambos t√©rminos: terror y horror, as√≠ como de sus s√≠ntomas: la 
angustia y el miedo. Este estudio inicial le sirve como fondo y fundamento para abordar la 
pregunta por la posibilidad del arte. Ecos de Brot und Wein: para qu√© poetas en tiempo 
indigente.  Terror tras la postmodernidad es tambi√©n, como no pod√≠a ser de otro modo, un 
libro de cr√≠tica, ya lo hemos dicho, en el sentido de que F√©lix Duque saca la hoz y procede a 
desbrozar el terreno. Nada se le escapa y‚Ķ alguna cabeza cae: desde El p√°jaro de Fernando 
Botero, al recientemente inaugurado centro comercial Plaza Norte de San Sebasti√°n de los 
Reyes ‚ÄúMadrid tiene lo que se merece‚ÄĚ, desde Christo y Jeanne-Claude a Guy Debord y la 
Internacional Situacionista‚Ķ Todos reciben. El arte se vuelve inane, la reflexi√≥n est√©ril: 
‚ÄúHoy, la metaf√≠sica de artista de Nietzsche servir√≠a para promocionar la Coca-Cola, con la 
m√ļsica de Strauss (As√≠ habl√≥ Zaratustra, mientras beb√≠a una Coke)
‚ÄĚ. Lo m√°s triste es que, no 
 
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s√≥lo puede haber arte despu√©s de Auschwitz (parafraseando a Adorno), sino que √©ste fagocita 
al terror para el consumo medi√°tico. 
Dec√≠amos que dos explosiones marcan el comienzo y el final del postmodernismo. Y 
dos contundes palabras marcan el comienzo y el final de este libro: ‚ÄúTerror‚ÄĚ - ‚ÄúPunto final‚ÄĚ
Terror final. ‚ÄúVolvemos a estar a la intemperie‚ÄĚ. 
 
Ana C. Conde 
 
 
D√ćAZ, El√≠as:  Un itinerario intelectual. De filosof√≠a jur√≠dica y pol√≠tica. Madrid, Biblioteca 
Nueva, 2003, 270 p√°gs. 
 
La figura y obra del profesor El√≠as D√≠az van unidas a la historia de la reconstrucci√≥n 
de la raz√≥n democr√°tica en la Espa√Īa de los √ļltimos cincuenta a√Īos. Todo este largo trayecto 
lo podemos recorrer leyendo su √ļltimo libro, Un itinerario intelectual. De filosof√≠a jur√≠dica y 
política
, en este peregrinaje encontramos los jalones m√°s importantes de nuestra historia 
reciente abordados desde sus estudios sobre historia del pensamiento pol√≠tico espa√Īol, Estado 
de derecho y sociedad democr√°tica, Legalidad-legitimidad, problemas del socialismo, 
iusnaturalismo y positivismo, Teor√≠a del Derecho, Sociolog√≠a y Filosof√≠a del derecho, 
Constituci√≥n, Teor√≠a de la justicia, Instituciones jur√≠dico-pol√≠ticas, Ideas pol√≠ticas y 
movimientos sociales, etc. 
Pero, especialmente para aquellos que nos ocupamos del pensamiento espa√Īol, la obra 
del profesor El√≠as D√≠az ha marcado caminos e investigaciones pioneras en nuestra disciplina. 
Desde 1970 a 1974 se centra en sus libros sobre el krausismo espa√Īol y sobre la recuperaci√≥n 
del pensamiento democr√°tico bajo el r√©gimen de Franco. √Čl mismo nos indica las causas de su 
inter√©s por el pensamiento espa√Īol: ‚ÄúMi prop√≥sito en aquellos a√Īos, adem√°s de informarme 
yo mismo, era ayudar a contrarrestar aquella absolutista y dogm√°tica visi√≥n m√≠stica (pero con 
muy determinados intereses materiales detr√°s) de la denominada ‚ÄúEspa√Īa eterna‚ÄĚ: es decir, la 
Espa√Īa tradicional, y tradicionalista, cat√≥lica, ortodoxa, monol√≠tica y excluyente que se hab√≠a 
impuesto por la fuerza de las armas‚Ķ se trataba pues de recuperar, en perspectiva plural, la 
Espa√Īa de los heterodoxos, la Espa√Īa incluyente, la Espa√Īa ilustrada, liberal, democr√°tica, 
socialista‚Ķ‚ÄĚ 
Esta afirmaci√≥n devino en programa de investigaci√≥n para muchos j√≥venes 
universitarios dirigidos por el profesor El√≠as D√≠az, la presencia de Giner, Azc√°rate, Unamuno 
y Ortega, unida a la incorporaci√≥n de Adolfo Posada (Francisco Laporta), Salas Ferr√© (Nu√Īez 
Encabo), Fernando de los R√≠os (V. Zapatero), Besteiro (E. Lamo de Espinosa), Aranguren 
(Cristina Hermida), Jim√©nez de As√ļa (Sebasti√°n Urbina), sobre Marxismo y Positivismo 
(Eusebio fern√°ndez), Tierno Galv√°n (Jorge Novella) y un largo etc√©tera donde encontramos la 
orientaci√≥n y marca del maestro. Si a estas cuestiones a√Īadimos un compromiso pol√≠tico 
insobornable y una lealtad a los derechos civiles por encima de cualquier adscripci√≥n 
partidista, entender√°n ustedes la importancia del libro que les recomiendo. Estas perspectivas 
diversas, sus distintos enfoques y materias son precisas para comprender este universo 
globalizado que tenemos ante nosotros. No s√≥lo desde √°mbitos de la filosof√≠a del derecho, 
moral y pol√≠tica se le deben contribuciones inestimables para nuestra producci√≥n intelectual 
(Estado de Derecho, la Sociolog√≠a del Derecho, el problema de los intelectuales en la Espa√Īa 
de fin del siglo XX), tambi√©n por sus estudios sobre la transici√≥n y el Partido Socialista Obrero 
Espa√Īol, en el que siempre ha estado de forma activa, manteniendo actitudes cr√≠ticas, muy 
duras, propias de su rigorismo √©tico y capacidad cr√≠tica. 
La defensa de la Espa√Īa c√≠vica (‚Äúincluyente‚ÄĚ) frente a la tradici√≥n de la Espa√Īa 
impecable, la recuperaci√≥n de las tradiciones ilustrada, liberal y socialista, la introducci√≥n de 
 
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nuevos iusfil√≥sofos como Renato Treves, Bobbio y Hart son claves para la puesta al d√≠a de la 
filosof√≠a del derecho espa√Īola. En este itinerario hay elementos de una autobiograf√≠a 
intelectual (De un tiempo de un pa√≠s), Di√°logo cr√≠tico que recoge una entrevista (publicada en 
la revista Doxa en 1994) de la mano de Alfonso Ruiz-Miguel y Francisco Laporta, donde 
someten a un ‚Äútercer grado‚ÄĚ sobre la actualidad de sus libros, su relectura y reelaboraci√≥n de 
muchas de sus tesis; en la tercera parte Raz√≥n de Estado y razones del Estado, es el Estado 
democr√°tico de Derecho, su gestaci√≥n, as√≠ como alguno de sus enemigos (Carl Schmitt) y la 
democracia participativa. Por √ļltimo, Itinerario ¬ŅFinal provisional? : Realismo jur√≠dico, 
raz√≥n cr√≠tica 
donde pasa revista a la Universidad, la filosof√≠a jur√≠dica y pol√≠tica, la teor√≠a del 
Derecho y la teoría de la Justicia. Una bibliografía personal es el colofón para este texto -
imprescindible- para todos aquellos que quieran saber que ha sido la filosof√≠a jur√≠dica y 
pol√≠tica en la segunda mitad del siglo XX en nuestro pa√≠s. 
La Constituci√≥n de 1978 y el modelo de estado est√°n presentes en toda su producci√≥n, 
as√≠ como ese entusiasm√≥s, el rigor intelectual, la tolerancia y el respeto a las posiciones 
contrarias a la suya. Esa es su voluntad de estilo, que hace del profesor El√≠as D√≠az un maestro, 
con ese vigor intelectual-vital incansable que conocemos aquellos que hemos tenido el 
privilegio de su magisterio y amistad. Ese magisterio est√° acreditado por su capacidad para 
atraer y formar a j√≥venes durante m√°s de cuarenta a√Īos, convertidos en disc√≠pulos que en 
torno al maestro reviven aquello que dec√≠a Giner de los R√≠os en sus Ensayos
‚ÄúVedlos excitados por su propia espont√°nea iniciativa, por la conciencia de s√≠ mismos, 
porque sienten ya que son algo en el mundo y que no es pecado tener individualidad y ser 
hombres. Hacedles medir, pesar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; 
discutir como en Grecia... Y entonces la c√°tedra es un taller y el maestro un gu√≠a en el 
trabajo‚ÄĚ. 
Eso ha sido el profesor El√≠as D√≠az para generaciones y generaciones desde los 
primeros a√Īos de los sesenta cuando se incorpor√≥ a la Universidad, en la cual tuvo que pagar 
el precio de su compromiso con la libertad y l democracia. As√≠ lo atestiguan su cartograf√≠a 
intelectual (destierros aparte): Salamanca, Madrid, Oviedo, y una constante: los estudiantes, 
siempre ellos. Ni que decir que libros como Estado de Derecho y Sociedad democr√°tica 
(1966)  son algo m√°s que un texto, condensa una √©poca y es emblema de los que apostaron 
inequ√≠vocamente por la democracia en Espa√Īa. Ese es el itinerario personal, vital y pol√≠tico de 
muchos espa√Īolitos que -gracias a maestros como el profesor El√≠as D√≠az- encontraron 
orientaci√≥n, significado y valor a su vida intelectual y pol√≠tica. Mereci√≥ la pena hacerlo de su 
mano. 
 
 
Jorge Novella Su√°rez 
 
 
ERTLER, Klaus-Dieter: Tugend und Vernunft in der Presse der spanischen Aufkl√§rung: El 
Censor. T√ľbingen, Narr, 2004, 239 p√°gs. 
 
Tras un muy pulcro trabajo (2003) sobre El Pensador (1762-1767), Klaus-Dieter 
Ertler, romanista de la Universidad de Graz, emprende ahora el sobresaliente an√°lisis del otro 
gran √≥rgano de la Ilustraci√≥n espa√Īola, El Censor (1781-1787); se trata, singularmente para 
espa√Īoles, de una densa contribuci√≥n de la gran roman√≠stica centroeuropea, que en Graz y 
s√≥lo en el siglo pasado ha aportado grandes figuras. De El Censor, interesa recordarlo, existe 
desde 1972 una antolog√≠a a cargo de Elsa Garc√≠a-Pandavenes. 
La sociedad espa√Īola del XVIII se encontraba a√ļn lejos de la diferenciaci√≥n social del 
racionalismo burgu√©s, expresada ante la naciente opini√≥n p√ļblica a trav√©s de las revistas; nada 
extra√Īo que √©stas aparezan aqu√≠ con alg√ļn retraso. La explicaci√≥n ‚Äúinmediata‚ÄĚ, a√Īade Ertler 
 
23

 
 
(p√°g. 18), nos la da el monarca ilustrado Carlos III, que en estas empresas ve√≠a un canal 
‚Äúdid√°ctico‚ÄĚ de sus reformas. Ya a principio de siglo hab√≠an aparecido en Londres las 
publicaciones -semanales o diarias- The Spectator (1711/12), The Tatler (1709/1711) y The 
Guardian
 (1713), de Steele y Addison; The Spectator en particular conoci√≥ en poco tiempo 
una difusi√≥n masiva en los Pa√≠ses Bajos y en Francia por la v√≠a de las ediciones pirateadas, y 
desde all√≠ en buena parte del resto de Europa. Feijoo, por cierto, es el primer espa√Īol que cita 
The Spectator, que conoc√≠a en traducci√≥n francesa. 
Se va constituyendo as√≠ una prensa informativa, econ√≥mica, cultural, con tiradas que 
oscilan entre 500 y 1500 ejemplares (excepto la Gaceta).  El Pensador hab√≠a sido el primer 
semanario con un programa moral, a la vez innovador y conservador pero ya identificado con 
el ethos burgu√©s de la laboriosidad y la ‚Äúutilidad‚ÄĚ -una palabra muy de √©poca-, del que, por 
ejemplo, puede derivarse la sugerencia de que la mujer ha de incorporarse a los canales 
p√ļblicos de comunicaci√≥n (p√°g. 21). Todo esto se ampliar√° en los 167 n√ļmeros de su 
sucesora, El Censor, que se convierte en la mejor revista de ideas de este per√≠odo. Hacia 1785 
parec√≠a estar bajo la protecci√≥n personal de Carlos III, lo que explicar√≠a que persista en sus 
ataques a la iglesia o la nobleza. La reacci√≥n de los poderes tradicionales, claro, se impuso; 
tras una suspensi√≥n de dos a√Īos, en 1787 aparece el √ļltimo n√ļmero de la revista. Aparecen 
todav√≠a otras -El Observador o El fil√≥sofo a la moda-, pero la prensa cr√≠tica sigue sufriendo 
las dentelladas de la censura gubernamental y de la inquisici√≥n. La suspensi√≥n definitiva se 
produce a comienzos de 1791; por ley quedan prohibidas todas las revistas no oficiales. 
La Pragm√°tica de 1715 hab√≠a marcado el origen de una naci√≥n centralizada y unitaria. 
El pa√≠s se est√° modificando, sobre todo en la segunda mitad del siglo: el nivel de vida y la 
poblaci√≥n crecen, se incrementa la producci√≥n de libros -entre 1730 y 1815 el n√ļmero total de 
obras publicadas se cuadriplica-, se crean los jardines bot√°nicos, los observatorios 
astron√≥micos y las sociedades de Amigos del Pa√≠s sobre el modelo de la vascongada (1763), 
la administraci√≥n p√ļblica empieza a funcionar, aparece la prensa peri√≥dica. Ca√Īuelo y Pereira 
son los responsables oficiales de El Censor, pero estamos ante un colectivo que hab√≠a sido 
movilizado por Feijoo. Por aqu√≠ pasan Jovellanos, Samaniego y Mel√©ndez Vald√©s, que 
escriben an√≥nimamente o con pseud√≥nimo art√≠culos en que con mucha frecuencia se mezclan 
reflexiones doctrinarias, ensayos, casi tratados y ‚Äúpol√©micas‚ÄĚ. No sin peligros, pues los 
editores se ven como Don Quijote (p√°g. 54), por m√°s que, en general, en la revista se tiene 
m√°s bien poca estima por la literatura tradicional espa√Īola. 
Se ejerce la cr√≠tica, si bien la pol√≠tica como tal queda excluida de los semanarios, m√°s 
a√ļn en Espa√Īa; objeto de esa cr√≠tica es el discurso social de la nobleza y sus concreciones -el 
petimetre desocupado-, el lujo o consumo suntuario y sus implicaciones sociales. Son las 
vitudes burguesas las que se encomian en la nueva ‚Äúaxiolog√≠a isot√≥pica‚ÄĚ (p√°g. 78) y el 
principio utilitarista como condici√≥n de la reactivaci√≥n social, acudiendo para ello si es 
preciso al Antiguo Testamento. Las pr√°cticas religiosas al uso tambi√©n se censuran, no sin 
citas de Descartes, Malebranche o Montesquieu. Desde el polo opuesto a los apologistas (p√°g. 
97) se aislan certeramente las razones de la decadencia econ√≥mica de la naci√≥n: las 
estructuras de distribuci√≥n del suelo y las relaciones de propiedad. Se calcula que todav√≠a 
hacia 1760 hab√≠a en Par√≠s m√°s imprentas y libreros que en toda Espa√Īa, y son copios√≠simos 
los libros recogidos en el √ćndice. En cualquier caso, los centros nerviosos de la renovaci√≥n 
est√°n en la corte, en las tertulias de los ilustrados o las academias y las sociedades 
econ√≥micas, no en las universidades. Los estudiosos -los vilipendiados novatores-  apuestan 
por el nuevo  saber humano, por Bacon, Descartes o Hobbes, que hacia 1690 ya eran bien 
conocidos; Feijoo es lector (tard√≠o) de Newton, Jovellanos devoto de Condorcet, claro est√° 
que movi√©ndose en el eclecticismo y sin abandonar la ‚Äúortodoxia‚ÄĚ (Feijoo adem√°s es un 
monje benedictino como Sarmiento, Marchena es abate, Freyre de Silva hab√≠a sido 
capuchino). 
 
24

 
 
La Contrarreforma simplemente hab√≠a seccionado el pa√≠s de los flujos europeos; hasta 
bien entrado el siglo la circulaci√≥n monetaria estaba restringida a los poderosos, la econom√≠a 
era b√°sicamente de autoconsumo, la propiedad territorial amortiguada y vinculada asfixiaba la 
agricultura. La conclusi√≥n, seguramente algo esc√©ptica, del notable estudio de Ertler tiene 
robustos apoyos en lo que conocemos de la historia del pa√≠s (Dom√≠nguez, Sarrailh, etc.). 
Hasta 1812 no hay consagraci√≥n legal de la libertad de imprenta; Jovellanos, Mayans, Feijoo, 
Macanaz, Olavide fueron objeto de, como m√≠nimo, expedientes por parte del Santo Oficio, 
Cadalso apenas pudo publicar en vida. Hacia 1810/1812 expira el impulso ilustrado, cuando a 
las convulsiones nacionales se suma el p√°nico que desde 1789 hab√≠a provocado en los grupos 
dirigentes la revoluci√≥n francesa. 
Aunque entre los ilustrados espa√Īoles no despunta una figura de las dimensiones de 
Diderot o Beccaria, esta avanzada de un ‚Äėtercer estado‚Äô en formaci√≥n crea algo pr√≥ximo a una 
res publica nueva de las letras en un pa√≠s todav√≠a obturado por estructuras tardofeudales. 
Eligiendo como criterio regulador de la idea de ‚ÄúIlustraci√≥n‚ÄĚ el kantiano sapere aude, parece 
claro que, atemperados o no, realizaron serios intentos de asimilaci√≥n de la nueva 
racionalidad cr√≠tica; s√≥lo de los escritos de Feijoo se vendieron en aquella Espa√Īa y en unos 
sesenta a√Īos unos 300.000 vol√ļmenes. Ertler, ampliamente familiarizado con las propuestas 
anal√≠ticas de Bourdieu o Luhmann, ejecuta casi ‚Äúdiscurso‚ÄĚ a ‚Äúdiscurso‚ÄĚ una atenta 
microscopia de todo el ciclo de vida de la revista. ¬ŅHa existido burgues√≠a en Espa√Īa antes de 
fines del XIX? Lo cierto es que en El Censor funcionan ideologemas de una √©tica moderna, 
casi liberal, que enfrenta el mundo con pragmatismo. Se est√°n importando, pues, estilos de 
pensamiento contra los que el poder teocr√°tico -el misone√≠smo- se pudo defender durante 
mucho tiempo, y se estructuran con novedad, entre el periodismo, el ensayo y la ficci√≥n y, a 
pesar de todos los pesares, desde un orgulloso reconocimiento de la propia independencia, 
que no admite controles exteriores. 
 
√Āngel Rep√°raz 
 
 
ESTEBAN ENGUITA, Jos√© Emilio: El joven Nietzsche. Pol√≠tica y tragedia. Madrid, Biblioteca 
Nueva/Ediciones de la Universidad Aut√≥noma de Madrid, 2004, 313 p√°gs. 
 
NIETZSCHE, Friedrich: Fragmentos p√≥stumos sobre pol√≠tica. Madrid, Trotta, 2004, 206 p√°gs. 
Edici√≥n y traducci√≥n de Jos√© Emilio Esteban Enguita. 
 
 
Alguien que, como Nietzsche, tuvo al menos dos almas, no deber√≠a ser atacado sino 
con armas dobles, en dos frentes y con visi√≥n estereosc√≥pica. No es la menor iron√≠a del 
legado nietzscheano, en efecto, que este ex-fil√≥logo enamorado de la filosof√≠a ofrezca hoy su 
doctrina bajo tal profusi√≥n de escrituras, entre tantos repliegues de materia textual, que su 
exposici√≥n parece inviable al margen de la filolog√≠a, de la paciente minuciosidad que se 
requiere para, antes de asomarse a abismos o de escalar monta√Īas, fijar con exactitud los 
t√©rminos del debate. Mal que le hubiese pesado -o no- al autor de sus preferencias, la cr√≠tica 
nietzscheana se ve pues encaminada a transmutarse en erudici√≥n, y a fortalecer su discurso 
con todo el apoyo material de que dispone esa pr√°ctica, la filolog√≠a, que el propio Nietzsche 
defini√≥ una vez, en El Anticristo, como, sencillamente, ‚Äúel arte de leer bien‚ÄĚ. Raz√≥n, u 
obligaci√≥n, de honestidad, que llevar√° por otra parte a la cr√≠tica, ya decidida a ser cauta y 
sutil, a no optar por la disecci√≥n del entero organismo nietzscheano, sino a reservar su 
microscopio para el preparado correspondiente a un determinado per√≠odo de la aventura del 
pensador. 
En dos recientes publicaciones, Jos√© Emilio Esteban Enguita, profesor de Filosof√≠a en 
 
25

 
 
la Universidad Aut√≥noma de Madrid, ha abordado cuestiones nietzscheanas con esa misma 
dualidad de estrategias cuya necesidad acabo de defender. En la primera de las obras citadas 
(El joven Nietzsche. Pol√≠tica y tragedia) su inter√©s se ci√Īe as√≠, por comenzar con la segunda 
de nuestras reglas hermen√©uticas, a un intervalo temporal muy preciso: el perteneciente a esa 
fase de Nietzsche, fase indudablemente ‚Äúde juventud‚ÄĚ, que corre entre 1869 y 1876. A esta 
delimitaci√≥n cronol√≥gica se une otra de √≠ndole conceptual: la meta de nuestro investigador no 
es otra que demostrar, en directa oposici√≥n a conocidas interpretaciones ‚Äúdespolitizantes‚ÄĚ del 
solitario de Sils-Maria, no s√≥lo el hecho de que en las primeras singladuras nietzscheanas 
existe una reflexi√≥n coherente y un programa pol√≠tico real, sino que esas consideraciones 
sobre -dig√°moslo brevemente- la esencia y el ideal del Estado tienen un puesto de honor en el 
conjunto de la meditaci√≥n nietzscheana de la √©poca. Sobre la manera en que se corrobora esa 
tesis, y sobre el juicio que Esteban Enguita arroja sobre tales propuestas nietzscheanas, algo 
se dir√° m√°s adelante. Me limito ahora a advertir que su trabajo, resultado de m√°s de una 
d√©cada de intensa dedicaci√≥n a Nietzsche, se completa, por el lado que bien pudi√©ramos 
denominar ‚Äúfilol√≥gico‚ÄĚ, con una espl√©ndida edici√≥n de fragmentos p√≥stumos, elegidos por su 
com√ļn referencia a la dimensi√≥n pol√≠tica del corpus nietzscheano, en la que el panorama 
cronol√≥gico se extiende hasta abarcar el todo de la vida intelectualmente productiva del de 
R√∂cken. Con esta √ļltima aportaci√≥n, Esteban Enguita se une pues, y en verdad que con toda 
solvencia, al ya nutrido grupo de estudiosos que vienen esforz√°ndose por presentar en espa√Īol 
‚Äúp√≥stumos‚ÄĚ nietzscheanos; cohorte, como se sabe, de tan variado como ascendente valor, y 
entre cuyos m√°s recientes representantes cabe mencionar, adem√°s de √©stos que rese√Īamos, no 
s√≥lo la hermosa versi√≥n de los Cinco pr√≥logos para cinco libros no escritos que en 1999 
auspici√≥ Arena Libros, sino tambi√©n, y √©sta del mismo 2004, la traducci√≥n efectuada por 
Joaqu√≠n Chamorro Mielke de la selecci√≥n propuesta por G√ľnther Wohlfart, en 1996, para 
Reclam; edici√≥n no menos laudable que entre nosotros ha acogido la editorial Abada de 
Madrid. 
Tanto en su introducci√≥n a los fragmentos (intitulada ‚ÄúLa m√°scara pol√≠tica de 
Dioniso‚ÄĚ) como en el libro digamos monogr√°fico, nuestro autor se atiene a una opini√≥n 
constante y nuclear: para bien o para mal (y ya veremos hasta qu√© punto puede decirse que 
‚Äúpara mal‚ÄĚ), la pieza clave, a efectos de teor√≠a pol√≠tica, del corpus textual del joven Nietzsche, 
es ese escrito que hoy conocemos con el t√≠tulo de El Estado griego: una proclama fundacional 
que, redactada como fragmento previo a principios de 1871, y finalmente no incluida en El 
nacimiento de la tragedia
, ver√≠a la luz, en forma de ‚Äúmanuscrito encuadernado‚ÄĚ, como uno de 
los  Cinco pr√≥logos ofrecidos, en los primeros d√≠as de 1873, a C√≥sima Wagner, la Ariadna 
enloquecedora. Jos√© Emilio Esteban dedica a este texto, con raz√≥n, todo un cap√≠tulo de su 
libro, el V. Con raz√≥n, digo, y es que en verdad comparecen en √©l, casi en bloque, los rasgos 
esenciales de una concepci√≥n pol√≠tica, la nietzscheana, que no teme decir su nombre: una 
pol√≠tica  tr√°gica, asentada sobre una metaf√≠sica de artista, que se concibe a s√≠ misma como 
aristocr√°tica, realista, ‚Äúgrande‚ÄĚ; pol√≠tica atenida a un supuesto ‚Äúderecho vital‚ÄĚ a la que, en 
consecuencia, nuestro autor no duda en calificar de ‚Äúbiopol√≠tica‚ÄĚ. El proyecto o ideal de 
‚ÄúEstado‚ÄĚ que de ella se derive ser√° pues el presumible: un estado org√°nico, autoritario y anti-
igualitario, que, a imagen del de ‚Äúlos griegos‚ÄĚ, se rija por el principio de jerarqu√≠a y considere 
necesaria tanto la explotaci√≥n econ√≥mica como el sometimiento jur√≠dico-social, y 
sometimiento hasta la esclavitud, de la mayor√≠a inferior y dominable. No se acepte por tanto -
es tesis mayor de nuestro rese√Īado- que Nietzsche, de joven (ni acaso nunca) fuera como 
dijimos un pensador ‚Äúapol√≠tico‚ÄĚ o ‚Äúanti-pol√≠tico‚ÄĚ; tampoco es que haya que sobrevalorar el 
peso de sus preocupaciones politol√≥gicas; pero la dimensi√≥n pol√≠tica de su pensamiento, 
siquiera sea tan s√≥lo a t√≠tulo de medio (pero medio imprescindible para los fines globales de la 
instauraci√≥n de una nueva forma tr√°gica de la existencia, una tragische Daseinsform), la 
dimensi√≥n pol√≠tica, digo, existe, y existe con los caracteres mencionados -y los que m√°s tarde 
 
26

 
 
se a√Īadir√°n. Lo expuesto no significa, sin embargo, que tenga la menor validez esa 
consideraci√≥n de Nietzsche como antepasado intelectual del nazismo que tantas veces se ha 
defendido. Refractario como es a tan burda trampa hermen√©utica, a nuestro autor le preocupa 
mucho m√°s precisar el contexto real en que se enmarcaron, entonces y para entonces, las 
mentadas opiniones del catedr√°tico de Basilea. Un contexto que, a su juicio, determinan al 
menos estos dos elementos: en primer t√©rmino su apasionada apuesta, frente a la burguesa 
Zivilisation (ejemplarmente francesa), por la revolucionaria Kultur (alemana, s√≠, pero distinta 
en todo caso de la Bildung); en segundo lugar, su no menos ardiente apoyo a Schopenhauer (a 
quien, sin embargo, no dejar√° de corregir, toda vez que la Voluntad nietzscheana, como 
veremos, s√≠ tiene una finalidad.) Opci√≥n por ‚Äúla cultura‚ÄĚ, y opci√≥n por Schopenhauer, que en 
Nietzsche conducir√°n como se sabe al m√°s decidido rechazo de la herencia socr√°tico-
rousseauniana, esto es, del complejo axiol√≥gico dominado por los valores modernos de 
igualdad, libertad y fraternidad, sobre el que se asientan las democracias progresistas, hijas de 
la Revoluci√≥n. Frente a ello, un peculiar concepto de ‚Äújusticia‚ÄĚ (que acaso provenga de 
Anaximandro), junto con una convencida intuici√≥n de la ‚Äúvida‚ÄĚ como juego trans-moral en 
cuyo seno se esconde, creador, lo ‚Äúespantoso‚ÄĚ, parecen forzar a Nietzsche a postular un 
Estado y una sociedad de origen necesariamente ‚Äúhorrible‚ÄĚ y ‚Äúcruel‚ÄĚ, √ļnica forma de 
promover el cultivo de una ‚Äúraza de se√Īores‚ÄĚ que, a su vez, facilite la aparici√≥n, conservaci√≥n 
y reproducci√≥n de eso a lo que, anta√Īo ciega y azarosamente, y ahora quiz√° ‚Äúcient√≠ficamente‚ÄĚ, 
realmente tiende el mundo (la Voluntad): el √ļnico individuo aut√©ntico, el genio; el arist√≥crata 
del alma que, con su ‚Äúp√°thos de la distancia‚ÄĚ, acepta y afirmativamente soporta la cruda 
lecci√≥n de la tragedia. Que todo ello se presente como un programa de futuro no merma un 
√°pice de su contundencia: ese futuro ‚ÄúEstado tr√°gico‚ÄĚ o ‚Äúde cultura‚ÄĚ, esa ‚ÄúRep√ļblica del 
genio‚ÄĚ, necesita de la guerra como la sociedad (y la cultura, y la casta ‚Äúsuperior‚ÄĚ) precisa de 
la esclavitud; educa para la desigualdad, y aplica inflexiblemente aquel axioma ‚Äúterrorista‚ÄĚ 
(Nietzsche  dixit), seg√ļn el que ning√ļn hombre des-individualizado, ning√ļn hombre com√ļn, 
fracasado y abstracto, tiene m√°s dignidad en s√≠, m√°s derechos u obligaciones, que los que le 
otorgue su destino. S√≥lo que ese destino no es otro que el de servir de medio material, 
humillado y mec√°nico, a la suprema meta estatal: generar, y generar planificadamente, una 
supuesta humanidad ‚Äúm√°s noble‚ÄĚ. 
No es imposible encontrar en estas p√°ginas una condena sin paliativos de tales 
propuestas. Cierto es que Esteban Enguita distingue acertadamente aquello que en Nietzsche 
es, dicho a la manera cl√°sica, pars destruens, de la pars construens de su argumentaci√≥n. Y se 
muestra comprensivamente m√°s pr√≥ximo al Nietzsche cr√≠tico-negativo, al Nietzsche 
debelador de una tradici√≥n corrupta, que al ‚Äúmetaf√≠sico dogm√°tico‚ÄĚ, a ese ‚Äúotro sacerdote 
m√°s‚ÄĚ en que se le transmuta este Nietzsche proyectista social. Pero tampoco su lectura es 
tontamente complaciente. Con Curt Paul Janz, y tambi√©n con hartas razones, no puede as√≠ por 
menos de expresar la ‚Äúinquietud‚ÄĚ y el ‚Äúdisgusto‚ÄĚ, por no decir la ‚Äúrepulsi√≥n‚ÄĚ, que amenazan 
hoy al lector de estas l√≠neas; l√≠neas en las que, confes√°ndose una no menor repugnancia por el 
liberalismo, el socialismo, el periodismo y el parlamentarismo, esa f√©rtil lucha contra el 
universo de los tenderos termina por celebrar algo que, para muchos, acaso no tendr√° visos de 
‚Äúinhumano‚ÄĚ, pero s√≠ de inaceptable para la dignidad humana. En este sentido, y a√ļn en otros, 
la escritura de estas entregas se me antoja, sencillamente, ejemplar: firme en su criterio, 
directa en su sintaxis, serena en su registro, ni elude mencionar los aspectos conflictivos de la 
meditaci√≥n nietzscheana (los citados, claro es, pero tambi√©n esa continua e irritante amalgama 
de descripci√≥n y prescripci√≥n que suele empedrar el argumento nietzscheano) ni esquiva, por 
m√°s que le sean pr√≥ximos, polemizar con otros int√©rpretes. Que nuestro autor haya dedicado 
no pocas p√°ginas a rebatir la posici√≥n previamente defendida por su maestro, Julio Quesada, 
en punto a la exacta significaci√≥n -y ubicaci√≥n temporal- de ese escurridizo ‚Äúnacionalismo‚ÄĚ 
que nuestro ‚Äúbuen europeo‚ÄĚ unas veces aprob√≥, y otras tantas maldijo (una cuesti√≥n, qu√© duda 
 
27

 
 
cabe, de todo punto mayor, y que seg√ļn Esteban Enguita no procede analizar sin distinguir 
rigurosamente entre nacionalismo ‚Äúpol√≠tico‚ÄĚ o ‚Äúcultural‚ÄĚ, ‚Äúherderiano‚ÄĚ o ‚Äúrousseauniano‚ÄĚ), 
que esto sea as√≠, digo, representa a este respecto un bello ejemplo de libertad intelectual en la 
relaci√≥n maestro/disc√≠pulo que honra a ambos (y que, por desgracia, no siempre ha sido 
habitual entre nosotros.) Quede pues aqu√≠ menci√≥n admirada de ello, junto con el 
agradecimiento al autor por esta doble aportaci√≥n al dep√≥sito, por lo dem√°s ya nada enteco, de 
la investigaci√≥n espa√Īola sobre Nietzsche. 
 
Jorge P√©rez de Tudela Velasco 
 
 
FERRERO, Isabel: La teor√≠a social de Ortega y Gasset. Madrid, Biblioteca Nueva/Fundaci√≥n 
Jos√© Ortega y Gasset, 2005, 290 p√°gs. 
 
Acabamos de celebrar otra de las muchas efem√©rides que suelen bombardearnos: los 
cincuenta a√Īos de la muerte de Jos√© Ortega y Gasset. A decir verdad, el evento ha pasado, 
salvo excepciones, tanto en los c√≠rculos acad√©micos como intelectuales, inadvertido. En 
cambio, y a pesar de todo, la batalla, m√°s que perdida, la tiene ganada el autor de La rebeli√≥n 
de las masas
; y ello por dos razones: la primera, porque hoy la situaci√≥n internacional, 
planetaria y, no digamos ya, nacional, le sonr√≠en: le hacen un gui√Īo de complicidad por su 
radical olfato filos√≥fico, puesto que ya advirti√≥ lo que nosotros, ahora, estamos heredando; la 
segunda estriba en la orientaci√≥n y el sentido que las nuevas generaciones est√°n impulsando a 
la filosof√≠a de Ortega. Sin lugar a dudas, una componente de esas generaciones, las 
responsables de la futura hermen√©utica orteguiana, esto es, aquella que tendr√° que predominar 
en buena parte del siglo XXI, es la autora del libro, Isabel Ferreiro. 
Su libro, La teor√≠a social de Ortega y Gasset: los usos, podr√≠a resumirse en el intento 
de mostrar un concepto de Ortega, a saber, los usos (la perspectiva social de la vida humana), 
pero de forma orteguiana, es decir, interconect√°ndolos con el resto de conceptos que 
estructuran su constructo filos√≥fico. Y aqu√≠ est√° lo novedoso y, a su vez, lo apasionante del 
libro, puesto que dejando de lado antiguas, est√©riles y resentidas batallas, Isabel Ferreiro nos 
presenta a Ortega en ‚Äúuno‚ÄĚ, en bloque, present√°ndolo como lo que era: un verdadero maestro 
que se ha convertido en un cl√°sico. 
El libro parte de dos presupuestos fundamentales para entender la filosof√≠a orteguiana 
en su conjunto. En primer lugar, y ‚Äúsiguiendo fielmente la palabra de Ortega‚ÄĚ (p√°g. 17), se 
establece que para tratar ‚Äúlo social‚ÄĚ, antes debe acudirse a la fundamentaci√≥n metaf√≠sica de la 
vida humana, piedra angular de toda la filosof√≠a del pensador espa√Īol. Con ello se establece 
una distancia nada desde√Īable por el modo de enfocar las cuestiones sociales por parte de los 
soci√≥logos y c√≥mo, por su parte, las analiza Ortega. √Čste lleva a cabo una metaf√≠sica del plano 
social, fundament√°ndolo en un espacio, en principio, ajeno a √©l, lo que llamamos vida 
primaria
. Ortega, como en todos los planos de realidad que trat√≥, se dirige a lo que √©l cree que 
es la ra√≠z filos√≥fica, el motor que hace funcionar todo el engranaje humano y no es otro que la 
vida de cada cual. As√≠ pues, una de las dimensiones de la vida es la perspectiva social que se 
da de forma ineludible con aqu√©lla, teniendo, ante s√≠, una sociolog√≠a, la orteguiana, que 
pretende ‚Äúconstruir una sociolog√≠a metaf√≠sica‚ÄĚ (p√°g. 24). El acontecer social, pues, lo 
abordar√° Ortega desde la vida humana, y no, como establece Durkheim, desde el mismo plano 
social, dej√°ndose el momento individual en el tintero: la analog√≠a entre los dos pensadores 
est√° presente en gran parte del libro. 
En segundo lugar, la autora hace recaer la atenci√≥n en un concepto con unas 
virtualidades excepcionales, que todav√≠a est√°n por explorar, como es el de integraci√≥n. Ortega 
como pensador de lo di√°fano -de lo claro, de la ante-filosof√≠a que expresar√° en ¬ŅQu√© es 
 
28

 
 
filosof√≠a?, de aquello que no vemos porque nos configura y nos hace ser- enfoca los 
problemas vitales como realmente nos pasan; y en la vida estamos expuestos a una cadena de 
riesgos, de factores que se dan al mismo tiempo, y c√≥mo ese c√ļmulo de variables a las que 
tengo que hacer frente, se convierten en posibilidades que ir√°n dando forma a mi proyecto 
vital alimentado desde mi vocaci√≥n. 
A medida que avanza la argumentaci√≥n se va allanando el terreno para abordar las 
‚Äúnotas esenciales -dice Ferreiro- que determinen lo social‚ÄĚ (p√°g. 110), a partir de conceptos 
como el de ‚Äúnoble‚ÄĚ, la relaci√≥n con los otros, lo que Ortega llama ‚Äúnostridad‚ÄĚ, la 
‚Äútransmigraci√≥n‚ÄĚ hacia el otro que yo... para deshacer ciertos malentendidos bastante 
arraigados en la ex√©gesis orteguiana, en relaci√≥n a la escisi√≥n entre vida individual y vida 
colectiva. Las notas caracter√≠sticas de lo social son los usos, ya que la sociedad es un conjunto 
de individuos junto a un sistema efectivo de vigencia; este sistema son los usos. Su finalidad 
no es otra que garantizar la convivencia y estabilidad social para que cada cual pueda 
desarrollar su proyecto de vida. Es evidente que los usos, que tienen dimensi√≥n social, est√°n 
al servicio de la vida individual, pero para que √©sta est√© segura necesita de la dimensi√≥n 
social, hecho que muchos int√©rpretes no han sabido ver en Ortega, y la autora lo muestra 
detalladamente a lo largo del libro. Los usos tienen unas caracter√≠sticas muy concretas que 
son analizadas: perdurabilidad, vigencia, poder coactivo, impersonalidad o automaticidad. No 
obstante, la cuesti√≥n fundamental es: ¬Ņc√≥mo surgen los usos? ¬ŅPor v√≠a espont√°nea de la 
sociedad? ¬ŅTiene algo que ver en la creaci√≥n de los mismos la dial√©ctica ‚Äúminor√≠a-masa‚ÄĚ, 
‚Äúejemplaridad-docilidad‚ÄĚ? En esta √ļltima cuesti√≥n est√° la clave, puesto que para Ortega la 
acci√≥n rec√≠proca, conjunta, de masa y minor√≠a selecta constituye el hecho b√°sico de toda 
sociedad y su posterior evoluci√≥n en un sentido u otro. Por ello el noble, la personificaci√≥n de 
la minor√≠a, es aquel que concibe el acto de vivir como una tarea, como algo que se hace hacia 
delante; aquel que no conf√≠a en las herencias recibidas; m√°s bien prefiere √©l mismo constituir 
los principios que regir√°n la sociedad, y que, por tanto, la masa asumir√°. El noble se enfrenta 
a ‚Äúsu‚ÄĚ vida como el explorador que se adentra en tierra por habitar, esto es, con un anhelo de 
conquista que se traduce, a su vez, en amor y esperanza. No podemos pensar que la masa es lo 
malo, aquello a extirpar. Todo lo contrario. La grandeza de la filosof√≠a orteguiana est√° en que 
‚Äúintegra los distintos lados que toda realidad comporta‚ÄĚ (p√°g. 255). Puesto que la masa es un 
componente m√°s de la realidad junto a la minor√≠a, aqu√©lla tendr√° una funci√≥n tan leg√≠tima y 
digna como la minor√≠a, debido a que los postulados de √©sta pueden ser rechazados al mismo 
tiempo que aceptados. Como en la metaf√≠sica de Ortega se afirma que la vida es convivencia, 
mi vida individual aparecer√° junto a la masa de forma necesaria. Este es, sin distinci√≥n, el 
itinerario de todo proceso hist√≥rico, que se ver√° reforzado por el uso fuerte por excelencia: el 
Derecho. 
Hasta aqu√≠ se han se√Īalado √ļnicamente unos trazos. Para caer en la cuenta de la 
amplitud y de la importancia de lo tratado, tiene que hacer el lector su entrada a escena. Ante 
una filosof√≠a del faciendum, del ir ‚Äúhaci√©ndose‚ÄĚ, como es la orteguiana, se requiere una 
posici√≥n clara, exigente y responsable consigo mismo y con en el mundo en su derredor, esto 
es, con la circunstancia. La actualidad exige un compromiso claro para hacer frente a toda la 
problem√°tica actual. Nuestro proyecto se sit√ļa y adquiere sentido a partir de esta premisa; 
s√≥lo as√≠ estaremos a la altura de los tiempos, que tanto le gustaba proferir a Ortega. El libro de 
Isabel Ferreiro incita a esta empresa ilusionante, porque todav√≠a queda margen hist√≥rico y 
vital para ello; ah√≠ es nada. Con ello ya queda justificado el libro. No esperemos soluciones ni 
recetarios, pero s√≠ indicaciones de por d√≥nde debe encauzarse la reflexi√≥n y la acci√≥n humana. 
En suma, s√≥lo nos queda a√Īadir que el lector disfrute de la seriedad de lo escrito y agradecerle 
a la autora el esfuerzo realizado a partir de largos a√Īos de investigaci√≥n. ¬°Que siga la ex√©gesis 
orteguiana del futuro! 
 
 
29

 
 
Jos√© Miguel Mart√≠nez Castell√≥ 
 
 
FRESNILLO  N√ö√ĎEZ, J. (con la colaboraci√≥n de P√ČREZ  HERRANZ, F.M.):  Concordantia 
Ortegiana. Concordantia in José Ortega y Gasset opera omnia
. Publicaciones de la 
Universidad de Alicante, 2004, 247 p√°gs. + 1 CD-ROM. 
 
El mero hecho de que el profesor Javier Fresnillo N√ļ√Īez haya elegido para poner al 
frente de esta obra las hermosas palabras con que do√Īa Mar√≠a Moliner cerr√≥ el pr√≥logo de su 
diccionario, en las que hablaba, como pidiendo disculpas, del ‚Äúimperativo irresistible de la 
escrupulosidad‚ÄĚ, es una muy buena se√Īal. Leer que la elaboraci√≥n de esta Concordantia 
Ortegiana
 ha supuesto diez a√Īos de trabajo puede que extra√Īe a algunos, a aquellos que 
apresuradamente consideran que esa varita m√°gica llamada Inform√°tica es capaz de hacerlo 
todo en un abrir y cerrar de ojos. Dej√©moslo claro desde el comienzo: unas concordancias 
completas de la obra de Ortega no habr√≠an sido, en la pr√°ctica, humanamente posibles sin la 
intervenci√≥n de un programa inform√°tico. Aceptada esta premisa obvia, no es menos 
importante agregar lo siguiente: unas concordancias ‚Äúen bruto‚ÄĚ podr√≠an haber estado listas en 
cuesti√≥n de pocos meses, incluso semanas; unas concordancias verdaderamente √ļtiles para el 
investigador, resultado de la ejecuci√≥n de otras varias tareas complementarias total o 
parcialmente confiadas a una inteligencia humana -en vez de artificial- no es raro que 
supongan varios a√Īos de trabajo. Las diferencias en cuanto al resultado son enormes, y 
compensan absolutamente el esfuerzo. 
De hecho, las concordancias -subg√©nero que tuvo origen en los √≠ndices manualmente 
elaborados sobre el texto de obras de la trascendencia de la Biblia o las de los grandes 
cl√°sicos- conocieron una repentina floraci√≥n en los albores de la inform√°tica, pero dieron 
lugar a unos productos que por sus colosales dimensiones y su interna tosquedad no gozan 
hoy, con raz√≥n, de gran estima, y apenas se cultivan. Son las que he llamado arriba 
concordancias ‚Äúen bruto‚ÄĚ, y que, brevemente dicho, no consisten en repertorios de palabras
sino en meros registros de formas. Frente a esa clase de productos, el rasgo esencial de las 
concordancias orteguianas que nos ha brindado Javier Fresnillo, con la colaboraci√≥n de 
Fernando Miguel P√©rez Herranz, es el de estar lematizadas. Por otro lado, la posibilidad de 
ofrecer los resultados en un soporte distinto del papel ha supuesto una novedad no menos 
trascendental, por el ahorro espectacular, de espacio y de costes, que implica. Seg√ļn los 
c√°lculos de Fresnillo, la concordancia que aqu√≠ se presenta en un CD-ROM ocupar√≠a en papel 
m√°s de cuarenta tomos de quinientas p√°ginas cada uno. (No es de extra√Īar: en los a√Īos 80, las 
concordancias, impresas, de s√≥lo los autos sacramentales de Calder√≥n, llenaron cinco 
descomunales vol√ļmenes; a finales de los 70 cierto organismo empez√≥ a publicar unas 
concordancias del Quijote, pero alguien se cans√≥ despu√©s del segundo tomo, que alcanzaba 
s√≥lo hasta la ch.) 
La lematizaci√≥n supone la agrupaci√≥n de las distintas formas bajo el lema (concepto 
lexicogr√°fico) de la palabra a la que corresponden, formas que pueden presentar desde la 
ligera dispersi√≥n alfab√©tica que resulta de la flexi√≥n de g√©nero y n√ļmero hasta la extrema que 
puede darse en ciertos verbos irregulares. La tarea presenta m√°s problemas de lo que suele 
creerse, problemas que Fresnillo, curtido tanto en la Filolog√≠a Cl√°sica como en la Inform√°tica 
-hab√≠a llevado adelante otros trabajos con el mismo programa (TACT)- ha resuelto con esa su 
doble competencia y con altas dosis de algo no menos imprescindible: sentido com√ļn. No se 
ha detenido ante el escollo de los hom√≥nimos, y as√≠, por ejemplo, las ocurrencias de real ‚Äúdel 
rey‚ÄĚ y real ‚Äúde la realidad‚ÄĚ se presentan bajo entradas diferenciadas (REAL 1 y REAL 2, 
respectivamente); discrimina incluso en el lemario (pero, claro es, sin que se alejen 
alfab√©ticamente) entradas propias para ‚ÄúReal, Ciudad‚ÄĚ, ‚ÄúReales, Descalzas‚ÄĚ, ‚ÄúReal Academia 
 
30

 
 
Espa√Īola‚ÄĚ, etc., y hasta para ‚Äúreal, octava‚ÄĚ, esto √ļltimo acaso excesivo, por no consecuente 
con el hecho de que las ocurrencias de ‚Äúpavo(s) real(es)‚ÄĚ, por ejemplo, se encuentren bajo el 
lema del adjetivo correspondiente (REAL 1); en cuanto a real sustantivo ‚Äúmoneda‚ÄĚ, est√° 
tambi√©n (y adecuadamente) dentro de ese mismo adjetivo, mientras que en otros casos hay 
discriminaci√≥n categorial, y as√≠, para pronto se separan el adverbio, el adjetivo y el sustantivo. 
En suma: el manejo se le ha facilitado enormemente al consultante, que, por poco inter√©s y 
atenci√≥n que ponga, no dejar√° de encontrar lo que busca, y dif√≠cilmente se le escapar√°n 
detalles (por ejemplo: REAL 2 contiene tambi√©n una remisi√≥n a otro lema que puede 
interesarle,  extrarreal). Quienes quieran emplear estas concordancias para trabajos 
gramaticales encontrar√°n que, por ejemplo, se distingue entre la art√≠culo (¬°123.823 ejemplos!) 
la pronombre (6.038), entre se ‚Äúreflexivo‚ÄĚ y se dativo, que las formas encl√≠ticas, en vez de 
quedar escondidas junto al verbo a que se apegan, se han rescatado para ubicarlas bajo el 
pronombre correspondiente, etc. Todo ello es sumamente √ļtil y meritorio, y debe subrayarse 
porque no siempre se ha practicado, ni mucho menos, en herramientas de este tipo. 
El texto base es el de los doce vol√ļmenes de las Obras completas de Ortega (Madrid, 
Alianza, 1987 [1983]). Naturalmente, restricciones derivadas de la salvaguarda de la 
propiedad intelectual hacen que el lector no tenga acceso al texto corrido √≠ntegro de esos 
vol√ļmenes. Para cada ocurrencia se ofrece un contexto breve, constituido por las siete 
palabras anteriores y las ocho posteriores (sin contar las piezas gramaticales b√°sicas) a la 
forma en cuesti√≥n. Cada cita va precedida de la indicaci√≥n de tomo, p√°gina y l√≠nea, m√°s una 
abreviatura del t√≠tulo de la obra de que se trata, seguida de otras indicaciones relativas a 
cap√≠tulo o secci√≥n. Si se desea un contexto m√°s amplio es preciso acudir a la edici√≥n en papel. 
Pero n√≥tese que las concordancias son en s√≠ mismas una base util√≠sima para b√ļsquedas m√°s 
refinadas, si se hace uso de las herramientas de la aplicaci√≥n en que se presentan (Acrobat 
Reader, o ‚Äúpdf‚ÄĚ); as√≠, por ejemplo, una vez abierto el archivo en que se incluye la palabra 
raz√≥n es f√°cil detectar, mediante el buscador correspondiente, todas las ocurrencias del 
sintagma raz√≥n vital
Entre las tareas complementarias que se han llevado a cabo y a las que antes me 
refer√≠a no es en absoluto desde√Īable la previa de revisi√≥n del texto mismo. Los autores 
aseguran haber corregido unas 1.200 erratas, de las que se ofrece la lista completa (!), lo que 
conduce a la curiosa situaci√≥n de que estas concordancias pueden representar ahora mismo, 
aunque descompuesto en miles de fragmentos, el mejor texto global de Ortega. En fin, se ha 
atendido a otros muchos detalles de extraordinaria utilidad: los textos que no son del fil√≥sofo, 
sino de pasajes ajenos incrustados como citas, se distinguen perfectamente del resto, por 
aparecer subrayados; cuando la palabra pertenece a un t√≠tulo tambi√©n se advierte esa 
circunstancia mediante la constituci√≥n de un peque√Īo grupo de ocurrencias, independiente -
aunque por supuesto contiguo- en el lemario; la aplicaci√≥n incluye listados complementarios 
de voces en otros idiomas (lat√≠n, alem√°n, franc√©s, etc.); naturalmente, no se han excluido los 
nombres propios, que, integrados en el lemario, se encontrar√°n en el lugar alfab√©tico 
correspondiente. 
La obra que comentamos consta de un CD-ROM y de un libro que lo presenta, explica 
el proceso de elaboraci√≥n del trabajo y ofrece las instrucciones de empleo. Se han impreso a 
continuaci√≥n, para comodidad del consultante, las dos listas alfab√©ticas (que tambi√©n est√°n en 
el disco) de las abreviaturas de los t√≠tulos orteguianos, una por tomos y otra global. El 
volumen se completa con un estudio de P√©rez Herranz, ‚ÄúOrtega y los retos de la filosof√≠a 
espa√Īola‚ÄĚ. 
Innecesario es ponderar la extraordinaria utilidad de esta Concordantia ortegiana, un 
hito que en un pa√≠s con menos distorsiones medi√°ticas deber√≠a haber sido recibido como 
acontecimiento de primer orden. Para los estudiosos de la obra del fil√≥sofo viene a sumarse, 
como muy enriquecedor complemento, al √ćndice de autores y conceptos de la obra de Jos√© 
 
31

 
 
Ortega y Gasset (2000) de Domingo Hern√°ndez S√°nchez. Entre los fil√≥logos interesados por 
la historia del l√©xico espa√Īol es de desear que aliente el inter√©s por un autor de influencia 
crucial en la lengua del siglo XX, y apenas revisitado desde que en 1958 y 1964, 
respectivamente, le dedicaron sendos ejemplares estudios √Āngel Rosenblat y Ricardo 
Senabre. 
 
Pedro √Ālvarez de Miranda 
 
 
GAMBIN, Felice: Azabache. II dibattito sulla malinconia nella Spagna dei Secoli d‚ÄôOro. Pisa, 
Edizioni ETS, 2005, 156 p√°gs., ISBN: 88-467-1234-K. Pr√≥logo de Giulia Poggi. 
 
En Azabache (2005, Ediciones ETS, Biblioteca de Estudios Hisp√°nicos 9, pr√≥logo de 
Giuliana Poggi), Felice Gambin reconstruye el debate sobre la complexio melancholica en los 
tratados y escritos teatrales y literarios espa√Īoles de los Siglos de Oro, siguiendo la evoluci√≥n 
de los g√©rmenes brotados en el seno del humanismo renacentista a partir de la primera mitad 
del siglo XVI. Una obra de tales caracter√≠sticas, se prestar√≠a f√°cilmente a permanecer como 
referencia para ‚Äúeruditos‚ÄĚ, interesados en el tema y la √©poca y en encontrar interesantes citas -
de las que abunda generosamente el ensayo- para seguir las m√ļltiples sendas abiertas por el 
recorrido del autor. Sin embargo, Felice Gambin convierte el concepto de melancol√≠a en una 
categor√≠a de an√°lisis transversal: no solamente reflexiona sobre ‚Äúla interminable cadena de 
interrogaciones e interpretaciones‚ÄĚ que da origen a los intentos de descripci√≥n y comprensi√≥n 
-desde lo religioso, filos√≥fico, m√©dico o art√≠stico- de un estado psico-f√≠sico del ser humano, 
sino tambi√©n trasciende las propuestas de los √°mbitos disciplinares surgidos del humanismo 
renacentista al se√Īalar oportunamente sus influencias mutuas y sus determinantes hist√≥ricos, 
pol√≠ticos, sociales y culturales, tanto espa√Īoles como europeos. 
El resultado magistral de todo ello, es que el lector se encuentra -al finalizar su 
inmersi√≥n- con una categor√≠a de an√°lisis todav√≠a ‚Äúviva‚ÄĚ, m√°s en el caso espec√≠fico del 
contexto espa√Īol. ‚ÄúLa melancol√≠a irrumpe de manera cada vez m√°s evidente a medida que‚ÄĚ 
nos introducimos ‚Äúen el oto√Īo de la edad madura y la vejez‚ÄĚ y -dir√≠amos nosotros- en los 
umbrales de la modernidad. Permaneciendo en la estela de los protagonistas del Critic√≥n
Andrenio y Critilo -‚Äúdos pasajeros de la vida‚ÄĚ que, mientras ‚Äúsurcan un mar de oscuras y 
negras aguas‚ÄĚ, van reflexionando sobre las grandezas y las miserias humanas- Felice Gambin 
puede concluir, con Graci√°n, que los espa√Īoles son ‚Äúefectivamente melanc√≥licos, justamente 
porque gracias a su sabidur√≠a m√°s que otros conocen y perciben los males del mundo‚ÄĚ. Por 
ello, las aguas en las que navegan Andrenio y Critilo se trasforman en el ‚Äúmar de tinta‚ÄĚ en el 
cual embeben sus plumas los escritores para inmortalizar a los hombres y las mujeres. 
Imposible no o√≠r los ecos de la herencia de Mar√≠a Zambrano, creemos aqu√≠ referencia 
obligatoria, no solamente por la reciente celebraci√≥n del centenario de su nacimiento, sino por 
la pregnante actualidad de sus reflexiones, m√°s cuando estamos asistiendo en los √ļltimos a√Īos 
al ‚Äúdescubrimiento‚ÄĚ -por parte de los europeos- del espesor cultural de Espa√Īa. En primer 
lugar, si el pensamiento espa√Īol se ha desarrollado seg√ļn categor√≠as idiosincr√°sicas, ‚ÄúEspa√Īa 
puede ser el tesoro virginal dejado atr√°s en la crisis del racionalismo europeo‚ÄĚ (Pensamiento y 
poes√≠a en la vida espa√Īola
, 3¬™ edici√≥n, Ensayo, Ediciones Endymion, 1996, p√°g. 23); en 
segundo lugar, desvelada la imbricaci√≥n entre el pensamiento y los intereses espurios al 
conocimiento y echando en falta una sociolog√≠a e historia propiamente espa√Īolas, la 
interpretaci√≥n de la producci√≥n literaria se hace necesaria e indispensable. De ah√≠ que, la 
melancol√≠a ya no es solamente una ‚Äúmet√°fora de la escritura de los Siglos de Oro‚ÄĚ, sino que 
se identifica con las ingeniosas ambivalencias, los sue√Īos y los enigmas de los europeos de 
hoy. Como concluye Giuliana Poggi en su prefacio, ‚Äúla melancol√≠a sobrevive a lo largo de los 
 
32

 
 
siglos como proyecci√≥n extrema del insalvable conflicto (entre mal del alma y mal del cuerpo, 
entre ciencia y literatura) que emerge toda vez que se perfila un cambio al horizonte de un 
sistema de signos significante‚ÄĚ y ‚Äúreconstruir una de las etapas fundantes de este conflicto es 
recoger, m√°s all√° de los destellos peculiarmente hisp√°nicos del azabache, ecos y reflejos 
europeos‚ÄĚ. 
Los diversos sentidos del concepto de melancol√≠a que emergen de los tratados y 
escritos teatrales y literarios estudiados por Felice Gambin, estructuran org√°nicamente los ejes 
del an√°lisis, estableciendo un vaiv√©n dial√©ctico entre dos posturas encontradas: la que dirige 
su atenci√≥n y preocupaci√≥n a los fundamentos de las sociabilidad humana, y la que ahonda en 
el acervo creativo del ingenio. Ambas posturas -atendiendo a los alumbramientos de la 
gr√°vida imaginaci√≥n, caracter√≠stica discriminante de la melancol√≠a- reelaboran herencias y 
topoi de las diferentes tradiciones -desde la m√©dica a la astrol√≥gica- que el autor rescata 
rigurosamente, partiendo de Filostrato hasta Thomas Hobbes, pasando por Juan Luis Vives y 
manteniendo como referencia constante Arist√≥teles. 
En la primera perspectiva, los melanc√≥licos, por su aversi√≥n a la convivencia y el 
di√°logo, son enfermos que minan la agregaci√≥n humana y no se someten a las reglas que la 
ordenan; deben ser curados porque su mal puede convertirse en una epidemia. Por ello, son 
condenados y bandidos, como en el Concejo y consejeros del pr√≠ncipe de Fadrique Furi√≥ 
Ceriol, o en el Diagnotio et cura affectum melancholicorum de Alfonso de Santa Cruz, hasta 
llegar al definitivo Libro de la melanchol√≠a de Andr√©s Vel√°squez -primer tratado europeo 
dedicado exclusivamente a la melancol√≠a- en el cual, gracias a los innumeres, variados y 
efectivos  exempla, la filosof√≠a natural se ofrece como coto a la desmedida imaginaci√≥n 
melanc√≥lica. Para, en cambio, los que comparten la segunda perspectiva, algunos 
melanc√≥licos se distinguen por su clarividencia y agudeza y por ser pioneros en sondear los 
abismos del esp√≠ritu humano. Por ello, resulta enriquecedor mantenerlos -pese al peligro de 
los excesos- en el seno de la comunidad, como se aconseja en los Di√°logos de philosof√≠a 
natural y moral
 de Pedro Mercado o en Si los melanc√≥licos pueden saber lo que est√° por 
venir o adivinar el secesso bueno o malo de lo futuro, con la fuer√ßa de su ingenio, o so√Īando
 
de Alonso Freylas. En los primeros escritos, se da preeminencia a los criterios diagn√≥sticos 
como, por ejemplo, las dos medidas de quince y cinco palmos sugeridas por Fadrique Furi√≥ 
Ceriol o los cinco niveles de degradaci√≥n descritos por Alfonso de Santa Cruz. Tanto en unos 
como en otros, son abundantes las terapias propuestas para compensar la atra bilis, aunque en 
los segundos no encontremos solamente dietas espec√≠ficas, ung√ľentos, p√≥cimas y h√°bitos 
higi√©nicos, sino curas alternativas tales como la musicoterapia, como sugiere Alonso Freylas 
recuperando uno de los consejos de Juan Luis Vives. Finalmente, las causas son poco a poco 
substra√≠das a la magia y a la astrolog√≠a para ser depositadas en la ciencia y el cuerpo 
humanos: ejemplo de ello, es la relaci√≥n entre zonas del cerebro y funciones propuesta por 
Andr√©s Vel√°squez. 
Podemos encontrar tambi√©n pensadores que han intentado integrar las dos posturas, 
convirtiendo al melanc√≥lico en el ser sociable por excelencia, ya que se emplea para encontrar 
un siempre precario equilibrio entre la b√ļsqueda de renovadas fuentes para el ingenio y la 
necesidad de ponerlo al servicio del sistema social. √Čsta es la singular opci√≥n de Huarte de 
San Juan que aparece en el Examen de ingenios para las ciencias y que Felice Gambin 
relaciona con el contexto de la contrarreforma y el reinado de Felipe II. En tal contexto, el 
arte de la palabra -en la que resultaban maestros los melanc√≥licos- era uno de los instrumentos 
m√°s potentes para los objetivos de renovaci√≥n religiosa y mantenimiento de la cohesi√≥n 
pol√≠tica. Aunque es cierto que, los denostadores de la melancol√≠a, hab√≠an partido o partir√°n de 
estas mismas prioridades para llegar a conclusiones bien diferentes. 
A partir del 1600, predomina en el an√°lisis de la melancol√≠a tanto sus nocivas 
consecuencias -en t√©rminos de enfermedad o pecado- para el individuo y, sobre todo, para la 
 
33

 
 
sociedad; como el an√°lisis tratad√≠stico con fines curativos, instructivos y preventivos. Lo cual 
supone claras repercusiones para las andanzas del concepto y la prosa que le urde, 
privilegiando de aqu√≠ en adelante los caminos de la producci√≥n teatral, literaria o art√≠stica en 
general: v√©anse las obras de Lope de Vega, Tirso de Molina, Calder√≥n de la Barca, Cervantes 
y Graci√°n, a las cuales tenemos que a√Īadir las diez y nueve l√°minas que se incluyen entre el 
cap√≠tulo cuarto y el quinto. Es en este √°mbito, en donde se vuelven a proponer las reflexiones 
sobre los antag√≥nicos aspectos de la melancol√≠a, maestra de verdad y madrastra de delirios. El 
an√°lisis de las obras teatrales y literarias en el ensayo de Felice Gambin, ocupa el ce√Īido 
espacio de las Consideraciones finales y, por el valor de sus lecturas como por los motivos 
anteriormente apuntados, no podemos sino animarle a que sigua la veta abierta, ansiosos de 
contemplar, entre las l√°minas, tambi√©n el retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos de 
Francisco Jos√© de Goya. 
Felice Gambin, doctor en Hispan√≠stica de la Universidad de Pisa, se licenci√≥ en 
Filosof√≠a en la Universidad de Padua, y ha sido becario del Istituto Italiano per gli Studi 
Filosofici
 de N√°poles. Actualmente es profesor de Literatura Espa√Īola en la Universidad de 
Verona. Ha publicado numerosos art√≠culos y ensayos sobre Graci√°n, Huarte de San Juan, 
Cervantes, Pedro de Valencia y se ha hecho cargo de la edici√≥n del Libro de la melancol√≠a de 
Andr√©s Vel√°squez (Viareggio, Baroni, 2002). 
 
Barbara Scandroglio 
 
 
GARC√ćA ALCAL√Ā, Julio Antonio: Historia del Felipe (FLP, FOC y ESBA). De Julio Cer√≥n a 
la Liga Comunista Revolucionaria
. Madrid, Centro de Estudios Pol√≠ticos y Constitucionales, 
2002, 333 p√°gs. 
 
La transici√≥n a la democracia supuso en Espa√Īa un pacto para la reconciliaci√≥n, pero 
tambi√©n para el olvido. Esta fue sin duda la cruz de una moneda, que por lo dem√°s result√≥ ser 
de gran rentabilidad pol√≠tica. El consenso implicaba la puesta entre par√©ntesis de un pasado, 
que no era precisamente corto. Se estatuy√≥ como ‚Äúpol√≠ticamente correcto‚ÄĚ el olvido de este 
pasado. Luego, en las √ļltimas d√©cadas, surgi√≥ toda una tendencia historiogr√°fica, tanto 
acad√©mica como extraacad√©mica, que ha tratado, por encima de todo, de ‚Äúnormalizar‚ÄĚ la 
historia de Espa√Īa a su manera, y en el tema que comentamos, de ‚Äúminimalizar‚ÄĚ el papel de la 
oposici√≥n al franquismo en el proceso del cambio pol√≠tico. Se trata de una actitud tan injusta 
como mezquina. De este modo, se ha pasado muchas veces del silencio sobre la resistencia a 
la dictadura a su infravaloraci√≥n. El t√≥pico es siempre el mismo: ‚ÄúFranco muri√≥ en la cama‚ÄĚ. 
Yo les recomendar√≠a a todos los divulgadores de esta actitud la lectura, por ejemplo, del libro 
de Eduardo G. Rico, una de las firmas habituales de la desaparecida revista Triunfo, titulado 
Quer√≠amos la revoluci√≥n (Madrid, Flor del Viento, 1998), cuyo primer cap√≠tulo reza, de modo 
muy significativo, ‚ÄúLa democracia no vino de la nada‚ÄĚ. Tambi√©n es muy √ļtil en este sentido la 
obra La transici√≥n pol√≠tica (Madrid, Tecnos, 1993, 2¬™ ed.), de Ra√ļl Morodo, protagonista que 
fue de ese proceso. 
Afortunadamente, en los √ļltimos tiempos estamos asistiendo a una recuperaci√≥n de la 
memoria hist√≥rica de esos a√Īos. Podemos destacar una pl√©yade de episodios, que est√° 
irrumpiendo en nuestra escena p√ļblica, tales como los esfuerzos por desenterrar a los 
fusilados, la restituci√≥n de sus derechos a los republicanos vencidos en la contienda, la 
publicaci√≥n de libros de memorias, debates en los medios sobre esos temas, y hasta la emisi√≥n 
de una serie televisiva de gran √©xito de audiencia como Cu√©ntame c√≥mo pas√≥. Pues bien, en 
este contexto de recuperar la memoria forzosamente perdida, hay que saludar el presente 
estudio de Garc√≠a Alcal√°, producto de una larga e intensa investigaci√≥n, con un amplio 
 
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manejo de archivos p√ļblicos y privados, y con numerosas entrevistas a muchos protagonistas 
del fen√≥meno estudiado. Estamos, en suma, ante una obra rigurosa, elaborada con los 
instrumentos que la ciencia pol√≠tica ofrece hoy d√≠a. Solamente hemos detectado, siendo un 
poco exhaustivos, algunos datos imprecisos, pero siempre secundarios, como, por ejemplo, la 
referencia a la vivienda donde se aloj√≥ unos a√Īos la direcci√≥n madrile√Īa del Felipe y el plus 
de peligrosidad que esto conllevaba. En el libro se dice ‚Äúque con ellos residi√≥ alg√ļn tiempo el 
te√≥logo Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez Ruiz‚ÄĚ (p√°g. 193). En realidad -y quien hace esta rese√Īa habla 
desde dentro, pues fue militante del Felipe desde 1965 a 1968-, el piso de la calle madrile√Īa 
Galileo, 20, estaba alquilado a nombre de Gonz√°lez Ruiz, su habitual morador en su ‚Äúexilio 
madrile√Īo‚ÄĚ tras su enfrentamiento con el cardenal Herrera Oria; y los miembros de la 
direcci√≥n lo usaban de manera temporal e intermitente. Valga esta aclaraci√≥n como peque√Īo 
homenaje a la actitud generosa y comprometida que mantuvo en este asunto ‚Äúel inquieto 
can√≥nigo malague√Īo‚ÄĚ, como le apellidaba la prensa franquista, muerto hace unos a√Īos en su 
ciudad natal y conocido por los amigos como ‚ÄúCheua‚ÄĚ. 
Garc√≠a Alcal√° realiza un an√°lisis pormenorizado de las distintas etapas y aspectos de 
esta organizaci√≥n, as√≠ como de la situaci√≥n pol√≠tica de la oposici√≥n en esos a√Īos. La vida del 
Felipe como partido pol√≠tico fue corta (1958-1969), aunque su significado en el panorama 
opositor fue relevante. El Felipe surge en unos momentos en que, desde distintos √°ngulos, 
hab√≠a un af√°n por superar los esquemas de la vieja izquierda republicana en su lucha contra el 
franquismo. No se puede olvidar en este sentido que en 1956 hab√≠an irrumpido en la lucha 
contra la dictadura nuevas generaciones, que no ten√≠an una relaci√≥n personal directa con la 
guerra civil. El surgimiento del primer Felipe hay que enmarcarlo, pues, en el clima creado 
por los movimientos estudiantiles de 1956. Al mismo tiempo, las iniciativas de implantaci√≥n 
de otras organizaciones tradicionales, como la UGT, la CNT o el POUM, no acababan de 
cuajar. De hecho, s√≥lo manten√≠a su presencia el PCE. 
El nacimiento del Felipe (con Julio Cer√≥n a la cabeza) va unido, en mi opini√≥n, a la 
peculiar configuraci√≥n de la Espa√Īa franquista. Una vez m√°s, la izquierda buscaba caminos 
que, en el fondo, estaban marcados por la situaci√≥n en la que la derecha sum√≠a al pa√≠s. En 
cierta medida, lo mismo que acontec√≠a en el siglo XIX, la izquierda tend√≠a a jugar en el terreno 
propiciado por la derecha. El mismo r√≥tulo de Felipe (Frente de Liberaci√≥n Popular) es ya 
indicativo de movimientos que se estaban dando o se hab√≠an dado en pa√≠ses del Tercer 
Mundo: casos como el de Cuba y Argelia, o tambi√©n Vietnam y Sud√°frica aparec√≠an como 
muy seductores y estimulantes. Se part√≠a del supuesto de asimilar Espa√Īa a uno de estos 
pa√≠ses, y en consecuencia, de crear aqu√≠ un movimiento de liberaci√≥n similar. Este 
planteamiento, secuela del aislamiento y la ‚Äútibetanizaci√≥n‚ÄĚ de nuestro pa√≠s, sustra√≠a a Espa√Īa 
de su aut√©ntica ubicaci√≥n y vocaci√≥n europeas. 
Garc√≠a Alcal√° alude en su libro a mi papel de impartidor, junto a Jos√© Luis Z√°rraga, de 
‚Äúseminarios sobre el marxismo y sobre ideolog√≠a frentista‚ÄĚ (p√°g. 245). Dado que dentro del 
Felipe dominaron distintas ideolog√≠as (socialismo humanista, guerrillerismo, leninismo, 
gradualismo, etc.), creo conveniente matizar este punto. En primer lugar, mi labor en este 
sentido se situ√≥ dentro de lo que se ha llamado la tercera etapa del Felipe, la que se inicia a 
partir de 1964-65. La realidad espa√Īola era ya muy distinta a la de los a√Īos 50. Tal como yo 
ve√≠a las cosas, superado ya el periodo de tintes tercermundistas, hab√≠a que asumir esta nueva 
realidad, presidida por el avance del desarrollismo y las consiguientes transformaciones 
sociales; una realidad en la que ya eran inviables a todas luces los levantamientos populares. 
Era preciso, por tanto, plantear un socialismo democr√°tico de izquierdas, como estaba 
ocurriendo en pa√≠ses vecinos, sobre todo, el que representaban el PSU franc√©s o el PSIUP 
italiano. Hab√≠a adem√°s para este prop√≥sito una clara literatura, que pod√≠a nutrir 
intelectualmente semejante postura. Baste citar las obras de Andr√© Gorz o las de Lelio Basso, 
director de la Revue Internationale du Socialisme, hombre de gran lucidez y humanidad, con 
 
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el que mantuve en Par√≠s una buena relaci√≥n de amistad. Tales formulaciones coincid√≠an, por 
otro lado, en diversos aspectos con las que Fernando Claud√≠n y Jorge Sempr√ļn estaban 
haciendo en la √≥rbita comunista. 
Garc√≠a Alcal√° destaca acertadamente las caracter√≠sticas propias del Felipe que le 
distinguen de otros grupos antifranquistas. La estructura confederal -con el FLP, la ADP, el 
FOC y ESBA-, el antidogmatismo, la tolerancia interna, la posibilidad de criticar las 
decisiones de la direcci√≥n, la militancia de los cat√≥licos en una organizaci√≥n pol√≠tica de 
izquierdas o la prevenci√≥n contra el centralismo eran algunas de ellas. 
El desarrollo temporal del Felipe permite hablar de tres etapas o de tres Frentes 
distintos. Como se√Īala Jos√© Ram√≥n Recalde, prologuista del libro y miembro relevante de la 
organizaci√≥n, el primer Felipe estuvo en fase constituyente de 1956 a 1958, a√Īo de su bautizo 
como tal, y se mantuvo operativo hasta 1960, fecha de la primera ca√≠da y de los primeros 
consejos de guerra. El segundo nace con la constituci√≥n en 1960 de la Central de Permanentes 
en Madrid, y termina con la gran ca√≠da de 1962 y el ep√≠logo del Congreso de Pau, en oto√Īo de 
ese mismo a√Īo. Y tras algunos conatos de reorganizaci√≥n, se puede decir que es en 1965-66 
cuando surge el tercero con un perfil propio y definido. El Frente muri√≥ -y esto lo viv√≠ en 
carne propia- como resultado del ‚Äúesp√≠ritu de mayo del 68‚ÄĚ, que daba origen a grup√ļsculos 
bastante distintos del esp√≠ritu integrador que el Frente hab√≠a querido tener. 
A partir de esa desintegraci√≥n y ruptura, buena parte de sus miembros tom√≥ derroteros 
diversos (socialismo democr√°tico, partido comunista, trotskismo, y hasta posturas que 
acabaron nutriendo la futura Uni√≥n de Centro Democr√°tico). Garc√≠a Alcal√° dedica un 
interesante cap√≠tulo al Frente como una ‚Äúformidable escuela de pol√≠ticos‚ÄĚ. Efectivamente, 
hubo casos, como los de Miquel Roca, Jos√© Pedro P√©rez Llorca o Jos√© Luis Leal, que 
participaron en la formaci√≥n del centro pol√≠tico tras la muerte de Franco. Otros miembros, 
como Nicol√°s Sartorius o Alfonso Carlos Com√≠n, ingresaron en el partido comunista. En este 
breve repaso a la evoluci√≥n posterior de los felipes, me resulta entra√Īable evocar el caso de 
Javier Sauquillo y de Dolores Gonz√°lez, sobrina del Cheua, antiguos militantes de la c√©lula de 
Derecho, que se hab√≠an casado tras superar el trauma provocado por la muerte de Enrique 
Ruano. En enero de 1977 ambos trabajaban como abogados laboralistas de Comisiones 
Obreras en un bufete de la calle Atocha, y all√≠ padecieron, junto a otros compa√Īeros, el brutal 
atentado. Javier estuvo entre los siete fallecidos, y Dolores sufri√≥ graves heridas. El terror les 
golpe√≥ por segunda vez. 
La entrada de los felipes en los partidos socialistas fue m√°s tard√≠a, pero result√≥ de vital 
importancia en el desarrollo de √©stos. En la formaci√≥n del PSC, en 1978, el peso de viejos 
felipes, como Pasqual Maragall o Narc√≠s Serra, fue decisivo. Asimismo, el FOC proporcion√≥ 
abundantes cuadros al PSC, que desempe√Īaron numerosos cargos en la Administraci√≥n 
catalana. En el caso del PSOE, los felipes llegaron a √©l desde diversas formaciones pol√≠ticas, 
como Convergencia Socialista de Madrid (Joaqu√≠n Leguina), Unidad Socialista de Euskadi 
(Jos√© Ram√≥n Recalde) o el PCE (Jos√© Mar√≠a Mohedano). Cuando el partido socialista lleg√≥ al 
poder, un buen n√ļmero de cargos p√ļblicos fue ejercido por antiguos felipes (Jos√© Mar√≠a 
Maravall, Carlos Romero, Vicente Albero, Jer√≥nimo Saavedra, etc.). Valga aqu√≠ un recuerdo 
especial para Juan Manuel Velasco, muerto no ha mucho, que de estudiante pasaba las tardes 
dominicales imprimiendo las publicaciones del FLP, y que fue director general del Libro y 
Bibliotecas, cargo del que dimiti√≥ con motivo de la guerra del Golfo. 
Finalmente, hay que rese√Īar la influencia de antiguos militantes del FLP en la 
fundaci√≥n de formaciones pol√≠ticas de la izquierda radical, especialmente de la Liga 
Comunista Revolucionaria en 1971 (Jaime Pastor, Manuel Gar√≠, Miguel Romero, etc.). A ra√≠z 
de diferencias ideol√≥gicas dentro de la IV Internacional entre los seguidores de Pierre 
Lambert y de Ernest Mandel, este partido tuvo tres a√Īos m√°s tarde una escisi√≥n, de la que 
surgi√≥ la Liga Comunista. Los antiguos felipes se repartieron entre cada uno de estos dos 
 
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grupos trotskistas. 
La obra de Garc√≠a Alcal√° representa, en suma, una valiosa contribuci√≥n al 
conocimiento, no s√≥lo de una organizaci√≥n de resistencia a la dictadura, sino de la √©poca 
franquista en general. Los acontecimientos que se narran aparecen muy bien contextualizados, 
y el lector puede asomarse, de manera clara y precisa, a lo que fue la oposici√≥n al franquismo 
en su conjunto. Un obra, por tanto, decisiva en la recuperaci√≥n de esa memoria hist√≥rica, de la 
que habl√°bamos al principio. 
 
Diego N√ļ√Īez 
 
 
G√ďMEZ CAMBRES, Gregorio (Coord.): Mar√≠a Zambrano: historia, poes√≠a y verdad. M√°laga, 
√Āgora, 2005, 310 p√°gs. 
 
Gregorio G√≥mez Cambres, profesor de la Universidad de M√°laga y buen conocedor 
del pensamiento y la obra de Mar√≠a Zambrano, ha coordinado los trabajos de este libro, que 
incluye diferentes aportaciones en torno al pensamiento y la obra de la fil√≥sofa malague√Īa. Ya 
desde el principio, las palabras de presentaci√≥n del prof. G√≥mez Cambres aclaran de forma 
n√≠tida la intenci√≥n y circunstancias que han motivado el volumen: ‚ÄúUn grupo de fil√≥sofos 
malague√Īos queremos ofrecer este libro a Mar√≠a Zambrano con motivo del centenario de su 
nacimiento. Toda la filosof√≠a de Mar√≠a desprende un aroma de unidad donde se actualiza el 
pensamiento espa√Īol de todos los tiempos. S√©neca, Cervantes Quevedo, Unamuno, Machado, 
Ortega, Emilio Prados, Zubiri‚Ķest√°n presentes en su raz√≥n po√©tica, raz√≥n viviente. ‚ÄĚ (p√°g. 7). 
El volumen, en efecto, agrupa un total de nueve trabajos sobre diferentes aspectos del 
pensamiento de Mar√≠a Zambrano, desde los que abordan t√≠tulos concretos (‚ÄúLos 
bienaventurados‚ÄĚ), has los que se centran de forma expl√≠cita en temas zambranianos cl√°sicos 
(‚Äúdelirio y destino‚ÄĚ, ‚Äúclaros del bosque‚ÄĚ, ‚Äúhistoria y poes√≠a‚ÄĚ, ‚Äúraz√≥n po√©tica‚Ä̂Ķ), o se 
adentran en cuestiones referidas a Unamuno o al Quijote. La amplitud y variedad tem√°tica de 
estos trabajos hacen pr√°cticamente imposible que podamos extendernos en consideraciones 
particulares sobre cada uno de ellos. En su lugar, nos limitamos a rese√Īar brevemente los 
t√≠tulos y autores/as de los trabajos citados, dejando constancia del inter√©s de todos ellos y del 
‚Äúbuen hacer‚ÄĚ que evidencian: ‚ÄúCr√≠tica de la Filosof√≠a espa√Īola a la reforma de la verdad en el 
inicio de la modernidad‚ÄĚ y ‚ÄúLos Bienaventurados‚ÄĚ (Gregorio G√≥mez Cambres); ‚ÄúMar√≠a 
Zambrano: sue√Īo y realidad del Quijote‚ÄĚ (Susana Espa√Īa Talamonte); ‚ÄúTiempo y verdad 
como autenticidad en Unamuno‚ÄĚ (Patricia Beatriz Ruiz Vergara); ‚ÄúDelirio y destino de una 
espa√Īola‚ÄĚ (Carolina Alfaro G√≥mez); ‚ÄúLa verdad de los claros del bosque‚ÄĚ (Sonia √Āngeles 
Rub√≠ Olea); ‚ÄúTiempo y ser en Mar√≠a Zambrano‚ÄĚ (Luis Rosa Invern√≥n); ‚ÄúHistoria y poes√≠a‚ÄĚ 
(Eva Mar√≠a M√°rquez Jimeno); ‚ÄúFragmentos de raz√≥n po√©tica‚ÄĚ (Carmen Minguez Cort√©s). 
La sola enumeraci√≥n de estas aportaciones es ya expresiva de la amplitud y riqueza de 
los trabajos citados, que de alg√ļn modo guarda relaci√≥n con el car√°cter plural de intereses y 
perspectivas susceptibles de abordar en el pensamiento de Zambrano. El conjunto constituye 
una exposici√≥n aguda y vivaz de su filosof√≠a, donde la unidad de la raz√≥n po√©tica, lo sagrado 
como lo m√°s po√©tico o creador y la verdad como revelaci√≥n, conforman el sistema de 
pensamiento de la pensadora de V√©lez M√°laga. Toda una metaf√≠sica donde la objetividad se 
da en la unidad de conocimiento y amor, que los transforma a ambos. 
El volumen se cierra con un texto ya conocido de Zambrano, a manera de colof√≥n: 
‚ÄúPara una historia del amor‚ÄĚ (p√°gs. 277-308), que incluye el apartado del mismo titulo 
aparecido en el cap. III de El hombre y lo divino, adem√°s del titulado ‚ÄúDios ha muerto‚ÄĚ, de la 
misma obra. A partir de la peculiar relaci√≥n entre lo divino y lo humano, Zambrano aborda 
aqu√≠ el tema de la ‚Äúindigencia‚ÄĚ humana referida al amor, en aras de alcanzar mayores hitos de 
 
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libertad (o ‚Äúseudolibertad‚ÄĚ), que enlaza con la intenci√≥n del hombre de liberarse de lo divino, 
pues que el hombre, escribe Zambrano, ‚Äúse niega a padecer a Dios y a lo divino que en s√≠ 
lleva‚ÄĚ (p√°g. 282). Las referencias al amor como ‚Äúanhelo de eternidad‚ÄĚ, de resonancias 
unamunianas, ligadas a su presencia en la ra√≠z de la tragedia griega, marcan la entrada del 
amor en la órbita humana, proceso que inevitablemente concluye en la divergencia filosofía-
poes√≠a. En el ep√≠grafe final (‚ÄĚDios a muerto‚ÄĚ), Zambrano analiza el lema nietzscheano y sus 
consecuencias para nuestra √©poca, marcadas por una idea central: ‚Äúel crimen contra Dios, es 
el crimen contra el amor‚ÄĚ (p√°g. 306). 
El texto de Zambrano constituye un digno broche al conjunto de trabajos incluidos en 
el presente volumen, que vienen a afirmar la actualidad y vigencia del pensamiento 
zambraniano. Los resultados, ciertamente valiosos, fruto de un trabajo tenaz e ilusionado, 
merecen sin duda alguna nuestra mayor consideraci√≥n. Hay que celebrar, pues, iniciativas 
como la presente, que contribuyen a difundir y promover el estudio y la investigaci√≥n de 
grupos de estudiosos en torno al pensamiento y la obra de la fil√≥sofa malague√Īa. 
 
 
 
√Āngel Casado 
 
 
HERRERA, G. & CARRILLO, M.C., TORRES, A. (Eds.): La migraci√≥n ecuatoriana. 
Transnacionalismo, redes e identidades
. Quito, FLACSO/Sede Ecuador y Plan Migraci√≥n, 
Comunicaci√≥n y Desarrollo, 2005, 512 p√°gs. 
 
El volumen que se presenta a continuaci√≥n tiene como punto de partida la Conferencia 
Internacional ‚ÄúMigraci√≥n, transnacionalismo e identidades: la experiencia ecuatoriana‚ÄĚ 
celebrada en Quito los d√≠as 17, 18 y 19 de enero de 2005. La idea de realizar un encuentro 
como √©ste surgi√≥ de la necesidad de reflexionar desde una perspectiva acad√©mica sobre la 
migraci√≥n ecuatoriana internacional, fen√≥meno que adquiri√≥ gran magnitud a partir de 1998. 
En palabras de las editoras, hoy encontramos que el fen√≥meno migratorio en el Ecuador ya es 
un ‚Äúhecho nacional, multiclasista, multigeneracional y femenino‚ÄĚ. A ra√≠z de ese a√Īo, pa√≠ses 
como Espa√Īa o Italia han visto llegar hasta sus territorios a miles de ecuatorianos hombres y 
mujeres, pero a diferencia de lo que puede parecer a primera vista, la migraci√≥n ecuatoriana 
no empieza en este periodo, no se limita a estos destinos, y en general resulta mucho m√°s 
compleja que una simple cuesti√≥n demogr√°fica. Tiene precedentes hist√≥ricos y pol√≠ticos, 
consecuencias econ√≥micas y sociales, y atraviesa el d√≠a a d√≠a de todos sus habitantes. As√≠, 
conviene recordar que ‚Äúla migraci√≥n internacional ecuatoriana pasa de ser un tema perif√©rico 
y casual, pocas veces discutido en √°mbitos p√ļblicos, pol√≠ticos y acad√©micos a constituirse en 
fuente de debate cotidiano‚ÄĚ en el Ecuador. El tema migratorio impuso su presencia en las 
p√°ginas de los diarios y en los discursos pol√≠ticos, pero muchas veces desde una perspectiva 
intuitiva e incluso estigmatizante. Era imprescindible por tanto, profundizar sobre las diversas 
causas e implicaciones de esta migraci√≥n. En este contexto, el objetivo de la Conferencia fue 
reunir en la ciudad de Quito, a un importante grupo de investigadores conocedores de la 
migraci√≥n ecuatoriana, y ofrecer un espacio en el que pudieran cruzarse enfoques, geograf√≠as, 
disciplinas y visiones en torno al tema. Desde la Sociolog√≠a, Antropolog√≠a, Geograf√≠a, los 
Estudios de G√©nero y la Econom√≠a (entre otras) se abord√≥ el fen√≥meno de la migraci√≥n 
internacional ecuatoriana tratando de crear un espacio de encuentro a partir del cual sentar las 
bases de la discusi√≥n posterior. Esta obra recoge los trabajos in√©ditos presentados y debatidos 
entonces, y expone los resultados de investigaciones realizadas en Ecuador y en los pa√≠ses en 
donde la presencia de ecuatorianos es significativa. Se recogen los trabajos de acad√©micos 
ecuatorianos, estadounidenses y europeos (espa√Īoles, italianos, belgas y alemanes); de 
 
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mujeres y hombres de edades variadas as√≠ como blancos, mestizos e ind√≠genas. 
¬ŅQui√©nes son las personas que han migrado? ¬ŅC√≥mo se vive la migraci√≥n desde las 
familias que se han quedado en el pa√≠s de origen? ¬ŅC√≥mo se diferencia la salida de hombres y 
de mujeres? ¬ŅEn qu√© condiciones se produce la inserci√≥n sociolaboral y cultural de estos 
trabajadores en Espa√Īa, Estados Unidos, Italia o B√©lgica? Los art√≠culos que incluye esta 
compilaci√≥n, tratan de responder estas y otras preguntas. 
Existen dos puntos fundamentales sobre los que quiero referirme en torno a este texto. 
En primer lugar, el esfuerzo por combatir las inercias simplificadoras y generalizadoras a 
partir de un an√°lisis exhaustivo que reconozca ‚Äúla heterogeneidad, matices y 
discontinuidades‚ÄĚ del proceso migratorio vivido en el Ecuador. Ello resulta una llamada de 
atenci√≥n a nuestro trabajo como investigadores a la hora de abordar cuestiones como la 
familia, el g√©nero, o la mal denominada ‚Äúilegalidad‚ÄĚ de la migraci√≥n. En Ecuador ha sido 
frecuente encontrar afirmaciones en los medios de comunicaci√≥n que hacen alusi√≥n a las 
‚Äúrupturas‚ÄĚ familiares por el proceso migratorio, el abandono de los deberes de la 
‚Äúmaternidad‚ÄĚ o la existencia de ‚Äúni√Īos solos en peligro‚ÄĚ, que se constituyen en ejemplos de 
c√≥mo el an√°lisis de la migraci√≥n debe incorporar un esfuerzo constante por descolonizar las 
propias √≥pticas de conocimiento de la realidad. Por este motivo, el contenido del libro aparece 
organizado por temas por lo que va a dedicar una secci√≥n espec√≠fica a los flujos y las redes 
migratorias, as√≠ como tambi√©n al mercado laboral, la relaci√≥n entre el proceso migratorio y el 
desarrollo (a trav√©s de las remesas y el codesarrollo), al tema de las mujeres migrantes, los 
j√≥venes, la etnicidad, y finalmente a los procesos culturales inmersos en el flujo migratorio. 
De esta forma, nuestra mirada ser√° m√°s amplia, m√°s completa y estar√° m√°s entrenada para 
prestar atenci√≥n a las m√ļltiples aristas del fen√≥meno. De igual forma, se lograr√° prestar 
atenci√≥n a temas que de otra forma se encontrar√≠an silenciados y pendientes en las agendas 
pol√≠ticas tanto en los lugares de origen como en los de llegada. 
En segundo lugar, quiz√° una de las aportaciones m√°s importantes que se hace en esta 
obra es precisamente apostar por un enfoque transnacional en el estudio de los procesos 
migratorios. Vale la pena recordar que los primeros an√°lisis sobre migraci√≥n s√≥lo prestaban 
atenci√≥n ‚Äúa los que se iban‚ÄĚ y sus procesos de incorporaci√≥n en los lugares de llegada. Son los 
estudios transnacionales impulsados especialmente desde la antropolog√≠a, los que insisten en 
ver el proceso migratorio como un todo continuo y articulado entre los lugares de salida y 
tambi√©n de llegada, de tal forma que el territorio f√≠sico deja de ser la variable independiente y 
explicativa fundamental del proceso para pasar a ser la variable dependiente de la migraci√≥n. 
En este sentido, la experiencia ecuatoriana nos ofrece una oportunidad magn√≠fica para poder 
incorporar en nuestra mirada ‚Äúla simultaneidad‚ÄĚ en origen y destino del impacto y de la 
‚Äúagencia‚ÄĚ de la migraci√≥n. As√≠, encontramos trabajos en los que se enfatiza el necesario 
estudio de la intersecci√≥n de las redes entre los que se van y los que se quedan, lo que va a 
permitir explorar tanto las experiencias directas de migraci√≥n como las indirectas, es decir, las 
de aquellos que se ven influidos no s√≥lo por el dinero de los migrantes sino tambi√©n por las 
ideas, los objetos y la informaci√≥n de los que se fueron y que fluyen a trav√©s de las fronteras. 
La idea que emerge con gran fuerza explicativa es precisamente la de conexi√≥n, puente o 
v√≠nculo cuya direcci√≥n no es lineal sino cambiante a trav√©s del tiempo y del espacio. En este 
texto se realiza la lectura de la migraci√≥n ecuatoriana desde situaciones y entornos 
socioculturales distintos. Conviene recordar que estamos hablando de ‚Äúm√°s de 800.000 
emigrantes y sus familias aqu√≠ y all√°, emigrantes con diferencias socioecon√≥micas, culturales, 
regionales, √©tnicas, generacionales y de g√©nero que marcan su trayectoria migratoria y su 
inserci√≥n en destino‚ÄĚ. Por lo que obligatoriamente es necesario abordar el an√°lisis desde una 
tem√°tica panor√°mica tal y como se desprende de la estructura de la obra ya que tal y como 
hemos visto antes la divisi√≥n del texto es tem√°tica e incluye una introducci√≥n que presenta un 
resumen sobre las perspectivas investigativas, y las cifras de la migraci√≥n en el Ecuador, lo 
 
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que posibilita al lector un acercamiento m√°s interesante e informado a los art√≠culos que siguen 
a continuaci√≥n. 
Dentro de la diversidad de estilos y metodolog√≠as se aprecia un inter√©s por visibilizar 
la migraci√≥n ecuatoriana dentro del fen√≥meno de la globalizaci√≥n y no como un producto 
aislado, ni ocasionado solamente por coyunturas pol√≠ticas. En este sentido, se echa de menos 
la comparaci√≥n del fen√≥meno migratorio ecuatoriano con otros pa√≠ses de la regi√≥n andina 
tales como Colombia, Per√ļ, Bolivia, etc. 
En los pa√≠ses de destino, muy poco es lo que se conoce de la realidad de esos 
ecuatorianos que habitan el paisaje humano de las ciudades norteamericanas, europeas y 
espa√Īolas. Por ello, para los acad√©micos y los ciudadanos interesados en esta tem√°tica, el 
texto de La  Migraci√≥n ecuatoriana, transnacionalismo, redes e identidades ser√° una 
herramienta de gran utilidad para empezar a comprender cu√°les son sus intrincadas 
especificidades. 
 
Almudena Cort√©s Maisonave 
 
 
JAGŇĀOWSKI, MieczysŇāaw (Coord.):  Wok√≥Ňā Jos√© Ortegi y Gasseta (1883-1955). W 
pińôńádziesińÖtńÖ rocznicńô jego Ňõmierci.
 [En torno a Jos√© Ortega y Gasset (1883-1955). En el 50 
aniversario de la muerte del fil√≥sofo]. Olsztyn, Uniwersytet WarmiŇĄsko-Mazurski/Instytut 
Filozofii/Katedra UNESCO, 2006, 133 p√°gs. 
 
El libro, como se√Īala el compilador del tomo M. Jaglowski (profesor de filosof√≠a 
espa√Īola en la Universidad Warminsko-Mazurski de Olsztyn) constituye un modesto -aunque 
yo a√Īadir√≠a importante- homenaje a la obra del fil√≥sofo espa√Īol m√°s conocido y estudiado en 
Polonia. El prof. Jaglowski recoge nueve colaboraciones, de siete investigadores polacos y 
dos especialistas espa√Īoles. Todos los textos se centran en distintos aspectos de la obra 
orteguiana y/o de pensadores de su radio de acci√≥n. 
Encabeza la obra rese√Īada el texto de J.L. Mora Garc√≠a en que este reconocido 
investigador intenta establecer -seg√ļn reza el t√≠tulo de su estudio- una especie de ‚ÄúDec√°logo 
para una aproximaci√≥n a la persona y el pensamiento de Jos√© Ortega y Gasset‚ÄĚ. Esta relectura 
le lleva a constatar que Ortega, debido a la propuesta de ‚Äúmodificar la naturaleza misma de la 
filosof√≠a para convertirla en saber‚ÄĚ puede ser considerado como ‚Äúun catedr√°tico de metaf√≠sica 
disidente‚ÄĚ (p√°g. 24). 
A su vez la joven investigadora polaca, M. Konarzewska, se propone en una breve 
reflexi√≥n aclarar el concepto de filosof√≠a en Ortega tal como se desprende de la lectura de La 
idea del principio de Leibniz y la evoluci√≥n de la teor√≠a deductiva, 
insistiendo -tras el maestro 
madrile√Īo- en el deber que tiene cada fil√≥sofo de ir reinterpretando el universo en una 
continua superaci√≥n del escepticismo. 
Para L. Grudzinski Ortega es un pensador siempre actual, puesto que trata de aclarar 
los aspectos sustanciales de la existencia humana y ‚Äúcomo el problema de la vida no se deja 
solucionar, es un filosofar que nunca termina‚ÄĚ (p√°g. 47). Esta conclusi√≥n la inserta en una 
reflexi√≥n m√°s amplia sobre ‚ÄúEl hombre, la historia y la crisis de la cultura en la filosof√≠a de 
Jos√© Ortega y Gasset‚ÄĚ. 
Una sugerente continuaci√≥n del estudio anterior la encontramos en los dos textos 
siguientes: ‚ÄúJos√© Ortega y Gasset y la visi√≥n de la Europa unida‚ÄĚ y ‚ÄúLa actualidad de la 
filosof√≠a pol√≠tica de Jos√© Ortega y Gasset‚ÄĚ cuyos autores son K. Polit y R. Gaj, 
respectivamente. El primero de ellos, sin obviar algunas lagunas en su modo de entender la 
europeizaci√≥n, destaca el hecho de que ‚Äúsu visi√≥n del viejo continente, unificado como la 
Europa de las patrias se hizo realidad‚ÄĚ (p√°g. 58). R. Gaj, por su parte, hace un recorrido por la 
 
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obra orteguiana con el intento de resaltar la vigencia de su ideario pol√≠tico, tanto en el 
pensamiento espa√Īol y europeo, como latinoamericano (filosof√≠a de la liberaci√≥n). 
En el art√≠culo titulado ‚ÄúOrtega y el arte: es decir sobre algunos casos de ver la est√©tica 
por la raz√≥n vital‚ÄĚ J. Wachowska discute desde varias √≥pticas la concepci√≥n del arte en la 
obra de Ortega. Le interesa demostrar las implicaciones del raciovitalismo para las opiniones 
est√©ticas del ‚ÄúFil√≥sofo‚ÄĚ y de modo especial su teor√≠a de la deshumanizaci√≥n del arte en el 
marco de la evoluci√≥n de las corrientes vanguardistas. Recurriendo a juicios de T. Kantor, 
gran dramaturgo polaco, la autora como si quisiera poner de relieve la actualidad de la visi√≥n 
orteguiana sobre todo en cuanto a la particularidad de todo acto de creaci√≥n. 
El texto siguiente lo firma una especialista bien conocida por sus publicaciones, J. 
S√°nchez-Gey Venegas. En su estudio que lleva el t√≠tulo ‚ÄúPensamiento educativo en Ortega. 
Jos√© Ortega y Gasset: misi√≥n y educaci√≥n‚ÄĚ expone la tesis de que ‚Äúla pedagog√≠a vitalista de 
Ortega busca ahondar en la naturaleza humana, biol√≥gica, sin caer en la sola fisiolog√≠a‚ÄĚ (p√°g. 
100). Siendo as√≠ y subrayando adem√°s el sentido formativo de la filosof√≠a Ortega parece hacer 
suyas algunas ideas de Plat√≥n, Aristot√≥teles, S√©neca y de la Instituci√≥n de Libre Ense√Īanza. 
Este legado, pese a la evoluci√≥n de las ideas educativas de Ortega, se deja notar tal vez m√°s 
en el modo de tratar el proceso educativo, concebido como una suerte de b√ļsqueda para 
‚Äúprepararse para la vida‚ÄĚ. 
El libro rese√Īado lo cierran dos estudios de investigadores polacos, K. Urbanek y M. 
Jaglowski (el compilador del tomo). Ambos autores se proponen analizar el impacto de la 
obra orteguiana en otros representantes de la filosof√≠a espa√Īola contempor√°nea. K. Urbanek 
trata de repasar la antropolog√≠a filos√≥fica de P. La√≠n Entralgo llegando a la conclusi√≥n de que 
tenemos que ver con una concepci√≥n que se balancea entre el evolucionismo a lo Teilhard de 
Chardin y Rahner por un lado, y, por el otro, el personalismo de Mounier o Maritain. Adem√°s, 
Urbanek alude con frecuencia a la huella orteguiana en los textos de La√≠n y ello no sin 
destacar la influencia de Zubiri (por ejemplo en lo que a la modificaci√≥n de la fenomenolog√≠a 
de Husserl se refiere, p√°g. 115). Es precisamente Zubiri, y no Ortega -a juicio de Urbanek- la 
m√°xima autoridad para La√≠n a la hora de cualquier ‚Äúconflicto de ideas‚ÄĚ (p√°g. 118). 
En el √ļltimo de los art√≠culos, ‚ÄúContra la historia. La visi√≥n de la raz√≥n po√©tica de 
Mar√≠a Zambrano‚ÄĚ, M. Jaglowski hace una aproximaci√≥n l√ļcida a la obra de la fil√≥sofa 
malague√Īa. Si bien ella misma se cre√≠a continuadora de la filosof√≠a orteguiana, Jaglowski 
opina que hay diferencias notables entre los objetivos del uno y de la otra, especialmente en 
cuanto a la funci√≥n de la filosof√≠a (Ortega mostrar√≠a su predilecci√≥n por una filosof√≠a 
sistem√°tica y conceptual en el marco de la raz√≥n discursiva, mientras que Zambrano tender√≠a 
a una filosof√≠a que fuese un saber sintetizador de lo racional y lo irracional: p√°g. 120). A 
continuaci√≥n Jaglowski repara en el postulado zambraniano de la necesidad de ‚Äúla reforma de 
entendimiento‚ÄĚ que abocar√≠a a constituir una nueva racionalidad sustituyendo la raz√≥n 
filos√≥fica. En este sentido Zambrano -seg√ļn Jaglowski- reivindica ‚Äúel sue√Īo creador‚ÄĚ y 
atribuye un papel especial a la literatura (y de modo particular a la poes√≠a) en la unificaci√≥n 
del acto cognoscitivo (p√°gs. 129-130). El postulado de la s√≠ntesis de la filosof√≠a y la poes√≠a 
refleja una vez m√°s las diferencias entre Zambrano y Ortega, puesto que el concepto de la 
raz√≥n po√©tica, al exponer los aspectos irracionales de la vida y apelando a la experiencia 
directa de la realidad se contrapone a la discursividad orteguiana. (p√°g. 132). 
Ahora bien, es de advertir que a excepci√≥n de los textos de J.L. Mora y J. S√°nchez-
Gey Venegas que vienen presentados en espa√Īol, el resto de las contribuciones est√°n en 
polaco. De esta manera la siempre insuficiente interpretaci√≥n del pensamiento filos√≥fico 
espa√Īol en Polonia se enriquece con una serie de reflexiones sumamente valiosas, tanto m√°s 
que remiten a una rica bibliograf√≠a, en no pocos casos actualizada, de la cual el lector polaco 
apenas tiene informaci√≥n. 
 
 
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Janusz Wojcieszak 
 
 
JIM√ČNEZ-LANDI  MART√ćNEZ, Antonio:  Antolog√≠a Po√©tica. Santander, Bedia Artes Gr√°ficas, 
2005. 
 
Cuando el Estado espa√Īol concedi√≥ en octubre de 1997, a t√≠tulo p√≥stumo, el Premio 
Nacional de Historia a Antonio Jim√©nez-Landi Mart√≠nez (1909-1997) tras la presentaci√≥n en 
Madrid (19 de enero de ese mismo a√Īo) de su obra monumental (cuatro tomos) en torno a La 
Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza, podemos decir que se premi√≥ p√ļblicamente y con total 
justicia y merecimiento a una persona extraordinaria, de una gran talla moral e intelectual, 
investigador sobresaliente, que durante toda su vida supo ahondar y divulgar la obra 
inconmensurable de Giner de los R√≠os y Manuel B. Coss√≠o. 
Cuando en Collado Mediano (Madrid), en la ma√Īana soleada y serrana del 1 de 
septiembre de 1935, muri√≥ Coss√≠o, y el catedr√°tico Juli√°n Besteiro, uno de sus disc√≠pulos 
predilectos, afirm√≥ que ‚Äúcon la muerte del se√Īor Coss√≠o se acaba la Instituci√≥n‚ÄĚ, no cabe duda 
de que llevaba raz√≥n. Efectivamente, como escribe Carmen Zulueta en el pr√≥logo del libro 
que estamos comentando, ‚Äúlas palabras de Besteiro fueron prof√©ticas y verdaderas: los 
profesores que quedaban en la Instituci√≥n carec√≠an del prestigio y de la personalidad del se√Īor 
Coss√≠o: aquel Centro que hab√≠a sido con don Francisco Giner y Coss√≠o el origen de la Espa√Īa 
moderna parec√≠a morir con la muerte del sucesor del ‚Äúabuelo‚ÄĚ... Sin embargo -contin√ļa 
Carmen Zulueta- Besteiro no sab√≠a que hab√≠a all√≠ un chico alto, delgado, p√°lido, de grandes 
ojos de color gris-verdoso, hijo de un amigo suyo de la Instituci√≥n: Pedro Jim√©nez, que en un 
futuro lejano iba a resucitarla‚ÄĚ. Y as√≠ fue, en efecto. Ese chico era Antonio Jim√©nez-Landi. 
No es nuestro objetivo hablar aqu√≠ de la extraordinaria labor como historiador e 
intelectual de Antonio Jim√©nez-Landi Mart√≠nez (en otros momentos lo hemos hecho), sino de 
acercarnos a su creatividad y producci√≥n po√©tica a trav√©s del poemario que aqu√≠ presentamos. 
En el amplio quehacer interdisciplinar, integrador, verdaderamente renacentista, de nuestro 
autor no podemos olvidar, como parte significativa de su actividad creadora, la necesidad que 
tuvo de expresar en bellos versos, llenos de autenticidad y hondura, sus sentimientos y 
anhelos, sus pensamientos e ilusiones, sus ideales y sue√Īos. De esta actividad emanada de su 
esp√≠ritu delicado y sensible, de esa raz√≥n po√©tica plasmada en este hermoso libro que con 
tanto cari√Īo ha preparado su familia, es de las que vamos a hablar ahora. 
Y antes de entrar en el contenido de esta Antolog√≠a Po√©tica poemario, es de justicia 
que recordemos, agradecidos, el papel fundamental que en esta edici√≥n ha tenido D. Pablo 
Beltr√°n de Heredia, profesor em√©rito de la Universidad de Texas, amigo entra√Īable de D. 
Antonio y de su mujer, el cual es el responsable de la acertada selecci√≥n de poemas en el 
√°mbito de una obra po√©tica extensa y a√ļn in√©dita, as√≠ como de las breves pero sabrosas e 
inteligentes introducciones que aparecen al principio de cada uno de los apartados de este 
poemario. Tambi√©n es el autor del dibujo ilustrativo de la portada. 
Ci√Ī√©ndonos ya al contenido de esta publicaci√≥n, aparecen algunas poemas que ya 
vieron la luz en Poes√≠as (1929-1941), edici√≥n del 1941, libro dedicado especialmente a su 
madre, a la que siempre ador√≥, y que iba a ser prologado ‚Äúpor la mano egregia de Antonio 
Machado‚ÄĚ; pero la guerra, la ausencia y la muerte del gran poeta, nos dice el autor, ‚Äúhan 
privado a mi libro de su palabra noble y de su honroso espaldarazo‚ÄĚ. 
La poes√≠a es para Antonio Jim√©nez-Landi ‚Äúun arte que se realiza con la palabra..., y la 
palabra es fundamentalmente idea, sonido y tiempo‚ÄĚ. Toda unidad po√©tica (verso, estrofa, 
hemistiquio...) debe contener en s√≠ los tres elementos citados para provocar la belleza, la 
emoci√≥n est√©tica. Por eso, en la poes√≠a debe haber siempre armon√≠a, ritmo, cadencia, rima... al 
servicio de las ideas po√©tica. Estoy totalmente de acuerdo con el autor en su concepci√≥n de 
 
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poes√≠a. De esta forma pueden brotar versos llenos de sencillez y de hondura, de verdad y de 
autenticidad, versos impregnados de ternura, de emoci√≥n, de amor a su madre, a sus hijas, a 
sus amigos, al paisaje, a los recuerdos, a sus maestros, a Dios... 
Con gran capacidad de auto observaci√≥n dice de s√≠ mismo en su soneto ‚ÄúAutorretrato‚ÄĚ: 
‚ÄúEste rostro de frente iluminada / por la luz cenital de una bombilla / melanc√≥lica, triste y 
amarilla / cuando pudo ser f√ļlgida y dorada, / es mi rostro de ayer; honda mirada / ...‚ÄĚ 
Cuando evoca a su madre lo hace de esta forma tan delicada y tierna: ‚ÄúMi madre se 
est√° durmiendo... / Madre m√≠a, no te duermas... / Mi madre qued√≥ dormida. / S√≥lo mi dolor en 
vela.‚ÄĚ Y en otra composici√≥n escribe: ‚Äú¬°Oh, fuente, siempre nueva y repetida...! / pues 
imposible es ya que tanto ignores, / llora, pura y constante, su partida / de este mundo de 
empe√Īos y dolores.‚ÄĚ Y luego, aparece esta Saeta deliciosa, tambi√©n dedicada a su madre: 
‚ÄúMadre de las macarenas: / con la sangre de mis venas / he de bordarte un pa√Īuelo / por que 
no riegues de penas / tu manto de terciopelo.‚ÄĚ 
Podemos leer madrigales amorosos, adioses melanc√≥licos, sonetos rebosantes de 
tristeza ante la sangrante ausencia de su amigo, que lucha en la guerra civil espa√Īola: ‚ÄúTan 
lejos de vosotros, ¬°qu√© soledad la m√≠a! / Dos a√Īos ya de angustia, de sangre, de agon√≠a, / 
perdido entre una chusma borracha de maldad.‚ÄĚ 
Y evoca su viaje de novios a Andaluc√≠a la bella: ‚ÄúLa luna salta en la v√≠a / por donde 
jadea el tren / camino de Andaluc√≠a. / Tu mano en mi mano, unidos / en el alegre vaiv√©n, / 
hacia los campos floridos.‚ÄĚ Y aparecen versos como estos: ‚ÄúDesde la Giralda, / Sevilla 
sonora: / cantares, campanas...‚ÄĚ 
Y canta a sus hijas con una gran ternura: ‚ÄúMientras mi ni√Īa duerme, / la blanca luna 
vela... / Por la profunda noche / qu√© silenciosa rueda.‚ÄĚ Y evoca tambi√©n la figura querida de 
su padre en Valsoterra√Īo: ‚ÄúValsoterra√Īo... triste / y ensombrecido valle / por donde voy ahora, 
/ la vereda adelante, / sumido en el lloroso / recuerdo de mi padre.‚ÄĚ Y no se olvida de su 
pueblo, M√©ntrida, cuando canta: ‚ÄúSi vas a la fuente, / no bebas, Mar√≠a; / llanto de tus ojos / 
lleva el agua fr√≠a.‚ÄĚ Y despu√©s: ‚ÄúLas casas del pueblo, / de adobe y de cal, / huelen a retamas / 
y a roscas de pan.‚ÄĚ 
Dedicados a la memoria de su maestro Manuel B. Coss√≠o y a la contemplaci√≥n de 
Toledo, s√≠ntesis de lo mejor de Espa√Īa, nos presenta Jim√©nez-Landi setenta y siete poemas 
que expresan con hondo lirismo el misterio de la maravillosa ciudad castellana: ‚ÄúAlminares 
de mezquitas, / torres de templos cristianos, / aleros de sinagogas / que ofrecen nido a los 
p√°jaros.‚ÄĚ 
No pod√≠a faltar tampoco el homenaje c√°lido a Antonio Machado en este ejemplar 
soneto que comienza as√≠: ‚ÄúCorpulento, pausado, vacilante, / el cabello un mech√≥n laso y 
oscuro, / la presencia no irreal, sino distante; / mesurada voz: poeta puro.‚ÄĚ 
Aparecen tambi√©n en esta Antolog√≠a otros muchos poemas que expresan la 
profundidad de los sentimientos religiosos del poeta, la verdad de sus creencias. Dice en uno 
de ellos: ‚ÄúLlena, Se√Īor, el odre que tu vac√≠o siente, / marca, Se√Īor, la huella que nos dej√≥ tu 
paso, / la sequedad mitiga de nuestra sed ardiente, / derr√°mate en el duro cristal de nuestro 
vaso.‚ÄĚ 
Queremos acabar esta breve recensi√≥n con unas palabras del autor: ‚ÄúTengo la certeza 
de que las poes√≠as aqu√≠ reunidas cumplen con la condici√≥n m√≠nima de cada cosa, por modesta 
que sea, que se destine al publico: el decoro‚ÄĚ. Puede estar seguro el ilustre intelectual y poeta 
de que sus poemas est√°n revestidos del m√°ximo decoro, aqu√©l que surge de su verdad y de su 
dignidad personal. ‚ÄúOjal√° que estos versos‚ÄĚ, vuelve a decir el poeta, ‚Äúproduzcan en el lector 
un goce tan puro como el que yo sent√≠ al escribirlos.‚ÄĚ Puede estar seguro Antonio Jim√©nez-
Landi Mart√≠nez de que el goce est√©tico que sinti√≥ √©l al escribirlos es parecido al que siente el 
lector al leerlos ahora, porque este goce, este √≠ntimo placer, brota del manantial inmarcesible 
de la Verdad y de la Belleza. 
 
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Jos√© L. Rozal√©n Medina 
 
 
KANT, Immanuel: Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. Madrid, FCE, 
Universidad Aut√≥noma Metropolitana Iztapalapa, Universidad Nacional Aut√≥noma de 
M√©xico, 2005, CXXXIV + 63 p√°gs., ISBN: 84-375-0577-1. Edici√≥n biling√ľe alem√°n-espa√Īol. 
Traducci√≥n, estudio preliminar, notas e √≠ndice anal√≠tico Dulce Mar√≠a Granja. 
 
Hay que saludar esta traducci√≥n, con texto biling√ľe, no s√≥lo por lo que es como libro 
que ampl√≠a la bibliograf√≠a de Kant en espa√Īol, sino por la colecci√≥n que inaugura, Biblioteca 
Immanuel Kant. No se especifica con detalle qu√© es lo que va a incluir esta Biblioteca, pero 
en la solapa se anuncian como de pr√≥xima aparici√≥n: Cr√≠tica de la raz√≥n pr√°ctica, Cr√≠tica de 
la facultad de juzgar, Antropolog√≠a en sentido pragm√°tico 
y  Para la paz perpetua. Las 
ediciones salen con el sello del Fondo de Cultura Econ√≥mica y las universidades Aut√≥noma 
Metropolitana (Unidad Iztapalapa) y Nacional Aut√≥noma de M√©xico. Seg√ļn aparezcan los 
textos, tendremos ocasi√≥n de de ver lo que aportan esas ediciones biling√ľes de futura 
publicaci√≥n. De momento, aqu√≠ est√° la presente de Observaciones sobre el sentimiento de lo 
bello y lo sublime

Dulce Mar√≠a Granja Castro ha realizado la traducci√≥n, con extenso estudio 
introductoria. El hecho de ser mujer no es ninguna novedad en los estudios sobre Kant, pero 
es cierto que, comparados con los masculinos, los nombres femeninos dedicados al an√°lisis de 
la obra kantiana son mucho menos abundantes, especialmente en lengua espa√Īola. Es, pues, 
relevante el que Dulce Mar√≠a Granja la aborde aqu√≠. Pero me parece todav√≠a m√°s relevante 
que entre expl√≠citamente, como lo hace, en la tem√°tica de g√©nero. 
El estudio introductorio es una sencilla y clara gu√≠a de los estudios est√©ticos en la 
historia de la filosof√≠a. Quiz√° no se necesitaba tanta extensi√≥n en la parte informativa, ya que 
el lector puede encontrar esta informaci√≥n con bastante facilidad en otros lugares, pero la 
sencillez y claridad son de agradecer, y, desde luego, las p√°ginas que dedica a Kant 
considerado desde el alma femenina me parecen tan originales como correctoras de visiones 
que abundan en un Kant cerrado a la sensibilidad y la belleza femeninas. 
No me extiendo sobre este estudio introductorio, tan bien escrito que los hablantes en 
espa√Īol deben felicitarse, pues proliferan quienes creen que hablar de Kant es cosa que s√≥lo 
puede hacerse en una jerga de iniciados. 
La traducci√≥n se lee con facilidad. Es cierto que Kant es aqu√≠ m√°s ligero que en otros 
escritos de car√°cter m√°s acad√©mico. La sensatez kantiana se expresa en este escrito con toda 
naturalidad y espontaneidad. Creo que la traducci√≥n es rigurosa, aunque he advertido alg√ļn 
descuido, como lo es traducir ‚Äút√§tige Empfindung‚ÄĚ como ‚Äúcosmopolita sensibilidad‚ÄĚ, en lugar 
de ‚Äúactiva sensibilidad‚ÄĚ (p√°g. 63) 
Este escrito de 1763, cuando Kant ten√≠a 39 a√Īos, pertenece al llamado Kant precr√≠tico 
y es todo un precedente de lo que desarrollar√° de una manera m√°s sistem√°tica en la Cr√≠tica de 
la facultad de juzgar 
(Morente la tradujo como Cr√≠tica del juicio y Roberto Rodr√≠guez 
Aramayo y Salvador Mas la han traducido recientemente como Cr√≠tica del discernimiento)
La compiladora y traductora se√Īala oportunamente que no deben establecerse fronteras 
excesivamente marcadas entre el periodo cr√≠tico y el precr√≠tico, ya que en casos como este 
mismo, el de la est√©tica, el Kant cr√≠tico no hace otra cosa que desarrollar las tesis que aqu√≠ 
propone, ‚Äúes decir, que no hay rupturas radicales en los diversos periodos de su evoluci√≥n.‚ÄĚ 
(p√°g. LI) En Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime vemos cu√°nto debe a 
Rousseau el pensamiento de Kant y en qu√© medida asume o rechaza las ideas que sobre la 
est√©tica se propon√≠an en la √©poca, ya se trate de Hume, de Mendelssohn, de Lessing o de 
 
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Schiller. Quiz√° no habr√≠a venido mal, por cierto, que Dulce Mar√≠a Granja se hubiese 
extendido algo m√°s en la cr√≠tica que Schiller dirigi√≥ a Kant en ‚ÄúSobre la gracia y la dignidad‚ÄĚ 
(1793). 
Obs√©vese la finura con que Kant cuida el vocabulario sobre el gusto y los sentimientos 
morales, as√≠ como sobre los usos y las valoraciones sociales de ellos. Es una buena muestra 
del esmero con que discrimina y afina continuamente, en un lenguaje que nunca se permite 
trivialidades ni concesiones a las florituras literarias. Tambi√©n es cierto que al hablar ‚Äúsobre 
las caracter√≠sticas nacionales‚ÄĚ, Kant se nos muestra cargado de los prejuicios que circularon 
entre los ilustrados europeos (el franc√©s es elegante y fr√≠volo, el ingl√©s es fr√≠o y respetuoso, el 
espa√Īol es extravagante y cruel, el italiano es‚Ķ). Naturalmente, lo peor viene al referirse a los 
negros, a los chinos o a los hind√ļes. Pero Kant no pod√≠a saltar por encima de su tiempo, y la 
verdad es que el nuestro tampoco se halla libre de prejuicios, especialmente de aquel que 
Kant, en cambio, m√°s tiende a superar cuando acent√ļa que la dignidad humana es una 
cualidad propia de todo hombre, la cualidad que le hace merecedor de respeto por ser hombre, 
no por ser hijo de la divinidad, por pertenecer a una religi√≥n, o por ser ciudadano de alg√ļn 
pa√≠s determinado. 
La edici√≥n lleva, adem√°s de estudio preliminar (p√°gs. VII-LXXII), una ‚Äútabla de 
correspondencia de traducci√≥n de t√©rminos‚ÄĚ (¬°sin paginar!, pero son 5 p√°ginas), una 
bibliograf√≠a (p√°gs. CI-CIX), una ‚Äútabla cronol√≥gica de la vida y la obra de Immanuel Kant 
(p√°gs. CXI-CXXII) y un util√≠simo ‚Äú√≠ndice anal√≠tico‚ÄĚ (p√°gs. CXXIII- LXXXII). En los 
m√°rgenes de la traducci√≥n se indica la paginaci√≥n de la primera edici√≥n alemana y de la 
Akademieausgabe, as√≠ como indicaci√≥n, a pie de p√°gina, de variantes aparecidas en la 
segunda y tercera ediciones alemanas. 
Me parece un error, sobre todo en una edici√≥n como la presente, que el √≠ndice anal√≠tico 
no remita a la paginaci√≥n de este libro, sino s√≥lo a las ediciones alemanas. ¬ŅTan humildes 
somos los que traducimos, que ni siquiera valoramos nuestras traducciones como obras de 
referencia? ¬ŅEs que s√≥lo lo escrito en alem√°n sirve de referencia? S√© que es pr√°ctica de otros 
traductores, pero me parece una falta de apoyo a los estudios de Kant en espa√Īol. M√°s all√° de 
estos detalles, que pueden mejorar en posteriores ediciones, estamos ante un magn√≠fico 
trabajo. 
 
Pedro Ribas 
 
 
KLEINMAN BERNATH, RAQUEL: Elias Canetti. Luces y sombras. Madrid, Biblioteca Nueva, 
2005, 287 p√°gs. 
 
En 2005 se han cumplido cien a√Īos del nacimiento de Elias Canetti en Rustschuk 
(Bulgaria), actualmente Ruse, en el Danubio, ciudad en la que, como el propio Canetti escribe 
en su autobiograf√≠a, en un mismo d√≠a se pod√≠a escuchar siete u ocho lenguas distintas. Canetti 
era de origen sefard√≠ y mantuvo siempre su lengua materna, el judeoespa√Īol, espa√Īol sefard√≠ o 
ladino, el espa√Īol en definitiva, aunque la lengua de su obra literaria es el alem√°n. Vivi√≥ en 
diversos pa√≠ses europeos: Bulgaria, Inglaterra, Austria, Suiza y Alemania, conservando sus 
ra√≠ces culturales sefard√≠es. Autor de una novela, Auto de fe, de obras de teatro, de una 
autobiograf√≠a en tres partes (La lengua absuelta, La antorcha al o√≠do, El juego de ojos) y de 
un extenso estudio sobre la masa y el poder, adem√°s de otras muchas obras, obtuvo el Premio 
Nobel de Literatura en 1981, siendo ciudadano brit√°nico, por su obra, escrita en alem√°n, y 
muri√≥ en Zurich en 1994. En el a√Īo de su centenario hay que destacar la publicaci√≥n de la 
biograf√≠a de Canetti de Hanuschek (Sven Hanuschek, Elias Canetti, Munich/Viena, Hanser, 
2005) y la del libro de Raquel Kleinman Bernath Elias Canetti. Luces y sombras
 
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Raquel Kleinman, psicoanalista, estudi√≥ Filolog√≠a Inglesa, Ciencias de la Educaci√≥n y 
Humanidades en la Universidad Ben Gurion y en la Universidad Hebrea de Jerusal√©n y vive 
en Espa√Īa desde 1974. Su preparaci√≥n en diversos campos le ha permitido escribir desde la 
interdisciplinariedad este libro, cuyo origen est√° en su tesis doctoral, realizada desde un 
hondo inter√©s por la figura y la obra de Canetti y por el psicoan√°lisis, a pesar del rechazo de 
√©ste por aqu√©l, y defendida en la Facultad de Psicolog√≠a de la Universidad Aut√≥noma de 
Madrid en 2002. Tras un proceso de reflexi√≥n sobre el propio trabajo de investigaci√≥n y tras 
la consiguiente reelaboraci√≥n, la autora nos ofrece este libro, que contribuye a comprender la 
obra de Canetti y su significaci√≥n en el pensamiento y en la literatura del siglo XX. 
El libro consta de cuatro partes. La primera parte (‚ÄúElias Canetti. La evoluci√≥n de su 
persona en paralelo a su pensamiento‚ÄĚ) es un examen del itinerario vital y escritural de 
Canetti, que estudia en relaci√≥n con las grandes cuestiones de su pensamiento, as√≠ como desde 
los planteamientos del psicoan√°lisis. La autora enriquece con su estudio el conocimiento de la 
obra de Canetti, con la aportaci√≥n de perspectivas innovadoras en su an√°lisis; destaca la 
interacci√≥n que hay entre el pensamiento de Canetti y la experiencia personal que fundamenta 
su pensamiento. En esta primera parte, la autora da una gran relevancia a la cuesti√≥n de la 
lengua, que es clave para entender a Canetti; su elecci√≥n del alem√°n como lengua de su 
expresi√≥n creadora es inseparable de la relaci√≥n con su madre, que fue quien realmente le 
ense√Ī√≥, cuando qued√≥ hu√©rfano de padre a los siete a√Īos de edad, el alem√°n, lengua en la que 
hablaban su padre y su madre. La segunda parte (‚ÄúLa teor√≠a canettiana sobre la naturaleza 
humana‚ÄĚ) trata de la idea que Canetti tiene del hombre, de la muerte y de la locura; el 
pesimismo de Canetti en su concepci√≥n del ser humano es puesto de relieve en su relaci√≥n 
con las ideas de masa y poder, que ser√°n centralmente estudiadas en la tercera parte. Esta 
segunda parte est√° perfectamente conectada con la primera, por la sinceridad de Canetti en su 
escritura autobiogr√°fica, que le permite manifestar lo bueno y lo malo de su propia 
experiencia y, en definitiva, del ser humano. En la tercera parte (‚ÄúMasa y poder. Las grandes 
defensas del hombre‚ÄĚ), Raquel Kleinman lleva a cabo una l√ļcida y exhaustiva explicaci√≥n de 
los dos grandes conceptos que forman el centro del pensamiento de Elias Canetti: la masa y el 
poder, objeto de la obra Masse und Macht  (Masa y poder), a la que dedic√≥ treinta y cinco 
a√Īos de su vida hasta su publicaci√≥n en 1960 (ya ten√≠a un esbozo de la obra en 1925 y se 
dedic√≥ plenamente a su elaboraci√≥n desde 1939). Para Canetti la masa es como un ser vivo 
que ejerce una atracci√≥n sobre el individuo; considera el poder, que no puede ser concebido 
sin la masa, como el mal absoluto. La autora hace una interesante interpretaci√≥n de lo que 
significan en la obra de Canetti la masa y el poder y de sus implicaciones psicoanal√≠ticas, 
teniendo siempre presente en su explicaci√≥n el conjunto de su obra, por las relaciones que en 
todo momento mantiene la reflexi√≥n filos√≥fica de Canetti con su experiencia vital. La cuarta y 
√ļltima parte de Elias Canetti. Luces y sombras (‚ÄúCanetti y el pensamiento psicoanal√≠tico‚ÄĚ) es 
la clave del arco en este libro: Kleinman explica c√≥mo, a pesar del rechazo de Canetti por el 
psicoan√°lisis, tiene con √©ste muchos puntos en com√ļn, que explicita sistem√°ticamente gracias 
a un profundo conocimiento tanto de uno como de otro. La autora resalta la consideraci√≥n que 
Elias Canetti tiene de Sigmund Freud como adversario necesario, como contra-modelo, con el 
que tiene coincidencias y diferencias. Raquel Kleinman sit√ļa y pondera la relaci√≥n del autor 
de  La lengua absuelta, que vivi√≥ en la Viena de Freud, con el psicoan√°lisis en este pasaje: 
‚ÄúLas razones personales y subjetivas de Canetti para alejarse de Freud me hicieron pensar en 
un principio que la actitud anti-psicoanal√≠tica manifiesta de Canetti podr√≠a ser aparente, pero 
no es as√≠; Canetti ofrece una teor√≠a alternativa a la de Freud de la conducta humana y vincula 
√©sta inexorablemente al grupo, y a la agresividad (la muerte). En muchas ocasiones, la teor√≠a 
de Canetti se ve complementada y enriquecida por la teor√≠a psicoanal√≠tica; en otras, las 
diferencias son insalvables‚ÄĚ (p√°g. 215). La autora explicita las coincidencias, y tambi√©n las 
diferencias, entre Canetti y el psicoan√°lisis. Ejemplo de los elementos comunes entre el autor 
 
46

 
 
de Masa y poder y el psicoan√°lisis es el factor del desenmascaramiento y la desmitificaci√≥n 
del ser humano; ejemplo de las diferencias es el desacuerdo de Canetti con la idea de ‚Äúpulsi√≥n 
de muerte‚ÄĚ de Freud. 
Raquel Kleinman Bernath ofrece en el libro Elias Canetti. Luces y sombras una 
aportaci√≥n interdisciplinar al conocimiento de Canetti, con un planteamiento que participa de 
la cr√≠tica literaria, el psicoan√°lisis, la hermen√©utica, y al que la propia realidad objetual de la 
vinculaci√≥n en la obra canettiana entre escritura y experiencia vital da total legitimidad en su 
proceder anal√≠tico del conjunto dual experiencial-escritural y de la integraci√≥n de estos dos 
componentes en una s√≠ntesis dial√©ctica que est√° presente en la totalidad de la obra del Nobel 
sefard√≠. Este libro es una referencia imprescindible en los estudios sobre Canetti y es una 
excelente muestra de actividad cr√≠tico-literaria, cr√≠tico-filos√≥fica y psicoanal√≠tica, as√≠ como de 
la interdisciplinariedad del pensamiento te√≥rico-cr√≠tico. Elias Canetti. Luces y sombras acerca 
al lector espa√Īol la obra y la personalidad de un autor tan estrechamente vinculado a Espa√Īa 
como Elias Canetti: por su apellido, procedente de una deformaci√≥n de Ca√Īete, top√≥nimo de 
la actual provincia de Cuenca, por su lengua materna y por las constantes referencias a sus 
ra√≠ces espa√Īolas y a la literatura y cultura espa√Īolas que hay en su obra, aunque √©sta est√© 
escrita en alem√°n. Canetti vivi√≥ en varios pa√≠ses, pero el verdadero y constante espacio en el 
que vivi√≥ fue siempre la lengua, tanto el espa√Īol como el alem√°n. 
 
Tom√°s Albaladejo 
 
 
LLERA, Luis: Diario I (2002-2004). Madrid, Revista Exilios, 2006, 135 p√°gs. 
 
Luis Llera, como Mar√≠a Zambrano, a la que dedica su tesis doctoral piensa en la 
escritura ‚Äúaqu√≠ no hay prioridades, ni obligaciones, ni deberes para la conciencia, s√≥lo y 
√ļnicamente deseo, un irrefrenable y angustioso deseo de escribir‚ÄĚ (p√°g. 8). Por ello 
acercarnos a su obra que escribe, en forma de confesi√≥n, como Diario I. (2002-2004) puede 
parecer f√°cil. 
‚ÄúLa aventura de escribir, por qu√©, para qu√©... No obstante he decidido escribir y 
convertirme en un insidioso testigo de m√≠ mismo, esto no supone decir la verdad y nada m√°s 
que la verdad, esto permite jugar tambi√©n con la mentira, disfrazarme y desvelarme, 
presentarme como lo que soy: una imposible identidad‚ÄĚ (p√°g. 7). 
Mas el libro nos sit√ļa en temas complejos de la vida humana. De este modo escribe 
desde marzo de 2002 a agosto del 2004, acerc√°ndose a temas como la muerte, el mal, la paz 
en oriente medio, el dolor por su padre enfermo y el silencio, entre otros. ‚ÄúAl menos, en el 
√°mbito de mi conciencia, desenredar la farsa, descubrir la tramoya, desenmascarar, 
deconstruir o, simplemente, desnudar y desnudarme. El empe√Īo no es tanto contra la mentira 
sino contra la verdad impostada, hinchada de s√≠ misma, abrumadora e intolerante. Se trata 
simplemente de dudar‚ÄĚ (p√°g. 13). 
Y todo bajo el hilo del Libro de Job y la figura del exiliado. Estas met√°foras del vivir 
constituyen para Luis Llera penetrar en temas que le comportan un alivio del vivir (p√°g. 29) y 
una exigencia personal (p√°g. 42). Y aunque diga que no cree en ‚Äúsalvaci√≥n alguna‚ÄĚ (p√°g. 45), 
sin embargo ante las p√°ginas mas violentas y tr√°gicas que escriben las guerras y agresiones 
humanas, acaba por meditar: ‚ÄúEsta noche o ma√Īana cuando en la ceremonia por sus muertos 
el padre recite el Kaddish deber√≠a pedir perd√≥n, no se ocurre ninguna otra soluci√≥n mas que la 
del perd√≥n para salvar la esperanza‚ÄĚ (p√°g. 46). 
En Luis Llera se reconocen sus lecturas, como la esperanza de Zambrano y su apuesta 
por el perd√≥n en uno de sus m√°s bellos manuscritos, y tambi√©n se le reconocen sus 
preocupaciones por la autenticidad frente a un pensar s√≥lo acad√©mico, por un vivir m√°s 
 
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cercano a los m√≠sticos porque √©stos tocan y contactan con la realidad desde las actitudes m√°s 
sinceras y humanas. De este modo se adentra en temas como la libertad, el tiempo o el 
sufrimiento pero siempre al hilo de situaciones concretas, de comportamientos sociales y 
pol√≠ticos de este momento en Espa√Īa. As√≠ comenta la lectura de algunos fil√≥sofos (Nietzsche, 
Heidegger, Camus) o de pol√≠ticos actuales (Herrero de Mi√Ī√≥n-Ram√≥n Parada, Cuenca 
Toribio, Mihail Sebastian...) y cuestiones como la fe o Dios mismo (p√°gs. 81 y 96). 
Mas, tal vez lo que importa, no son sus afirmaciones ni en las cuestiones que trata m√°s 
√≠ntimas ni en las m√°s sociales, sino esa forma de hacernos ver que hay temas y acciones a√ļn 
m√°s importantes que el autor las piensa, las siente y est√° dispuesto a desentra√Īarlas. ‚ÄúSent√≠a 
que mi vida pose√≠a gravedad, ten√≠a entidad y decisi√≥n suficiente para elegir lo que de verdad 
importaba...‚ÄĚ (p√°g. 82). Esta gravedad y responsabilidad nos parecen que hacen a Luis Llera 
un escritor y despierta en sus lectores deseos de seguir escuch√°ndole. 
Las √ļltimas p√°ginas que dedica a Mar√≠a Zambrano, La raz√≥n humilde (1993-1994) son 
un magnífico ejercicio de comprensión y de recreación de la obra de esta filósofa (págs. 99-
135). 
 
Juana S√°nchez-Gey Venegas 
 
 
MADARIAGA, Benito:  Augusto Gonz√°lez de Linares. La vida y obra de un naturalista
Santander, Instituto Espa√Īol de Oceanograf√≠a, 2004, 236 p√°gs. 
 
MADARIAGA, Benito: P√©rez Gald√≥s en Santander. Santander, Ediciones de Librer√≠a Estudio, 
2005, 82 p√°gs. 
 
Ya anciana Mar√≠a Zambrano recordaba a sus profesores del Instituto y, entre ellos, uno 
solo del √°rea de Ciencias Naturales, el m√©dico y naturalista Agust√≠n Moreno. Y lo hac√≠a para 
subrayar que era un cat√≥lico de comuni√≥n diaria que ense√Īaba las doctrinas transformistas con 
pasi√≥n. Al parecer no fue para tanto lo primero pero s√≠ lo segundo. Mas poco importa esta 
precisi√≥n y s√≠ que a nuestra fil√≥sofa llamara la atenci√≥n el af√°n de conciliaci√≥n entre las 
creencias religiosas y las verdades cient√≠ficas que debi√≥ percibir en aquel m√©dico segoviano, 
amigo que hab√≠a sido de Eloy Luis Andr√© y becario, durante seis meses, en la estaci√≥n 
mar√≠tima de Santander hacia 1912 cuando era su director Jos√© Rioja. Era, pues, uno de los 
muchos naturalistas que se hab√≠an impregnado del esp√≠ritu cient√≠fico y del talante religioso y 
moral de quien hab√≠a sido fundador de esta Estaci√≥n, Augusto Gonz√°lez de Linares. 
Hab√≠a sido este santanderino un gran naturalista tan apasionado por defender la 
libertad de conciencia cuanto por trabajar en pos de la investigaci√≥n cient√≠fica. Muchos 
naturalistas se beneficiaron de ese talante a lo largo de tiempo largo desde finales de la d√©cada 
de los ochenta del siglo XIX. De su no muy larga biograf√≠a, de sus esfuerzos en pro de la 
ciencia natural y de sus realizaciones versa este documentado libro de Benito Madariaga. 
Mas, haciendo caso a la cita de Pardo Baz√°n, tra√≠da a colaci√≥n en el propio libro (p√°g. 
100), seg√ļn la cual ‚Äúcinco cosas merec√≠a visitarse en aquella √©poca en Santander: la iglesia 
del cristo, la Biblioteca de Men√©ndez Pelayo, la estaci√≥n Mar√≠tima, el Sardinero y el palacete 
de Gald√≥s‚ÄĚ, adjuntamos aqu√≠ este otro libro del propio Madariaga porque ambos, en verdad, 
forman una unidad con la ciudad de la bella bah√≠a como s√≠mbolo de la convivencia y 
tolerancia practicada por sus preclaros paisanos, Marcelino Men√©ndez Pelayo, Jos√© Pereda y 
el propio Augusto Gonz√°lez de Linares con el no menos ilustre hu√©sped veraniego el canario 
Benito P√©rez Gald√≥s y otros visitantes m√°s espor√°dicos como el propio Francisco Giner. 
Ambos libros deben leerse juntos. 
A Benito Madariaga le gustar√≠a poder caminar hacia atr√°s en el tiempo, si posible 
 
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fuera, para haber impedido el derribo del palacete de San Quint√≠n, residencia del autor de los 
Episodios y de Electra, haber corregido que las autoridades c√°ntabras no se hubieran puesto 
de acuerdo para mantenerlo en pie como exponente de aquellos encuentros que se 
desarrollaron entre 1871 y 1912, y hubiera deseado, finalmente, que los avatares pol√≠ticos no 
dejaran desarrollar el germen de tolerancia y apuesta por el conocimiento que representaron 
aquellos famosos c√°ntabros de origen o adopci√≥n. 
Son libros de historia, documentados, atentos a la precisi√≥n del dato (s√≥lo he detectado 
un error en torno a la fecha de fallecimiento de Antonio Zozaya aunque lo fundamental de √©l 
tambi√©n est√° se√Īalado), con aportaciones documentales √ļtiles al lector pero son, m√°s a√ļn, 
libros escritos con pasi√≥n por la ciudad y sus habitantes. Una constante en la vida de muchos 
de nuestros intelectuales tan vinculados a las ciudades que les acogieron. Ninguno de los 
protagonistas que aparecen en estas p√°ginas puede entenderse sin Santander. Tampoco la 
ciudad sin ellos. Incluido el Santander de un siglo despu√©s. Al menos eso le desea Madariaga 
y es el leiv motif √ļltimo y la raz√≥n de ser de los mismos. No creo que por razones localistas 
sino porque ello ser√≠a expresi√≥n de que mantiene su esp√≠ritu. 
Pero, adem√°s, al af√°n hist√≥rico a√Īade Madariaga la pasi√≥n por trasmitir al lector un 
acercamiento emocionado hacia estos personajes que compart√≠an atardeceres tras d√≠as de 
esfuerzo por la creaci√≥n literaria o el rigor de la ciencia y que terminaron, en el caso de 
Gald√≥s y Men√©ndez Pelayo siendo v√≠ctimas de √°speras pol√©micas que ellos no provocaron 
como las virulentas referidas a las propuestas para el Nobel, que, sin embargo, no rompieron 
el sentido del respeto que se ten√≠an. 
Son, pues, libros para aprender y disfrutar, escritos por este cronista de la ciudad, 
veterinario de profesi√≥n que re√ļne las cualidades precisas para conseguir una lectura que se 
realiza con la fruici√≥n de las creaciones literarias y de la que se obtiene la informaci√≥n precisa 
para conocer los detalles de la vida de unos protagonistas que nos dejaron, quiz√° m√°s tarde de 
lo que ellos hubieran deseado, una Espa√Īa realmente habitable. Aquel microcosmos 
santanderino formado por esos nombres propios habr√≠a sido el s√≠mbolo de lo porvenir. 
Quienes leemos a estos autores hemos llegado a una conclusi√≥n similar. En estas p√°ginas 
encontramos elementos para la prueba. 
 
Jos√© Luis Mora Garc√≠a 
 
 
MIR√ď QUESADA CANTUARIAS, FranciscoEl hombre, el mundo, el destino. Introducci√≥n no 
convencional a la filosofía
. Universidad de Lima (Fondo de desarrollo editorial), 2003, 243 
p√°gs. 
 
Tenemos ante nosotros un hermoso libro. Un libro donde se mezcla el ensayo con el 
di√°logo, el humor con el rigor, la an√©cdota con el an√°lisis, la filosof√≠a literaria con la rigorista. 
Hay p√°ginas dram√°ticas escritas con el coraz√≥n y las tripas, otras emanan de la cabeza; y hay 
fragmentos antol√≥gicos donde la hilaridad estalla en carcajadas. No es un libro al uso en el 
pa√≠s de la filosof√≠a. Tiene la frescura de un ni√Īo sobre ideas densas envueltas en palabras 
claras. Ortega lo dec√≠a escuetamente: la claridad es la cortes√≠a del fil√≥sofo. Mir√≥ Quesada 
quiere escribir un libro pedag√≥gico, de lenguaje sencillo pero serio, y de orientaci√≥n hist√≥rica. 
Quiere que recorramos sus p√°ginas en el orden que nos apetezca, igual que vemos la 
televisi√≥n: haciendo zapping. E incluye una breve bibliograf√≠a en tres niveles, desde los libros 
m√°s f√°ciles hasta los que requieren cierta sofisticaci√≥n. As√≠ lo confiesa en el pr√≥logo como 
declaraci√≥n de intenciones. 
El texto se resuelve en cuatro l√≠neas divergentes que est√°n, sin embargo, perfectamente 
conectadas. Hay p√°ginas que reflejan el pensamiento filos√≥fico del autor; p√°ginas de 
 
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divulgaci√≥n hist√≥rica y filos√≥fica; p√°ginas de recepci√≥n de la filosof√≠a actual; y p√°ginas, 
menos densas y afortunadas (quiz√° lo menos interesante del libro), de reflexi√≥n libre sobre el 
futuro (las p√°gs. 173-190 se presentan como diagn√≥stico cuando en realidad son un pron√≥stico 
para el siglo XXI; lo m√°s interesante son, creo, las reflexiones sobre sexo y erotismo, donde se 
dice que la ‚Äúverdadera revoluci√≥n sexual‚ÄĚ consistir√° en que ‚Äúnadie se preocupar√° de la vida 
sexual de sus vecinos‚ÄĚ; pero pienso que quiz√° cometa el autor un error similar al que empez√≥ 
cometiendo Habermas en su pron√≥stico sobre la religi√≥n). Vamos a centrarnos en las l√≠neas 
donde expone sus principales aportaciones a la filosof√≠a. 
La no arbitrariedad y la simetr√≠a son los dos rasgos constitutivos de la racionalidad, 
tanto en el terreno te√≥rico como en el pr√°ctico (p√°g. 156); en ambos casos la raz√≥n puede 
obrar de manera mec√°nica o creativa, asimil√°ndose ‚Äúla intuici√≥n de un cient√≠fico‚ÄĚ a ‚Äúla 
inspiraci√≥n de un poeta‚ÄĚ (p√°g. 59); esto le permite distinguir entre filosof√≠a literaria y 
rigorista: cuando √©sta empieza a perder piso, aqu√©lla ‚Äúcomienza a ver el panorama cada vez 
m√°s iluminado‚ÄĚ (p√°g. 203); la primera busca en las profundidades, la segunda persigue el 
rigor (p√°g. 195). A diferencia de la filosof√≠a, la ciencia debe estar conectada con la 
experiencia sensorial (p√°g. 195); la ciencia debe, adem√°s, tener poder explicativo, predictivo, 
definitorio y axiom√°tico (p√°gs. 97-100): en cuanto a las definiciones, ‚Äútodo concepto emp√≠rico 
tiene un n√ļcleo de nitidez y un margen de borrosidad‚ÄĚ (p√°g. 206); en cuanto a la experiencia, 
‚Äútoda teor√≠a emp√≠rica (...) es rebasada por la realidad‚ÄĚ; y en cuanto a la axiomatizaci√≥n, ‚Äúla 
l√≥gica es un instrumento que permite transmitir verdades‚ÄĚ. 
En el terreno pr√°ctico, la √©tica se basa en el principio de autotelia (el imperativo 
categ√≥rico), que ‚Äútiene la ventaja de reducir a la unidad los principios de no arbitrariedad y 
simetr√≠a‚ÄĚ (p√°g. 158). La objetividad cient√≠fica, as√≠ como el amor y la amistad, es no arbitraria 
y sim√©trica (p√°g. 158). La meta ut√≥pica del humanismo racionalista es ‚Äúla eliminaci√≥n de la 
arbitrariedad en la vida social y la universalizaci√≥n de la simetr√≠a‚ÄĚ (p√°g. 156). Como en 
ciencia y en √©tica, la belleza en el arte se resuelve tambi√©n en simetr√≠a y no arbitrariedad (p√°g. 
114). Mir√≥ Quesada (p√°gs. 49-54) distingue entre humanismo existencialista, marxista, 
capitalista, cristiano y racionalista, y se adhiere a este √ļltimo por ser una s√≠ntesis (p√°g. 53) de 
no arbitrariedad y simetr√≠a. Ahora bien, este humanismo no es un modelo de desarrollo social, 
sino una meta que no hay que perder de vista (p√°gs. 217-218). El rebasamiento emp√≠rico y la 
ausencia de modelos sociales generan en Mir√≥ Quesada una filosof√≠a de la historia alejada de 
Hegel: ‚Äúla marcha hacia la humanizaci√≥n de la historia no es un proceso necesario, sino (...) 
contingente‚ÄĚ (p√°g. 228); siempre pueden surgir ‚Äúsucesos imprevistos, como el atentado del 11 
de septiembre; (...) en cualquier lugar, en cualquier momento, puede pasar cualquier cosa‚ÄĚ 
(p√°g. 228). 
El an√°lisis de la sensibilidad existencial arroja resultados coincidentes con la tesis de 
base. Ya hemos visto lo que pasa con la amistad y con el amor; el erotismo es la ‚Äúlibre 
elecci√≥n de ser cuerpo para el otro‚ÄĚ, y en √©l se supera la soledad, pues hay momentos en que 
al brindarnos el otro su cuerpo sin l√≠mites, ‚Äúla oscura profundidad de su ser emerge, 
resplandeciente, en su cara, sus ojos, su voz, su piel, sus caricias‚ÄĚ; al ser placer compartido, el 
erotismo es simetr√≠a; y al ser libre y voluntarioso, no puede ser arbitrario; el erotismo es la 
‚Äúgenerosidad del placer‚ÄĚ (p√°gs. 286-290). La risa, como el erotismo, es otro rasgo del ser 
humano (ya advierte Savater que los animales tienen sexualidad, pero nosotros tenemos 
erotismo). Tras repasar brevemente las teor√≠as de Arist√≥teles, Cicer√≥n, Kant, Schopenhauer y 
Bergson sobre la risa, Mir√≥ Quesada expone la suya: lo que han dicho estos autores, aun 
siendo esencial, no pasa de ser un conjunto de condiciones suficientes; faltan las condiciones 
necesarias (Mir√≥ Quesada cree haber encontrado dos: el cambio s√ļbito y la situaci√≥n cultural: 
p√°g. 67). La sonrisa como forma de reconocimiento es cosa distinta, y aunque en ella cabe 
hablar de simetr√≠a y arbitrariedad, el autor no lo hace; su intento de teor√≠a general de la risa se 
queda al margen de su teor√≠a de la raz√≥n, y por eso no cumple la condici√≥n de sistema que 
 
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Ortega requiere para la coherencia filos√≥fica. 
Estamos en el meollo mismo de una antropolog√≠a; y toda antropolog√≠a reposa sobre el 
concepto que tengamos del ser humano; para Mir√≥ Quesada es un ser que sufre (f√≠sica, mental 
y emocionalmente), se r√≠e, va de fiesta, se casa, siente angustia ante la muerte, tiene contacto 
con lo sagrado y es creador en todas las manifestaciones de la vida (p√°gs. 22-23). Empecemos 
por el problema de la religi√≥n. La religi√≥n tiene como misi√≥n ‚Äúdar sentido a nuestra 
existencia‚ÄĚ, y el ateo lo niega (p√°g. 119). El ateo rebelde (‚Äúateo luciferino‚ÄĚ) niega a Dios 
porque ‚Äúno quiere (...) aceptar un poder superior al suyo‚ÄĚ; el ateo pragm√°tico lo niega ‚Äúpara 
sentirse libre en la acci√≥n‚ÄĚ (el ateo marxista es pragm√°tico y rebelde a la vez); pero el ateo 
aut√©ntico no puede concebir a un ser infinitamente bueno que castiga al inocente con el 
pecado original y al malvado con el infierno. El ate√≠smo aut√©ntico es una aut√©ntica ‚Äúrebeli√≥n 
ante el destino‚ÄĚ (p√°g. 127). Y la muerte, por hablar en t√©rminos sartrianos, no es para s√≠, sino 
para los otros (en efecto, dice Mir√≥ Quesada: ‚Äúsi estoy muerto no me doy cuenta de que estoy 
muerto, luego, no estoy muerto‚ÄĚ; este argumento de resonancias epic√ļreas hace que la 
expresi√≥n ‚Äúestoy muerto‚ÄĚ no pueda ser proferida por un muerto, y en consecuencia (p√°g. 129) 
‚Äúsi la muerte no existe mentalmente para el individuo, el individuo es, como autoconciencia, 
inmortal‚ÄĚ; mas como nuestra muerte s√≥lo es muerte para los dem√°s, el verdadero drama es la 
muerte del otro; y como el ateo ‚Äútiene una inmensa capacidad de amar‚ÄĚ, la sufre como una 
afrenta ontol√≥gica que lo precipita al abismo; no s√≥lo el dolor por los otros, sino el dolor de 
que, al no haber esperanza de vida nueva, ‚Äújam√°s se podr√°n compensar las atrocidades de la 
historia‚ÄĚ (p√°g. 133): resuenan aqu√≠ los ecos torturados de Walter Bejamin. Pero 
inesperadamente, como un eco de Camus, ‚Äúel ateo encuentra su liberaci√≥n: luchar, al lado de 
todos los hombres de buena voluntad, para que el mundo sea cada vez m√°s cristiano‚ÄĚ). Sigue 
un curioso di√°logo entre un racionalista y un m√≠stico en el que, frente al voluntarismo del 
m√≠stico (‚Äúla verdadera humanizaci√≥n es el contacto directo con los que sufren‚ÄĚ), se yergue el 
posibilismo racionalista (eso ‚Äús√≥lo se har√° mediante la transformaci√≥n racional de la 
sociedad‚ÄĚ), especulando baconianamente sobre la tecnolog√≠a para conseguir la inmortalidad 
en este mundo; y concluye, a la manera c√≠nica, d√°ndole la vuelta al argumento de Pascal: ‚Äúla 
raz√≥n tiene sentimientos que el coraz√≥n no siente‚ÄĚ (p√°g. 153). Desde esos postulados, y 
abrazando el simaquismo (la convicci√≥n de que las grandes religiones son equivalentes), 
sostiene que la vida espiritual y moral se puede derivar ‚Äúde los principios de no arbitrariedad 
y de simetr√≠a. Es decir, de una √©tica racionalista‚ÄĚ (p√°g. 176). 
Falta una radiograf√≠a sucinta de la raz√≥n en sus cuatro niveles (puro, emp√≠rico, 
dial√©ctico y pr√°ctico), siguiendo a Kant a la vez que lo corrige; falta una referencia a la 
din√°mica del cambio de evidencias; falta una alusi√≥n, por breve que sea, a la din√°mica 
hist√≥rica de la raz√≥n (aqu√≠ s√≥lo la tenemos del racionalismo, y aun as√≠, √©ste est√° reducido al 
humanismo); falta hablar de la ideolog√≠a como compensaci√≥n de las carencias de la √©tica; 
falta el humanismo situacional, la filosof√≠a de lo americano, la filosof√≠a de la liberaci√≥n. Pero, 
claro, el autor no ha querido hacer una presentaci√≥n sistem√°tica, aunque sencilla, de su 
filosof√≠a. ‚ÄúPresento‚ÄĚ, dice, ‚Äúuna vulgarizaci√≥n de los resultados a que he llegado a trav√©s de 
un trabajo filos√≥fico ininterrumpto de m√°s de medio siglo‚ÄĚ (p√°g. 18). No se le puede 
reprochar no haber hecho lo que no ha querido hacer, pero el lector no puede dejar de echar 
de menos una visi√≥n sistem√°tica; aunque, todo hay que decirlo, el destinatario del libro no es 
el fil√≥sofo universitario, sino cualquier persona que haya terminado los estudios secundarios. 
No podemos terminar sin decir dos palabras de la recepci√≥n que hace Mir√≥ Quesada 
de Lorenzo Pe√Īa. Calific√°ndolo de ‚Äújoven y genial fil√≥sofo espa√Īol‚ÄĚ, de ‚Äújoven celt√≠bero‚ÄĚ 
(p√°g. 138), asegura que inaugura, junto con Plantinga, la teolog√≠a anal√≠tica, que tiene por 
pioneros a Salamucha y Bochenski. Pe√Īa defiende una teolog√≠a que incluye la contradicci√≥n 
sin que se anule el sistema; y para evitar la trivializaci√≥n de la teor√≠a, recurre a ‚Äúuna l√≥gica 
borrosa y paraconsistente‚ÄĚ en la que utiliza ‚Äúel axioma de separaci√≥n de la teor√≠a de 
 
51

 
 
conjuntos‚ÄĚ (p√°gs. 142-143). Mir√≥ Quesada piensa, evidentemente, en La coincidencia de los 
opuestos en Dios
. Cita a Newton da Costa como inventor de la l√≥gica paraconsistente (‚Äúotro 
joven genio‚ÄĚ: p√°g. 139), pero no dice que la palabra ‚Äúparaconsistente‚ÄĚ la invent√≥ el propio 
Mir√≥ Quesada. 
Un libro, en suma, interesante y f√°cil de leer, nadando en la superficie y buceando en 
las profundidades. Algunos desear√≠amos que fuera el anticipo de ese tratado, que puede ser 
peque√Īo, aut√©ntica visi√≥n panor√°mica de la filosof√≠a de Mir√≥ Quesada; y que puede tambi√©n 
ser una proped√©utica que d√© pie a una nueva enciclopedia de las ciencias filos√≥ficas (en los 
m√°rgenes de Hegel, el autor nos lo podr√≠a prometer). Y podr√≠a tambi√©n escuchar el ruego de 
David Sobrevilla: que contin√ļe los trabajos de l√≥gica transmisiva y de√≥ntica que ha dejado 
incompletos. En espera de que lleguen esas joyas, el presente libro es un espl√©ndido anticipo 
que puede leerse, por qu√© no, de vacaciones en la playa. En √©l se ha mostrado un fil√≥sofo 
existencial, √≠ntimo, que ama y sufre detr√°s de la teor√≠a. Ojal√° integre en su sistema esas 
sorprendentes novedades que le faltaban. 
 
Mariano Mart√≠n Isabel 
 
 
 
MIR√ď  QUESADA, Francisco:  Ser humano, naturaleza, historia. M√©xico, Paid√≥s, 2003, 294 
p√°gs. 
 
Mir√≥ Quesada concibe primero la revoluci√≥n como un cambio de estructuras (Las 
estructuras sociales, 1961) y luego como un cambio de vigencias (Manual ideol√≥gico, 1967). 
El manual donde recoge la ideolog√≠a de su partido es de corte populista, pero pronto extrae de 
√©l las dos √ļltimas partes para separarlas de lo circunstancial, y las convierte en sendos 
cap√≠tulos de su nuevo libro Humanismo y revoluci√≥n (1969): hablan respectivamente de la 
ideolog√≠a humanista y del concepto de ideolog√≠a. En Humanismo y revoluci√≥n a√Īade otros 
sobre el intelectual y la revoluci√≥n, adem√°s del desconcertante cap√≠tulo titulado ‚ÄúEl hombre 
sin teor√≠a‚ÄĚ. Todos estos temas son incorporados a un libro que en 1992 re√ļne quince cap√≠tulos 
bajo el t√≠tulo de Hombre, sociedad y pol√≠tica; entre ellos encontramos ‚ÄúLa ideolog√≠a 
humanista‚ÄĚ, ‚ÄúEl intelectual en la pol√≠tica occidental‚ÄĚ y ‚Äú¬ŅHan muerto las ideolog√≠as?‚ÄĚ, como 
tambi√©n una cr√≠tica a Popper en ‚ÄúLa sociedad sin clases y sus enemigos‚ÄĚ: son los cap√≠tulos 2, 
3, 4 y 5 de Ser humano, naturaleza, historia, publicado en M√©jico, que es el libro que aqu√≠ 
comentamos. Este baile de art√≠culos a trav√©s de diferentes recopilaciones desde 1967 hasta 
2003 es sintom√°tico de la evoluci√≥n que ha sufrido el pensamiento pol√≠tico de nuestro autor. 
En ‚ÄúLa ideolog√≠a humanista‚ÄĚ destaca que el humanismo es el ‚Äúproducto de las dos 
ra√≠ces m√°s profundas de la sociedad occidental: el cristianismo y el racionalismo‚ÄĚ (p√°g. 57). 
Basado en el principio kantiano de autotelia (los seres humanos como fines y no como 
medios), implica solidaridad, antirracismo, antiimperialismo, el fin de la explotaci√≥n humana 
y la sociedad sin clases. El escollo es que la revoluci√≥n que conduce a esta forma de 
socialismo no puede hacerse sin violencia, y Mir√≥ Quesada rechaza la violencia (lo que le 
enfrenta vigorosamente al marxismo). 
En ‚ÄúEl intelectual en la pol√≠tica occidental‚ÄĚ toma nota de la crisis de la raz√≥n y asigna 
a la filosof√≠a una tarea de desenmascaramiento. Desgraciadamente ‚Äúno existen principios 
racionales evidentes que permitan encauzar la praxis humana‚ÄĚ (p√°g. 120); y sin embargo la 
‚Äúeliminaci√≥n de la arbitrariedad‚ÄĚ constituye ‚Äúel sentido de la historia‚ÄĚ (p√°g. 133): por eso dice 
que el humanismo ‚Äúno es una teor√≠a, es una pasi√≥n‚ÄĚ (p√°g. 144). El intelectual comprometido 
en pol√≠tica ‚Äúpasa de una labor de cr√≠tica y desenmascaramiento, a una labor de forjaci√≥n‚ÄĚ 
(p√°g. 136). 
Los dos cap√≠tulos restantes son m√°s cortos. ‚Äú¬ŅHan muerto las ideolog√≠as?‚ÄĚ recoge su 
 
52

 
 
caracter√≠stica distinci√≥n entre ideolog√≠as epist√©micas (marxismo) y tim√©ticas o estimativas 
(humanismo), y concluye que ‚Äúlas ideolog√≠as epist√©micas han muerto‚ÄĚ, pero ‚Äúlas tim√©ticas 
vivir√°n eternamente‚ÄĚ. El humanismo, pues, debe resignarse a no ser cient√≠fico; est√° 
condenado a ser una ideolog√≠a. Y en ‚ÄúLa sociedad sin clases y sus enemigos‚ÄĚ rechaza a 
Popper por el rechazo que √©ste hace de la inducci√≥n como m√©todo cient√≠fico, y duda de que 
sea un buen historiador de la filosof√≠a porque sus citas de Plat√≥n est√°n descontextualizadas. 
Coincide con Popper en el rechazo del marxismo, pero le corrige advirtiendo que tambi√©n los 
partidarios de la econom√≠a liberal son enemigos de la sociedad sin clases (entendiendo √©sta 
como ‚Äúuna sociedad racional, libre, justa y humana‚ÄĚ; es decir, no arbitraria: p√°g. 169). 
Estos cuatro cap√≠tulos tomados en pr√©stamo se completan con otros tres: dos de ellos 
(‚ÄúSer humano, naturaleza, historia‚ÄĚ, que da nombre al libro, y ‚ÄúReyes fil√≥sofos y reyes 
tim√≥filos‚ÄĚ) fueron escritos (y luego publicados como art√≠culos) en 1987 y 1988 
respectivamente; el √ļltimo ha sido escrito expresamente para el presente volumen. Hay que 
destacar que ‚Äúhombre‚ÄĚ, t√©rmino que el autor utiliza en un primer momento, ha sido sustituido 
aqu√≠ por ‚Äúser humano‚ÄĚ. 
En el primero define la historia como ‚Äúuna tarea colectiva encaminada a transformar el 
mundo en morada del ser humano‚ÄĚ (p√°g. 11), da un repaso hist√≥rico al concepto de autotelia y 
define, siguiendo a Ortega, el concepto de vigencia. Vuelve sobre la crisis de la raz√≥n y se 
abre, sobre los pasos de Iv√°n Illich, a los ‚Äúefectos iatrog√©nicos‚ÄĚ (destructores) de la t√©cnica. 
Despu√©s da un repaso hist√≥rico a la fundamentaci√≥n racional del conocimiento, primero 
te√≥rico (en f√≠sica, con el concepto de simetr√≠a, deteni√©ndose en la ‚Äúsimetr√≠a de aforo‚ÄĚ y en la 
teor√≠a de las supercuerdas; y en l√≥gica, donde la teor√≠a de los topoi relaciona las l√≥gicas 
cl√°sica, intuicionista y modal, y el √°lgebra categ√≥rica explora lo intencional m√°s all√° de las 
l√≥gicas modales); y luego el conocimiento pr√°ctico (donde renueva su adhesi√≥n a Kant 
advirtiendo que ‚Äúsi se aplica el criterio de la universalidad del consenso, entonces no es 
posible utilizar la ciencia y la t√©cnica para fines de dominaci√≥n‚ÄĚ: p√°g. 51). Ahora bien, 
poniendo los pies bien en tierra, Mir√≥ Quesada se da cuenta del olvido de Plat√≥n: ‚Äúno basta 
que un rey sea fil√≥sofo, debe ser adem√°s rey ambicioso‚ÄĚ (p√°g. 184): sin ambici√≥n no se puede 
gobernar bien. Pero hay que controlar la ambici√≥n mediante reglas que impidan la 
eliminaci√≥n del adversario: mediante la democracia. Este despertar del sue√Īo dogm√°tico del 
pen√ļltimo cap√≠tulo del libro (‚ÄúReyes fil√≥sofos y reyes tim√≥filos‚ÄĚ) abre paso al √ļltimo, 
seguramente no definitivo, pero al que el autor considera la culminaci√≥n de toda su trayectoria 
filos√≥fica: ‚ÄúEnsayo de una fundamentaci√≥n racional de la √©tica‚ÄĚ. 
Empieza con una cita de Kant sobre el ideal de unificar la raz√≥n te√≥rica y pr√°ctica para 
que se puedan ‚Äúderivar todas las cosas de un solo principio‚ÄĚ: √©sa es la ambici√≥n 
miroquesadiana. El punto de partida son los l√≠mites de la fundamentaci√≥n kantiana. Primero: 
la raz√≥n s√≥lo es pura en el nivel de la l√≥gica matem√°tica (p√°gs. 201, 211 y 212). Segundo: ‚Äúla 
afirmaci√≥n de que el hombre existe como un fin en s√≠ es arbitraria‚ÄĚ, porque introduce el 
concepto de valor, que es para la √©tica un contenido material (p√°g. 205). Tercero: para superar 
el nivel emp√≠rico Kant recurre al nivel emp√≠rico (p√°g. 208). Cuarto: la f√≠sica cu√°ntica ha 
abolido el determinismo causal, y el yo emp√≠rico ya no est√° sometido a √©l. Yendo de la ciencia 
a la moral, Mir√≥ Quesada expone el concepto de simetr√≠a: en Galileo (sistemas inerciales), en 
Newton (sistemas no inerciales), en la unificaci√≥n de la f√≠sica (desde Einstein hasta las 
supercuerdas, donde las simetr√≠as son de una profundidad muy grande y confieren a la teor√≠a 
‚Äúun poder explicativo que sobrepasa, de manera sobrecogedora, el (...) de todas las teor√≠as 
anteriores‚ÄĚ: por eso hablamos de supersimetr√≠a, p√°g. 321). El principio de simetr√≠a, que 
asegura la objetividad en el conocimiento f√≠sico, funda tambi√©n el conocimiento √©tico: es un 
principio universal; y la universalidad, por hacer coincidir conocimiento verdadero y 
comportamiento √©tico, es una nota constitutiva de la raz√≥n (Kant). La simetr√≠a se da en √©tica 
(autotelia), en derecho (justicia), en pol√≠tica (democracia). Es a priori. La raz√≥n es libre, pero 
 
53

 
 
‚ÄúKant llega al absurdo de suponer que la libertad s√≥lo puede ser de car√°cter noumenal, pero 
que los delitos deben penarse en el mundo fenom√©nico‚ÄĚ (p√°g. 245); desde Heisenberg, sin 
embargo, la libertad puede volver al mundo emp√≠rico, el caos puede generar orden (teor√≠a del 
caos combinada con la geometr√≠a fractal). Libertad, raz√≥n, moralidad. Si la simetr√≠a es una 
condici√≥n suficiente de la moralidad, su condici√≥n necesaria es la no arbitrariedad: no 
depender del arbitrio individual (el teorema de Pit√°goras no depende de m√≠, como la justicia 
no depende de mis deseos); ser arbitrario es imponer algo a otro en contra de su voluntad 
(p√°g. 250). As√≠, ‚Äúuna norma es justa cuando es sim√©trica y no arbitraria‚ÄĚ, o sea cuando es 
objetiva (p√°g. 252). ‚ÄúLa simetr√≠a y la no arbitrariedad son complementarias (...) como el 
anverso y reverso de una misma medalla‚ÄĚ. La arbitrariedad consiste ‚Äúen hacer imposible la 
simetr√≠a. Y, viceversa, la simetr√≠a consiste en hacer imposible la arbitrariedad‚ÄĚ (p√°g. 253). 
Avanzamos hacia la unidad de la raz√≥n para ‚Äúderivar todas las cosas de un solo principio‚ÄĚ. 
Esta perspectiva suprahist√≥rica se refleja en la historia, que consiste en ‚Äúsuperar un orden 
social arbitrario y asim√©trico‚ÄĚ suprimiendo los privilegios y aboliendo la violencia (p√°g. 254). 
El socialismo es (p√°g. 259) ‚Äúun intento de forjar una sociedad por completo sim√©trica. Y para 
que la simetr√≠a sea realmente universal, hay que llegar a la sociedad sin clases‚ÄĚ (p√°g. 259). 
√Čsa es la meta: la humanizaci√≥n de la historia (p√°g. 266). Sin perderla nunca de vista, es 
preciso renunciar a ‚Äúimponer un tipo preconcebido de sociedad‚ÄĚ; ‚Äúlos m√©todos deben ser 
compatibles con los fines perseguidos‚ÄĚ (p√°g. 264). ¬ŅLlegaremos a puerto alg√ļn d√≠a? No, pero 
nos iremos acercando a la meta: como la variable se acerca a su l√≠mite. 
El libro termina con una bibliograf√≠a bastante amplia donde Mir√≥ Quesada retrata, 
como en un espejo, la amplia gama de sus intereses en las variadas fuentes donde ha bebido. 
Tras una nota bio-bibliogr√°fica sobre el autor preparada por David Sobrevilla, que tambi√©n ha 
escrito el pr√≥logo (su solo nombre ya es garant√≠a de rigor), uno cierra sus p√°ginas con la 
impresi√≥n de haber le√≠do una obra sistem√°tica y profunda: que pone unos cimientos 
actualizados y rigurosos al espinoso asunto de la raz√≥n. No est√° exenta de fisuras, pero emana 
como una belleza embriagadora de tan rigurosos fundamentos sobre la solidez del edificio. 
Simetr√≠a hermosa, orden del caos, ideal forjado en racionalismo nost√°lgico: la belleza del 
fractal. 
 
Mariano Mart√≠n Isabel 
 
 
MORA  GARC√ćA, Jos√© Luis & MORENO  YUSTE, Juan Manuel (Eds.):  Pensamiento y 
palabra. En recuerdo de María Zambrano (1904-1991)
. Valladolid, Junta de Castilla y Le√≥n, 
2005, 565 p√°gs. 
 
Con motivo del Centenario del nacimiento de Mar√≠a Zambrano, muchos son los 
eventos que la tuvieron como protagonista y mucha fue la bibliograf√≠a que se vino a a√Īadir a 
la existente, que, por otra parte ya comenzaba a tomar volumen. Con buen acierto Segovia 
(por medio de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Real Academia de 
Historia y Arte de San Quirce y la Junta de Castilla y Le√≥n), no pod√≠a faltar a la cita, y no por 
mera ‚Äúfinalidad localista‚ÄĚ, sino porque dicha ciudad, al haber sido tierra de su infancia y 
juventud (de sus 5 a sus 22 a√Īos) no s√≥lo forma parte del coraz√≥n de Mar√≠a sino que 
fundament√≥ su modo de conocimiento, objetivo √©ste que ha pretendido poner de manifiesto 
este evento segoviano. Es por eso por lo que, bajo la direcci√≥n y coordinaci√≥n de Jos√© Lu√≠s 
Mora Garc√≠a y Jos√© Manuel Moreno Yuste se reunieron en Segovia una buena representaci√≥n 
de estudiosos de la obra de esta autora, los d√≠as 3 al 7 de Mayo de 2004, para hacer realidad el 
t√≠tulo de uno de los art√≠culos de la propia autora ‚ÄúUn lugar de la palabra: Segovia‚ÄĚ. 
Pues bien, con el t√≠tulo Pensamiento y palabra.  En recuerdo de Mar√≠a Zambrano 
 
54

 
 
(1904-1991), las palabras de aquellos d√≠as han sido convertidas en letra impresa para su 
permanencia, resultando un libro excelente, ya desde el t√≠tulo, pues es certero cuando entiende 
que el pensamiento en la obra de Mar√≠a Zambrano termina resolvi√©ndose en la palabra como 
lugar de juego de dicho pensamiento. Segovia, pues, como lugar de la palabra, espacio-tiempo 
originario y, por tanto, clave de comprensi√≥n de ‚Äúla g√©nesis de su pensamiento‚ÄĚ (8). Esto es lo 
que intentan justificar una serie de trabajos que forman el bloque tercero del libro dedicados 
precisamente a ubicar a Segovia en el tiempo en que Mar√≠a Zambrano vivi√≥ en ella, como es 
el caso del trabajo de Angel Garc√≠a Sanz (ante la imposibilidad de citar todos los trabajos, 
s√≥lo se√Īalar√© aquellos que me parezcan m√°s significativos dentro de la l√≠nea elegida para esta 
Rese√Īa; tampoco ser√°n citados conforme al orden impreso). Es muy interesante la magn√≠fica 
recuperaci√≥n cronol√≥gica que hace Jos√© Luis Mora de la familia Zambrano hasta su marcha 
de Segovia, unida a otro trabajo suyo en que entiende que la influencia de Segovia en 
Zambrano est√° mediatizada por su principal maestro, su padre: Blas Zambrano. Posici√≥n que 
me parece sumamente acertada, mas si se tiene en cuenta la aparici√≥n las cuartillas con los 
debates de la tertulia, en la que ingres√≥ Machado en 1919 cuando lleg√≥ a Segovia, debates por 
los que ya andaba rondando lo que bien podr√≠a ser la raz√≥n po√©tica de la propia Mar√≠a 
Zambrano (272). Consecuente con esto es de notar que en este mismo bloque figure un 
estudio sobre ‚ÄúPersonas e instituciones del entorno segoviano de Mar√≠a Zambrano‚ÄĚ (Juan 
Manuel Santamar√≠a) y otros sobre algunos de los integrantes de la tertulia como el que hace 
Fernando Hermida sobre ‚ÄúPablo de Andr√©s Cobos‚ÄĚ, y en el que a ra√≠z del libro de √©ste sobre 
Machado, surgen algunas consideraciones, en mi opini√≥n, a tener en cuenta para la tradici√≥n 
filos√≥fica espa√Īola (360-361). Pueden a√Īadirse tambi√©n las figuras segovianas de Mois√©s 
S√°nchez Barrado (Laureano Robles) Juli√°n Mar√≠a Otero (Francisco Otero) y Mariano 
Quintanilla (Jos√© Luis Mart√≠n). Y por lo que respecta a instituciones debe se√Īalarse el trabajo 
de Jos√© Manuel Vall√©s Garrido sobre la Universidad Popular, lo mismo que en el asunto de la 
dificultad de la acogida en Espa√Īa (hab√≠a sido publicado en Chile en 1937) del texto de 
Zambrano Los intelectuales en el drama de Espa√Īa, de Gonzalo Santonja. 
Pero trat√°ndose de filosof√≠a, la ciudad de la que se surge no es en la que se termina, 
pues es sabido que el pensamiento tiende a ser sobre-ciudadano y sobre-nacional. Por eso el 
bloque primero est√° dedicado a los temas centrales del pensamiento de Mar√≠a Zambrano y a 
su relaci√≥n con las grandes tradiciones. Pedro Cerezo comienza el tema con un ajustado 
trabajo de deslinde entre las herencias (t√©rmino muy zambraniano) de Unamuno, Ortega y 
Zubiri en Zambrano. Y termina este bloque Juan Fernando Ortega se√Īalando la vigencia de su 
pensamiento. Y entre ellos, temas variados como la contemplaci√≥n del exilio como desgarro 
(Jos√© Luis Abell√°n), la recuperaci√≥n del platonismo y neoplatonismo en la obra de Zambrano 
(Antonio Jimenez); la luz de la pintura (Jos√© Gonz√°lez de la Torre), el humanismo po√©tico en 
relaci√≥n con S. Juan de la Cruz, Antonio Machado y Emilio Prados (Ana Bundgaard), la idea 
de Espa√Īa y Europa (Juana S√°nchez-Gey), la recuperaci√≥n de la tradicion novelistica espa√Īola 
(Roberta Johnson), y por fin, un sugerente y program√°tico trabajo de MÔÄį Luisa Maillard sobre 
la armonizaci√≥n de los lenguajes po√©tico y filos√≥fico en la obra de Zambrano. 
El bloque segundo lo forman una serie de trabajos cuya finalidad consiste en dilucidar 
el camino (m√©todo) de acercamiento a la realidad y que titula (tomando una expresi√≥n 
prestada, como se√Īalan los editores) ‚ÄúClaves de la raz√≥n po√©tica‚ÄĚ. Llama la atenci√≥n que en 
esta parte son cinco los trabajos y todos ellos firmados por mujeres, lo que en el caso de 
Zambrano est√° m√°s que justificado. Son todas ellas muy bien conocedoras de la obra de 
Zambrano como queda de manifiesto en sus estudios. Esther Bl√°zquez trata la relaci√≥n entre 
la biografía y el compromiso de María Zambrano con los hechos significativos de su espacio-
tiempo; Shirley Mangini presenta la obra Delirio y Destino como una ‚Äúexcepcional novela 
autobiogr√°fica‚ÄĚ; por su parte Carmen Revilla exquista int√©rprete de la obra de Zambrano, nos 
muestra el horizonte desde el que debe ser comprendida la raz√≥n po√©tica; Mercedes G√≥mez 
 
55

 
 
Blesa lee, en su trabajo, a Zambrano (Agon√≠a de Europa)desde una hermen√©utica de la crisis 
europea a la luz del problema religioso (del haber olvidado la piedad), y poniendo este asunto 
en relaci√≥n con Unamuno. Por fin, M¬™ Fernanda Santiago, presenta un original y sugerente 
trabajo de raz√≥n po√©tica a partir de la puesta en representaci√≥n teatral de la Tumba de 
Antígona
, por dem√°s, en mi opini√≥n, llena de sentido y justa comprensi√≥n. 
Un √ļltimo bloque de trece Comunicaciones cierra el libro. Comunicaciones tambi√©n 
interesantes y que apuntalan algunos temas tratados con anterioridad; otros tambi√©n 
novedosos y con tratamientos originales que, nombrarlos, har√≠a tal vez demasiado extensa 
esta rese√Īa. 
Y por fin, el libro mismo como objeto. Si al t√≠tulo, a los contenidos (565 p√°ginas) se le 
a√Īade un √ćndice Onom√°stico y un √ćndice general mas una magn√≠fica encuadernaci√≥n, el libro 
muestra una apariencia merecedora de elogio y de lectura. Est√° editado magn√≠ficamente por la 
Junta de Castilla y Le√≥n. Esto est√° muy bien y deber√≠an nuestras instituciones prodigar la 
participaci√≥n en la propia entra√Īa cultural (sub-terr√°nea), m√°s que en modas fulgurantes 
(artificiosas). 
En definitiva, un libro sobre el que, trat√°ndose de algunos temas, el estudioso de la 
obra de Mar√≠a Zambrano no tendr√° m√°s remedio que volver. 
 
Luis Andr√©s Marcos 
 
 
MOSTER√ćN, Jes√ļs: La naturaleza humana. Madrid, Espasa-Calpe, col. Gran Austral, 2006. 
 
El √ļltimo libro del profesor Moster√≠n es una obra ambiciosa que desde su aparici√≥n ha 
recibido m√ļltiples elogios en las cr√≠ticas aparecidas hasta el momento. Quisiera unirme a esos 
elogios en algunos puntos que a continuaci√≥n se√Īalar√©, pero tambi√©n quisiera poner de 
manifiesto otros aspectos del libro que, en mi opini√≥n, requieren una cr√≠tica en sentido 
opuesto. 
Ante todo es de agradecer el estilo claro y valiente del libro, que ante los asuntos m√°s 
pol√©micos se compromete con nitidez con posiciones concretas al tiempo que combate las 
contrarias. Esta actitud del profesor Moster√≠n merece todos los elogios en unos tiempos en 
que a menudo se oculta la propia vacuidad de ideas con el velo de farragosos textos que 
prometen mucho pero dicen muy poco. Y esa claridad expositiva acompa√Īa adem√°s el 
despliegue de un ambicioso plan que en los sucesivos cap√≠tulos que componen el libro aborda 
asuntos tan diversos y de tanto calado como los referidos al concepto de naturaleza humana, 
la concepci√≥n evolucionista, la vida del animal, el proceso de hominizaci√≥n, el genoma 
humano, la mente, el lenguaje, la cultura, la diferencia entre los sexos, la eugenesia, la 
eutanasia, la conciencia moral y hasta la m√≠stica. El hilo conductor que gu√≠a el tratamiento de 
temas tan heterog√©neos y presta una apreciable coherencia al texto es la comprensi√≥n del ser 
humano -el ‚Äúhum√°n‚ÄĚ en la terminolog√≠a de Moster√≠n- como un animal, producto -como todos 
los vivientes- de la selecci√≥n natural, cuya presi√≥n a lo largo de la evoluci√≥n biol√≥gica ha 
modelado todos los rasgos de nuestra especie. En consecuencia, la conducta del homo sapiens 
y el conjunto de todas las creaciones humanas han de explicarse por la plasticidad de nuestro 
cerebro, fundada a su vez en el genoma que determina a nuestra especie. Y es sin duda 
admirable -aparte de muy √ļtil para el lector- la capacidad del autor para transmitir clara y 
ordenadamente toda la informaci√≥n que re√ļne acerca de la biolog√≠a humana. S√≥lo por esto el 
libro merece ya nuestro reconocimiento. 
Por otro lado, el naturalismo consecuente que preside el desarrollo de sus p√°ginas se 
convierte en un arma cr√≠tica que arremete contra los prejuicios metaf√≠sicos y religiosos que 
obnubilan nuestra comprensi√≥n de lo que somos e incitan pr√°cticas pol√≠ticas a menudo 
 
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contrarias a la racionalidad y al ejercicio de nuestra libertad autoconsciente (como, por 
ejemplo, la ense√Īanza de la doctrina b√≠blica sobre el origen del hombre, presentada como si 
tuviera valor cient√≠fico; o la prohibici√≥n de la eutanasia; o la irresponsable actitud de la 
Iglesia Cat√≥lica con respecto al uso de los anticonceptivos; etc.). Desde el punto de vista 
cr√≠tico-argumental, los cap√≠tulos que se ocupan de estas cuestiones de ‚Äú√©tica aplicada‚ÄĚ, en los 
que el autor rebasa por cierto los confines ya de por s√≠ ambiciosos de un tratado te√≥rico sobre 
la naturaleza humana, son quiz√° los m√°s s√≥lidos. Y en este sentido, el trabajo del profesor 
Moster√≠n debe ser apreciado por quienes pensamos que en nuestro pa√≠s el peso de la tradici√≥n 
religiosa sigue ejerciendo un influjo opresivo sobre la vida intelectual y pol√≠tica. 
Sin embargo, hay en el libro algunas posiciones te√≥ricas que resultan inaceptables. Y 
que derivan de la tesis de fondo que recorre sus cap√≠tulos, a saber: que la naturaleza humana 
se reduce a la biolog√≠a del ser humano. Tan s√≥lo desde esta discutible premisa se comprende 
su identificaci√≥n de la naturaleza del hombre con su genoma, o las observaciones acerca del 
yo y la mente, o su discusi√≥n sobre la conciencia moral, o tambi√©n el uso que hace del 
concepto de cultura, por citar algunos de los asuntos m√°s discutibles. Podemos focalizar 
nuestra cr√≠tica en este uso del concepto de cultura, al que nominalmente s√≥lo dedica un 
cap√≠tulo, aunque el tema est√° tambi√©n en el fondo de algunos de los otros aspectos que se 
acaban de mencionar. As√≠, por ejemplo, reduce la conciencia moral a los rasgos concretos de 
nuestro cerebro, determinados gen√©ticamente por la evoluci√≥n, asumiendo as√≠ la posici√≥n 
te√≥rica de los sociobi√≥logos. Pero, de este modo, el profesor Moster√≠n se oculta una parte 
esencial de lo que llamamos moralidad, que hace referencia tanto al √°mbito -subjetivo- de 
nuestras vivencias, como a la esfera -objetiva- de la vida social. La reducci√≥n de la conciencia 
moral a su base biol√≥gica en el cerebro o bien dice demasiado -y se incurre entonces en un 
injustificable reduccionismo-, o bien dice demasiado poco: que el cerebro es condici√≥n de la 
conciencia moral, pues no existir√≠a √©sta sin aqu√©l. Esto √ļltimo es obvio, pero con ello no se 
dice a√ļn lo principal acerca de la moralidad, pues, en efecto, el cerebro es condici√≥n de la 
moral, como los √°tomos lo son del cerebro y de la vida social, pero ser√≠a absurdo buscar en 
los √°tomos la explicaci√≥n de la conciencia moral o de la din√°mica social. La emergencia en la 
evoluci√≥n de nuevos estratos de la realidad -de la vida a partir de la naturaleza inorg√°nica, de 
la cultura a partir de aqu√©lla, etc.- parece imponer explicaciones de los nuevos fen√≥menos 
emergentes que, al menos en parte, han de desarrollarse en planos de an√°lisis cient√≠fico 
irreductibles a los m√°s b√°sicos: la antropolog√≠a cultural no es un cap√≠tulo de la biolog√≠a, al 
igual que √©sta no lo es de la f√≠sica. 
Del mismo modo, es insostenible la interpretaci√≥n de la cultura como informaci√≥n 
transmitida entre cerebros mediante el aprendizaje social. Esta visi√≥n traslada al √°mbito 
cultural los planteamientos te√≥ricos propios de la ciencia natural y se impide a s√≠ misma la 
comprensi√≥n de las creaciones objetivas de la vida social con su din√°mica propia (los ritos, 
instituciones y normas sociales), as√≠ como las que constituyen la llamada ‚Äúcultura material‚ÄĚ 
(las obras de la artesan√≠a y las producciones t√©cnicas en general). El significado de unas y 
otras, con su din√°mica y sentido espec√≠ficos, no se puede hallar en las bases biol√≥gicas de la 
conducta humana. Esta visi√≥n naturalizada de la cultura le lleva al autor -adoptando la 
terminolog√≠a de R. Dawkins- a entender √©sta como un agregado de ‚Äúmemes‚ÄĚ o unidades 
elementales de informaci√≥n, en analog√≠a con los genes, de los que aqu√©llos se diferenciar√≠an 
esencialmente por el modo en que se produce supuestamente su transmisi√≥n (por la v√≠a del 
aprendizaje social y no a trav√©s de la herencia). Pero en esta concepci√≥n, aparte de responder 
a la pretensión de extrapolar a la ciencia social los enfoques propios de la ciencia natural -
aline√°ndose as√≠ con una ya larga tradici√≥n ideol√≥gica entrometida en la ciencia-, alienta 
adem√°s el supuesto de que la cultura es un compuesto de rasgos elementales o unidades 
at√≥micas de informaci√≥n, cuyo significado podr√≠a entonces fijarse con independencia del 
contexto cultural en que se presenta. Es la vieja idea del empirismo positivista que entiende la 
 
57

 
 
realidad como la suma de los hechos inmediatos. 
Tambi√©n adopta el autor la tesis de los sociobi√≥logos, seg√ļn la cual los protagonistas 
de la evoluci√≥n no ser√≠an los organismos, sino los genes, que utilizar√≠an a los organismos 
como veh√≠culos en el tiempo a trav√©s de los cuales maximizar√≠an aqu√©llos sus probabilidades 
de replicarse en las siguientes generaciones en la mayor proporci√≥n posible. Hace ya tiempo 
que los cr√≠ticos han puesto de manifiesto la ‚Äúmitolog√≠a del gen‚ÄĚ que subyace a esta idea, as√≠ 
como los prejuicios finalistas de tipo antropom√≥rfico que encierra. El profesor Moster√≠n, que 
critica las especulaciones ideol√≥gicas desde una confesa fidelidad a la ciencia, incurre √©l 
mismo en aquello que denuncia. Ello se pone de manifiesto especialmente en el √ļltimo 
cap√≠tulo del libro, cuando se refiere a ‚Äúla uni√≥n m√≠stica con la naturaleza‚ÄĚ. En flagrante 
contradicci√≥n con los prop√≥sitos de rigor anunciados al comienzo, el autor se entrega aqu√≠ a 
las especulaciones que antes hab√≠a rechazado y nos propone como cumbre de la sabidur√≠a ‚Äúla 
comuni√≥n con el universo‚ÄĚ, que concibe como aquella forma de religiosidad aut√©ntica que es 
la √ļnica capaz de alentar el trabajo de la ciencia. Asumiendo prejuicios ideol√≥gicos derivados 
del ecologismo fundamentalista -como el que promueve la hip√≥tesis de la diosa Gaia- y de 
algunas doctrinas provenientes de la religiosidad oriental, concibe la sabidur√≠a como esa 
forma de ‚Äúliberaci√≥n‚ÄĚ (¬Ņ ?) consistente en la p√©rdida de nuestra identidad autoconsciente 
diferenciada a trav√©s del logro de una ‚Äúconciencia c√≥smica‚ÄĚ. Pues bien, especulaci√≥n por 
especulaci√≥n, podr√≠amos oponer al profesor Moster√≠n con el mismo derecho la tesis contraria: 
¬Ņpor qu√© hacer consistir la sabidur√≠a en la comuni√≥n con el universo? De hecho siempre 
formamos parte de √©l, s√≥lo que el modo singularmente humano de estar en √©l, unidos a todas 
las cosas, consiste en la tensa distancia que nos permite con esfuerzo alejarnos -si no 
separarnos- de ellas, ‚Äúuni√≥n distante‚ÄĚ en que nos sit√ļa la conciencia (...esa conquista 
antientr√≥pica de la evoluci√≥n, como lo es tambi√©n la vida, seg√ļn nos recuerda Moster√≠n): 
consiste en la tensa oposici√≥n que nos diferencia de aquello que, en definitiva, tambi√©n somos 
y cuya suerte corremos; en la lucha sostenida con ese destino de extinci√≥n que parece celebrar 
el profesor Moster√≠n. Acaso la antigua tragedia griega encierre m√°s sabidur√≠a que los 
Upanishads. 
 
Eduardo √Ālvarez 
 
 
MU√ĎOZ  SORO, Javier: Cuadernos para el di√°logo (1963-1973). Una historia cultural del 
segundo franquismo
. Madrid, Marcial Pons, 2006, 4001 p√°gs. 
 
Tres historias paralelas se estudian en este libro: la biograf√≠a de quienes pusieron en 
pie este proyecto cultural; la propia de la revista con sus distintas etapas y avatares y el 
trasfondo de los acontecimientos pol√≠ticos de la Espa√Īa de los a√Īos sesenta y setenta 
divisados al hilo de la narraci√≥n que Mu√Īoz Soro va realizando pormenorizadamente, fruto de 
su enorme trabajo de archivo y de sus buenos conocimientos de los protagonistas de esta 
‚Äúhistoria‚ÄĚ que pertenece a una historia m√°s amplia. 
El estudio del antifranquismo no debe hacerse -se√Īala con acierto el autor- s√≥lo de la 
historia pol√≠tica sino desde otra ‚Äúhistoria atenta a los procesos culturales y su importancia en 
la conquista de espacios libres que precedieron a la reforma pol√≠tica.‚ÄĚ De este convencimiento 
es hijo este libro, necesario, √ļtil y escrito con objetividad, buen trabajo metodol√≥gico que 
incluye bibliograf√≠a e √≠ndice onom√°stico, explicaci√≥n de siglas y del instrumental necesario 
para un lector no familiarizado con la cantidad ingente de referencias creadas durante esas 
casi dos d√©cadas. Compartimos completamente este criterio. 
Creo sinceramente que estamos ante un gran trabajo que ha mimado la ecuanimidad 
del juicio sobre el proyecto que supuso Cuadernos para el di√°logo, revista de referencia en el 
 
58

 
 
pensamiento social y pol√≠tico de la √©poca, escuela de √©lites que se orientar√≠an hacia diversos 
partidos pol√≠ticos con esa misma ecuanimidad hacia las propias biograf√≠as de quienes fueron 
sus protagonistas. Como se√Īala el propio autor, la cercan√≠a de hechos y personas har√° 
inevitables otros enjuiciamientos y valoraciones m√°s este libro de Mart√≠nez Soro se constituye 
en estudio imprescindible para el conocimiento de un ‚Äúmicrocosmos‚ÄĚ cultural que por su 
propia naturaleza termin√≥ por ser mucho m√°s que lo pretendido inicialmente. 
Todos los nombres que aparecen en sus p√°ginas nos son familiares a quienes asistimos 
a la universidad durante los a√Īos de vida de la revista. Conocer sus trayectorias intelectuales y 
personales nos proporciona claves para entender la nuestra aunque nos perteneci√©ramos a ese 
grupo y nos ayuda a entender las bases te√≥ricas sobre las que el antifranquismo inici√≥ la 
transici√≥n democr√°tica. Pr√°cticamente toda el √°rea de Filosof√≠a del Derecho no franquista tuvo 
presencia entorno a Cuadernos, tiene una deuda con Ruiz-Gim√©nez y la propia trayectoria 
pol√≠tica de quien fuera ministro desde el abandono del Ministerio en 1956 y explica muy bien 
el ‚Äúdi√°logo‚ÄĚ entre los sectores cat√≥licos que se distanciaban del franquismo a distintas 
velocidades, incluidas las razones por las cuales no arraig√≥ un partido dem√≥crata-cristiano y 
quienes se iniciaban en otras ideolog√≠as m√°s laicas, cercanas al socialismo o al comunismo. 
No es casual que la fundaci√≥n de la revista coincidiera con los a√Īos del Vaticano II y que 
Joaqu√≠n Ruiz-Gim√©nez fuera uno de los cat√≥licos espa√Īoles m√°s conocidos en el Vaticano. 
Ese esp√≠ritu del di√°logo entre la Fe y la Secularidad, nombre del Instituto creado por la 
Universidad de Comillas, representa muy bien el talante o atm√≥sfera que guiaba las p√°ginas 
de la revista. Ah√≠ radicaba su fuerza y, tambi√©n, su limitaci√≥n como crisol de ideolog√≠as 
pol√≠ticas e incluso como base de un futuro proyecto pol√≠tico democr√°tico. El calificativo de 
‚Äúcuadernistas‚ÄĚ es bien ilustrativo al respecto. 
Un aspecto de inter√©s para la historia del pensamiento filos√≥fico espa√Īol tiene que ver 
con la recepci√≥n del pensamiento liberal anterior a la guerra. El libro de Mu√Īoz Soro ratifica 
lo que vamos sabiendo al respecto de esos a√Īos, coincidentes con la generaci√≥n de los 
‚Äúfil√≥sofos j√≥venes‚ÄĚ. Con pocas excepciones apenas quisieron saber de la tradici√≥n filos√≥fica 
espa√Īola o, m√°s bien, no sab√≠an qu√© hacer con ella. Y, concretamente, con las emblem√°ticas 
figuras del ‚Äúirracionalista‚ÄĚ Unamuno y del ‚Äúarist√≥crata e idealista‚ÄĚ Ortega. No sucedi√≥ lo 
mismo con otras figuras menos ‚Äúproblem√°ticas‚ÄĚ como la de Antonio Machado o algunos de 
los m√°s significados exiliados que fallecieron por esos a√Īos como Jim√©nez Fraud, Gaos o 
Am√©rico Castro. A√ļn as√≠, si nos fijamos en los trabajos realizados por El√≠as D√≠az, uno de sus 
miembros m√°s significados y excepci√≥n muy significada en la mirada hacia ‚Äúlos viejos 
maestros‚ÄĚ, sobre la segunda generaci√≥n de krausistas y sobre Unamuno, hemos de convenir 
que algunos intentaron recuperar lo que era m√°s necesario para ‚Äúla reconciliaci√≥n de los 
espa√Īoles y la memoria del pasado‚ÄĚ. En este sentido merecen especial relevancia las 
publicaciones de Cuadernos y de su editorial EDICUSA, tan importantes para una generaci√≥n 
entera. Otra cosa fueron las conocidas tesis de Tierno sobre Costa y el costismo en una l√≠nea 
de ajuste que hoy se considera m√°s que discutible en la medida que la figura de Costa est√° 
mejor estudiada. En todo caso, si bien este grupo fue menos beligerante, agresivo o 
descalificador de la tradici√≥n filos√≥fica que otros, como prueba Mart√≠nez Soro y hoy 
conocemos bien, tampoco ten√≠a perspectiva suficiente como para superar t√≥picos muy 
arraigados entre los ide√≥logos progresistas sobre la tradici√≥n liberal anterior a la guerra (poco 
hace falta decir aqu√≠ de lo que pensaban los sectores del propio R√©gimen). Basta ver el √≠ndice 
onom√°stico del libro para comprobar el escaso (por comparaci√≥n) inter√©s suscitados por estos 
autores en relaci√≥n con otros ide√≥logos o pensadores extranjeros. No es un juicio de valor, 
simplemente una constataci√≥n que corrobora lo dicho sobre las bases te√≥ricas sobre las que 
forj√≥ la transici√≥n democr√°tica y el cumplimiento de ese prop√≥sito acerca de la memoria del 
pasado. 
Es imposible no entrar en los contenidos de un libro como √©ste pero lo importante es el 
 
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libro mismo, el trabajo de su autor y su necesaria lectura para quienes deseen conocer las 
claves de este periodo y aunque est√° hecho necesariamente con lente amplificadora de lo 
peque√Īo como act√ļa el microscopio, pronto podr√≠a comprobarse la necesidad de usar otro tipo 
de lente para seguir las trayectorias de muchos de aquellos protagonistas, sus r√°pidas 
evoluciones, la construcci√≥n de otros proyectos, coincidentes con el cierre de esta revista, tras 
los esfuerzos fallidos de Pedro Altares y el error de su apuesta por Areilza. 
Mucha historia de Espa√Īa y muchas historias personales hay en estas cuatrocientas 
p√°ginas densas, bien escritas, documentadas y, a mi parecer, pensadas desde la ecuanimidad 
que merecen las personas, y el respeto y las cr√≠ticas que exige cualquier obra humana. En 
resumen, un gran trabajo. 
 
Jos√© Luis Mora Garc√≠a 
 
 
MUSSO  VALIENTE, Jos√©:  Obras. Lorca/Murcia, Ayuntamiento de Lorca/Servicio de 
Publicaciones de la Universidad de Murcia, 2004, 3 vols., 494 p√°gs. (Vol. I), 429 p√°gs. (Vol. 
II), 384 p√°gs. (Vol. III). 
 
En la investigaci√≥n sobre el pensamiento y la escritura, la edici√≥n de las obras de 
autores, sean m√°s conocidos o menos conocidos, hayan sido publicadas o est√©n in√©ditas, es 
una tarea muy laboriosa, muchas veces impagable por lo ingente, y siempre imprescindible 
para el conocimiento y la interpretaci√≥n de textos que, de otro modo, quedar√≠an sin la 
necesaria difusi√≥n y fuera del alcance de los lectores. Jos√© Luis Molina Mart√≠nez ha llevado a 
cabo una constante labor para ofrecernos tres vol√ļmenes de su edici√≥n de las Obras de Jos√© 
Musso Valiente que, si bien no contiene todos los escritos de este autor, ya que la tarea 
prosigue, s√≠ recoge lo m√°s importante de su producci√≥n. Esta edici√≥n es decisiva para un 
conocimiento extenso y profundo de este importante autor que est√° entre el Neoclasicismo y 
el Romanticismo. Jos√© Musso Valiente naci√≥ en Lorca (Murcia) en 1785 y muri√≥ en Madrid 
en 1838. Con una amplia y s√≥lida formaci√≥n en lenguas cl√°sicas, en ciencias naturales y 
exactas, en filosof√≠a, en historia, etc., Musso escribi√≥ sobre temas muy diversos. Jos√© Luis 
Molina ha hecho una investigaci√≥n exhaustiva que le ha permitido conocer plenamente la 
obra publicada y la obra in√©dita del autor lorquino; su conocimiento de los textos de Musso en 
la Biblioteca Men√©ndez Pelayo de Santander, en la Biblioteca Archivo de la Caja de Ahorros 
del Mediterr√°neo en Mula (Murcia), en el Archivo Municipal de Calasparra (Murcia), en el 
Archivo Municipal de Lorca, en la Real Academia de la Historia, as√≠ como de los conservados 
por Jos√© Mar√≠a Robles Musso y por Ram√≥n Melgarejo Vaillant, ha hecho posible que 
numerosos textos in√©ditos de Musso sean dados a conocer en esta edici√≥n. 
El volumen primero de las Obras contiene un interesante conjunto de textos que 
Molina denomina ‚ÄúCiclo autobiogr√°fico‚ÄĚ, del que forman parte el Diario de 1829, el 
Memorial de la vida, las cartas a su mujer y otros textos de car√°cter autobiogr√°fico. El 
volumen segundo contiene, adem√°s de la obra de creaci√≥n literaria en prosa y en verso de 
Musso, sus estudios de teor√≠a y cr√≠tica literarias, de literatura comparada, de historia literaria y 
tambi√©n sus traducciones del griego y del lat√≠n. En el volumen tercero est√°n incluidos sus 
ensayos filos√≥ficos y religiosos, sus estudios musicales, diversos art√≠culos publicados en 
peri√≥dicos y revistas, estudios sobre agricultura y regad√≠o, ocho discursos oratorios de 
car√°cter acad√©mico y pol√≠tico y, en una secci√≥n miscel√°nea final, pensamientos sueltos, un 
estudio de lexicograf√≠a y una memoria de arqueolog√≠a de Mazarr√≥n. Los tres vol√ļmenes de 
Obras de Jos√© Musso Valiente que componen esta edici√≥n no incluyen todas las obras de 
Musso, como el editor indica expresamente. La relaci√≥n de Musso con numerosos escritores, 
entre los que podemos citar a Hermosilla, Quintana y Alberto Lista, es la base de una 
 
60

 
 
interesante correspondencia en la que no siempre es f√°cil la labor de recuperaci√≥n de las 
cartas escritas por el autor de Lorca. Por otro lado, entre los textos de Musso no incluidos en 
los tres vol√ļmenes est√°n los que corresponden a apuntes de sus estudios de Mineralog√≠a, 
Bot√°nica, F√≠sica y Matem√°ticas, as√≠ como una traducci√≥n del √Āyax; de todos estos textos da 
cumplida cuenta Jos√© Luis Molina en la complet√≠sima ‚ÄúIntroducci√≥n‚ÄĚ que abre el primero de 
los tres vol√ļmenes de las Obras. En dicho estudio introductorio, adem√°s de los criterios de 
edici√≥n, hay una biograf√≠a de Musso, una relaci√≥n de sus obras publicadas y de sus obras 
in√©ditas, con indicaci√≥n de los archivos, bibliotecas o colecciones privadas en las que se 
encuentran, un an√°lisis del pensamiento de Musso y de su obra. Profundo conocedor de la 
obra de Musso, Jos√© Luis Molina ofrece en la introducci√≥n una interpretaci√≥n justa y precisa 
del autor cuya obra edita, y lo hace con la inteligencia y los saberes propios de la persona que 
ama el objeto de estudio y se dedica a su investigaci√≥n con entrega total. No s√≥lo en esta 
introducci√≥n y en esta edici√≥n, sino en el resto de sus muchas publicaciones sobre Musso, 
entre las que es oportuno destacar su libro Jos√© Musso Valiente (1785-1838): Humanismo y 
literatura ilustrada
 (Murcia, Universidad de Murcia/Academia Alfonso X el Sabio, 1999), la 
interpretaci√≥n que Jos√© Luis Molina hace de la obra de Musso est√° sostenida por sus s√≥lidos 
conocimientos de teor√≠a y cr√≠tica literarias, as√≠ como de historia literaria y de historia de 
Espa√Īa. 
Esta edici√≥n de las Obras de Musso es un paso imprescindible para el conocimiento de 
la obra y la persona de este autor a caballo entre dos siglos y entre dos concepciones est√©ticas 
y literarias, que supo reflejar en sus notas y reflexiones (es de gran inter√©s al respecto el libro 
de Manuel Mart√≠nez Arnaldos y Jos√© Luis Molina Mart√≠nez, La transici√≥n socio-literaria del 
Neoclasicismo al Romanticismo en el Diario (1827-1838) de Jos√© Musso Valiente
, Madrid, 
Nostrum, 2002). Musso era liberal moderado, docea√Īista, es decir, partidario de la 
Constituci√≥n de 1812, por lo que con motivo del juramento de dicha Constituci√≥n por 
Fernando VII en 1820, despu√©s de haberla derogado en 1814, escribi√≥, respondiendo a la 
convocatoria de un premio por la Real Academia Espa√Īola, un discurso gratulatorio al rey por 
el juramento. En este discurso, bien construido ret√≥ricamente, Musso expresaba sinceramente 
sus esperanzas en el establecimiento en Espa√Īa de una Monarqu√≠a constitucional, que 
quedaron rotas en 1823. Sin duda, este discurso, que fue premiado en 1821 por la Real 
Academia Espa√Īola, es el m√°s importante de los incluidos en el volumen tercero de las Obras
Contrario al absolutismo y al liberalismo exaltado, Musso ve√≠a en el juramento real de la 
Constituci√≥n la soluci√≥n a los males de Espa√Īa y la v√≠a para su modernizaci√≥n. Musso fue 
miembro de la Real Academia Espa√Īola, de la Real Academia de la Historia, de la Real 
Academia Matritense de Ciencias Naturales, de la Real Academia de Bellas Artes de San 
Fernando y de la Real Academia Latina Matritense (despu√©s llamada Real Academia 
Grecolatina); fue miembro, desde su fundaci√≥n, del Ateneo Cient√≠fico, Literario y Art√≠stico de 
Madrid, del que fue elegido bibliotecario. Tanto la actividad pol√≠tica como la actividad 
cultural de Musso fueron importantes y las vivi√≥ intensamente, por lo que sus escritos y su 
propia vida nos ayudan a comprender los a√Īos que van desde la terminaci√≥n de la Guerra de 
la Independencia hasta su muerte. 
Esta edici√≥n de las Obras de Jos√© Musso Valiente nos da a conocer una obra que, sin 
el esfuerzo, constancia y entusiasmo del Dr. Molina, habr√≠a quedado sin la difusi√≥n que 
merece; de su capacidad y voluntad de trabajo esperamos la continuaci√≥n de la publicaci√≥n de 
las obras de Musso, sobre el que se ha celebrado en 2004 en Lorca el Congreso Internacional 
‚ÄúJos√© Musso Valiente (1785-1838) y su √©poca (La transici√≥n del Neoclasicismo al 
Romanticismo)‚ÄĚ, dirigido por Manuel Mart√≠nez Arnaldos y Jos√© Luis Molina. 
 
Tom√°s Albaladejo Mayordomo 
 
 
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PINO CAMPOS, Luis Miguel: Estudios sobre Mar√≠a Zambrano: el magisterio de Ortega y las 
raíces grecolatinas de su filosofía
. Universidad de La Laguna, 2005, 558 p√°gs. 
 
Este libro, espl√©ndidamente editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad 
de La Laguna y que ha contado con el apoyo financiero de la Fundaci√≥n Canaria Mapfre 
Guanarteme, re√ļne dieciocho estudios elaborados desde 2001 por Luis Miguel Pino Campos, 
profesor de Filolog√≠a Griega de la Universidad de La Laguna, que tienen el objetivo com√ļn de 
describir con detalle el influjo que el magisterio de Jos√© Ortega y Gasset ejerci√≥ sobre Mar√≠a 
Zambrano y el decisivo papel que las fuentes cl√°sicas tienen en el pensamiento y en la obra 
filos√≥fica de la pensadora espa√Īola. Seg√ļn destaca Luis Miguel Pino, Zambrano ‚Äútal vez sea 
la autora de ensayos filos√≥ficos que m√°s comentarios ha escrito sobre S√≥focles y sobre la 
tragedia griega‚ÄĚ (p√°g. 539). Al primer tema se consagran las primeras doscientas p√°ginas del 
libro, y al segundo las restantes. Todos estos estudios fueron presentados con antelaci√≥n por 
el autor en congresos y reuniones acad√©micas. Los publicados con anterioridad aparecen aqu√≠ 
con leves adiciones o retoques. El volumen ofrece tambi√©n datos biogr√°ficos sobre Mar√≠a 
Zambrano y seguramente lo que constituye la bibliograf√≠a m√°s completa de la fil√≥sofa (v√©ase 
especialmente la p√°g. 74). Como cab√≠a esperar, tambi√©n resume el contenido de muchas de 
sus obras. Los estudios est√°n precedidos por un breve pr√≥logo de Juan Fernando Ortega 
Mu√Īoz, director de la Fundaci√≥n Mar√≠a Zambrano, radicada en V√©lez-M√°laga, ciudad natal de 
la fil√≥sofa espa√Īola. Antes de emprender esta obra, Luis Miguel Pino hab√≠a publicado 
diversos estudios sobre las fuentes cl√°sicas en la obra de Jos√© Ortega y Gasset, lo que le 
acreditaba para llevar a cabo esta obra con autoridad y competencia. 
Este es un importante libro. Llena un hueco en el conocimiento de las fuentes de la 
obra de Mar√≠a Zambrano y muestra que la evocaci√≥n del mundo cl√°sico y el di√°logo vivo con 
los autores literarios griegos y latinos constituye una clave importante para comprender el 
pensamiento filos√≥fico de esta autora espa√Īola, a la que las circunstancias pol√≠ticas del pa√≠s 
impusieron una vida itinerante. Nacida en 1904, a comienzos del decenio de 1930, tras acabar 
la licenciatura de Filosof√≠a en la Universidad de Madrid, donde estudi√≥ con Ortega y Gasset, 
Zubiri y Garc√≠a Morente, iniciaba en Espa√Īa una prometedora carrera como profesora de 
Metaf√≠sica, que se vio truncada antes de defender la tesis doctoral por un prolongado exilio, 
que dur√≥ desde comienzos de 1939 hasta 1984, fecha en la que regres√≥ a Espa√Īa, donde muri√≥ 
en 1991. 
Luis Miguel Pino destaca que Mar√≠a Zambrano hace descansar su pensamiento sobre 
la convicci√≥n de que la filosof√≠a occidental err√≥ el camino correcto, emprendido con los 
presocr√°ticos y S√≥crates, en el momento en que Plat√≥n y, poco despu√©s, Arist√≥teles 
convirtieron el l√≥gos en la raz√≥n discursiva excluyente que negaba la validez de otras formas 
de pensar. Por una parte, Plat√≥n conden√≥ a los poetas porque no aspiraban a la verdad, sino 
solo a deleitar. A su vez, Arist√≥teles conden√≥ a los pitag√≥ricos por su proceder 
pseudocient√≠fico y sus ense√Īanzas dogm√°ticas. Esas condenas fueron decisivas para 
arrinconar otras v√≠as hacia el saber, representadas especialmente por la poes√≠a tr√°gica griega 
cl√°sica, y constituyen el origen y la causa de que la filosof√≠a y la poes√≠a hayan seguido 
caminos divergentes y, por eso mismo, insuficientes para comprender la realidad. Frente a 
ello, Mar√≠a Zambrano propugna la raz√≥n po√©tica, la raz√≥n creadora, como forma para conocer 
la realidad y v√≠a para lograr la armon√≠a entre l√≥gos y p√°thos
Los ensayos incluidos en el libro tratan sobre los siguientes temas. Los tres primeros 
tratan acerca de la influencia de Ortega y Gasset sobre su disc√≠pula Mar√≠a Zambrano y acerca 
de la manera peculiar en que cada uno de los dos pensadores abord√≥ la novela cervantina, el 
teatro y la figura de S√©neca. Las referencias de la disc√≠pula al maestro van desde la rebelde 
cr√≠tica juvenil hasta la comprensi√≥n, el agradecimiento y el reconocimiento respetuoso de la 
 
62

 
 
alumna por el profesor. Muchos profesores y estudiantes se reconocer√°n en los fragmentos de 
las cartas que cita Luis Miguel Pino dirigidas por Mar√≠a Zambrano a Jos√© Ortega y Gasset y 
de los art√≠culos de Zambrano sobre su maestro. Los tres siguientes estudios trazan un 
panorama general sobre la presencia del mundo cl√°sico en la obra de Zambrano. Los restantes 
tratan sobre las menciones de distintos dioses, fil√≥sofos, autores literarios y mitos de la 
Antig√ľedad cl√°sica en la obra de Mar√≠a Zambrano. Uno de ellos trata sobre las citas de los 
fil√≥sofos presocr√°ticos y, en particular, de Tales de Mileto. Otro versa sobre Diotima, la 
sacerdotisa de Mantinea que, seg√ļn relata S√≥crates en el Banquete plat√≥nico, le hab√≠a 
ense√Īado lo que sab√≠a sobre el amor. Otros versan sobre la presencia de la √©pica, de la l√≠rica y, 
especialmente, de la tragedia griegas en la obra de Zambrano. Como era de esperar, Luis 
Miguel Pino se refiere con detalle al drama de Zambrano titulado La tumba de Ant√≠gona, 
figura m√≠tica que, lo mismo que Edipo, seg√ļn aparecen en las correspondientes tragedias de 
S√≥focles, atrajo su atenci√≥n repetidas veces tambi√©n en otras de sus obras. Otros ensayos 
versan sobre la presencia en la obra de Zambrano de los dioses griegos Afrodita y Eros, 
Apolo y Dioniso, y de otras divinidades y personajes m√≠ticos (Hades, Dem√©ter, Tript√≥lemo y 
Pers√©fone) relacionados con los cultos mist√©ricos que se celebraban en Eleusis. El libro se 
cierra con un ensayo sobre la trascendencia de S√≥focles en la filosof√≠a de Mar√≠a Zambrano. 
En conjunto, el volumen demuestra e ilustra sobradamente la tesis de que el pensamiento 
filos√≥fico de Mar√≠a Zambrano se construy√≥ mediante un di√°logo vivo y permanente con el 
mundo cl√°sico y con los fil√≥sofos que hab√≠an sido sus maestros. Luis Miguel Pino insiste aqu√≠ 
y all√° en que su estudio no agota la descripci√≥n de las fuentes cl√°sicas en la obra de 
Zambrano. De hecho, las l√≠neas finales del libro anuncian el hallazgo de un texto, al parecer 
in√©dito, en los fondos de la Fundaci√≥n Mar√≠a Zambrano titulado ‚ÄúAnt√≠gona y el fin de la 
guerra civil [espa√Īola]‚ÄĚ. Pero, en todo caso, el volumen de Luis Miguel Pino ofrece un 
panorama muy rico, que muestra que Mar√≠a Zambrano ley√≥ los cl√°sicos con amplitud y 
profundidad y realiz√≥ su obra creativa mediante el di√°logo vivo con la literatura cl√°sica, cosa 
m√°s frecuente en otros pa√≠ses europeos que en Espa√Īa. 
Luis Miguel Pino expone los datos y sus argumentos con claridad, detalle filol√≥gico y 
precisi√≥n mediante un estilo ameno y discursivo. Como el libro re√ļne estudios presentados 
ante auditorios diferentes, varios cap√≠tulos exhiben cierto grado de repetici√≥n, que para nada 
ofende al lector y que ayuda al no especialista. Por todo ello, este libro debe figurar en todas 
las bibliotecas interesadas por la cultura espa√Īola y constituye una referencia obligada para 
los interesados por la obra de Mar√≠a Zambrano y por la tradici√≥n cl√°sica. 
 
Emilio Crespo 
 
 
PI√ĎAS  SAURA, Mar√≠a del Carmen:  En el espejo de la llama. Una aproximaci√≥n al 
pensamiento de María Zambrano
. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, 
2004, 252 p√°gs, ISBN: 84-8371-414-0. 
 
Este libro es la versi√≥n adaptada para su publicaci√≥n de lo que ha sido una tesis 
doctoral recientemente defendida. La autora, Pi√Īas Saura, ofrece al lector una interpretaci√≥n 
de la compleja obra filos√≥fica de Mar√≠a Zambrano a trav√©s de un estudio creativo, original en 
su exposici√≥n, fundamentado y documentado en fuentes de diverso origen (po√©ticas, 
filos√≥ficas, sociol√≥gicas, antropol√≥gicas, historiogr√°ficas, religiosas, etc.) y teniendo como 
referencia la mayor parte de los escritos de Mar√≠a Zambrano. 
El libro est√° dividido en siete cap√≠tulos. La explicaci√≥n no sigue una l√≠nea discursiva 
ni una sucesi√≥n l√≥gica, sino que expone unas ideas centrales en el pensamiento de Zambrano 
que son refrendadas, amplificadas y contextualizadas con el apoyo de cientos de versos de 
 
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poetas antiguos (Hes√≠odo, P√≠ndaro) y contempor√°neos bien conocidos (Valente, Cioran, 
Prados, Celaya, Antonio Machado, Lezama, Loynaz, Clara Jan√©s, Mart√≠) con pensamientos de 
fil√≥sofos antiguos (Plat√≥n, Arist√≥teles, Emp√©docles, Anax√°goras, Anaximandro, Plotino, San 
Agust√≠n), con ideas pertenecientes al orfismo y al pitagorismo, con reflexiones, an√°lisis y 
comentarios de historiadores, fil√≥sofos, psic√≥logos, soci√≥logos, antrop√≥logos y novelistas 
contempor√°neos (Panikkar, Foucault, J√ľnger, Jung, Souzenelle, Ker√©nyi, Dostoievski, 
Sampedro, Unamuno, Ortega, etc.), as√≠ como con las explicaciones de algunos estudiosos de 
la obra zambraniana (Ortega Mu√Īoz, Moreno Sanz, Cerezo Gal√°n, Agust√≠n Andreu, Mar√≠a 
Poumier, Miguel Morey, Sonia Prieto, √ďscar Ad√°n). 
En la Introducci√≥n la autora inicia su explicaci√≥n con la ant√≠tesis que caracteriza el 
libro y que en distintas im√°genes y s√≠mbolos va repiti√©ndose: latido de ausencia, la ausencia 
se muestra, remolino de luz nacido de lo oscuro, tumba -germinaci√≥n, peregrinar- sue√Īo, etc. 
La obra de Zambrano es una filosof√≠a que expresa con sentimiento po√©tico todo aquello 
cuanto ha escapado del an√°lisis de la raz√≥n, y esa escapatoria se ha producido porque eso que 
no ha sido objeto de la filosof√≠a hasta ahora, requiere una aproximaci√≥n espec√≠fica, distinta de 
la l√≥gica habitual. Ese objeto, no analizado hasta ahora por los fil√≥sofos, es denominado 
simb√≥licamente con distintos t√©rminos como entra√Īas, √≠nferos, o m√°s com√ļnmente, alma; en 
√©l se incluye lo oscuro, lo on√≠rico, lo abism√°tico. Para adentrarse en ese objeto nuevo de la 
filosof√≠a no vale la l√≥gica tradicional, sino que ante todo es preciso ‚Äúdestruir las falsas 
certidumbres‚ÄĚ que desacreditan ‚Äúel pensar simb√≥lico‚ÄĚ, y por ello ‚Äúconviene llevar hasta el 
l√≠mite las contradicciones de la raz√≥n‚ÄĚ y convencer de la necesidad de un cambio. 
Est√° claro que quien quiera entender el pensamiento de Mar√≠a Zambrano y 
comprender el estudio de Pi√Īas Saura ha de estar preparado para el esfuerzo de renunciar a 
una lectura lineal y a la explicaci√≥n de lo evidente. La filosof√≠a de la primera ha contagiado la 
expresi√≥n de la segunda y de este modo el lector de una y otra ha de saber que se aspira a 
desplegar un concepto directamente, sobre todo, porque se trata de un especial objeto de 
estudio (aquello otro distinto de lo racional) que rehuye la definici√≥n y exige que uno se 
acerque a √©l dando rodeos, describiendo c√≠rculos conc√©ntricos y tangentes. Pi√Īas Saura 
resume la obra de Zambrano cuando afirma que leyendo a Mar√≠a Zambrano uno siente que ha 
aparecido una apertura tras la cual comienza a perfilarse un camino que conduce a un bosque 
entrelazado de palpitaciones. Parece sacudirnos la conciencia poni√©ndola en vilo y as√≠ 
posibilitar un acercamiento distinto a lo que nos rodea; quiz√°s experimentando en todo 
germinaci√≥n. Su raz√≥n po√©tica es consciente de que la raz√≥n est√° amenazada, por lo tanto es 
preciso cuidarla, ya que parece ser el fr√°gil espacio de lo com√ļn. Sin embargo, ella se acerca a 
esa b√ļsqueda de la ausencia, a ese adentramiento en la conciencia, a trav√©s de un pensar que 
fructificar√° aclarando formas de nuestro vivir, de nuestra atm√≥sfera o del subsuelo; 
presentando maneras m√°s hondas de comprensi√≥n que las meramente causales o mecanicistas 
(p√°g. 14). 
Luego completa este resumen diciendo que ‚ÄúMar√≠a Zambrano realiza un viaje por las 
ruinas [los desastres de la raz√≥n exclusiva]..., dando humanidad a lo ca√≥tico [orfismo]; vive y 
rescata un mundo m√°s all√° de la ley impuesta [Ant√≠gona]; se trata del mundo del exilio [Edipo 
mendigo] que va creando una suspensi√≥n en el tiempo al hacer germinar inocencia [Edipo 
ignorante y Ant√≠gona inocente]; para ello negar√° al mundo meramente racional [Creonte] el 
derecho de determinar nuestra naturaleza y sugerir√° la presencia ausente de un √°mbito donde 
poder gozar sin preguntas‚ÄĚ (p√°g. 15). Una vez m√°s se anuncia la explicaci√≥n a trav√©s de la 
contradicci√≥n: ‚ÄúMar√≠a Zambrano nos hace pensar, pero a la vez nos libera del pensamiento, de 
la pura reflexividad‚ÄĚ y el hombre experimenta ‚Äúel retroceso del Dios de la teolog√≠a en busca 
del Dios que devora y quiere ser devorado‚ÄĚ. Dir√≠amos que se trata de una filosof√≠a que 
impone hacer el camino hacia atr√°s, hacia el pasado de la historia: hubo un Dios de la 
Teolog√≠a, un Dios (cristiano) omnisciente, amigo del hombre, que hoy est√° abandonado; se 
 
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busca su huella y se alcanzan estadios anteriores como el polite√≠smo que Zeus (J√ļpiter) 
presidiera, y antes su padre Cronos (Saturno), antes a√ļn su padre, Urano (Cielo); √©ste fue 
destronado por Cronos, y, a su vez, Cronos, devorador de sus hijos, lo fue por Zeus. 
Se explica en este libro que la Raz√≥n Po√©tica de Zambrano propone que la nueva raz√≥n 
no est√© sometida a la ley de la contradicci√≥n, sino que esa raz√≥n nueva sea simb√≥lica y no d√© 
lugar a t√©rminos opuestos, sino polares, relativamente polares. Es lo que se llama relativismo 
positivo
, aunque ello no sea f√°cil de admitir para quien no se desvincula de la l√≥gica racional. 
La Raz√≥n Po√©tica de Zambrano manifiesta el convencimiento de que la realidad no es 
totalmente transparente para la raz√≥n, de modo que pueden existir zonas sombr√≠as que se 
resisten a ser analizadas, tal vez porque requieran m√°s que una presentaci√≥n, una 
representaci√≥n, y √©sta exige no una definici√≥n, sino un s√≠mbolo. Por ello Pi√Īas Saura completa 
su definici√≥n de la filosof√≠a de Mar√≠a Zambrano afirmando que la Raz√≥n Po√©tica supone un 
nuevo orden de la presencia de una conciencia simb√≥lica como puente, ‚Äúconciencia que evoca 
sin significar, que deja ver sin representar‚ÄĚ (p√°g. 17). Mas, en filosof√≠a como en poes√≠a, no se 
puede prescindir del l√≥gos, de la palabra razonada, de ah√≠ que Pi√Īas Saura concluya con Patxi 
Lanceros categorizando que ‚Äúel s√≠mbolo sin racionalidad es tir√°nico y que la racionalidad sin 
s√≠mbolo es est√©ril‚ÄĚ. 
No cabe duda de que en las escuelas filos√≥ficas del siglo XX el pensamiento de Mar√≠a 
Zambrano no es bien acogido, entre otros motivos porque manifiesta la incapacidad reiterada 
de la raz√≥n como v√≠a exclusiva para acceder a la verdad, para conocer la realidad. En efecto, 
hasta ahora, se ha suplantado ‚Äúlo que es‚ÄĚ por ‚Äúlo que se conoce‚ÄĚ, descalificando los otros 
tipos de saberes en clara alusi√≥n a las ideas de Plat√≥n y de Arist√≥teles. 
Pi√Īas Saura recorre en sucesivas p√°ginas la evoluci√≥n de la Filosof√≠a hasta llegar a 
Nietzsche, cuando la historia se introduce en la naturaleza por mediaci√≥n de la biolog√≠a, 
cuando se experimenta el tr√°nsito de lo maquinal a lo org√°nico y cuando el ‚Äúser‚ÄĚ ser√° pensado 
como negatividad en cuanto que es lo que todav√≠a no es. Aparece as√≠ la idea de ‚Äúlo otro‚ÄĚ, de la 
otra historia, la de ‚Äúlos enterrados vivos‚ÄĚ (Ant√≠gona, Baudelaire, Kafka, Rimbaud...), la de los 
delirios, desvar√≠os y fantasmas, etc., la que ha llevado a estos poetas y fil√≥sofos a una soledad 
de la que luego ha brotado una comunicaci√≥n, una realidad extra√Īa, ‚Äúp√≥stuma‚ÄĚ, un nacimiento 
nuevo (no reiterado), porque se comprueba que en estos casos la desesperaci√≥n, a fuerza de 
agotar los conflictos hasta su √ļltimo fondo, encuentra finalmente el camino. Estas 
experiencias descubrir√°n √°mbitos que parec√≠an sumergidos, formas de expresi√≥n o 
conocimiento que se hab√≠an desusado, pero que continuaban siendo creadoras: eran las 
agon√≠as, ‚Äúlas confesiones de agonizante‚ÄĚ. Se trata de la criatura que no tiene bastante con 
nacer una sola vez, sino que necesita ser reengendrado, cual Dioniso, el nacido dos veces, o 
Edipo, que tras la anagn√≥risis, vuelve a empezar una nueva vida, su segunda vida. Es como si 
el hombre, tras disolverse de una primera vida, necesitara ser re-unificado en un nuevo ser. El 
sue√Īo, la vigilia, etc. ser√°n algunos de los m√©todos para recorrer el camino de esta nueva 
raz√≥n. 
La metaf√≠sica experiencial (pensar en lo on√≠rico, infernal, oscuro...) de Mar√≠a 
Zambrano es, en la pr√°ctica, una cr√≠tica a la configuraci√≥n conceptual del hombre occidental y 
a la aceptaci√≥n de la conciencia, de la historia y de la raz√≥n discursiva, porque lo real es 
inaccesible e inagotable: ‚Äúse roza lo sagrado como posibilidad del ser que alumbra el proceso 
de creaci√≥n de la persona. La nada como la realidad del no ser, de aquello que la raz√≥n 
excluye. Se trata del sentir originario de la existencia; hablamos del inicio de un viaje de 
descenso a los ‚Äúinfiernos del ser‚ÄĚ, un camino a los infiernos de la posibilidad inagotable‚ÄĚ. 
Desentra√Īar lo real sin alterarlo conllevar√° ir al ¬ęrescate de la pasividad, de la receptividad¬Ľ, 
o sea, de esa aurora primordial que yace en lo humano (p√°g. 34). 
Otra dimensi√≥n esencial en el pensamiento de Zambrano es lo tr√°gico, porque es el 
√°mbito de la fatalidad, donde se dan los dolores y donde el amor y el dolor son s√≠mbolos de lo 
 
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humano: ‚ÄúEn lo tr√°gico la piedad puede llegar a su m√°xima manifestaci√≥n, ya que hace 
posible el conjuro, la invocaci√≥n, y muestra las situaciones m√°s extremas de la condici√≥n 
humana: se destapa el mundo de las entra√Īas y hace entrar lo otro en el mundo‚ÄĚ (p√°g. 39). 
Concluye esta inicial explicaci√≥n de la obra zambraniana recordando el car√°cter 
fragmentario de sus escritos: ‚Äúfragmentos de un orden remoto que nos tiende una √≥rbita. Su 
pensamiento tiene una coherencia estructural; es un saber met√≥dico que no cae en la 
sistematizaci√≥n‚ÄĚ (p√°g. 41). 
En los sucesivos cap√≠tulos del libro Pi√Īas Saura se ocupa de varios apartados que ese 
mundo de lo oscuro, abism√°tico, infernal, on√≠rico y sagrado ha suscitado en la fil√≥sofa 
malague√Īa. As√≠ el segundo cap√≠tulo est√° dedicado a justificar por qu√© la filosof√≠a no ha 
analizado hasta ahora la realidad en su conjunto. El tercero, a destacar c√≥mo esa parte de la 
realidad no atendida por la filosof√≠a late como sombra pendiente de ser abordada, 
simbolizando la imagen del exiliado o del encerrado entre muros (emparedado), que aguarda 
a que su existencia sea tambi√©n atendida. Su abandono y su olvido desembocan tambi√©n en 
tragedia y exigen un sacrificio. Ser√°n las figuras de Ant√≠gona, la enterrada viva, y de 
Pers√©fone, la raptada por Hades (Plut√≥n), dios de los infiernos, las que simbolicen esa otra 
realidad que reclama la atenci√≥n filos√≥fica. Los temas del tiempo y del sue√Īo completan esta 
incursi√≥n de la autora en el pensamiento de Zambrano con el que se intenta crear un nuevo 
concepto de la persona. 
El cap√≠tulo cuarto recorre los s√≠mbolos correspondientes a la luz, las entra√Īas, la 
memoria y la poes√≠a para acabar en la paradoja de c√≥mo la pasividad de los √≠nferos se puede 
transformar en una activa creaci√≥n. 
El cap√≠tulo quinto desarrolla otros s√≠mbolos zambranianos como la tumba del hombre 
solamente racional y su acceso a lo real, la sangre y la luz, la poes√≠a y la aurora o el 
nacimiento de una palabra originaria. 
El cap√≠tulo sexto est√° dedicado al s√≠mbolo de la Aurora, esta vez desde una 
perspectiva filos√≥fica. Las referencias po√©ticas y simb√≥licas que apoyan las ideas de 
Zambrano abundan en los t√©rminos contradictorios que, como antes hemos afirmado, no son 
obst√°culos en la reflexi√≥n, dado que se trata de una raz√≥n po√©tica, donde la l√≥gica tradicional 
no cabe. Se ha de comprender lo que se siente, o bien, aceptar sin comprender. Por ejemplo 
(p√°g. 218) se afirma que si una conciencia est√° segura de s√≠ misma, se equivoca, porque para 
ser aut√©ntica, tiene que romperse, de tal manera que se concluye que parece inevitable que, 
llegando a ciertos extremos, la √ļnica manera de tener raz√≥n es perderla. Frases cl√°sicas como 
la de S√≥focles, ‚Äúluz sin luz‚ÄĚ, o de San Agust√≠n, ‚Äúla memoria, vientre de la mente‚ÄĚ, inciden 
igualmente en las reflexiones que la autora, Pi√Īas Saura, hilvana para contextualizar la obra 
de Zambrano. 
Finaliza el libro con un cap√≠tulo s√©ptimo dedicado una vez m√°s a la luz, a la pintura y 
al artista. Tambi√©n este √°mbito de la creatividad humana est√° salpicado por lo contradictorio: 
‚Äúel artista... es int√©rprete ante todo de las tinieblas, del lado oscuro de la vida. Porque artista 
es s√≥lo el que penetra en las tinieblas para arrancarles algo de su secreto‚ÄĚ [...] La Raz√≥n 
Po√©tica supone concebir lo verdadero como creaci√≥n constante; proceso, duda, crisis, 
exaltaci√≥n, ca√≠da, destrucci√≥n y catarsis (p√°g. 241). Una vez m√°s es lo contradictorio lo que 
explica el camino hacia la verdad en esta filosof√≠a, y se confirma en aquella frase 
zambraniana incluida en Algunos lugares de la pintura (p√°g. 164) cuando afirma: ‚ÄúLoco, es 
decir, cuerdo, pues que refleja con impasibilidad y pasi√≥n todas vuestras locuras, vuestras 
secretas pesadillas que a nadie confes√°is, vuestros terrores nocturnos, de esa noche del alma 
que la atenci√≥n de la vida diaria no os permite percibir, de esas tinieblas que la conciencia 
llamada normal rechaza, sin atreverse a desgarrar un solo instante‚ÄĚ. 
As√≠ pues, Mar√≠a del Carmen Pi√Īas Saura nos ha ofrecido en este libro una lectura de la 
obra y pensamiento de Mar√≠a Zambrano muy sugerente por sus m√ļltiples indicaciones, 
 
66

 
 
comentarios y sus numerosas fuentes po√©ticas, novel√≠sticas, psicol√≥gicas, religiosas, 
hist√≥ricas, etc. La obra de Mar√≠a Zambrano es muy dif√≠cil de organizar y de clasificar porque 
no constituye un texto acabado, sino continuamente reelaborado, porque nunca est√° 
concluido, sino que se nos ofrece como fragmentos de una posterior entrega definitiva que 
nunca llegar√°. Sin embargo, en la parte m√°s novedosa de su filosof√≠a, el estudio de las 
entra√Īas de lo humano, la autora ha sabido ordenar, clasificar y enlazar las ideas 
zambranianas d√°ndoles una s√≥lida cohesi√≥n en una dimensi√≥n racional no habitual, y en la 
que su expresi√≥n se justifica y explica con el apoyo de versos, comentarios e ideas de poetas, 
fil√≥sofos y especialistas de otros √°mbitos del conocimiento. As√≠ las expresiones simb√≥licas de 
Mar√≠a Zambrano, dif√≠ciles de comprender y aceptar por una filosof√≠a tradicional, adquieren 
pleno sentido con el apoyo y refrendo de las frases e ideas de escritores de √©pocas antiguas y 
actuales. 
Este m√©todo original de Pi√Īas Saura hace del libro rese√Īado, El espejo de la llama, un 
instrumento necesario para entender y para completar la idea que cada uno se pueda formar al 
leer la obra filos√≥fica de Mar√≠a Zambrano. 
Hemos dicho que este libro no es ya una tesis doctoral, sino su adaptaci√≥n para ser 
publicado. Imaginamos el esfuerzo de s√≠ntesis de la autora y el recorte bibliogr√°fico de citas, 
fuentes y textos. El espacio es uno de los condicionantes que hoy limitan la expresi√≥n de un 
trabajo largamente elaborado y que leyendo entre l√≠neas el lector comprende enseguida cu√°nta 
ha debido ser su extensi√≥n. Ello puede explicar que en el libro no veamos una bibliograf√≠a 
final, recomendable para una pr√≥xima edici√≥n, as√≠ como el recoger las referencias completas 
de algunos estudios citados que no se han incluido (Sonia Prieto) y las citas exactas y 
completas de cuantos versos, aforismos y comentarios se recogen a lo largo del libro. La 
necesidad de esta inclusi√≥n viene justificada no s√≥lo para una perfecta documentaci√≥n, sino 
para que el lector pueda acudir a esas fuentes con m√°s rapidez, y, en su caso, contrastar 
algunas afirmaciones. Por ejemplo: se dice en p√°gina 17: ‚ÄúEn ella nos encontramos un 
condescender a la dolorida realidad, una Nekya (debe ir en cursiva al no ser una palabra 
castellana) o descenso a los √≠nferos del alma para lograr un sentir iluminante‚ÄĚ. El t√©rmino 
griego  Nekya  o N√©kyia no significa ‚Äúdescenso‚ÄĚ, sino ‚Äúevocaci√≥n de los muertos‚ÄĚ; es una 
palabra que se relaciona con nekr√≥s: ‚Äúcad√°ver‚ÄĚ, ‚Äúmuerto‚ÄĚ. Es cierto que Zambrano habla del 
descenso a los infiernos, pero no se ha de confundir ‚Äúdescenso a los infiernos‚ÄĚ con la 
‚Äúinvocaci√≥n a los muertos‚ÄĚ. La N√©kyia es el t√≠tulo griego con el que se conoce el canto 
und√©cimo de la Odisea hom√©rica y de estas evocaciones de los muertos, o mejor dicho, de las 
almas de los muertos, se habla tambi√©n en Diodoro de Sicilia (4, 39), en Herodiano (4, 12.8), 
Plutarco (Moralia, 740e), Luciano (Nigrino, 30), etc. En griego el t√©rmino que designa 
descenso, incluso el ‚Äúdescenso a los infiernos‚ÄĚ es kat√°basis y lo testimonian Her√≥doto (7, 
223), Polibio (3, 54.5), Diodoro de Sicilia (14, 25), siendo Is√≥crates el que lo usa 
espec√≠ficamente para referirse al ‚Äúdescenso a los infiernos‚ÄĚ en dos pasajes (211e y 215e). Por 
tanto, es conveniente la precisi√≥n en el uso de esos t√©rminos. De hecho, el librito publicado 
por el Instituto de Bachillerato ‚ÄúSisla‚ÄĚ (Sonseca, Toledo) con un ensayo de Mar√≠a Zambrano 
se titula Un descenso a los infiernos, en el que la fil√≥sofa madrile√Īa comenta El laberinto de 
la soledad
 de Octavio Paz. Otro ejemplo en el que convendr√≠a precisar la afirmaci√≥n es la cita 
atribuida a Lezama Lima (sin concretar) de p√°g. 31 cuando afirma: ‚Äúsaber es saborear -sabor, 
sabidur√≠a, sal, saltar, danzar-, eran para los griegos una sola palabra, como dice Lezama 
Lima‚ÄĚ. No es exactamente as√≠. Precisemos a Lezama Lima a trav√©s de la autora, si la cita es 
correcta. Para los griegos ‚Äúsaborear‚ÄĚ (ge√Ĺomai) era una cosa y ‚Äúsaber‚ÄĚ (ep√≠stamai,  √≥ida  -
verbos-, epist√©me, e√≠dema / e√≠desis -sustantivos-), otra; por otro lado, ‚Äúsabor‚ÄĚ (ge√ļsis, ge√Ľma
tampoco tiene nada que ver con ‚Äúsabidur√≠a‚ÄĚ (soph√≠a), ni ‚Äúsal‚ÄĚ (h√°ls) guarda relaci√≥n con 
‚Äúsaltar‚ÄĚ (ped√°o) ni con ‚Äúdanzar‚ÄĚ (khore√Ĺo,  orkh√©omai), pues como se ve, son ra√≠ces 
completamente distintas. Lo que tal vez se ha querido decir (sea o no Lezama Lima el autor 
 
67

 
 
de esta atribuci√≥n) es que para los latinos (no para los griegos) sapere (infinitivo latino) es el 
mismo verbo que en castellano ‚Äúsaber‚ÄĚ; es de esa voz latina de donde procede nuestro verbo 
en su doble significado de ‚Äútener sabor a‚ÄĚ y de ‚Äútener juicio de‚ÄĚ, ‚Äúentender‚ÄĚ, exactamente 
igual que ocurr√≠a en lat√≠n. Pero, por otro lado, el verbo latino sapio (sapere > ‚Äúsaber‚ÄĚ), cuya 
ra√≠z se vincula con la del t√©rmino griego soph√≥s, ‚Äúsabio‚ÄĚ y soph√≠a, ‚Äúsabidur√≠a‚ÄĚ, no guarda 
ninguna relaci√≥n con las palabras latinas sal (genitivo salis, ‚Äúsal‚ÄĚ), salio (infinitivo salire
‚Äėsaltar‚Äô) y salto (infinitivo saltare, ‚Äėdanzar‚Äô, frecuentativo de salio), que s√≠ pertenecen a una 
misma ra√≠z indoeuropea, que en griego corresponde a la antes citada de h√°ls (‚Äúsal‚ÄĚ). Por tanto, 
entendemos que en esa afirmaci√≥n hay un doble error: uno, atribuir a los griegos una 
semejanza que se da s√≥lo en lat√≠n; otro, no hay comunidad de origen en esos t√©rminos, sino 
dos or√≠genes diferentes: uno para saber y sabor (sapere), otro para sal, saltar y danzar en 
cierto tipo de fiestas. 
Estos peque√Īos detalles, atribuibles a las fuentes de donde se ha tomado la referencia, 
no desmerecen la excelente calidad del libro, su contenido y la abundante cantidad de 
referencias, pues con ello su autora facilita al lector contextualizar el pensamiento y la obra de 
Mar√≠a Zambrano en las vanguardias art√≠sticas e intelectuales del siglo XX. 
S√≥lo nos resta agradecer a la autora el esfuerzo realizado y la generosidad intelectual 
volcada en la elaboraci√≥n de este estudio, as√≠ como felicitarla por el apasionado sentimiento 
que transmite en sus p√°ginas. Podr√≠amos concluir con una frase simb√≥lica, pues para nosotros 
este enriquecedor libro representa la llama ardiente de Mar√≠a Zambrano reflejada en el espejo 
po√©tico de Mar√≠a del Carmen Pi√Īas Saura. 
 
Luis Miguel Pino Campos 
 
 
POLO, Miguel √Āngel: La morada del hombre. Ensayos sobre la vida √©tica. Lima, Editorial de 
la U.N.M.S.M., 2004. 
 
Miguel √Āngel Polo es profesor de la universidad de San Marcos de Lima. Ha escrito 
sobre √©tica en diversas revistas especializadas, y dos libros suyos recogen su producci√≥n hasta 
el momento. Su tesis de filosof√≠a vers√≥ sobre la √©tica budista, con lo que la √©tica, la filosof√≠a 
oriental y la filosof√≠a de la religi√≥n son sus principales √°reas de investigaci√≥n. El libro que 
tenemos ante nosotros recoge reflexiones sobre las dos primeras: es una recopilaci√≥n de 
art√≠culos que guardan una estrecha unidad tem√°tica y argumental, por lo que parecen cap√≠tulos 
expresamente concebidos para la arquitectura del libro. 
El autor lo divide en doce cap√≠tulos, pero √©ste tiene una estructura ternaria en partes 
m√°s o menos equivalentes: cincuenta p√°ginas introductorias (hasta el cap√≠tulo 5), sesenta de 
desarrollo (cap√≠tulos 6, 7 y 8) y otras cincuenta conclusivas, hasta el final. Esta 
macropuntuaci√≥n no es la de la disertaci√≥n ni es teatral tampoco, pues la segunda parte ni es 
el desarrollo de la introducci√≥n ni es el nudo de la trama; es m√°s bien una estructura musical 
donde la primera parte, a modo de obertura, expone juntos todos los temas, la segunda los 
expone por separado con todas sus variaciones y la tercera concluye, a modo de s√≠ntesis, la 
l√≠nea argumental. 
Se queja el autor de la inmoralidad actual de quienes criticaron en el pasado el 
gobierno inmoral de Fujimori (p√°g. 13). La sorpresa e indignaci√≥n que eso le produce le hace 
volver la vista al ethos griego, entendido como morada humana (personal, social, ecol√≥gica): 
de ah√≠ el t√≠tulo del libro, que pretende articular las tres grandes tradiciones √©ticas (virtudes, 
deberes y valores) conectando la moral con la antropolog√≠a social; el resultado es la moral de 
la ‚Äúvida atenta‚ÄĚ, forjada por el autor. Si ‚Äúla moral es lo recibido por la tradici√≥n‚ÄĚ (‚Äúel √°mbito 
personal-social donde experimentamos con valores, normas, juicios‚ÄĚ), la √©tica es ‚Äúel arte de 
 
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aprender a vivir bien‚ÄĚ (p√°g. 19); la tarea del eticista ser√≠a triple: comprender y evaluar 
(justificando o criticando) la moral heredada, y proponer nuevos caminos (p√°g. 21). Todo ello 
exige imbricar, inspir√°ndose en Aranguren, la moral pensada con la moral vivida (p√°g. 39). El 
ser humano es un ser ‚Äútrascendente‚ÄĚ, es decir ‚Äúabierto a todo lo que es‚ÄĚ (p√°g. 24): a la 
naturaleza (conectando la mente con el cuerpo), a los otros seres humanos, y a lo sagrado. 
Hay claras referencias budistas confesadas por el autor, lo que le hace rescatar de 
Krishnamurti el concepto de ‚Äúunitotalidad‚ÄĚ. La √©tica es, pues, ‚Äúel cuidado de la morada‚ÄĚ (p√°g. 
30); la moral ser√≠a, frente a este pensar y vivir nuestra plenitud, las ‚Äúnormas, ideales, valores, 
sentimientos, creencias, juicios morales‚ÄĚ socialmente heredados; nacemos dentro de una 
cultura y la vivimos siendo ‚Äúcreativos dentro de esa tradici√≥n‚ÄĚ (p√°g. 32). En esa polaridad 
entre la tradici√≥n (situaci√≥n o circunstancia) y la libertad (el yo o el humanismo) reconocemos 
el humanismo situacional del gran maestro Francisco Mir√≥ Quesada Cantuarias; s√≥lo que √©ste 
se queda al final con el humanismo solo, y Miguel √Āngel Polo rescata el contexto situacional 
que corre riesgo de quedarse olvidado en el camino. 
Pero la modernidad ha creado individuos descontextualizados: el autor, al proponer 
una ‚Äúvida atenta‚ÄĚ al entorno dentro de un estar-en-el-mundo heideggeriano, parece deslizarse 
hacia el posmodernismo. El m√©todo cient√≠fico quiz√° debe completarse con el sist√©mico, pero 
quiz√° tambi√©n deba recurrir a la poes√≠a: al modo como Verlaine y los impresionistas quer√≠an 
captar la fugacidad del momento (y, sin embargo, congelar el fluir de las cosas es detener el 
flujo). El empe√Īo de Miguel Polo, si bien es encomiable, roza peligrosamente la utop√≠a. El 
esp√≠ritu sist√©mico, de ambici√≥n totalizante y riesgo totalitario, asoma cuando se quiere 
convertir la moral en ‚Äúvaso comunicante entre las distintas esferas de la vida humana‚ÄĚ (p√°g. 
43), y este esfuerzo herc√ļleo tiene la clarividencia de la cautela en la pluma del autor: 
‚Äútradici√≥n que no dialoga (...) se fragmenta, se desarticula y autodestruye‚ÄĚ (p√°g. 44); pero lo 
mismo le pasa a la tradici√≥n que dialoga, porque la raz√≥n, como dice Mir√≥ Quesada, tiene una 
poderosa fuerza disolvente. Desde luego hay que huir de una moral ahogada en lo jur√≠dico y 
econ√≥mico (la del imperio incaico: p√°g. 42) y acercarse con cuidado a una subjetividad que, 
como dice Jos√© Antonio Marina, ‚Äúest√° dividida en una fracci√≥n pulsional y una fracci√≥n 
hablada (...) a un lado est√°n los deseos. A otro, los deberes‚ÄĚ (p√°g. 48). ‚ÄúLlamamos 
‚Äėautonom√≠a‚Äô contextualizada‚ÄĚ, dice Miguel √Āngel Polo, ‚Äúa ese camino medio donde se 
encuentran el marco de referencia (tradici√≥n y comunidad) con nuestra leg√≠tima aspiraci√≥n a 
la autorrealizaci√≥n o autenticidad‚ÄĚ (p√°g. 58). La vigilia de la raz√≥n ha producido los mismos 
monstruos (totalitarismo marxista) que el sue√Īo de la raz√≥n (fascismo). Y Miguel √Āngel Polo 
hace bien en criticar las insuficiencias de la raz√≥n, como S√≥crates critic√≥ las de la democracia; 
pero tiene que estar muy atento porque ante √©l se deslizan, en los caminos angostos y 
posmodernos, los abismos de la sinraz√≥n. Frente a Descartes, la modernidad kantiana era 
consciente de sus l√≠mites, pero todav√≠a era inaccesible al sentimiento; ¬Ņser√≠a posible una raz√≥n 
cr√≠tica que, en su pureza, abriera los ojos a su propio estar en el mundo desde el horizonte de 
la sensibilidad? 
Las virtudes.  La parte central est√° dedicada a las tres grandes teor√≠as √©ticas que 
dominan la historia: la √©tica de las virtudes, inspirada en Arist√≥teles, que prevalece hasta el 
siglo XVII (cap√≠tulo 6); la de los deberes, inaugurada por Kant en el XVIII (cap√≠tulo 7); y la de 
los valores, de inspiraci√≥n plat√≥nica, surgida en el XIX (cap√≠tulo 8). La tradici√≥n es ‚Äúuna 
argumentaci√≥n desenvuelta en el tiempo‚ÄĚ, donde los acuerdos ‚Äúson redefinidos a trav√©s de 
conflictos‚ÄĚ (p√°g. 78). Ahora bien, la cr√≠tica moral opera desde un horizonte ‚Äúque abarque 
todas las tradiciones, que es la humanidad‚ÄĚ; ‚Äúel sentido de nuestra vida comunitaria se 
completa con el ideal de humanidad‚ÄĚ (p√°g. 81). Un deseo piadoso que Miguel Polo formula 
en la √≥rbita de MacIntyre, y que superar√≠a la tensi√≥n unamuniana entre tradici√≥n castiza y 
tradici√≥n eterna; pero irrealizable, porque el propio Ortega se encarga de aclarar que esa suma 
de todas las perspectivas en que consistir√≠a la cr√≠tica moral es Dios; dicha cr√≠tica, por lo tanto, 
 
69

 
 
no es de este mundo. ¬ŅC√≥mo mantenerse en la virtud si la cr√≠tica moral supone un cruce de 
perspectivas que no es de este mundo? Miguel √Āngel Polo acierta en el diagn√≥stico pero 
yerra, creo yo, en el tratamiento terap√©utico del asunto. 
Los deberes. El agotamiento de la √©tica del deber inaugurada con Kant conduce, por 
otra parte, a una √©tica light que prescinde de fundamentaci√≥n racional de la moral: una raz√≥n 
d√©bil. Cuando el autor supone con Krishnamurti que ‚Äúeste presente contiene el pasado y el 
futuro‚ÄĚ (p√°g. 92), uno se pregunta si no se trata de un collage de palabras transmisoras de 
contenidos huecos, como ya en su d√≠a denunci√≥ V√°zquez Montalb√°n. Y si ‚Äúel despliegue de 
las potencialidades individuales sin un sentido de humanidad puede realizarse en contra de los 
otros seres humanos‚ÄĚ, y justifica las barbaries de Hitler y Stalin, Miguel Polo concluye con 
Emmanuel Levinas que hay que asumir un absoluto: ‚Äúel imperativo de humanidad‚ÄĚ (p√°g. 94); 
‚Äúlos derechos humanos son exigencias m√≠nimas necesarias para valorar una sociedad como 
justa‚ÄĚ (p√°g. 95). La fuente de la obligaci√≥n no es la conciencia racional, sino la vida atenta: 
conjugando (p√°g. 97) raz√≥n y aspectos no racionales de la vida como los sentimientos, la 
intuici√≥n, el deseo, las ilusiones, las esperanzas, etc. (Obs√©rvese que para Mir√≥ Quesada, en 
oposici√≥n a Bergson, la intuici√≥n es, junto a la formalizaci√≥n, uno de los aspectos centrales de 
la raz√≥n, nunca una actividad irracional; Plat√≥n es el responsable de esta ocurrencia). 
Los valores.  Buscando una moral no derivada de la experiencia, Kant rechaz√≥ las 
virtudes; por eso el neokantismo descubrir√° los valores separados del ser, y convertir√° las 
virtudes en valores ajenos a la experiencia: la justicia seguir√° valiendo aun cuando no exista 
ning√ļn ser humano justo (p√°g. 102); oponi√©ndose al positivismo que juzga (p√°g. 79) que ‚Äúuna 
persona virtuosa sin actos realizados no tiene sentido‚ÄĚ. El sentido de los valores requiere 
devolverlos a sus contextos; de ah√≠ los intentos de Ana L√≥pez y Carlos D√≠az de ligar los 
valores con las virtudes (p√°gs. 112, 110, respectivamente). Por eso ‚Äútoda propuesta de 
educaci√≥n en valores que no incluya el trabajo con las virtudes ser√° deficiente‚ÄĚ (p√°g. 116), ya 
que los valores descontextualizados producen angustia y frustraci√≥n; al repartir el polite√≠smo 
axiol√≥gico sin unidad orientadora, los educadores dan ‚Äúla impresi√≥n que el mundo de los 
valores es simplemente una gran oferta de productos que cada individuo debe elegir‚ÄĚ. 
Moral de la atenci√≥n. Cuanto precede deja perfilada la propia formulaci√≥n del autor: 
se trata de la vida atenta; ‚Äúla idealidad de los valores, la obligatoriedad de los deberes y la 
contextualidad de las virtudes pueden ser acoplados en una √©tica de la atenci√≥n‚ÄĚ (p√°g. 127). 
La atenci√≥n es la virtud fundamental: unifica y da sentido a las dem√°s virtudes. 
‚ÄúParafraseando a Kant: virtudes, normas y valores sin atenci√≥n son ciegos, la atenci√≥n sin las 
anteriores es hueca‚ÄĚ (p√°g. 128). La atenci√≥n es (p√°g. 124) ‚Äúel cuidado por el otro y por uno 
mismo, cultivo de la mirada y de la sensibilidad‚ÄĚ; no se trata de ‚Äúbuscar mi excelencia 
personal a costa de otros, sino de abrir nuestra mente y coraz√≥n mediante una mirada directa y 
compasiva hacia lo que es‚ÄĚ. Todo ello requiere una √©tica de m√°ximos o de la felicidad 
(momento teleol√≥gico) y una √©tica de m√≠nimos o de la justicia (momento deontol√≥gico); la 
dignidad de la persona (p√°g. 140) es un m√≠nimo moral, pero hace falta tambi√©n una actitud 
atenta a las comunidades culturales, que hacen sus propias fundamentaciones. En efecto, si 
los m√≠nimos se establecen por opini√≥n de la mayor√≠a, ‚Äúeso ya excluye a las minor√≠as‚ÄĚ (p√°g. 
142). Libertad, igualdad, fraternidad; entendiendo esta √ļltima a la vez como solidaridad de 
grupo y solidaridad con todos los seres humanos (el comunitarismo no est√°, pues, re√Īido con 
la universalidad). Si el Per√ļ es un pa√≠s multicultural, ¬Ņcu√°les son los m√°ximos de la sociedad 
peruana? ‚ÄúLa vida √©tica (...) se va conformando a trav√©s de interrogaciones a nuestro marco 
cultural‚ÄĚ (p√°g. 165), sin olvidar que (p√°g. 162) ‚Äúuna moral que busca conformar al individuo 
a los patrones sociales, as√≠ como desecharlos, produce inmoralidadad‚ÄĚ. Moral es morada 
interior y exterior, hogar: de ah√≠ que sea necesaria la ecolog√≠a; si la contaminamos, ¬Ņc√≥mo 
podremos vivir en paz? 
Los antecedentes de esta propuesta son el budismo, Krishnamurti (p√°g. 122), L√©vinas 
 
70

 
 
y Heidegger o la √©tica del cuidado (p√°g. 128). ¬ŅD√≥nde queda la raz√≥n? En una encrucijada de 
premodernidad, modernidad y posmodernidad. Miguel √Āngel Polo propone ‚Äúproducir una 
s√≠ntesis de los discursos premodernos y modernos‚ÄĚ (p√°g. 122). Dependiendo de c√≥mo d√© 
contenido Miguel √Āngel Polo a esta declaraci√≥n de principios, su propuesta ser√° collage 
ecl√©ctico de palabras sin conceptos (a lo V√°zquez Montalb√°n) o superaci√≥n conceptual de los 
l√≠mites de la raz√≥n moderna sin renunciar a ella, pero sin reducirse a ella tampoco (rescatando 
racionalmente el sentimiento). ¬ŅC√≥mo cuajar√° la moral de la atenci√≥n? Estaremos atentos a 
sus futuras concreciones, pues es bien sabido que el diablo est√° en la letra peque√Īa. 
El tema de nuestro tiempo es hoy la necesidad de criticar la raz√≥n sin caer en el 
involucionismo (S√≥crates, criticando la democracia, pasa a los ojos de muchos por 
antidem√≥crata); y cuando planteamos la moral como un vaso comunicante (p√°g. 43), el 
esfuerzo puede parecer tit√°nico. Creo que es suficiente elogio para un autor advertir que ha 
planteado de manera coordinada tan apasionantes problemas. Elogio que hay que hacer 
extensivo a su claridad estructural: pues en la exposici√≥n de las tres grandes tradiciones √©ticas 
se observa un esqueleto arquitect√≥nico tan s√≥lido como sencillo; algo que no aflora con tanta 
evidencia en algunas introducciones a la √©tica que s√≠ lo podr√≠an plantear. 
 
Mariano Mart√≠n Isabel 
 
 
Revista de Estudios Orteguianos. Madrid, Fundaci√≥n Ortega y Gasset, n¬ļ 10/11, 2005. 
 
El a√Īo 2005, cincuentenario de la muerte de Ortega, ha puesto de relieve dos 
realidades: que el fil√≥sofo, despu√©s de d√©cadas de malentendidos e incomprensi√≥n, ha 
encontrado el lugar que le corresponde en la historia del pensamiento y del pensamiento 
espa√Īol, y el rigor y la precisi√≥n en los estudios orteguianos puesta en evidencia con la 
publicaci√≥n de la nueva edici√≥n de Obras Completas. De estas dos realidades da buena cuenta 
el n√ļmero doble (10/11) de La Revista de Estudios Orteguianos
A los habituales apartados de la Revista, ya desde el n√ļmero anterior se suma uno 
dedicado a la nueva edici√≥n de Obras Completas, que en este caso corre a cargo de Francisco 
Jos√© Mart√≠n, quien demuestra la utilidad y pertinencia de esta nueva edici√≥n, que se rige por el 
criterio de articular ‚Äúla forma interna‚ÄĚ de la obra, que no es otra cosa que la relaci√≥n natural 
que los textos establecen con el conjunto de la obra del autor, y la ‚Äúforma externa‚ÄĚ o su 
relaci√≥n con el horizonte hist√≥rico en que fueron escritos. En esta direcci√≥n el ensayo sobre 
Azor√≠n publicado en 1917 se comprende como un proyecto integrador que genera una nueva 
unidad textual, partiendo de dos textos escritos en diferentes √©pocas: 1916 la primera parte y 
1913, la segunda. Proyecto integrador porque en los textos de 1913 encuentra Ortega una 
coincidencia entre el h√©roe cotidiano de Azor√≠n y el distanciamiento de la voluntad pura que 
se produce en su reflexi√≥n a ra√≠z de su tercer viaje a Alemania y su alejamiento del 
neokantismo. 
En el apartado ‚ÄúDocumentos de Archivo‚ÄĚ, nos encontramos con unas oportunas 
‚ÄúNotas de trabajo sobre Cervantes y El Quijote‚ÄĚ, en una cuidada edici√≥n, que ya es una se√Īa 
de identidad de la Revista, y que en esta ocasi√≥n tiene los nombres de Jos√© Ram√≥n Carriazo y 
Mar√≠a Isabel Ferreiro. Se respeta el ordenamiento establecido en las carpetas correspondientes 
y mediante un amplio aparato de notas, se nos remite ya a la referencia exacta del libro 
mencionado por Ortega o, en caso de que sea una idea contenida en el corpus de su obra, al 
lugar exacto que ocupa en las Obras Completas. En el mismo apartado, Ignacio Blanco 
Alfonso nos ofrece un art√≠culo ‚ÄúOto√Īo de 1955: conmoci√≥n por la muerte de Jos√© Ortega y 
Gasset‚ÄĚ, en el que encontramos una complet√≠sima documentaci√≥n gr√°fica y escrita sobre la 
repercusi√≥n de la muerte de Ortega en la prensa espa√Īola y extranjera y en el que de forma 
 
71

 
 
definitiva se destierran algunas ideas falsas reproducidas por los periodistas franquistas como 
la de una posible reconciliaci√≥n del fil√≥sofo con la Iglesia cat√≥lica en sus √ļltimos momentos. 
El apartado de ‚ÄúArt√≠culos‚ÄĚ presenta una gran variedad, dando cuenta de la apertura 
tem√°tica que se est√° produciendo en la investigaci√≥n sobre la obra de Ortega. Jos√© Mar√≠a 
Laborda reflexiona sobre el contexto cultural y las causas que motivaron los ensayos sobre 
est√©tica y m√ļsica de Ortega. Francisco M. Carriscondo realiza una labor de b√ļsqueda por todo 
el  corpus orteguiano de sus meditaciones sobre la creatividad l√©xico-sem√°ntica y los 
resultados de su aplicaci√≥n, descubriendo ideas muy interesantes sobre el diccionario. Juan 
Miguel S√°nchez Vigil analiza la labor editora de Ortega que abarca tanto su papel como 
director editorial de Calpe, como su relaci√≥n con los autores y el lanzamiento de la Revista de 
Occidente
 en Am√©rica desde la delegaci√≥n de Calpe en Argentina. Finalmente, uno de los 
temas m√°s dif√≠ciles de la obra orteguiana, sus relaciones con el fil√≥sofo Leibniz son 
analizadas en dos art√≠culos: ‚ÄúCervantes y Ortega; el secreto de Espa√Īa‚ÄĚ donde Agust√≠n 
Andreu reflexiona sobre la influencia de la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza y su metaf√≠sica 
panente√≠sta en el joven Ortega y ‚ÄúEl principio, los principios, el optimismo‚ÄĚ, a cargo de Juan 
Carlos Jim√©nez Garcia. 
En el primer art√≠culo, Andreu defiende que es la influencia de la I.L.E. la que 
posibilita que el joven fil√≥sofo supere su inicial an√°lisis catastrofista sobre la situaci√≥n 
espa√Īola, heredero de los hombres del 98, para construir un nuevo concepto de pueblo. Dicho 
concepto no se basar√° ya en la psicolog√≠a sino en una sensibilidad metaf√≠sica anclada en las 
corrientes del subsuelo y que encontrar√≠a en El Quijote ese amor a lo trivial como manera de 
sentir el Universo y estar en el mundo. Esta actitud originaria, seg√ļn interpretaci√≥n de 
Andreu, ser√≠a la raz√≥n del desistimiento espa√Īol, interpretado no como decadencia sino como 
resistencia a ciertos valores de la modernidad. Juan Carlos Jim√©nez Garc√≠a por su parte, se 
ocupa del debatido optimismo de Leibniz, analizando los conceptos del principio de lo mejor 
y la ley de continuidad, desde la asunci√≥n que de tales principios lleva a cabo Ortega en su 
filosof√≠a. Para el fil√≥sofo espa√Īol la raz√≥n que justifica la ley del principio de lo mejor y da 
cuenta de su paso de lo posible a lo real no es otra que ‚Äúlo que parece mejor a cada hombre en 
su vivir‚ÄĚ llevando a cabo una interpretaci√≥n m√°s modesta o limitada que la del propio 
Leibniz, para quien toda justificaci√≥n de que ‚Äúno todo posible existe‚ÄĚ no puede marginar el 
infinito. Por otra parte la ley leibniciana de la continuidad o mejorabilidad, implica que no 
hay mundo posible por perfecto que sea que no pueda ser superado por otro, lo que asesta un 
duro golpe a cualquier forma de utop√≠a, y lleva a Ortega a concluir que lo que hay no es el ser 
sino ‚Äúun conato de ser‚ÄĚ. 
En el apartado ‚ÄúLa escuela de Ortega‚ÄĚ, encontramos un texto entra√Īable de Fernando 
Vela, ‚ÄúEvocaci√≥n de Ortega‚ÄĚ, presentado por Azucena L√≥pez Cobo y publicado en Sur en 
1956. Fernando Vela recuerda al hombre y al maestro del que ley√≥ su primer art√≠culo a los 
quince a√Īos en El Imparcial y cuyo magisterio regir√° su vida, tanto profesional -fue 
colaborador y secretario de la Revista de Occidente- como intelectual. La espontaneidad y 
riqueza de sus recuerdos nos ofrecen, no s√≥lo una meditaci√≥n sobre la muerte en la que resalta 
las semejanzas entre Clar√≠n y Ortega, sino tambi√©n un cuadro muy v√≠vido del despertar de la 
Espa√Īa de principios del siglo XX, donde se desarrolla la formaci√≥n intelectual de Ortega y el 
desencanto de los a√Īos cincuenta, cuando el fil√≥sofo contempla que el hombre occidental no 
s√≥lo no ha sabido dar altura a su existencia, sino que se ha sumido en la estupidez y la 
brutalidad. 
En el apartado ‚ÄúCl√°sicos sobre Ortega‚ÄĚ, presentado por Jos√© Lasaga Medina, se 
muestran dos textos muy diferentes y por ello complementarios. Los dos evocan la figura de 
Ortega y agradecen su magisterio: Xavier Zubiri en 1955 desde el peri√≥dico ABC y Victoria 
Ocampo un a√Īo despu√©s en La Torre
Xavier Zubiri en un texto muy sentido, apenas dos d√≠as despu√©s de la muerte de 
 
72

 
 
Ortega, tiene el acierto de poner a la luz la originalidad del fil√≥sofo: su distanciamiento de 
una filosof√≠a de la vida comprendida como lo irracional del hombre, para dinaminazarla como 
drama entre el yo y las cosas. 
Por otra parte, Victoria Ocampo, elabora su recuerdo de Ortega, leyendo sus cartas en 
un viaje que la traslada de Dakar a Barcelona: unas p√°ginas en las que el fil√≥sofo reflexiona 
sobre lo que es la verdadera autenticidad, que no es la mera espontaneidad, sino algo buscado 
con esfuerzo sincero. Una autenticidad, por otra parte, atravesada por la situaci√≥n pol√≠tica del 
momento que tambi√©n alcanzar√° a Victoria quien finaliza sus recuerdos reconociendo su 
deuda impagable con Ortega. 
En el apartado final de rese√Īas y tesis doctorales, se confirma ese buen momento de 
los estudios orteguianos que anunciamos al principio de nuestro escrito. Nuevas ediciones de 
la obra del fil√≥sofo no s√≥lo en Espa√Īa sino fuera de nuestras fronteras. Javier San Mart√≠n 
comenta la edici√≥n del Tomo III de Obras Completas, Jaime de Salas lo hace de la nueva 
edici√≥n de Meditaciones del Quijote de Jos√© Luis Villaca√Īas, Andr√©s de Blas aplaude la feliz 
idea de editar dos discursos, de Ortega y Aza√Īa respectivamente, sobre el Estatuto de 
Catalu√Īa de 1932. √Āngel Casado comenta la edici√≥n en portugu√©s de ‚ÄúMissao da 
Universidade e outros textos‚ÄĚ elaborada por I√Īaki Gabar√°in. Finalmente se rese√Īan estudios 
sobre Ortega de ya renombrados orteguianos: Humanismo y nuevas tecnolog√≠as de Jos√© Luis 
Molinuevo; Concordantia orteguiana de Fresnillo N√ļ√Īez; Ortega y Gasset: la obligaci√≥n de 
seguir pensando
 de Hern√°ndez Saavedra; Unamuno y Ortega, la  b√ļsqueda azarosa de la 
verdad
 de √Ālvarez G√≥mez; La escritura elegante. Narrar y pensar a cuento de la filosof√≠a de 
Rodr√≠guez Genov√©s; y Juan Antonio Rodr√≠guez Hu√©scar o la apropiaci√≥n de una filosof√≠a de 
Padilla Moreno. 
Cierra la Revista un apartado rese√Īando las tesis doctorales sobre Ortega le√≠das en el 
2003 y 2004: ‚ÄúEl pragmatismo de Ortega: una impronta de su filosof√≠a‚ÄĚ de Eduardo 
Armenteros, y ‚ÄúJos√© Ortega y Gasset: mito y construcci√≥n de la obra alemana de Ortega hasta 
1945‚ÄĚ de Gesine M√§rtens; y una completa bibliograf√≠a orteguiana del 2004 que abarca la 
publicaci√≥n de in√©ditos, ediciones, reediciones, traducciones y estudios sobre Ortega. 
 
Mar√≠a Luisa Maillard Garc√≠a 
 
 
RIVERO RODR√ćGUEZ, Manuel: La Espa√Īa de Don Quijote. Un viaje al Siglo de Oro. Madrid, 
Alianza, col. Libro de bolsillo, n¬ļ H4234, 2005, 493 p√°gs. ISBN: 84-206-5869-3. 
 
Este libro se presenta como una visi√≥n panor√°mica del tiempo en el que vivi√≥ 
Cervantes y el contexto de las aventuras de sus personajes. Su originalidad radica en tratar de 
explicar dicho periodo desde sus propios t√©rminos, huyendo de las convenciones cl√°sicas que 
abordan el estudio de la Historia dividi√©ndola y analiz√°ndola conforme a nuestras categor√≠as 
mentales (como figuran, por ejemplo, en las secciones de un peri√≥dico): sociedad, econom√≠a, 
relaciones internacionales, pol√≠tica nacional, arte y cultura. Aqu√≠ el planteamiento es distinto, 
los recorridos son transversales, siguiendo la l√≥gica del razonamiento y la visi√≥n del mundo 
de los hombres de los siglos XVI y XVII. En este sentido, se parte de una concepci√≥n singular 
de la Historia como instrumento que permite relativizar el presente y sus problemas, 
marcando distancia con el pasado (un lugar donde las cosas se hac√≠an de otra manera). Los 
400 a√Īos transcurridos desde la publicaci√≥n del Quijote marcan una distancia suficiente como 
para darnos cuenta de que detr√°s de la falsa familiaridad, de los lugares comunes y de la cosa 
sabida se esconde un territorio casi desconocido: La Espa√Īa de los reinados de Felipe II y su 
hijo, Felipe III. As√≠ pues, no se trata de un libro sobre la obra cervantina, tampoco una gu√≠a 
para la comprensi√≥n del Quijote, ni siquiera una lectura del libro como testimonio de su 
 
73

 
 
tiempo, su objetivo es describir el contexto en el que vivi√≥ Cervantes, el lugar en el que situ√≥ 
su creaci√≥n. Por tal motivo el autor divide la obra en los que -a su juicio- son los cinco rasgos 
que definen ese tiempo y lugar: La relaci√≥n con el rey, la intolerancia, las naciones, el 
sustento y la guerra. Elementos que est√°n presentes de manera continuada en el mundo mental 
de Don Quijote y sus contempor√°neos. Asumiendo el riesgo que entra√Īa salir de los t√≥picos y 
las convenciones dispuestas por la tradici√≥n para explicar la Historia Moderna de Espa√Īa, el 
autor sale airoso con su propuesta y consigue situar al lector en esa atm√≥sfera, en esa 
particular geograf√≠a mental de los hombres del Siglo de Oro mediante una prosa cuidada, a 
veces densa y tambi√©n amena. 
 
Jos√© M. Mill√°n 
 
 
ROMERO  BAR√ď, Jos√© Mar√≠a (Coord):  Homenaje a Alain Guy. Barcelona, Publicacions i 
edicions de la Universitat de Barcelona, 2005. 
 
La obra que aqu√≠ vamos a rese√Īar quiere ser la continuaci√≥n del homenaje que la 
Universidad de Barcelona rindi√≥ en 1989 al todav√≠a vivo entonces Alain Guy. Los once 
autores de esta publicaci√≥n, coordinados por Jos√© Mar√≠a Romero Bar√≥, han querido expresar 
‚Äúde una manera sencilla pero a la vez sincera‚ÄĚ su agradecimiento a quien consagr√≥ su vida 
entera al estudio de la filosof√≠a espa√Īola e hispanoamericana. Este agradecimiento se ha 
expresado en esta obra de dos formas diferentes pero de igual val√≠a. Una es aportando nuevas 
investigaciones sobre hispanismo para completar la labor emprendida por el maestro Guy. Es 
el caso de los trabajos de Jos√© Luis Abell√°n, Misericordia Angl√©s Cervell√≥, Antonio Heredia 
Soriano y Jos√© Luis Mora Garc√≠a. La otra nos acerca a la figura y al pensamiento del gran 
hispanista franc√©s desde distintas perspectivas, como ocurre en el caso de las aportaciones de 
Jean-Marc Gabaude, Antonio Jim√©nez Garc√≠a, Zdenek Kour√≠m, Enrique Rivera de Ventosa, 
Jos√© Mar√≠a Romero Bar√≥ y Jos√© L. Rozal√©n Medina. 
En el primer trabajo, titulado ‚ÄúTres figuras del desgarro: Refugiado, desterrado, 
exiliado‚ÄĚ, Jos√© Luis Abell√°n pone de relieve la ineludible condici√≥n social humana, y analiza 
desde tres posturas diferentes (la de Jos√© Gaos, la de Ortega y Gasset y la de Mar√≠a 
Zambrano) una de las vivencias m√°s tr√°gicas para el ser humano, pues los exilios, nos dice el 
profesor Abell√°n, son ‚Äúdesgarros del alma‚ÄĚ. Estos ‚Äúdesgarros‚ÄĚ pueden vivirse, a su juicio, 
desde ‚Äúposiciones existenciales muy divergentes unas de otras‚ÄĚ. As√≠ se puede ser ‚Äúrefugiado‚ÄĚ, 
como es el caso de Jos√© Gaos, quien se sinti√≥ acogido en su pa√≠s de destino con hospitalidad. 
Se puede ser tambi√©n ‚Äúdesterrado‚ÄĚ, como en el caso de Ortega y Gasset, quien nunca dej√≥ de 
sentir una profunda uni√≥n con su pa√≠s natal. Y por √ļltimo, se puede ser ‚Äúexiliado‚ÄĚ. El 
paradigma de esta tercera situaci√≥n existencial es el de Mar√≠a Zambrano y consiste en asumir 
el ‚Äúdesgarro‚ÄĚ hasta sus √ļltimas consecuencias y convertir as√≠ al exilio en una dimensi√≥n 
esencial de la condici√≥n humana. En la siguiente aportaci√≥n, ‚ÄúRam√≥n Turr√≥ y su valoraci√≥n 
positiva de la filosof√≠a de Balmes‚ÄĚ, de Misericordia Angl√©s Cervell√≥, se hace un an√°lisis sobre 
el inter√©s que despert√≥ en el cient√≠fico Ram√≥n Turr√≥ la filosof√≠a balmesiana, sobre todo en 
referencia al tema del origen del conocimiento. Este inter√©s est√° reflejado en el art√≠culo 
Criteriolog√≠a de Jaime Balmes de 1912 y el detonante del mismo es el art√≠culo La Philosophie 
de Balmes 
de Alberto G√≥mez Izquierdo. Jean-Marc Gabaude titula su trabajo ‚ÄúSituaci√≥n de la 
obra de Alain Guy al servicio de la filosof√≠a hisp√°nica e hispanoamericana‚ÄĚ. Este amigo y 
colaborador del hispanista franc√©s aplica la propia metodolog√≠a de AIain Guy a la hora de 
realizar su estudio sobre este. Esta metodolog√≠a se basa en situar al autor dentro de su 
circunstancia individual, lo cual facilita la mejor comprensi√≥n de su g√©nesis intelectual. 
Gabaude, aplicando este m√©todo, nos acerca a la figura de Alain Guy en su aspecto m√°s 
 
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profundamente humano. As√≠, nos desvela aspectos de su ni√Īez, adolescencia y juventud que 
nos llevan a comprender mejor el desarrollo de lo que fue su trayectoria intelectual, para pasar 
m√°s adelante a detallar los rasgos m√°s importantes de su obra. ‚ÄúLa filosof√≠a del sexenio 
democr√°tico (1868-1874)‚ÄĚ es la aportaci√≥n de Antonio Heredia Soriano. Aqu√≠ el autor analiza 
de forma muy detallada y documentada un per√≠odo al que considera una de las fuentes m√°s 
puras de la democracia hist√≥rica espa√Īola. Su inter√©s se centra, sobre todo, en la filosof√≠a que 
explica y fundamenta esta √©poca, puesto que como bien dice, todo r√©gimen pol√≠tico se 
sostiene sobre una determinada concepci√≥n del hombre, del mundo y de Dios. Las fuentes que 
Heredia utiliza para llevar a cabo esta investigaci√≥n son, por un lado, el an√°lisis de las leyes, 
decretos, √≥rdenes, circulares, discursos parlamentarios, etc., y por el otro, los planes y 
programas de estudio, los libros de texto, y tambi√©n la literatura filos√≥fica para-oficial. El 
autor empieza por sentar las bases de lo que son los principios comunes del nuevo r√©gimen, 
para pasar luego a analizar con precisi√≥n las tres fases que componen el Sexenio. Su 
conclusi√≥n es que existen dos filosof√≠as que fundan y apoyan las tres fases del sexenio, una es 
el espiritualismo y otra es el racionalismo. El siguiente estudio, ‚ÄúAlain Guy y el hispanismo 
tolosano‚ÄĚ es de Antonio Jim√©nez Garc√≠a y se trata de un cuidadoso recorrido por la labor 
investigadora del hispanista homenajeado, que aporta datos bibliogr√°ficos de mucho inter√©s 
para los estudiosos de la materia. Luis Jim√©nez Moreno colabora con ‚ÄúEl humanismo abierto 
de Alain Guy en sus fil√≥sofos espa√Īoles preferidos‚ÄĚ. La intenci√≥n de este art√≠culo es mostrar 
el modo de filosofar alainguyano, al que Jim√©nez califica de ‚Äúhumanismo abierto‚ÄĚ. El autor 
tambi√©n se detiene en estudiar aquellos fil√≥sofos que m√°s preocuparon a Guy y de los cuales 
se sinti√≥ m√°s cercano, como es el caso de Juan Luis Vives, Fray Luis de Le√≥n, Unamuno y 
Ortega y Gasset. Zdenek Kour√≠m en ‚ÄúIn memoriam Alain Guy (11.08.1918- 07.11.1998)‚ÄĚ 
hace balance de la m√ļltiples cualidades del fil√≥sofo franc√©s, tanto humanas como 
intelectuales. Destaca su gran erudici√≥n, el intenso trabajo intelectual que desarroll√≥, su 
frescor comunicativo, su fe en los valores de la cultura espa√Īola, su antidogmatismo, su 
preocupaci√≥n por la objetividad, sus autores favoritos, sus maestros, etc. El autor, que 
considera a Guy un fil√≥sofo comprometido a favor del pleno desarrollo del hombre, le 
encuadra dentro de un ‚Äúespiritualismo humanista cristiano de orientaci√≥n progresista‚ÄĚ, pues 
una de sus inspiraciones fundamentales son las fuentes religiosas. Kour√≠m comenta el inter√©s 
que manifest√≥ Guy en sus √ļltimos tiempos por la filosof√≠a latinoamericana y en especial por la 
filosof√≠a de la liberaci√≥n. Esta admiraci√≥n le conduce, seg√ļn su opini√≥n, no s√≥lo a 
sobreestimar a esta corriente, sino a omitir a otras importantes (el culturalismo brasile√Īo) as√≠ 
como a incluir a algunos pol√≠ticos ide√≥logos, como es el caso de Fidel Castro. La conclusi√≥n 
del autor es que a partir de los a√Īos 80 Guy se desilusiona por la descristianizaci√≥n de la 
filosof√≠a espa√Īola y es la necesidad de encontrar un nuevo humanismo lo que le lleva a 
interesarse por Am√©rica Latina. Jos√© Luis Mora rinde homenaje a su maestro Alain Guy 
siguiendo una de sus principales ense√Īanzas, apuntadas ya en el trabajo de Jean-Marc 
Gabaude. Estas consisten en abordar el estudio de un autor partiendo de su g√©nesis intelectual. 
Esto explica que las investigaciones que est√° haciendo el profesor Mora sobre Mar√≠a 
Zambrano est√©n orientadas principalmente a ahondar en la g√©nesis de su pensamiento y en las 
ra√≠ces del mismo. Y estas ra√≠ces, seg√ļn apunta, se encuentran en su herencia paterna y 
materna, de ah√≠ el t√≠tulo de su aportaci√≥n a este homenaje: ‚ÄúMar√≠a Zambrano: la herencia 
paterna de su compromiso intelectual y moral‚ÄĚ. Para ilustrar el magisterio que los 
progenitores de Mar√≠a Zambrano ejercieron en su pensamiento se incluyen aqu√≠ textos 
in√©ditos de un gran inter√©s, como pueden ser cartas, art√≠culos, conferencias y notas de clase de 
la madre. Todo este material, ordenado en forma de dec√°logo, viene a ser algo as√≠ como los 
‚Äúmandamientos‚ÄĚ en los que se educ√≥ la ni√Īa y la joven Zambrano y sin ellos no es posible 
entender el trasfondo de su filosof√≠a. El siguiente estudio, que lleva por t√≠tulo ‚ÄúJuan Luis 
Vives y Alain Guy: dos almas gemelas‚ÄĚ, de Enrique Rivera de Ventosa, quiere mostrar el 
 
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paralelismo existente entre estos dos pensadores, un paralelismo, a veces, con ciertos matices, 
pero que en definitiva se puede resumir en los siguientes puntos: 1. Ni Vives ni Guy 
aceptaban un humanismo antropoc√©ntrico; 2. Los dos pensaban que los saberes humanos nos 
hacen m√°s humanos; 3. Tanto Vives como Guy se desvelaron por el bien p√ļblico de la 
humanidad; 4. Los dos trabajaron con un m√©todo riguroso; 5. Ambos llevaban la paz en la 
entra√Īa y pensaban que el hombre se hace m√°s humano por medio de la paz creadora; 6. Los 
dos pensadores ten√≠an una gran fe en la educaci√≥n y cre√≠an que mediante ella el hombre 
llegaba a ser hombre; 7. Vives y Guy estaban convencidos de que el amor cristiano es la 
mejor senda para llegar a la paz universal. Jos√© Mar√≠a Romero Bar√≥ colabora con ‚ÄúHenri 
Bergson, Jacques Chevalier y Alain Guy‚ÄĚ. Esta aportaci√≥n es el resultado de una 
investigaci√≥n sobre los antecedentes filos√≥ficos de Alain Guy, y su fin es descubrir las ra√≠ces 
del amor que √©ste profesaba a Espa√Īa. Estas ra√≠ces se encuentran, a juicio del autor, en la 
influencia que ejerci√≥ Henri Bergson en Jacques Chevalier (maestro de Alain Guy). Esta 
influencia fue determinante para Guy, pues de ella deriva su inter√©s por la m√≠stica espa√Īola. 
Como colof√≥n a este homenaje no podr√≠a ser m√°s acertada la aportaci√≥n de Jos√© L. Rozal√©n 
Medina, ‚ÄúAlain Guy: Homenaje (Con Espa√Īa en la inquietud). La intenci√≥n del autor es 
rescatar dos de los legados m√°s significativos del hispanista franc√©s. Por un lado su amor 
hacia lo espa√Īol, un amor te√Īido de sabidur√≠a, objetividad y generosidad, cuyo fin es trabajar 
por una Europa sin fronteras y luchar por aquello que nos une, dejando de lado lo que nos 
separa. De ah√≠ que el autor insista en decir que el mensaje de Guy no puede caer en saco roto 
y que su talante conciliador tiene que servir para superar la cerraz√≥n de los nacionalismos. Por 
otro lado, su pasi√≥n por las Humanidades, ‚Äúherencia com√ļn universal‚ÄĚ y que no podemos 
menospreciar, como pretenden ciertos sectores de la sociedad. Al final de la obra se incluye 
una bibliograf√≠a, aunque incompleta, pero que puede ser de gran ayuda para todo aquel que 
quiera investigar el pensamiento de este gran fil√≥sofo, maestro y punto de referencia de todos 
los hispanistas. 
Cabe apuntar, por √ļltimo, que esta obra consigue acercarnos fielmente a la figura y al 
trabajo de Alain Guy, a la vez que permite mantener vivo su esp√≠ritu entre nosotros. 
 
Marta Nogueroles Jov√© 
 
 
ROZAL√ČN MEDINA, Jos√© Luis: Giner de los R√≠os. Salamanca, col. Sinergia, 2004, 107 p√°gs., 
ISBN 84-95334-80-1. 
 
Este libro es una introducci√≥n breve, y de car√°cter divulgativo a la figura, el 
pensamiento y la obra del padre de la Instituci√≥n Libre de Ense√Īanza, Francisco Giner de los 
R√≠os. Su autor, el profesor Jos√© Luis Rozal√©n Medina, une a la competencia en el tema, que 
fue objeto de su tesis, una sincera estima y admiraci√≥n por la figura y la obra del fundador de 
la ILE, a quien sabe justamente apreciar por su condici√≥n de educador e investigador del 
pensamiento espa√Īol. En estos tiempos de riqueza de medios, pero tambi√©n de confusi√≥n y 
aturdimiento, el libro reivindica la actualidad de la apuesta vital de Giner por la persona, la 
libertad y la educaci√≥n, que qued√≥ reflejada tanto en sus escritos, como en las creaciones e 
instituciones por √©l inspiradas. 
Esta aproximaci√≥n panor√°mica a la figura y a la obra de Francisco Giner de los R√≠os se 
articula en siete apartados. El primer apartado (p√°gs.11-26) es una biograf√≠a que contiene las 
principales circunstancias y acontecimientos de la vida de Giner. En el segundo apartado 
(p√°gs. 26-33), el autor hace un breve balance de las creaciones e instituciones de inspiraci√≥n 
gineriana. Las intensas p√°ginas del apartado tercero (p√°gs. 34-52), titulado ‚ÄúEl esp√≠ritu de los 
hombres de la instituci√≥n‚ÄĚ, desarrollan lo que, a juicio del autor, es el verdadero motor de los 
 
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institucionistas, y que no es otro sino el af√°n de regeneraci√≥n intelectual y moral de la 
sociedad espa√Īola. La exigencia personal, la tensi√≥n ascendente hacia el ideal infinito de 
perfecci√≥n, con la que se caracteriza la figura de Giner, intentan poner de manifiesto la 
aspiraci√≥n personalista de su laicismo. Tal vez, por reacci√≥n frente a la intolerancia de 
determinados laicismos radicales, el autor insiste en la dimensi√≥n religiosa del esp√≠ritu del 
fundador de la ILE. 
‚ÄúEl legado filos√≥fico-antropol√≥gico de Giner de los R√≠os‚ÄĚ, es el objeto que desarrollan 
las apretadas p√°ginas del apartado cuarto (p√°gs. 53-65). En su esfuerzo de s√≠ntesis, el autor 
opta por la riqueza de contenido, que expone con claridad, pero a costa de la fluidez de la 
escritura. ‚ÄúLos postulados educativos, pedag√≥gicos y metodol√≥gicos de la Instituci√≥n Libre de 
Ense√Īanza‚ÄĚ son objeto de una interesante exposici√≥n en el apartado quinto (p√°gs. 66-86), de 
manera especial su comentario de los que considera m√°s significativos, como son ‚ÄúLa raz√≥n y 
la no-coacción como bases fundamentales de la Escuela
‚ÄĚ, ‚ÄúEducar es instruir, formar, 
construir, idear
‚ÄĚ, ‚ÄúLa Escuela como elevada reproducci√≥n de la vida‚ÄĚ, ‚ÄúArmon√≠a entre la 
educación teórica y la práctico-manual
‚ÄĚ, ‚ÄúLa Escuela en contacto continuo con la Familia, la 
Naturaleza y la Cultura
‚ÄĚ, ‚ÄúEl Maestro: Clave en la Escuela activa e intuitiva‚ÄĚ. 
La figura de Giner, seg√ļn se desprende del testimonio de algunos contempor√°neos, 
como Miguel de Unamuno, Jos√© Pijo√°n, Luis de Zulueta, Manuel Machado, Azor√≠n, Juan 
Ram√≥n Jim√©nez, Ortega y Gasset, Garc√≠a Morente, Fernando de los R√≠os, Eugenio D‚ÄôOrs, es 
el objeto del apartado sexto (p√°gs. 87-97). En el apartado s√©ptimo y final (p√°gs. 98-107), 
defiende acertadamente la vigencia de la obra del fundador de la ILE, y concluye con una 
selecci√≥n de treinta pensamientos breves, extra√≠dos de aquella. ‚ÄúLa figura de D. Francisco 
Giner de los R√≠os, escribe Rozal√©n, se eleva, se√Īera, como una de las m√°s grandes cabezas 
reformadoras de la educaci√≥n en Espa√Īa. Hoy, con una sociedad mucho m√°s serena, culta y 
desarrollada que la de aquellos momentos en los que Giner vivi√≥ y actu√≥, su perfil humano y 
pedag√≥gico permanece como un hito fundamental en la historia de la cultura de este pa√≠s.‚ÄĚ 
El libro cumple bien su funci√≥n divulgativa, y puede resultar de inter√©s acad√©mico, 
para la docencia de la historia del pensamiento espa√Īol, en cuanto breve introducci√≥n a la 
figura y a la obra de Giner de los R√≠os. 
 
Gerardo Bolado 
 
 
SALES Y FERR√Č, Manuel:  Sociolog√≠a general. Madrid, Centro de Investigaciones 
Sociol√≥gicas y Bolet√≠n Oficial del Estado, 2005, 328 p√°gs. Edici√≥n a cargo de Rafael Jerez 
Mir. 
 
El Centro de Investigaciones Sociol√≥gicas inici√≥ en el a√Īo 2003 una colecci√≥n de 
‚ÄúCl√°sicos del Pensamiento Social‚ÄĚ, tanto espa√Īoles como extranjeros, que comenz√≥ a andar 
con  La  Sociolog√≠a cient√≠fica de Urbano Gonz√°lez Serrano, el primer libro publicado en 
nuestro pa√≠s de acuerdo con la metodolog√≠a y los criterios cient√≠ficos del positivismo. Ahora, 
como n√ļmero 5 de esta colecci√≥n aparece la Sociolog√≠a general de Manuel Sales y Ferr√©, en 
edici√≥n de Rafael Jerez Mir, un experto y reputado especialista en la figura y la obra del 
pensador catal√°n a quien dedic√≥ su tesis doctoral publicada en 1981 con el t√≠tulo de 
Introducci√≥n de la Sociolog√≠a en Espa√Īa. Manuel Sales y Ferr√©: una experiencia frustrada. 
Sales y Ferr√© ocup√≥ la primera c√°tedra de sociolog√≠a que se cre√≥ en Espa√Īa en 1899, 
en la Universidad Central de Madrid, y a dicha disciplina dedic√≥ varias e importantes obras: 
El hombre primitivo y las tradiciones orientales (1881), Estudios de Sociolog√≠a (1889), 
Tratado de Sociolog√≠a (1894-1897, 4 vols.) y Sociolog√≠a General (1912), obra p√≥stuma 
publicada por su disc√≠pulo Domingo Barn√©s con los apuntes que el maestro utilizaba para el 
 
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desarrollo de las clases. 
La edici√≥n que comentamos lleva un excelente estudio introductorio de Jerez Mir 
sobre Manuel Sales y Ferr√© (1843-1910) y la introducci√≥n de la Sociolog√≠a en Espa√Īa donde, 
en casi cien p√°ginas, nos expone su biograf√≠a intelectual desde su pertenencia a los c√≠rculos 
krausistas; el papel ejercido por el reformismo krauso-positivista en la introducci√≥n de la 
Sociolog√≠a en nuestro pa√≠s; la s√≠ntesis ecl√©ctica del pensador catal√°n entre el elitismo 
intelectual y moral krausista y la Sociolog√≠a burguesa del momento y, por √ļltimo, el doble 
sesgo ideol√≥gico de la obra reeditada; por un lado, una Sociolog√≠a ‚Äúlegitimadora de la 
hegemon√≠a de la burgues√≠a y de la civilizaci√≥n occidental capitalista como supuesta 
culminaci√≥n de la historia de la especie, en el marco filos√≥fico del evolucionismo 
especulativo y el determinismo naturalista‚ÄĚ; y por otro, de acuerdo con el reformismo 
democr√°tico espa√Īol, ‚Äúla defensa de la necesidad de un nuevo orden pol√≠tico nacional, social 
y democr√°tico de derecho, como clave de la superaci√≥n reformista de la contradicci√≥n 
hist√≥rica entre individualismo liberal y el socialismo colectivista‚ÄĚ (p√°g. 72). 
Hoy nadie pone en duda el papel protagonista del krausopositivismo en el origen y 
primer desarrollo de las ciencias sociales en Espa√Īa, y en especial de la sociolog√≠a. Nombres 
como Urbano Gonz√°lez Serrano, Gumersindo de Azc√°rate, Francisco Giner de los R√≠os, 
Vicente Santamar√≠a de Paredes, Vicente Colorado o Adolfo Posada contribuyeron 
especialmente a su desarrollo con reflexiones te√≥ricas y metodol√≥gicas, si bien desde una 
perspectiva filos√≥fica marcada por su adscripci√≥n krausista. El krauso-positivismo fue ‚Äúuna 
s√≠ntesis ecl√©ctica del positivismo, el evolucionismo y la Sociolog√≠a europeos, y de la filosof√≠a 
krausista, aunque con un claro predominio de esta √ļltima. Y eso, tanto en el campo del 
conjunto de la intelectualidad liberal, frente a los restos del krausismo ortodoxo y algunos 
peque√Īos n√ļcleos kantianos y hegelianos, como frente a la intelectualidad cat√≥lica, que se 
dividi√≥ por entonces entre el integrismo pol√≠tico-religioso, la neo-escol√°stica tomista y un 
catolicismo social abierto a la colaboraci√≥n con el reformismo krauso-positivista en las 
instituciones especializadas en la acci√≥n tutelar del Estado‚ÄĚ (p√°g. 32). En cambio Sales y 
Ferr√© fue m√°s all√° de los nombres anteriormente mencionados y no s√≥lo por la 
institucionalizaci√≥n de la disciplina al conseguir la primera c√°tedra de sociolog√≠a creada en 
Espa√Īa, como ya se dijo, sino tambi√©n porque su evoluci√≥n marca el punto m√°s alejado del 
primitivo krausismo, situ√°ndose en una posici√≥n inequ√≠vocamente positivista que le equipara 
a las figuras m√°s importantes y representativas de la sociolog√≠a cl√°sica europea. 
Cuatro son las aportaciones fundamentales de la Sociolog√≠a general de Sales y Ferr√© 
seg√ļn Jerez Mir: 1¬™; la fundamentaci√≥n de la posibilidad de la Sociolog√≠a como ciencia y la 
concepci√≥n rigurosamente positivista de su objeto, m√©todo y t√©cnicas particulares; 2¬™, la 
concepci√≥n de la primac√≠a real de lo social sobre lo ps√≠quico, as√≠ como de la sociedad sobre el 
individuo, de donde deriva la primac√≠a explicativa de la Sociolog√≠a sobre la Psicolog√≠a; 3¬™, la 
identificaci√≥n y clasificaci√≥n, parcialmente v√°lidas, de las unidades sociopol√≠ticas b√°sicas 
como tipos socio-hist√≥ricos ideales, y 4¬™, la distinci√≥n de las tres formas b√°sicas de la 
organizaci√≥n social: clases y castas, sociedades componentes y sociedades constitutivas. Sales 
y Ferr√©, conocedor cr√≠tico de la Sociolog√≠a europea de su tiempo, lleva a cabo una s√≠ntesis 
dial√©ctica del objetivismo de Durkheim y el subjetivismo de Tarde. 
El libro est√° compuesto por una introducci√≥n y cuatro partes. La introducci√≥n, que 
reproduce las Lecciones de Sociolog√≠a que imparti√≥ en la Escuela de Estudios Superiores del 
Ateneo de Madrid durante el curso 1897-1898, aborda la cuesti√≥n cl√°sica del objeto, plan y 
m√©todo de la sociolog√≠a. A continuaci√≥n se reproducen los apuntes de la c√°tedra de la 
Universidad Central: factores condicionantes y herencia social, lo social, el individuo y la 
conciencia social. 
Si alg√ļn pero se le pueda objetar a esta magn√≠fica, por muchas razones edici√≥n, es que 
no reproduzca √≠ntegramente el texto de 1912, del que se han suprimido, sin justificaci√≥n 
 
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convincente, los cap√≠tulos primero y segundo del Libro I (factores f√≠sicos y el factor √©tnico, 
respectivamente), y todo el libro III sobre el individuo: la herencia f√≠sica, la persona social, el 
genio, la sanci√≥n‚Ķ 
 
Antonio Jim√©nez Garc√≠a 
 
 
SAN  MART√ćN, Javier (Ed.):  Ph√§nomenologie in Spanien. W√ľrzburg, K√∂nigshausen & 
Neumann, 2005, 337 p√°gs., ISBN: 3-8260-3132-6. 
 
He aqu√≠ un libro colectivo que muestra la salud y la actividad de la fenomenolog√≠a en 
Espa√Īa. Para muchos esta orientaci√≥n filos√≥fica s√≥lo estar√≠a relacionada con nombres como 
Ortega, Gaos, Montero Moliner. En este colectivo se pone en evidencia que el panorama es 
mucho m√°s rico y complejo. Ciertamente, Ortega fue el iniciador y la figura de m√°s 
envergadura intelectual, pero los nombres espa√Īoles que acogieron tambi√©n la inspiraci√≥n 
husserliana desde distintos √°mbitos filos√≥ficos son numerosos 
Sin duda, lo m√°s estimulante es el panorama actual, ya que los fenomen√≥logos 
espa√Īoles se constituyeron en Sociedad Espa√Īola de Fenomenolog√≠a en 1988, siendo su 
presidente Xavier San Mart√≠n hasta 1998, fecha en que toma el relevo C√©sar Moreno. La 
Sociedad public√≥ inicialmente un Bolet√≠n, el cual se convirti√≥ desde 1996 en el anuario 
Investigaciones Fenomenol√≥gicas. Javier Ler√≠n da cuenta de todos estos detalles en el primer 
art√≠culo: ‚ÄúAufnahme und Etwicklung der Ph√§nomenologie in Spanien‚ÄĚ, p√°gs. 13-28. 
Jos√© Lasaga resume de forma clara y convincente en su contribuci√≥n (‚ÄúHusserls 
Gegenwart bei Ortega‚ÄĚ, p√°gs. 29-42) el debate acerca de las interpretaciones de la 
fenomenolog√≠a en Ortega. Los a√Īos 1913-1916 son los de asimilaci√≥n y difusi√≥n, mientras 
que entre 1929 y 1941 adopta un tono cr√≠tico frente a ella. Seguidamente encontramos los 
ensayos de Jes√ļs Conill (‚ÄúDie Ph√§nomenologie bei Zubiri‚ÄĚ, p√°gs. 43-64), quien matiza las 
diferencias entre Zubiri, Husserl y Heidegger, mostrando el camino propio con que el espa√Īol 
quiere superar la insuficiencia que encuentra en las propuestas de los dos alemanes. Agust√≠n 
Serrano de Haro (‚ÄúDie Monade und die Anderen‚ÄĚ, p√°gs. 57-64) analiza, por su parte, si 
Machado, en su Juan de Mairena, puede tener que ver con Husserl al presentar la conciencia 
como m√≥nada. Montero Moliner (‚ÄúDer Weg meiner Ph√§nomenologie‚ÄĚ, p√°gs. 65-76) parte de 
algunas premisas de Parm√©nides y de Kant para analizar cu√°l es la experiencia que descubre 
la presencia emp√≠rica como correlato intencional de de la subjetividad trascendental. Con esto 
se cierra la primera parte. 
La segunda parte comprende las colaboraciones de Ram√≥n Rodr√≠guez (‚ÄúReflexion und 
Evidenz‚ÄĚ, p√°gs. 79-93), Jorge Uscatescu (‚ÄúDie fundamentalontologische Ausarbeitung der 
Seinsfrage Martin Heideggers‚ÄĚ, p√°gs. 95-109), Mar√≠a Luz Pintos Pe√Īaranda (‚ÄúHusserl und 
Merleau Ponty‚ÄĚ, p√°gs. 111-125), Patricio Pe√Īalver (‚ÄúHusserl und Derrida‚ÄĚ, p√°gs. 127-1135), 
Tom√°s Domingo Moratalla (‚ÄúDie hermeneutische Transformation der Ph√§nomenologie. Paul 
Ricoeur √† l‚Äô√©coute de la ph√©nomenologie‚ÄĚ, p√°gs. 137-156). 
La tercera parte arranca con la colaboraci√≥n del editor del libro, Javier San Mart√≠n 
(‚ÄúDie Struktur der ph√§nomenologischen Reduktion‚ÄĚ, p√°gs. 157-172), quien vuelve sobre el 
tema de la reducci√≥n, que hab√≠a sido objeto de su tesis doctoral y que hab√≠a ya desarrollado en 
trabajos anteriores. San Mart√≠n confiesa que debe a Ortega el haber visto que ‚Äúlo que hay tras 
el problema de la reducci√≥n es la peculiar relaci√≥n de la filosof√≠a con la vida‚ÄĚ (p√°g. 158). 
Siguen las colaboraciones de Miguel Garc√≠a Bar√≥ (‚ÄúEinf√ľhrung in die Problem des 
ph√§nomenologischen Lebensbegriffs‚ÄĚ, p√°gs. 173-190); de Pedro Cerezo Gal√°n (‚ÄúVon der 
transzendentalen Subjektivit√§t zum leiblichen ‚ÄúA priori‚ÄĚ‚ÄĚ, p√°gs. 191-212), situando la 
fenomenolog√≠a en la reacci√≥n frente al positivismo y su intento de recuperar el mundo como 
 
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organismo, para lo cual matiza muy oportunamente las diferencias de Husserl respecto de 
Kant y las aportaciones de Merleau Ponty. Vienen ahora los trabajos de C√©sar Moreno 
(‚ÄúZuf√§lligkeit und Fremderfahrung‚ÄĚ, p√°gs. 213-226), quien sugiere la proximidad entre 
Husserl y Levinas acerca de la intersubjetividad (v√©ase p√°g. 219) y escudri√Īa las dimensiones 
que encierra √©sta como insaciable deseo del yo; de Urbano Ferrer (‚ÄúZu einer 
ph√§nomenologischen Ethik‚ÄĚ, p√°gs. 227-250); de Vicente Mart√≠nez Guzm√°n (‚ÄúVon der 
linguistischen Ph√§nomenologie zum Friedensdiskurs‚ÄĚ, p√°gs. 237-250). 
El libro termina con: una bibliograf√≠a (p√°gs. 251-265); una ‚ÄúDocumentaci√≥n‚ÄĚ, 
consistente en un diccionario de fenomen√≥logos (p√°gs. 268-304), que van de Dieste, Rafael, 
hasta Zubiri, Xavier, incluyendo bibliograf√≠a de y sobre cada uno. Adem√°s de autores, el 
diccionario abarca conceptos y corrientes, como ‚ÄúLinguistik und Ph√§nomenologie in 
Spanien‚ÄĚ, ‚ÄúDie Madrider Schule‚ÄĚ, ‚ÄúPh√§nomenologie im Exil (I) oder die Schule von 
Barcelona‚ÄĚ, ‚ÄúPh√§nomenologie in Katalonien‚ÄĚ, ‚ÄúPh√§nomenologie und Feminismos‚ÄĚ, etc.; una 
noticia bibliogr√°fica de los colaboradores del libro (p√°gs. 305-313); una bibliograf√≠a de la 
fenomenolog√≠a en Espa√Īa (p√°gs. 314-318); un √≠ndice de personas (p√°gs. 319-324) y un √≠ndice 
de conceptos (p√°gs. 325-337). 
Como se ve, se trata de un libro que aspira a ser referencia sobre la fenomenolog√≠a en 
Espa√Īa. Tanto por los trabajos que comprende (siento no poder extenderme aqu√≠ sobre cada 
uno como se merece, lo que alargar√≠a en exceso esta rese√Īa) como por el cuidado en la 
presentaci√≥n y las herramientas que ofrece (la util√≠sima documentaci√≥n e √≠ndices) re√ļne todos 
los requisitos para serlo. ¬ŅHabr√° que recuperarlo ahora en espa√Īol? Supongo que ser√≠a m√°s 
√ļtil en el mundo de habla espa√Īola, pues no veo ninguna obra parecida en la bibliograf√≠a que 
aporta Ler√≠n en su colaboraci√≥n. 
 
Pedro Ribas 
 
 
SARANYANA, Josep Ignasi (Dir.) & ALEJOS-GRAU, Carmen Jos√© (Coord.) & ALONSO DE 
DIEGO, Mercedes (et al.)
:  Teolog√≠a en Am√©rica latina Volumen II/1. Escol√°stica barroca, 
Ilustración y preparación de la independencia (1665-1810)
. Madrid-Frankfurt, 
Iberoamericana-Vervuert, 2005, 956 p√°gs. 
 
La edici√≥n de este volumen constituye un nuevo avance en un proyecto de 
investigaci√≥n que se est√° llevando a cabo en la Facultad de Teolog√≠a de la universidad de 
Navarra, y que cuenta ya con varios a√Īos de andadura; tiene como prop√≥sito la no peque√Īa 
tarea de hacer la historia de la teolog√≠a cristiana elaborada en Am√©rica Latina. 
El reconocimiento obligado a los que hicieron posible este hacer teol√≥gico, con las 
dificultades que tuvieron que afrontar, por la dureza del clima, la falta de infraestructuras y de 
otros medios, que para nada disminuyeron, el rigor especulativo, hace que el reconocimiento 
de su historia, sea casi un deber de justicia; as√≠ lo han visto los que se han embarcado en esta 
ardua empresa de devolver a la memoria tanto trabajo escondido y muchas veces heroico de 
profundizaci√≥n en la fe cristiana. 
Como se√Īala el Director del volumen en la introducci√≥n, el espacio temporal que 
cubre el presente trabajo va desde 1665 hasta 1810. La raz√≥n de no comenzar a partir de 1715, 
fecha en la que terminaba el volumen anterior se debe a que, fruto de la investigaci√≥n, nuevos 
materiales han hecho necesario abordar cuestiones de √≠ndole filos√≥fica y teol√≥gica que era 
preciso destacar para hacer justicia a ese per√≠odo de la historia. De hecho en el plan editorial 
estaba previsto que todo el proyecto pudiera editarse en tres vol√ļmenes, que finalmente tendr√° 
que ampliare a cuatro. 
Comenz√≥ siendo un trabajo de equipo y sigue si√©ndolo. En los tres vol√ļmenes ya 
 
80

 
 
editados han intervenido expertos de once universidades europeas y americanas. El trabajo 
actual que presento, ha revestido una especial dificultad, por el origen de las fuentes y la 
complejidad de los debates teol√≥gicos que se dan cita en ese tiempo.. 
El volumen, divido en dos partes, consta de nueve cap√≠tulos redactados cada uno de 
ellos por autores distintos, que cito por orden alfab√©tico: .la doctora D√Īa Carmen-Jos√© Alejos 
Grau, D√Īa. Mercedes Alonso de Diego, D. Silvano G. A. Benito Moya, D. Ney De Souza, D. 
Ferm√≠n Labarga Garc√≠a, D√Īa. Celina Ana L√©rtora Mendoza, D√Īa. Elisa Luque Alcaide, D. 
√Āngel Mu√Īoz Garc√≠a, D. Fernando Torres-Londo√Īa, D. Francisco Javier Vergara Ciordia, 
D√Īa. Ana Zaballa Beascoechea. Cada uno de ellos ha aportado sus conocimientos espec√≠ficos, 
bajo la Direcci√≥n de D. Joseph Ignasi Saranyana, 
En los cien a√Īos que comprenden la primera parte, tres orientaciones teol√≥gicas 
estuvieron en conflicto: la escol√°stica barroca, el jansenismo y una incipiente teolog√≠a 
ilustrada. Comienza en 1665, fecha en la que fallecido Felipe IV de Habsburgo. Se perciben 
los primeros signos de recuperaci√≥n espa√Īola que se har√≠an m√°s patentes veinte a√Īos despu√©s, 
cuando se consolida un ciclo alcista en toda Europa. En ese mismo a√Īo se hizo p√ļblica la 
constituci√≥n Ad sanctan beati Petri sedem, de Alejandro VII, que confirmaba la condena de 
Cornelio Jansenio, pronunciada en 1653. Esta ratificaci√≥n se√Īalaba el comienzo de la querella 
sobre los sistemas morales, durante la cual hubo importantes pronunciamientos pontificios. La 
lucha entre te√≥logos de uno y otro bando habr√≠a de durar un siglo. 
El comienzo de las universidades que tuvo lugar cuando el rey Felipe III pidi√≥ a la 
Santa Sede el privilegio de Universidad para los estudios de los dominicos en Santiago de 
Chile y Bogot√°. Pablo V concedi√≥ el privilegio el 11 de marzo de 1619 y a√Īos m√°s tarde 
Gregorio XV amplio el privilegio para que los estudios tuvieran validez en todo el mundo y 
no solo en las Indias. Esto facilit√≥ que se erigieran universidades en distintos puntos de la 
geograf√≠a americana. 
El jansenismo que en el viejo continente se plante√≥ como reacci√≥n a una supuesta 
relajaci√≥n de las costumbres y como evoluci√≥n l√≥gica de la discusi√≥n sobre la condici√≥n del 
hombre ca√≠do y redimido en el marco de las relaciones entre la libertad y la gracia, tuvo 
tambi√©n su repercusi√≥n en Am√©rica, aunque con menos fuerza que en Europa. 
La pre-ilustraci√≥n se comenz√≥ a notar en la nueva Espa√Īa cuando los j√≥venes jesuitas 
mexicanos comenzaron a intercambiar informaci√≥n de las nuevas corrientes filos√≥ficas que 
estaban en auge en Europa: Descartes, Cop√©rnico, Newton, Malebranche. 
La segunda parte de este volumen comienza con el extra√Īamiento de la compa√Ī√≠a de 
Jes√ļs de los reinos hisp√°nicos en 1767, precedida de id√©nticas acciones en Portugal y en 
Francia. Durante los 50 a√Īos que van a constituir el objeto de estudio de esta parte, se 
abordar√° la emergencia de la teolog√≠a propiamente ilustrada, la pervivencia de la escol√°stica 
barroca, aunque ya muy debilitada, el renacimiento del tomismo, y la pol√©mica que todas 
estas corrientes mantuvieron con el tardojansenismo. 
Como se cita en la introducci√≥n, este trabajo no es algo cerrado, sino que, m√°s bien 
constituye un punto de partida. Corresponde al estudioso valorar los resultados de estos nueve 
cap√≠tulos, formular nuevas hip√≥tesis, explorar los documentos que se aportan y llenar las 
posibles v√≠as de investigaci√≥n que un trabajo de esta envergadura deja abiertas. 
 
M¬™ Socorro Fern√°ndez 
 
 
SMITH, Alain E.: Gald√≥s y la imaginaci√≥n mitol√≥gica. Madrid, C√°tedra, 2005, 231 p√°gs. 
 
La revista Por esos mundos publicaba en julio de 1910 una larga entrevista con P√©rez 
Gald√≥s firmada por ‚ÄúEl Bachiller Corchuelo‚ÄĚ (Enrique Gonz√°lez Fillol) en la que ante el 
 
81

 
 
comentario del entrevistador a prop√≥sito de la cantidad de ‚Äúcl√°sicos griegos y latinos‚ÄĚ que 
Gald√≥s ten√≠a en el estante y que son enumerados en el largo reportaje dedicado por la revista, 
el autor canario no pareci√≥ darle demasiado importancia: ‚ÄúMe vendr√° bien, para consultar 
algunas‚ÄĚ, afirm√≥. Sin embargo, este exhaustivo libro del profesor Alain Smith de la 
Universidad de Boston, parece desmentir al propio P√©rez Gald√≥s, tras m√°s de quince a√Īos de 
an√°lisis detallado de su obra y de un estudio minucioso de la presencia de la mitolog√≠a en la 
literatura finisecular espa√Īola y no espa√Īola. 
Este libro se convierte as√≠ en algo m√°s que un estudio de fuentes y en m√°s que un 
estudio gen√©tico de la novela y el teatro galdosiano. Es, por supuesto, esto pues el lector 
hallar√° una muy detallada exposici√≥n de la relaci√≥n entre personajes y situaciones de la obra 
de P√©rez Gald√≥s y los principales mitos cl√°sicos y modernos. Pero es, adem√°s, una reflexi√≥n 
sobre la literatura y las bases te√≥ricas sobre las que la propia creaci√≥n literaria se asent√≥ en las 
√ļltimas d√©cadas del siglo XIX. Ya Lissorgues y los analistas que intervinieron en los 
congresos de Toulouse desmintieron cualquier valoraci√≥n simplista del llamado realismo 
espa√Īol en la l√≠nea de lo sostenido por las vanguardias contempor√°neas de Ortega y los 
neovanguardistas de la generaci√≥n de Benet; tambi√©n lo hab√≠an hecho Casalduero, Stephen 
Gilman y otros hispanistas norteamericanos especialistas en la obra de Gald√≥s. Todos ellos 
nos hab√≠an advertido de la superposici√≥n de elementos rom√°nticos sobre los propios aportados 
por el realismo en la novela de los setenta y ochenta y la pronta incorporaci√≥n de estos 
escritores a las propuestas del modernismo a mediados de los ochenta y que permaneci√≥ 
vigente a lo largo del cambio de siglo. 
No hab√≠an sido ajenos los propios cr√≠ticos contempor√°neos de Gald√≥s, Clar√≠n, Manuel 
de la Revilla y Urbano Gonz√°lez Serrano a detectar la presencia de elementos extra√Īos a la 
racionalidad cient√≠fica o a la observaci√≥n de la realidad que han servido para caracterizar a 
esta literatura y que luego fue el centro de las cr√≠ticas de reconocidos autores de las 
generaciones siguientes. Sabemos que no hay literatura que pueda hacerse fuera de la 
literatura, es decir, que todos los escritores son grandes lectores y, en este sentido, Benito 
P√©rez Gald√≥s no fue una excepci√≥n y que no hay escritura sin plan que pertenezca a la 
imaginaci√≥n creadora y Gald√≥s lo tuvo. 
El profesor Alain Smith ha estudiado con detenimiento la utilizaci√≥n que Gald√≥s hace 
de los grandes mitos para conseguir ambas finalidades: escribir desde la literatura y tener un 
plan que responda a dar cuenta de las dimensiones m√°s profundas del ser humano en clave de 
su momento como cuando un pintor utiliza a sus contempor√°neos para poner rostros a 
personajes pasados o eternos. La realizaci√≥n de palimpsestos no es un anacronismo o, si lo es, 
lo es de manera inevitable para que esos protagonistas de la novela y el teatro puedan ser 
entendidos por lectores y espectadores de distintas √©pocas con diferentes claves que provienen 
de otras lecturas una vez que son adaptadas. As√≠, obras como La sombra, Do√Īa Perfecta, 
Fortunata, Nazar√≠n 
o El caballero encantado adquieren una dimensi√≥n de universalidad 
dif√≠cil de apreciar si se hace una lectura exclusivamente ‚Äúrealista‚ÄĚ. En este sentido, este libro 
no s√≥lo nos conduce a una reflexi√≥n sobre la naturaleza de la literatura espa√Īola de la segunda 
mitad del XIX sino, m√°s en concreto, al significado de la obra de Gald√≥s, a las claves que han 
determinado su inter√©s por parte de lectores tan distantes y a excluir cualquier tentaci√≥n de 
aludir a un supuesto car√°cter localista de su producci√≥n. Calificarle de ‚Äúgarbancero‚ÄĚ no es 
posible ya desde la clase de mitos de los que habla el profesor Smith sino desde los falsos 
mitos. Por el contrario, ayuda a leer a Gald√≥s desde otra dimensi√≥n muy enriquecedora y 
coloca a nuestro autor entre los grandes cl√°sicos que han desentra√Īado las pasiones, los 
temores, los anhelos y los miedos que conforman al ser humano. Y esto siempre exige una 
remisi√≥n a los or√≠genes donde habita el mito. Es verdad que esta mirada ten√≠a que ver en 
muchos casos con la Espa√Īa de su √©poca pero no es menos cierto que cualquier ser humano 
vive en un tiempo y un lugar determinados. Mas esta es la diferencia entre el periodismo y la 
 
82

 
 
creaci√≥n literaria. Si Gald√≥s dio el paso de aqu√©l a √©sta ello fue debido a que deseaba no ser 
un mero cronista de situaciones sino un creador que ofreciera claves est√©ticas a problemas de 
√≠ndole humana. 
El libro est√° escrito en di√°logo con otros autores que han estudiado esta dimensi√≥n de 
la novela y el teatro galdosianos, reconoce las influencias y demuestra un gran conocimiento 
de toda la cr√≠tica literaria contempor√°nea al propio Gald√≥s as√≠ como la evoluci√≥n de las ideas 
est√©ticas de todo este periodo. 
Tan s√≥lo me parece que una cuesti√≥n queda sin resolver: ¬Ņes la mitolog√≠a en la obra de 
Gald√≥s un fin o tan s√≥lo un instrumento? Quiero decir con ello que no queda respondido con 
claridad si Gald√≥s utiliza la mitolog√≠a como un artificio (dicho en el mejor de los sentidos), 
una herramienta literaria o, por el contrario, es esencial en la finalidad de su obra. El autor 
parece sugerirnos que Gald√≥s estar√≠a en esta segunda postura, es decir, que la mitolog√≠a ser√≠a 
la parte del plan como alternativa a la racionalidad cient√≠fica que ser√≠a el objeto de la cr√≠tica. 
Es decir, Romanticismo versus racionalidad ilustrada en su versi√≥n del positivismo 
decimon√≥nico. Si es correcta esta apreciaci√≥n, de ella se derivar√≠an dos apreciaciones de gran 
inter√©s: una se refiere al di√°logo interno que se genera en la producci√≥n galdosiana entre unas 
y otras obras; la otra tiene que ver con la relaci√≥n que su producci√≥n tiene con la filosof√≠a de 
la √©poca, qu√© tipo de cr√≠tica produce y las aproximaciones y distancias con lo que 
representaban Manuel de la Revilla de un lado y Men√©ndez Pelayo y no s√≥lo por razones 
ideol√≥gicas sino epistemol√≥gicas. Y esto significa referir la mitolog√≠a no s√≥lo a la 
racionalidad universal proveniente de ciencias como la f√≠sica o la matem√°tica sino a la 
historia que Gald√≥s supo apreciar muy pronto de la mano del krausista Fernando de Castro 
pero, no menos, despu√©s, del tradicionalista Men√©ndez Pelayo que no dudaba en practicar una 
metodolog√≠a positivista, es decir, de comprobaci√≥n de datos. Mas hemos de reconocer que de 
todos elementos ha sido la mitolog√≠a el menos apreciado, al menos por buena parte de los 
lectores de Gald√≥s. Y √©ste es el que aqu√≠ se subraya con raz√≥n y acierto. 
Y dos detalles: no pasa desapercibida la referencia a la obra de Costa Justo de 
Valdedi√≥s asociada a la producci√≥n galdosiana y echo en falta la no inclusi√≥n de un estudio 
sobre La raz√≥n de la sinraz√≥n
Mas estas son cuestiones que prolongan la lectura de un libro meditado, escrito tras 
otras aproximaciones monogr√°ficas previas y dilatadas en el tiempo, fruto todo √©l tanto del 
estudio y la erudici√≥n como de la reflexi√≥n. Con este libro el profesor Alain Smith contribuye 
a superar el bache en que el hispanismo norteamericano hab√≠a ca√≠do en los √ļltimos a√Īos a 
prop√≥sito del autor canario y se sit√ļa en la l√≠nea de los mejores trabajos de los nombres que √©l 
menciona en su estudio, Casalduero, Correa, Montesinos y Cardona entre ellos. 
 
Jos√© Luis Mora Garc√≠a 
 
 
SUBIRATS, Eduardo (Ed.): Jos√© Mar√≠a Blanco White: cr√≠tica y exilio. Barcelona, Anthropos, 
2005, 141 p√°gs. 
 
El presente libro recoge ocho ensayos sobre la obra y la personalidad intelectual de un 
autor a√ļn no lo suficientemente rescatado del olvido en el que quedara sumido ya en vida, 
pese a su indiscutible relevancia en la tradici√≥n filos√≥fica espa√Īola de los dos √ļltimos siglos, 
como Blanco White. Se trata de un volumen de indudable inter√©s, por varios motivos. Ante 
todo porque esclarece facetas del pensamiento de este liberal maldito, exiliado en Londres, 
plasmadas en obras como Letters from Spain (1822) y su autobiograf√≠a The life of the Rev. 
Joseph Blanco White, written by himself 
(1845). En la ‚ÄúIntroducci√≥n‚ÄĚ, a cargo de Eduardo 
Subirats, se apuntan hilos conductores (reformismo religioso frustrado, ilustraci√≥n negativa, 
 
83

 
 
impedimentos casticistas, imposibilidad de una revoluci√≥n liberal tanto en la pen√≠nsula como 
en sus colonias‚Ķ), los cuales se ir√°n desgranando a lo largo del libro. Pero tambi√©n porque a 
medida que transcurre este ejercicio de precisi√≥n y discusi√≥n, se van sugiriendo otras 
tem√°ticas afines, no menos motivadoras. Una de ellas es la memoria del pasado insatisfecho, 
presente en el primer ensayo. En ‚ÄúUn escritor marginado: Blanco White y la desmemoria 
espa√Īola‚ÄĚ, Juan Goytisolo subraya el singular ninguneo que largamente ha pesado, salvo 
excepciones, sobre este autor, incluso hasta nuestros d√≠as. Y no s√≥lo desde la tradici√≥n 
reaccionaria y nacional-cat√≥lica, sino tambi√©n desde la liberal; Blanco fue un cr√≠tico de uno 
de los grandes mitos de esta √ļltima -el supuesto proceso revolucionario que desemboc√≥ en las 
Cortes de C√°diz- y eso se nota. En este sentido, se invita a pensar en la amplitud y 
complejidad de los mecanismos de exclusi√≥n y canonizaci√≥n que gu√≠an la recuperaci√≥n del 
pasado m√°s all√° de las formas m√°s o menos burdas de la censura tradicional; en las 
condiciones de posibilidad de la memoria hist√≥rica y su devaluaci√≥n cuando se supedita a los 
criterios de la industria cultural o cuando se administra en funci√≥n de las ideolog√≠as 
dominantes en el presente. 
Los dos ensayos siguientes abordan motivos y contenidos del pensamiento de Blanco 
a partir de su escritura autobiogr√°fica, sobre el problem√°tico trasfondo de la identidad y su 
narraci√≥n. En ‚ÄúLas autobiograf√≠as de Blanco White: tres divergencias‚ÄĚ, Luis Fern√°ndez 
Cifuentes recorre ampliamente los conflictivos engarces entre algunos de sus itinerarios 
biogr√°ficos -de por s√≠ quebrados bajo la experiencia del exilio- y las figuras identitarias de la 
naci√≥n, la amistad y la familia. En ‚ÄúCatolicismo, g√©nero y subjetividad moderna: Blanco 
White en el confesionario‚ÄĚ, Susan Kirkpatrick plantea la paradoja de una subjetividad 
promovida por la amenaza de su propia anegaci√≥n: el control ejercido desde las instancias 
sacramentales de la confesi√≥n y la penitencia impide la conformaci√≥n de toda autonom√≠a 
moral, pero al mismo tiempo promueve una autorreflexi√≥n germinalmente heterodoxa y 
cargada por ello de subjetividad cr√≠tica, no obstante equ√≠voca en el caso del estigmatizado yo 
femenino. 
En los tres ensayos siguientes se perfila y se dirime el potencial cr√≠tico de Blanco a 
partir de su complicidad, su incompatibilidad o su ambigua identificaci√≥n con otros referentes 
de la difusa ilustraci√≥n espa√Īola. En ‚ÄúFeijoo y Blanco White: la construcci√≥n del sujeto 
racional‚ÄĚ, Lunden Mann Mac Donald argumenta a favor de la ejemplariedad de este √ļltimo 
por la dimensi√≥n moral de su cr√≠tica; misma que aqu√©l escamotear√≠a cuando se limita a 
desmitificar la visi√≥n supersticiosa del mundo sin llegar a erradicar su condici√≥n √ļltima de 
posibilidad -el autoritarismo y dogmatismo eclesi√°sticos- o a separar los √°mbitos de la raz√≥n y 
la fe sin llegar a desahogar una contradicci√≥n entre ambos lo suficientemente liberadora como 
para disipar oscurantismos pervivientes. En ‚ÄúA√ļn aprendo: El perfil de la Ilustraci√≥n en la 
obra de Jos√© Mar√≠a Blanco White y Francisco de Goya‚ÄĚ, Susanne Dittberner advierte 
semejanzas entre uno y otro -por ejemplo, entre las Letters from Spain y los Caprichos- bajo 
el signo com√ļn de la negatividad, en especial de la cr√≠tica -penetrante aunque no atea- de la 
praxis religiosa dominante. En ‚ÄúBlanco White ante el casticismo espa√Īol‚ÄĚ, Christopher Britt 
Arredondo contrapone las tesis netamente ilustradas y librepensadoras de Blanco frente a las 
tesis ‚Äúmitol√≥gicas‚ÄĚ de Unamuno acerca de la identidad espa√Īola, las cuales habr√≠an 
prevalecido en la memoria hispanista del siglo XX al beneficiarse de los lastres castizos de 
nuestra tradici√≥n. 
La discusi√≥n en torno al proceso independentista en Am√©rica es otra de las cuestiones 
suscitadas en el libro, concretamente en sus dos √ļltimos ensayos. ‚ÄúLos matices americanos de 
Blanco White‚ÄĚ y ‚ÄúLa independencia americana: ruptura y continuidad‚ÄĚ, a cargo de James D. 
Fern√°ndez y Jos√© Gabriel Brauchy respectivamente, muestran los ricos, variados e incluso 
ambiguos matices de su cr√≠tica al proceso revolucionario en Am√©rica. √Čsta se dirige tanto al 
liberalismo gaditano por sus reticencias ‚Äúimperialistas‚ÄĚ frente a las demandas de los criollos, 
 
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como a la radicalidad de estos √ļltimos, no por escr√ļpulos ‚Äúnacionalistas‚ÄĚ sino por la ausencia 
de condiciones de posibilidad para llevarlas a cabo, dada la permanencia del viejo tejido 
institucional colonial, la anarqu√≠a reinante en los sectores populares y el arraigo social de los 
h√°bitos autoritarios (condiciones √©stas m√°s bien id√≥neas para una ulterior reproducci√≥n, a 
escala nacional, de la subyugaci√≥n colonial anterior). Blanco propone entonces una salida 
pragm√°tica y de talante historicista, basada en el pacto y la reforma, en la que la equiparaci√≥n 
de derechos en ambas orillas y la disoluci√≥n del monopolio comercial dar√≠a paso 
gradualmente a un eventual escenario independentista. 
Tan solo echo de menos un cap√≠tulo sobre la cr√≠tica de Blanco hacia la violencia 
ambiguamente inscrita en el mismo seno de la Ilustraci√≥n. En la ‚ÄúIntroducci√≥n‚ÄĚ se recuerda 
muy oportunamente esta faceta de su pensamiento, impregnada de l√ļcida negatividad. Blanco 
no fue un mero ‚Äúeurope√≠sta‚ÄĚ o ‚Äúangl√≥filo‚ÄĚ, de la misma manera que su cr√≠tica no se 
circunscribi√≥ al casticismo decadente, autoritario y anti-ilustrado dominante en su pa√≠s de 
origen, aun cuando √©sta fuera inevitablemente central. Desde su marginalidad hisp√°nica supo 
calibrar tambi√©n las contradicciones del proyecto ilustrado, las falacias de su universalismo y 
la siniestralidad de su eurocentrismo excluyente y neo-colonizador. Sin embargo, son muy 
escasas y puntuales las referencias a esta faceta a lo largo del libro. 
Debe en cualquier caso agradecerse a los autores del presente volumen su contribuci√≥n 
a la memoria, todav√≠a insuficiente, del pensador espa√Īol m√°s l√ļcido de la primera mitad del 
XIX; un periodo, por cierto, cuyas penumbras siguen siendo grandes. Esta lectura tambi√©n 
invita por ello a escarbar entre los exilios y las disidencias que fluyen y refluyen en medio del 
frustrado primer liberalismo espa√Īol, o a revisar la obra intelectual producida durante los a√Īos 
del Trienio. Incluso renombres como el de Larra no se corresponden con el precario 
conocimiento de su faceta m√°s cr√≠tica, acaso velada bajo el t√≥pico de su supuesto 
costumbrismo. Estudios monogr√°ficos sobre este autor, entre otros de ese periodo, ser√≠an 
asimismo muy bienvenidos. 
 
Antolin S√°nchez Cuervo 
 
 
TR√ćAS, Eugenio: La pol√≠tica y su sombra. Barcelona, Anagrama, 2005, 163 p√°gs. 
 
En torno a las gentes que nos dedicamos a la filosof√≠a circula impert√©rrita una cuasi-
tragedia, a saber: la de no ser fil√≥sofos, y, a lo sumo, la de convertirnos en meros 
comentadores de la historia de la filosof√≠a. En cambio, tenemos la suerte en Espa√Īa de contar 
no s√≥lo con esta categor√≠a, sino con excelentes int√©rpretes de los cl√°sicos, adem√°s de varios 
fil√≥sofos con sistema propio. Uno de ellos es, sin duda alguna, Eugenio Tr√≠as. De su vasta 
obra -que se ha centrado en temas de ontolog√≠a, est√©tica, epistemolog√≠a, metaf√≠sica o religi√≥n, 
entre otros- surge, ahora, una reflexi√≥n sobre la filosof√≠a pol√≠tica. 
La pol√≠tica y su sombra, t√≠tulo del libro, es un di√°logo con los m√°ximos representantes 
del pensamiento pol√≠tico: Plat√≥n, Kant, Marx, Schmitt, Arendt y, especialmente, Hobbes. No 
s√≥lo se detiene aqu√≠, sino que aplica su categor√≠a filos√≥fica central, la noci√≥n de l√≠mite, a la 
praxis pol√≠tica. √Čsta se compone de cuatro ideas: libertad, felicidad, justicia y seguridad. Las 
tres primeras son ideales, de car√°cter regulativo; inspiran hacia una situaci√≥n de convivencia 
√≥ptima (Plat√≥n mostraba en La Rep√ļblica los elementos necesarios para instituir la ciudad 
ideal). La cuarta idea, la seguridad, cuesti√≥n central del libro, apunta a algo deseable, pero si 
se cumple de forma absoluta pone en peligro las otras tres ideas porque es, en palabras del 
autor, ‚Äúel elemento real y tenebroso de la pol√≠tica‚ÄĚ (p√°g. 10). 
Esto tiene dos consecuencias en la argumentaci√≥n de Tr√≠as. La primera estriba en que 
la idea de seguridad es t√≠picamente moderna, y su lugar de aparici√≥n es el Leviat√°n  de 
 
85

 
 
Hobbes. La segunda indica, a partir de los ‚Äúcaracteres umbr√≠os‚ÄĚ humanos, similar a la 
dial√©ctica hegeliana y siendo fiel a su pensar ‚Äúa la contra‚ÄĚ, que algo espec√≠fico de nuestra 
condici√≥n humana es la inclinaci√≥n a aquello que la contradice: la conducta inhumana. Es 
decir, un mal uso de la idea de seguridad puede ‚Äúcontaminar‚ÄĚ, asfixiar y eliminar toda 
virtualidad de las otras tres ideas, si aqu√©lla se convierte en √ļnico y m√°ximo valor de toda 
legitimaci√≥n pol√≠tica. Para que la ‚Äútotalidad del espacio pol√≠tico‚ÄĚ (p√°g. 30) pueda darse en 
condiciones normales debe establecerse un equilibrio entre las cuatro ideas. Si no se produce 
un di√°logo entre ellas, en condici√≥n de igualdad, peligra nuestra integridad, nuestra conditio
El Leviat√°n es el paradigma de la seguridad. La genialidad de Tr√≠as est√° en mostrar la 
inspiraci√≥n originaria del pensador ingl√©s, que se encuentra en los libros hist√≥ricos del 
Antiguo Testamento; en concreto, en el pasaje donde los jefes de las tribus de Israel piden al 
juez Samuel un monarca -un rey, un jefe del Estado- que les proteja de las otras tribus, esto 
es, que les garantice su seguridad personal. Sin embargo, la clave del pasaje b√≠blico es la 
advertencia que les hace Samuel: a cambio de un monarca que garantice su seguridad 
personal y que les proteja de una muerte segura a manos de las otras tribus, tendr√°n que 
renunciar a su propia libertad. El monarca es a partir de ese momento due√Īo y se√Īor de todo 
aquello que les pertenece, desde posesiones a familiares. Esto es el n√ļcleo argumental del 
Leviat√°n. Pero no s√≥lo esto. A donde apunta Tr√≠as, con la ayuda de Hobbes, es a que el origen 
de loa historia humana no est√° en el relato de Ad√°n y Eva, sino, por el contrario, en el 
fratricidio cainita. Y es en ese momento donde surge la necesidad de constituir una 
comunidad pol√≠tica que me salve del otro, porque es √©ste una constante amenaza; es quien 
pone en peligro mi vida y de ah√≠ la remisi√≥n a una instancia ajena para que me proteja. 
Hobbes se√Īala que los hombres se muestran iguales en la capacidad y posibilidad de 
matar al otro. El m√°s d√©bil y enclenque puede asesinar y acabar con el m√°s fuerte. Por ello los 
hombres constituyen, libremente, un contrato, un pacto social que minimice el peligro de la 
presencia del otro (Tr√≠as hace una cr√≠tica a tener en cuenta a las filosof√≠as del rostro. √Čstas 
tienen una imagen del Otro inocente, como una no amenaza diferente a la concepci√≥n que 
tiene Hobbes: amenazante y peligrosa). As√≠ pues, el Leviat√°n es el paradigma de la seguridad, 
categor√≠a esencialmente moderna, que surge por un principio e instinto de conservaci√≥n. Lo 
que demuestra que el origen de la pol√≠tica surge de una emoci√≥n prepol√≠tica: el miedo. De ah√≠ 
la necesidad filos√≥fica de pensar y enfrentarse a lo humano desde lo oscuro y tenebroso (Tr√≠as 
aduce que la filosof√≠a naci√≥ con Plat√≥n a partir de la emoci√≥n como asombro y que ciertos 
autores, como es el caso de Hobbes, recogen las emociones menos agradables, que no por ello 
dejan de ser reales, m√°s bien lo contrario). El problema, pues, surgir√° cuando se alce como 
valor √ļnico. 
En los siglos XVIII y XIX se produce un cierto equilibrio entre las cuatro ideas que 
dibujan el espectro pol√≠tico. Pero no as√≠ en el XX. Vuelve a recuperarse, con la irrupci√≥n de 
los totalitarismos, tanto con el comunismo como con el nazismo, el discurso absoluto 
alrededor de la seguridad. Se produce la eliminaci√≥n de todas las funciones org√°nicas del 
Estado y de la sociedad por la figura inabarcable del Gran Jefe, del F√ľhrer o del Secretario 
General. Actualmente, por desgracia, y despu√©s del final del mundo bipolar de la Guerra Fr√≠a 
donde dos superpotencias, la americana y sovi√©tica, se repart√≠an el poder geoestrat√©gico 
mundial, la ‚Äúpraxis pol√≠tica imperial es la seguridad‚ÄĚ (p√°g. 150). EE.UU. ha recuperado, 
como elemento definitorio de su pol√≠tica no s√≥lo exterior, tambi√©n interior, el planteamiento 
originario de Hobbes. El efecto perverso de esta pol√≠tica es que aquello que se quiere 
combatir, la inseguridad por los atentados terroristas, se vuelve contraproducente, ya que por 
el af√°n de la absoluta seguridad la ciudadan√≠a americana est√° en constante peligro de 
atentados. Aunque hoy podemos ser v√≠ctimas del terrorismo en cualquier lugar del mundo, 
EE.UU. representa el nerviosismo y la perpetua esquizofrenia. ¬ŅQu√© seguridad puede haber en 
un pa√≠s donde parte de la poblaci√≥n posee armas de fuego? El problema de Hobbes est√° en 
 
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haber tomado como absoluto la idea de la seguridad, cuando la comunidad pol√≠tica recibe 
sentido de las otras tres ideas -felicidad, libertad y justicia; la administraci√≥n americana de los 
√ļltimos a√Īos parece haber apostado por este paradigma. 
La soluci√≥n que aporta Tr√≠as a esta situaci√≥n la deriva de su sistema filos√≥fico. 
Apuesta por lo que llama el sujeto fronterizo; aquel que funda el discurso pol√≠tico desde el 
limes, desde el l√≠mite. √Čste nos da un conocimiento de uno y otro lado, sabiendo lo que 
podemos llevar a cabo y lo que no. Recuperar la virtud prudencial de los antiguos para 
combatir las extralimitaciones se convierte, en estos d√≠as, en un ethos  a seguir porque la 
realidad humana no es un√≠voca, sino dual. La imagen del Minotauro, mitad toro y mitad 
humana, acecha constantemente y nos recuerda la deformidad, lo oscuro y diab√≥lico que vive 
en nosotros. 
El lector tiene la suerte de encontrarse con una reflexi√≥n sobre la actualidad apoyada 
en los cl√°sicos de la filosof√≠a pol√≠tica; pero, sobre todo, tiene ante s√≠ una advertencia similar a 
la distinci√≥n heraclitiana: conviene estar despiertos, en vigilia, ante aquello que somos y que 
nos rodea; de lo contrario, la humanidad puede contar el resto de sus d√≠as con los dedos de 
una mano. 
 
 
Jos√© Miguel Mart√≠nez Castell√≥ 
 
 
TR√ćAS, Eugenio: L‚Äôartista e la citt√°. Florencia, Le Lettere, col. Siglo XX, Piccola Biblioteca 
Hisp√°nica, 2005. 
 
Siempre es una agradable noticia la traducci√≥n de un libro, m√°s a√ļn si se dirige desde 
el espa√Īol hacia otro idioma. Con ello se saltan las delicadas fronteras del idioma y el texto 
pasa a formar parte de nuevos √°mbitos, favoreciendo el intercambio de ideas, el debate, la 
discusi√≥n. 
En nuestro caso, acaba de aparecer en Italia la edici√≥n de la obra de Eugenio Tr√≠as de 
1976  El artista y la ciudad, traducida y editada, a cura en expresi√≥n italiana, de Francisco 
Jos√© Mart√≠n. Este ensayo se convierte as√≠ en el quinto volumen que publica la editorial de 
Florencia Le Lettere en el seno de la colecci√≥n Siglo XX. Piccola Biblioteca Ispanica. 
Colecci√≥n dirigida por el propio profesor de literatura espa√Īola de la Universidad de Siena 
Francisco Jos√© Mart√≠n. 
El artista y la ciudad que ahora se nos ofrece es algo m√°s que una traducci√≥n ya que 
aporta algunas novedades, interesantes tanto para el lector italiano como para el espa√Īol. As√≠, 
se ha traducido el texto de la tercera edici√≥n en espa√Īol de 1997, la m√°s reciente, a√Īadi√©ndose 
un Prologo all‚Äô edizione italiana escrita por el mismo Tr√≠as, as√≠ como una Postfazione a cargo 
del traductor del libro. Tanto en uno como en otro encontramos las novedades que antes 
alud√≠amos. 
A pesar de que su contenido es conocido, no parece que est√© de m√°s realizar un breve 
recorrido a trav√©s de las ideas generales de la obra. Formado por una serie de ensayos 
independientes entre s√≠ pero √≠ntimamente ligados, Eugenio Tr√≠as nos propone en El artista y 
la ciudad
 una reflexi√≥n sobre un hecho clave en nuestra modernidad: la disoluci√≥n de la que 
en otros tiempos fue una arm√≥nica y fecunda uni√≥n; la uni√≥n de eros y poiesis, deseo y 
creaci√≥n, artista y ciudad. ‚ÄúEn el curso de la modernidad -dice Tr√≠as-, y sobre todo en el siglo 
XX, la s√≠ntesis entre deseo o gran anhelo, y creaci√≥n genuina, poeisis, poco a poco se fue 
desgarrando hasta romperse definitivamente‚ÄĚ. Esta evoluci√≥n es explicada mediante el 
an√°lisis de varios de los grandes nombres del pensamiento europeo, desde Plat√≥n hasta 
Thomas Mann. As√≠ es en Plat√≥n, para el autor, donde conceptualmente se inicio la s√≠ntesis 
entre deseo y creaci√≥n para alcanzar con Pico della Mirandola, su cenit pr√°ctico en la 
 
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Florencia del Renacimiento y en el hombre universal y singular. A partir de ese momento tal 
uni√≥n empieza a resquebrajarse. A√ļn en Goethe, siguiente paso de Tr√≠as, se puede vislumbrar 
cierta armon√≠a, pero es ya su √ļltimo momento. As√≠ pues, para Hegel s√≥lo quedar√° la 
melancol√≠a. Mientras en Wagner el sujeto ser√° necesariamente un ser errante, si bien el 
‚Äúdivorcio‚ÄĚ total entre alma y ciudad llegar√° de la mano de Nietzche. A las puertas del siglo XX 
al creador s√≥lo le queda recluirse en la locura, en la muerte o en la huida. Ya no hay 
fecundidad sino s√≥lo alucinaci√≥n. Comienza la paradoja de nuestra cultura, de nuestro tiempo 
como bien lo supo Thomas Mann. Ahora, detr√°s de la belleza est√° la muerte, el abismo. Esta 
fractura entre creaci√≥n y deseo, nos dice Tr√≠as, marc√≥, entonces, el siglo XX y quiz√°s marca 
aun nuestros d√≠as. 
De manera esquem√°tica, estas ser√≠an las ideas generales de El artista y la ciudad. Una 
vez repasadas, podemos volver nuestra atenci√≥n sobre los dos textos nuevos que incorpora 
esta edici√≥n, ya que en ellos, especialmente en la Postfazione, encontramos muchas de las 
claves para comprender bien la importancia que en su momento tuvo y que todav√≠a tiene este 
ensayo. El primero de ellos, Prologo all‚Äô edizione italiana, es una presentaci√≥n que Eugenio 
Tr√≠as hace del propio libro y de su pensamiento en general. Por lo tanto, adem√°s de poner en 
la pista al lector italiano sobre el contenido de la obra, reconoce a El artista y la ciudad como 
uno de los pasos iniciales de su proyecto de la filosof√≠a del l√≠mite. As√≠, a continuaci√≥n, Tr√≠as 
realiza una aproximaci√≥n excelente a dicho proyecto filos√≥fico, a modo de explicaci√≥n y 
contextualizaci√≥n ofrecida al lector italiano. 
Ya en el pr√≥logo para la edici√≥n italiana se reconoce algo fundamental para la 
Postfazione: el car√°cter profundamente europeo de El artista y la ciudad, ‚Äúaquello que quer√≠a 
reanimar era el Esp√≠ritu de Europa‚ÄĚ, afirma Tr√≠as. De hecho, el contenido de uno y de otro 
tienen varios puntos en com√ļn y parecen, en ocasiones, estar dialogando. As√≠ pues, la 
Postfazione comienza mencionado las razones, el porque, de la traducci√≥n al italiano de este 
libro, y no otro, de Eugenio Tr√≠as. Era necesario, se nos desvela, despu√©s de varias novelas 
publicadas en La Piccola Biblioteca Ispanica, un libro de pensamiento filos√≥fico que mostrara 
una parte del panorama cultural espa√Īol del siglo XX. Pero, ¬Ņpor qu√© exactamente esta obra? 
Porque El artista y la ciudad publicado en la significativa fecha de 1976 trazaba un camino de 
vuelta de Espa√Īa a Europa a trav√©s de la filosof√≠a. 
Con El artista y la ciudad, y con otras obras de los a√Īos setenta de Eugenio Tr√≠as, se 
iniciaba, como ya dec√≠amos m√°s arriba, lo que luego ser√≠a una de las m√°s sutiles propuestas 
filos√≥fica en lengua espa√Īola de los √ļltimos tiempos: la conocida como filosof√≠a del l√≠mite. 
Pero adem√°s de esto fue, sobre todo, una obra que marc√≥ el regreso de la lengua espa√Īola a la 
senda filos√≥fica. Desde ese momento, Espa√Īa comenz√≥ otra vez a producir filosof√≠a en 
contacto con Europa. Abri√©ndose caminos que conduc√≠an de nuevo la vida espa√Īola hacia 
Europa. Caminos que desde la desaparici√≥n de Ortega apenas, o nada, hab√≠an sido explorados. 
Por lo tanto, El artista y la ciudad fue un esfuerzo por volver a ‚Äúhacer del espa√Īol una lengua 
filos√≥fica‚ÄĚ, a la vez que configuraba ‚Äúun espacio europeo de pensamiento en el seno de la 
joven democracia espa√Īola‚ÄĚ. Nac√≠a un renovado movimiento cultural del cual la Espa√Īa de 
hoy es heredera. Es, en definitiva, -concluye Francisco Jos√© Mart√≠n- ‚Äúun libro que habla de 
una √©poca concreta de la Espa√Īa actual, pero habla tambi√©n, y de manera significativa, de la 
problem√°tica configuraci√≥n de nuestro presente al tiempo que se√Īala una apertura hacia el 
futuro‚ÄĚ.  
Esta constataci√≥n de la Postfazione es lo que hace de El artista y la ciudad un libro 
vital tanto para Espa√Īa como para Europa. De ah√≠ su traducci√≥n; de la necesidad de presentar 
esta obra en todos los lugares de Europa, para que nuestro viejo continente se haga consciente 
del regreso de Espa√Īa al pensamiento, a la filosof√≠a, a la ciencia y, por lo tanto, a la misma 
Europa. Obras como la de Eugenio Tr√≠as y la de otros muchos, se√Īalaron en su momento y 
aun se√Īalan ese camino ‚Äúhacia el futuro‚ÄĚ y por este, sobre todo por este motivo son pedazos 
 
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valiosos de la historia y la cultura espa√Īola. 
No quer√≠a concluir este comentario pasando por alto un hecho ‚Äúcasual‚ÄĚ, pero muy 
significativo: la vinculaci√≥n de El artista y la ciudad con Italia. De hecho, Eugenio Tr√≠as 
afirma que Italia es uno de los pa√≠ses que m√°s le ‚Äúhan ayudado en su aventura filos√≥fica‚ÄĚ. 
Adem√°s,  El artista y la ciudad es, tal y como se dice en la Postfazione, ‚Äúun homenaje a la 
ciudad del Renacimiento‚ÄĚ. Y ahora parece que la ciudad del Renacimiento por excelencia, 
Florencia, devuelve a Tr√≠as este homenaje traduciendo y editando por primera vez al italiano 
una obra suya, que seguro no ser√° la √ļltima. 
 
Francisco Jos√© Chaguaceda Alonso 
 
 
WALSH, Catherine (Ed.):  Estudios culturales latinoamericanos, retos desde y sobre la 
región andina
. Quito (Ecuador), Abya-Yala, Universidad Andina Sim√≥n Bol√≠var-sede 2004. 
 
¬ŅQu√© conocemos de los estudios culturales latinoamericanos?; ¬Ņse diferencian de los 
cultural studies?; ¬Ņcu√°l es su especificidad?; ¬Ņd√≥nde hallar su sentido? El libro que se 
presenta, constituye una compilaci√≥n de art√≠culos y an√°lisis escritos por intelectuales andinos 
los mismos que no s√≥lo responden, desde perspectivas dis√≠miles, a las interrogantes se√Īaladas, 
sino que adem√°s, generan otras, muchas m√°s y llevan a cabo un esfuerzo por encontrar el 
sentido de los Estudios Culturales Latinoamericanos, precisamente en aquellos intersticios, 
en el misterio de lo indefinido. 
As√≠, si se lleva a cabo una revisi√≥n del contenido de la publicaci√≥n, su acercamiento y 
enfrentamiento con los principios cient√≠ficos de la antropolog√≠a o la sociolog√≠a; las distancias 
y puntos en com√ļn con los estudios subalternos de origen surasi√°tico, las tendencias 
poscoloniales, los cultural studies, los latin american cultural studies, se tender√≠a a pensar 
que el caos reinante imposibilita, dada la diversidad, la delimitaci√≥n de un campo o √°rea de 
estudios culturales latinoamericanos
. Sin embargo, quiz√°s no sea as√≠ y este aparente desorden 
no s√≥lo se halle cargado de sentido, sino que, adem√°s, represente la oportunidad para (re) 
considerar un par de ideas fuertemente arraigadas en nuestras propias pr√°cticas cient√≠ficas. 
Para comenzar, desde nuestra perspectiva, del conjunto de premisas expuestas, se 
pueden destacar dos que ayudar√°n a orientar una lectura en particular. En primer lugar, como 
se√Īala el autor a trav√©s del no corto y bienintencionado titulo Estudios y otras pr√°cticas 
latinoamericanas en cultura y poder. Cr√≠tica de la idea de ‚Äúestudios culturales 
latinoamericanos‚ÄĚ y propuesta para la visibilizaci√≥n de un campo m√°s amplio, 
transdisciplinario, cr√≠tico y contextualmente referido, 
en Am√©rica Latina,  importar 
directamente la denominaci√≥n cultural studies y el academicismo que la acompa√Īa nos lleva a 
perder de vista la importancia para el campo que nos ocupa, por ejemplo, las contribuciones 
de Paulo Freire, Orlando Fals Borda y numerosos intelectuales latinoamericanos que han 
mantenido y mantienen pr√°cticas dentro y fuera de la academia y que por tanto no 
necesariamente hacen ‚Äúestudios‚ÄĚ. 
En segundo lugar, es de destacar el √©nfasis que pone Walter Mignolo en la premisa de 
que, en el terreno intelectual, hay tareas mucho m√°s urgentes que las de discutir si vale o no la 
pena defender o denigrar a los Estudios Culturales y esa tarea es la de vigorizar la raz√≥n 
cr√≠tica en las humanidades que perdieron terreno en raz√≥n del avance de la raz√≥n instrumental 
y la raz√≥n estrat√©gica, cada vez m√°s omnipresentes en las universidades de Estados Unidos, 
Europa y centros de estudio y de investigaci√≥n desde el siglo XVI. 
A nuestro parecer, este par de ideas constituye el hilo de uni√≥n entre las distintas 
corrientes erguidas en el campo de los Estudios Culturales Latinoamericanos y sustentan, por 
tanto, una posici√≥n desde la cual podr√≠a partir una propuesta. En otras palabras, se√Īalar que en 
 
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Am√©rica Latina, el surgimiento de voces intelectuales cr√≠ticas no es una novedad y que, por 
tanto, hoy por hoy, hablar de un campo de estudios no implica el simple traslado de las 
‚Äúnovedades‚ÄĚ acad√©micas surgidas en otros lugares del mundo, quiere decir reconocer la 
existencia de una corriente de estudios que, tomando distancia de las posiciones 
insititucionales dominantes, desarrolla un esfuerzo por poner atenci√≥n al lugar desde el cual 
se habla, del c√≥mo se lo hace y de aquello que se dice. En este sentido, los Estudios 
Culturales Latinoamericanos deber√≠an ser definidos, no tanto por sus l√≠mites y s√≠ por el 
desarrollo de una perspectiva atenta al contexto en el cual se produce el conocimiento 
intelectual y m√°s concretamente, dispuesta a visibilizar las relaciones de poder suscritas a 
toda pr√°ctica acad√©mica y que forman parte de aquello que Castro-G√≥mez denomina la 
geopol√≠tica del conocimiento. 
Por tanto, de entre las ideas principales de los textos le√≠dos, se destacan aquellas que 
apelan a la necesidad general de subrayar y exponer el tipo de relaci√≥n generada en los 
procesos de conocimiento en la Am√©rica Andina y en las consecuencias sobre las sociedades 
en las que estas son generadas. En otros t√©rminos, se demuestra que existe la opci√≥n de no 
separar el contexto de producci√≥n acad√©mica del lugar en el que se lleva a cabo, su producto 
final y sus efectos, es decir, de impulsar la llamada raz√≥n cr√≠tica de las humanidades, como 
se√Īala Mignolo. Y ese ser√≠a el objeto com√ļn de los Estudios Culturales Latinoamericanos. 
Esta  raz√≥n cr√≠tica, a su vez, nos plantea interrogantes e inevitablemente, obliga a 
volver hacia nosotros mismos, sobre todo, porque en la Espa√Īa de hoy, la presencia 
importante de americanos del sur (ecuatorianos, bolivianos, argentinos, peruanos, 
venezolanos, colombianos..), representar√≠a un nuevo reto para el pensamiento acad√©mico el 
cual se enfrenta a dos caminos: o bien mirar hacia otro lado o bien, incorporar en su quehacer 
el reto e impulsar una suerte de pensamiento transnacional, es decir, aquel que se produce a 
trav√©s de los flujos de ideas y reflexiones generados entre el all√≠ y el ac√°. 
¬ŅQu√© se quiere decir con lo anterior? B√°sicamente, que las reflexiones generadas a 
partir de la lectura del texto, conducir√≠an hacia una pregunta que seguramente a√ļn no halla 
respuesta: ¬Ņexiste en la universidad espa√Īola espacio para los Estudios Culturales 
Latinoamericanos
? Por ahora, nos arriesgaremos a poner sobre el tapete algunas de las 
inquietudes despertadas a partir de las ideas expresadas en l√≠neas anteriores: 
La inmigraci√≥n ha supuesto una transformaci√≥n en la sociedad espa√Īola y por 
supuesto, en las de origen, lo cual, seguramente ha incidido de modo directo sobre la esfera 
del saber. Pero, ¬Ņc√≥mo lo ha hecho? Para contestar a la interrogante, quiz√°s ser√≠a pertinente 
indagar, en primer lugar, por el modo en el cual se produce el conocimiento en Espa√Īa al d√≠a 
de hoy y por el entramado de relaciones de poder que dan lugar a un tipo de producci√≥n 
acad√©mica espec√≠fica. Luego, en segundo t√©rmino, habr√≠a que indagar por el papel jugado por 
los inmigrantes en la producci√≥n de dicho conocimiento: ¬Ņcu√°l es su rol?; ¬Ņrepresentan 
√ļnicamente nuevos objetos de investigaci√≥n, pol√≠ticas, debates y discusiones?; ¬Ņexiste alguna 
relaci√≥n entre la asignaci√≥n de recursos de investigaci√≥n y la elecci√≥n de ciertos fen√≥menos o 
campos de saber?; ¬Ņcu√°l es la posici√≥n del inmigrante en el flujo de conocimientos que circula 
actualmente entre los continentes? En tercer lugar, ser√≠a interesante indagar por la relaci√≥n 
entre la academia latinoamericana y la andina en concreto y la espa√Īola: ¬Ņqu√© se lee en 
Espa√Īa?; ¬Ņcu√°les son las relaciones entre la universidad espa√Īola, por ejemplo y la 
ecuatoriana?; ¬Ņa qui√©n se cita y c√≥mo?; ¬Ņcu√°l es la representaci√≥n m√°s com√ļn del intelectual 
latinoamericano o la del espa√Īol?; ¬Ņcu√°les son los efectos de aquellas representaciones? 
Por lo dicho, el debate sobre la pertinencia, en Espa√Īa, de un proyecto desarrollado 
con miras a construir un campo de Estudios Latinoamericanos o andinos, surge de los 
principios te√≥ricos elaborados al interior del propio campo, en Am√©rica Latina. Este proyecto, 
por tanto, ser√≠a fruto, por una parte, del nuevo contexto en el cual se reproducen los 
conocimientos acad√©micos en Espa√Īa, a manera de respuesta a las necesidades surgidas 
 
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gracias a la migraci√≥n y por otro, del flujo de conocimientos importados desde la regi√≥n 
andina, tanto a nivel de contenidos, como de ‚Äúcerebros‚ÄĚ que por una u otra raz√≥n, se hallan 
inmersos en los procesos descritos. 
As√≠, se podr√≠a decir que el libro Estudios culturales latinoamericanos, retos desde y 
sobre la regi√≥n andina, no s√≥lo refleja una ardua tarea por aclarar los argumentos principales 
desde distintas posiciones, sino que adem√°s, presenta l√ļcidos trabajos, como el de Valeria 
Coronel, quien hace un an√°lisis sobre la experiencias de experimentos que presentan un 
modelo de defensa de la cultura como soberan√≠a y resistencia frente al capital. En suma, su 
lectura incentiva el deseo por articular, como propone Walsh, desde Am√©rica Latina, pero en 
relaci√≥n con otras regiones del mundo proyectos intelectuales, pol√≠ticos y √©ticos que ponen en 
di√°logo, debate y discusi√≥n pensamientos cr√≠ticos (en plural), que tienen como objetivo 
comprender y confrontar, entre otras, las problem√°ticas de la colonialidad e interculturalidad, 
y pensar fuera de los l√≠mites definidos por el (neo) liberalismo. 
 
Juan Carlos Gimeno y Mar√≠a Fernanda Moscoso 
 
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