EL LARGO SUEÑO DE UN TRÁGICO 
 
 
Los catorce estudios del presente 
florilegio, escritos entre 1986 y 2002, son 
muy informadas variaciones sobre la 
recepción española de Vittorio Alfieri, un 
escritor en la linde entre la ilustración 
tardía y la implosión romántica, que en 
parte anticipa. Aunque en la actualidad es 
casi desconocido entre nosotros, en el XIX tuvo una «fuerte presencia [...] en España 
en los años del 21 al 23 (el llamado trienio liberal)» (282). La autora, Cristina 
Barbolani, fue alumna en tiempos de Oreste Macrí; el título se apropia de un sintagma 
del Alfieri de Del principe e delle lettere. Para el rigorismo ético del escritor tal ‘guerra’ 
debiera ser «el cometido de todo auténtico escritor» (12).  
Nacido en el mismo año que Laplace y que Goethe, Alfieri (1749-1803) es uno 
de los grandes de la tragedia en italiano: noble de cuna, su Piamonte natal había 
quedado fuera del movimiento reformador ilustradoSingularidad italiana, el avance 
secular de un estándar unificado de lengua convivía todavía con sólidas tradiciones 
dialectales, o con el francés (Goldoni y Casanova para sus memorias). El mismo 
Alfieri escribió en prosa, también francesa, el ‘guión’ de alguna sus tragedias, que 
luego traducía a contundentes endecasílabos blancos italianos (un proceder que 
recuerda inmediatamente a Chamisso con el alemán). Como tarjeta de presentación 
elegiríamos seguramente su Vita, unas cuantas de sus tragedias, parte de su poesía y 
algunos capítulos de sus escritos políticos. Dignidad, pasión de libertad, sentimiento 
del deber: el trágico no ha adquirido experiencia inmediata de ello en su mundo 
‘natural’, el ilustrado, sino del estudio obstinado del antiguo.   
Aparte del papel desempeñado por las compañías teatrales italianas en el 
Madrid de entonces, hay traducciones españolas de Alfieri desde por lo menos 1806, 
incluyendo las de Bretón de los Herreros (Antigone)  y Hartzenbusch (Merope); pero 
Goldoni, Foscolo, Verri, Metastasio y Manzoni también eran ya conocidos o no 
 
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tardarían en serlo por cierto público. A Manuel de Cabanyes, un poeta neoclásico que 
traduce Mirra en 1832 conservando el endecasílabo original (también tradujo a Tasso 
y Maquiavelo), se dedican dos capítulos; Cabanyes era un lector muy atento del 
italiano, y lo interesante aquí para la autora es tanto la excepcionalidad de su versión 
de la tragedia como, precisamente, su preferencia por esa pieza, marginal en el Alfieri 
divulgado en nuestro país; no está aquí su teatro patriótico, antifrancés, sino el de las 
pasiones, singularizadas en el innombrable deseo incestuoso. Está también el caso de 
un «alfieriano militante», Antonio Saviñón, que al morir (1814), tras años de 
persecución, se encontraba procesado con diversos cargos, el más grave de los cuales 
era... la traducción del Bruto primo alfieriano (la Inquisición seguía en activo, no habrá 
que decirlo). Saviñón adapta, divulga y traduce a Alfieri, sobre todo el teatro; para 
nuestra autora «no hace otra cosa que mitificar, alfierianamente, la misión del hombre 
de letras, del intelectual frente al poder» (64). Es acaso un escritor menor, pero esa 
elección es significativa de un cierto momento español.  
Un lugar destacado en esta historia hay que asignar asimismo a Quintana, autor 
de considerable importancia en el liberalismo ilustrado de fines del XVIII y 
comienzos del XIX y hasta ministro de Instrucción Pública después. De su 
admiración por Alfieri hay visibles trazas en sus tragedias, su obra poética y sus odas; 
Barbolani sigue de cerca esta influencia y rastrea coincidencias puntuales (así, entre el 
Filippo alfieriano y su «El panteón del Escorial», de 1805, o la proximidad del Pelayo 
con la Mirra  de Alfieri). Quintana ha realizado con «El Panteón  del Escorial»  una 
adaptación nacional de la llamada leyenda negra, de acuerdo con la autora; por fin 
alguien en España se atreve a arrancar las máscaras a los mitos, lo que no sorprende 
en quien veía el teatro alfieriano como una educación para y en la libertad.  
Merece asimismo la atención  de  la  autora  en  conexión con la labor cultural 
fuera de nuestras fronteras de los jesuitas expulsos Antonio Gabaldón, casi 
desconocido en su trabajo de difusión (traducción) de Alfieri en España. Y el liberal 
Martínez de la Rosa, un escritor muy precoz que desde el anacreontismo se aproxima 
a la nueva sensibilidad; hacia 1812 conocía demostradamente las tragedias de Alfieri. 
La viuda de Padilla (1814) es novedosa por su lectura de la historia española «como una 
 
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dolorosa sucesión de tiranías diversas», según la autora, muy en la estela del 
pesimismo del modelo italiano, sin que falte tampoco una desconfianza profunda 
hacia la plebe. Puede también citarse algún drama de Espronceda, y hay alguna 
presencia alfieriana también en el Duque de Rivas o en Hartzenbusch (Los amantes de 
Teruel
).  
Goethe en persona puso en escena en dos ocasiones el Saul  de Alfieri en 
Weimar; Stendhal y Dilthey lo han admirado. Desde 1766 emprende viajes por toda 
Europa; la primera tragedia, Cleopatra (1775), es un éxito que decide su carrera literaria 
y su dedicación absorbente al estudio. En 1778 Alfieri rompe todos los puentes tras 
de sí al hacer donación de sus bienes a su hermana. G. Steiner lo ha visto como un 
romántico que se mete por la fuerza en las formas clásicas; quizá no sea tan distinta su 
trayectoria de la de Heine. Pero si ‘por abajo’ no se produjo el encuentro, el noble 
desconocía la solidaridad con su clase de origen. Es como si ese vacío social marcara 
mejor los perfiles de su pasión ascética, como si su tan nietzscheano volli, volli, 
fortissimamente volli 
estuviera cortado a la medida de un proyecto estrictamente 
individual de vida.  
El desenraizamiento de Alfieri y su altivo non serviam son huellas dactilares que 
reconocemos de inmediato. También su noción de la propia vida como obra de arte a 
ejecutar –véase la Vita, en la línea de las grandes autobiografías italianas desde Cellini, 
o las Rime–; trabajó tenazmente en «una operación de imagen» (Barbolani) con su 
persona, prolongada idealmente en sus tragedias, en que el impulso (irrealizable) de 
libertad del individuo se quiebra ante la opresión tiránica. Di Benedetto señaló que 
Alfieri sólo considera el aspecto agonístico de la política, sin ofrecer nada que se 
parezca a un programa político; con el furore  –un término del que ha abusado– 
pretende colocarse por encima de cualquier concreción histórico-social. Pero también 
ha individuado los aparatos del despotismo: la casta sacerdotal, la liberal y la militar 
(Della tirannide),  y  viajando  por  la  Prusia  de  Federico  II  aquel a  universal caserma lo 
impele a la fuga. Con todo, en efecto, se impone un reajuste del escritor, también de 
lo que en este volumen se reconoce como su anacronismo, o de su distancia respecto 
al drama burgués de las individualidades de, por ejemplo, Moratín o Lessing. A fines 
 
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del XVIII la dramaturgia francesa dicta gusto y temas en España, pero los italianos no 
fueron nunca del todo desplazados, desde Luzán cuando menos. Aquí se produce la 
incorporación de Alfieri, que impugna el canon francés; al poco las tropas 
napoleónicas invaden el país y cobran máxima actualidad sus «tragedias de libertad»
Escrito por una espléndida conocedora de la literatura y la historia de la 
España del período, condición de este libro han sido prolongados e intensos trabajos 
de investigación en repertorios, archivos o bibliotecas privadas. Que sepamos, la 
autora no profesa en ninguna de las corrientes ‘duras’ de la grey crítica –hay 
menciones de N. Frye, L. Goldmann o K. Jaspers, y algún distanciamiento crítico de 
Menéndez Pelayo–; un lector interesado, en cualquier caso, encuentra aquí 
estimulantes ecos de un pasado no tan lejano.  
 
 
 
 
 
 
           
ÁNGEL REPÁRAZ 
Universidad Complutense de Madrid 
derroteengel@gmail.es 
 
 
 
El copyright de esta reseña pertenece a su autor. Puede citarse libremente con fines académicos siempre 
que se identifique adecuadamente su fuente, consignando la referencia bibliográfica completa: 
REPÁRAZ,  Ángel:  «El largo sueño de un trágico»,  Rapsoda. Revista de Literatura nº 1, 2009, pp. 115-118. 
<http://www.ucm.es/info/rapsoda/num1/biblio/alfieri.pdf >. Día, mes y año de la consulta. 
Pueden incluirse enlaces a este artículo en otras páginas. Quienes estén interesados en reproducir esta 
reseña íntegramente en otra publicación, electrónica o no, deben contactar con la dirección de la revista 
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